Entrevista a un exorcista

Entrevista al padre Jeremy Davies de la diócesis de Westminster publicada a modo de narración.

De acuerdo con  el padre Davies, toda la sociedad está sujeta a un engaño demoníaco

El padre Jeremy Davies ha sido un exorcista por muchas décadas. Durante un buen tiempo ha sido incluso el único exorcista en todo Londres. En 1987, el Cardenal Basil Hume, entonces arzobispo de Westminster, pidió al Padre Davies se convirtiese en exorcista diocesano. El padre Davies aceptó, aunque reconoció tener conocimientos muy limitados sobre el tema.

No hay duda de que fue ayudado en esta, su nueva vocación, por el hecho de que anteriormente, había sido un médico, ayudando a pacientes en partes remotas del África, donde muchas veces tuvo que encargarse de pacientes con ciertas “perturbaciones”.

Como sacerdote, desempeñó una de sus primeras posiciones en la catedral de Westminster. Durante ese periodo, el padre Davies encontró todo tipo de gente que iba a buscarlo a la catedral, algunos de ellos estaban poseídos o afligidos. Su trabajo allí fue una introducción al mundo que se convertiría en parte principal de su ministerio sacerdotal.

Ahora, es un octogenario sacerdote que se conserva con buena salud, alerta y despierto, con un marcado semblante de paz.
Su maneras lo apaciguan a uno de inmediato, sin lugar a duda, se percibe el fruto de su experiencia, primero como médico y luego como exorcista. Ya no es más un sacerdote de parroquia, sigue siendo el exorcista de la diócesis de Westminster, un área que engloba al Londres central como al suburbano, al norte del rio Thames.

Los exorcistas han sido motivo de películas algo fantasiosas desde la década de los 70s. En 1973, la película El Exorcista fue todo un existo de taquilla e inició todo un género dedicado al tema. No es necesario decir que la mayoría de estas películas son inexactas, sensacionalistas y dignas de pasar al olvido.

El padre Davies es un tipo de hombre bastante particular, uno de aquellos para los que la palabra “flemático” ha sido creada. Nada en él se ve o suena demasiado extraordinario o sensacional. Quizás es por esta cualidad de imperturbable calma, que el Cardenal lo nombró exorcista de la diócesis.
Mientras profundizamos en la conversación, soy impactado de lleno al ver su capacidad de discutir sobre un tema, cuya existencia la mayoría de las personas prefiere negar o que muchos se sienten demasiado aterrados para reconocer.

Cuando le pregunto al padre Davies como describiría sus 30 años como exorcista en una de las ciudades más grandes y multiculturalmente hablando, más diversas del mundo, su respuesta es simplemente “intensa”. Muchos de esos 30 años en su ministerio los pasó solo.
Cuando inició como exorcista, las estructuras eclesiásticas estaban lejos de ser ordenadas. Había un entendimiento de que otros sacerdotes en la diócesis podrían referir pacientes sospechosos de ser víctimas de posesión, pero el padre sostiene que en realidad “todo era cuestión de azar”.

El día de hoy, hay por lo menos 8 exorcistas para la diócesis de Westminter. El padre Davies ve como ha consecuencia de esto, que muchas cosas han mejorado. Cada sacerdote que trabaja en Londres sabe que cuenta con los servicios de un exorcista local en caso de necesitarlo.

En adición, uno de las más interesantes mejoras de las que el padre Davies ha sido instrumental, es la creación de una red de exorcistas conocida como la International Association of Exorcists (Asociación Internacional de Exorcistas).
El reconocido exorcista de la diócesis de Roma, el padre Gabriele Amorth, fue amigo de Davies y le ayudó, trabajando a su lado en la fundación de esta asociación. Como resultado, ahora se llevan a cabo múltiples conferencias que tienen por objetivo el brindar un mejor conocimiento de este ministerio, pero sobre todo, el generar un sentimiento de hermandad, mismo que ha crecido entre los sacerdotes dedicados a este servicio.
El padre Davies esta a punto de atender una de estas conferencias. Él se siente alentado de que el ministerio, al que ingresó cuando, como él dice, estaba en un “punto bajo”, ahora se considera “parte de la vida normal de la Iglesia”.

La forma práctica en que el padre Davies discutió el tema de exorcismo conmigo podría adormecerlo a uno, al punto de hacerlo que olvide su grave naturaleza. Aquí delante de mí había un hombre que echa afuera demonios, que se encuentra con personas que están bajo la influencia del mal o que son oprimidas por espíritus malvados, incluso poseídas por demonios. Le pregunté al padre Davies si alguna vez se había sentido asustado. Hizo una pausa para considerar la pregunta, antes de responder: “Si Dios nos pide que hagamos un trabajo, entonces él nos protegerá“.

El padre Davies no es, sin embargo, ingenuo sobre el trabajo en el que está comprometido. Señala que algunos exorcistas que él conoce se han aproximado a una “crisis mental”. El trabajo, señala, es exigente. Los ataques espirituales que enfrentan todos los sacerdotes se intensifican al tener que enfrentar el mal en una batalla real por un alma. El padre Davies considera que todo esto es solo otra parte de su ministerio sacerdotal. De hecho, una de las cosas más inesperadas de las que habló, fue la dimensión pastoral del exorcismo. Como consecuencia, su preocupación ha sido menos sobre su propia seguridad y más sobre la tristeza que siente al no poder liberar a las almas de la opresión satánica. De muchas maneras, dice, esto recuerda la angustia que experimentó como médico, cuando era incapaz de tratar efectivamente a un paciente.

De acuerdo al padre Davies, todos los sacerdotes tienen el poder de expulsar el mal en todas sus formas, sobre todo en el sacramento de la Confesión. Cree que hoy en día, algunos exorcismos menores deberían ser empleados más ampliamente. Sin embargo, lo que desea enfatizar es que el exorcismo debe ser visto como un arma utilizada contra una manifestación, si es extrema, en la “guerra contra Cristo y su Iglesia”, una guerra librada tanto individualmente como en la sociedad como un todo. Como observa el padre Davies, “toda la sociedad está sujeta a un engaño demoníaco, en la medida en que acepta un punto de vista incrédulo“.

Muchos de nosotros no estaríamos en desacuerdo con esta opinión, pero el padre Davies dijo incluso algo más inesperado: que aquellos que buscan una felicidad egocéntrica “pertenecen a Satanás“. Explicó que la tradicional triple tentación de mundo, carne y diablo, sigue siendo relevante hoy en día. Estos elementos se combinan en una batalla espiritual por cada alma, tratando de alejarla de Cristo y, si no se los combate, finalmente llevarán al alma a rechazar a Dios. Si el exorcista lidia con un ejemplo extremo de esto manifestado en una posesión, entonces los cristianos están obligados a examinar sus conciencias en busca de los primeros signos, aquellas pequeñas señales de alejamiento, que no por ser pequeñas son menos insidiosas, y que luego tendrán consecuencias nefastas.

Incluso la promiscuidad heterosexual es una perversión, y las relaciones sexuales, que pertenecen al santuario del amor conyugal, pueden convertirse en un camino no solo para la enfermedad sino también para los espíritus malignos. Deben mencionarse algunas cosas muy desagradables porque los jóvenes, especialmente, son vulnerables y debemos hacer todo lo posible para protegerlos y advertirles. El lado delgado de la cuña (drogas, alcohol, yoga para la relajación, horóscopos sólo por diversión, etc.) es más peligroso que el extremo grueso porque es más engañoso: un espíritu maligno intenta hacer su entrada lo más discretamente posible.

Satanás es responsable de haber cegado a la mayoría de los humanistas seculares a los “efectos deshumanizantes de la anticoncepción y el aborto y la FIV, de ‘matrimonios’ homosexuales, de la clonación humana y la vivisección de embriones humanos en la investigación científica”. El humanismo secular extremo, “cientifismo ateísta”, es comparable al “satanismo racional” y conducen a Europa a un peligroso estado de apostasía. Solo mediante una decisión personal genuina de acercarse a Cristo y a la Iglesia, alguien puede separarse de ella”.

Tenga cuidado con usar “energías beneficiosas” (por ejemplo, reiki), cualquier curso que prometa la paz que sólo Cristo promete (por ejemplo, enneagramas), cualquier terapia alternativa con sus raíces en la religión oriental (por ejemplo, la acupuntura). Está demás decir que las actividades abiertamente ocultas, tales como las sesiones de espiritismo, ouija y la brujería son invitaciones directas al diablo, que él acepta fácilmente.

De repente, la conversación había evolucionado de considerar las fantasías de Hollywood, aquellas de cabezas dando vueltas y rostros retorcidos, a los males reales que acechan en la vida cotidiana de los cristianos. El padre Davies describió cómo las personas en ciertos momentos de sus vidas, sopesarán la decisión sobre algún asunto -a menudo, aunque no exclusivamente, en el ámbito de las costumbres sexuales- y luego tomarán una decisión o aceptarán un argumento que los aleje de Cristo. Al hacerlo, han cambiado sutilmente de ser un hijo de Dios a vivir una mentira. Esta moción, afortunadamente, no es irreversible, pero dice que muchas de las personas que encuentra en este trabajo de liberación son capaces de señalar el momento en que hicieron esa elección y, a partir de entonces, cambiaron sus vidas.

Al escuchar al Padre Davies, es evidente que el ministerio del exorcista no es una práctica aislada, reservada para casos excepcionales. En cambio, es parte de una lucha continua en la que cada alma está comprometida. Para aquellos que han sido liberados a través del exorcismo, el Padre Davies es claro, se trata solo del comienzo del re-ingreso de un alma en este combate espiritual, en el que cualquier letargo futuro seguirá siendo fatal. “Lo más importante es que cada persona pelee esta pelea”, dice. Él ve el desalojo del espíritu maligno de un alma como si fuera verdaderamente efectivo si, posteriormente, el Espíritu Santo puede apoderarse de esa alma. Esto no es tanto el trabajo de un sacerdote sino más bien, la tarea diaria de cada cristiano. No se trata tanto de la expulsión de espíritus malignos, sino más bien, del establecimiento del Espíritu Santo en el centro de la vida de cada uno.

Era hora de irse. Y mientras me preparaba, el padre Davies reiteró la necesidad de que cada cristiano “se despierte” a la realidad del mal, especialmente, en sus formas más sutiles. La oración, los sacramentos, la lectura de las Sagradas Escrituras y el uso de los sacramentales son los medios para protegernos y ahuyentar las pequeñas influencias diabólicas que nos atacan cada día.

“Debido a nuestra propensión al pecado, debemos ser más conscientes de que nadie está verdaderamente libre de la influencia demoníaca”.

Y con eso, volví a la estación de tren. En el tren de regreso a Londres, reflexioné sobre mi entrevista con el exorcista. Había llegado esperando lo extraordinario; me había dejado más consciente de que, ocultos en lo ordinario, existen serias amenazas para un alma. Pero también fui consciente de que en la vida cristiana ordinaria existen los medios, que nos ha dado la Iglesia, para vencer.

Fuentes

Artículo publicado originalmente en:
http://www.catholicworldreport.com/2017/10/31/london-exorcist-all-of-society-is-subject-to-a-demonic-deception/
Traducido y adaptado por proyecto Emaús

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