En honor de la bienaventurada Virgen María

María, puerta del Cielo por la que ascendemos a Dios. Si ella es el canal, la dispensadora de todas las gracias para poder llegar allí arriba, es, por tanto, la escalera y la puerta del Cielo. ¡Aunque sea difícil, estrecho, espinoso el camino del Paraíso, angosta la puerta del Reino eterno, no puede ser imposible para el verdadero devoto de María! Desterrados, peregrinos, débiles, afligidos, temerosos, pecadores, ¡qué rayo de esperanza para todos en la devoción, en el amor de María! Sé también para mí puerta del Cielo, oh María.

María, llena de gracia. El Arcángel Gabriel, por mandato de Dios entra, no ya en una fastuosa mansión, sino en una casa de pobres; se dirige, no a una reina mundana, sino a una humilde Virgen, desconocida para el mundo, pero grande a los ojos de Dios, y la saluda llena de gracia, o sea, toda amable para el Corazón de Dios, adornada de toda virtud, privilegio, favor, belleza y riqueza espiritual… Todo el fasto terreno es fango ante Dios. ¿Por qué te ensoberbeces por una nadería que te distingue? La sola virtud es digna de alabanza.

María, bendita entre todas las mujeres. Bendita por ser sin pecado original; bendita por su elevación en la tierra y en el Cielo; bendita por ser hija predilecta del Padre, Madre augusta del divino Hijo, Esposa elegida del Espíritu Santo; bendita por todas las generaciones; bendecida por los Ángeles y por los Bienaventurados, por todos los corazones fieles. Si combates como fuerte durante pocos días de vida, si perseveras en el camino de la virtud, si te ganas algunos méritos, llegado al Cielo, verás, amarás, bendecirás a María por toda la eternidad.

María se desconcierta ante un Ángel. Gabriel se presentó bajo la semejanza de hombre y María, sola en su celda, tiembla al verlo; María no tenía nada que temer, porque no estaba sujeta a los estímulos de la concupiscencia, sin embargo es admirable por su modestia, su discreción, su miedo al pecado, su amor a la cándida virtud de la pureza. Gabriel pronuncia insólitas palabras de elogio y María se desconcierta; teme el engaño del tentador, teme por su propia humildad… Y nosotros, frágiles cañas, ¿desafiamos todo peligro? ¿Nos llenamos de arrogancia por una mezquina adulación?

Respuesta de María al Ángel. Las palabras de ella son humildes, totalmente conformes a la divina voluntad; no manifiestan ni demasiada alegría por la elevación a Madre de Jesús, ni demasiado temor por los dolores que quizá previó entonces con toda su crudeza; las palabras: “Hágase en mí según tu palabra” manifiestan un ánimo obediente, tranquilo, resignado a toda prueba. ¡Qué diferencia con nosotros orgullosos al más mínimo elogio! ¡Abatidos por la más mínima contrariedad!

Fuentes

https://adelantelafe.com/en-honor-de-la-bienaventurada-virgen-maria/
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús