En restauración la imagen recuperada de la Virgen de la Victoria (encabezó la Batalla de Lepanto en 1571)

La Galera Real, era el buque más formidable de su tiempo, y además de reunir toda la tecnología punta del momento, era en su zona de popa un auténtico palacete con lujosa ornamentación en rojo y oro y las numerosas esculturas y bajorrelieves. Un buque a la medida de su dueño, Su Majestad Católica Felipe II y su bravísimo huésped y capitán, Don Juan de Austria, Almirante en Jefe de la arriesgada marinería en aquella batalla que cambió el curso de la Historia.

«La Real» se vio cara a cara con «La Sultana», el buque insignia de los otomanos, en el que viajaba Alí Pachá, que fue abordada. Era tal el portento de la galera que se cuenta que dos navíos auxiliares tenían que pegarse a su popa para empujarla.

Y como es habitual entre la gente del mar, en aguas infestadas de infieles y luteranos, no podía faltar una virgen que amparase y protegiese a las tropas. «La Real» la llevaba y durante años se la perdió la pista, pero ha vuelto a nacer y está ahora mismo en una de las salas de restauración del Museo Naval a los cuidados del restaurador José María Gálvez Farfán que quiere volver a vestirla de gala.

Es una Virgen del Rosario, que tal festividad era cuando se derrotó al Gran Turco y se la conoce también como Virgen de la Victoria pues ella los guió hacia la gloria y el triunfo.

La Virgen fue un regalo hecho por los alilados venecianos a don Juan de Austria. Cuando éste dejó los mares quiso que la virgen, curtida también en el trance de Lepanto, descansara en manos de la Cofradía de las Galeras de la iglesia de San Juan de Lebrón de El Puerto de Santa María. Tras idas y venidas y algunas zozobras surcando los mares de la vida, llegó al Colegio de Guardiamarinas, en el año de 1854. Allí fue restaurada pero el tiempo fue inclemente con ella. Hasta hoy.

Cara a cara, la virgen impresiona y a fuer de ser sinceros el medio rostro que aquí se muestra sin duda debió infundir algo más que ánimos a los nuestros en aquel envite heroico y decisivo de Lepanto.

Está siendo restaurada en el Museo Naval de Madrid

Esta imagen de la Madre de Dios fue un regalo hecho por los aliados venecianos a don Juan de Austria. Cuando éste dejó los mares quiso que la virgen, pasara a manos de la Cofradía de las Galeras de la iglesia de San Juan de Lebrón de El Puerto de Santa María. En 1854 llegó al Colegio de Guardiamarinas, donde fue restaurada.

Ni Elena Gallardo, ni Fernando Fernández, ni Vega Bautista habían nacido cuando aquello de Lepanto, pero cinco siglos después también son protagonistas de la Historia, porque son los tres jovencísimos restauradores que en el Museo Naval trabajan sobre «Visión del Papa Pío V de la victoria en la batalla de Lepanto», un cuadro de autor desconocido, cuya restauración se puede ver en vivo y en directo en el propio museo desde ayer. Un trabajo al detalle. Sonríe Vega:

«No puedes pasarte un ápice, hay que tener un pulso muy bueno. Por eso no es extraño que los restauradores suframos tendinitis».

Aun teniendo en cuenta el carácter laudatorio del lienzo y hasta cierto tono propagandístico, es una obra impactante, con un sinfín de personajes, navíos, oropeles, rostros aterrorizados por el fragor de la batalla y hasta la presencia de Pío V, que como dice Ana Ros, Conservadora Jefe de pintura del Museo parece «como si estuviera recibiendo online la noticia de la victoria», aunque evidentemente tardó varios días en conocerse entre los cristianos. Otro detalle curioso es que Su Santidad tiene a sus espaldas el Vaticano, por supuesto, pero un Vaticano en el que es reconocible la ciudad de Málaga y varios de sus edificios. Sin duda, un cuadro que vale un imperio y una restauración que va viento en popa.

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