El sufrimiento del justo

El sufrimiento del justo
El sufrimiento del justo y el valor del sufrimiento humano. Un breve artículo que pretende ayudar a quienes padecen, a entender la razón detrás de sus penas y sufrimientos.

Contenido

¿Quién es justo?
– El propósito del sufrimiento
– ¿Qué busca Dios en nosotros?
– Sobre quienes abusan del justo
– Sobre el sufrimiento y su valor

¿Quien es justo?

En las sagradas escrituras, se define como «justo» al hombre recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Monseñor Straubinger en la versión dela Biblia editada por él  amplía esta definición y nos dice además que justo, es aquel  que es hallado sin culpa y que no anda tras el oro; que pudiendo pecar, no peca, hacer mal y no lo hace; que mediante sus riquezas puede oprimir al pobre y no lo oprime, cometer injusticia y no la comete, sencillo y recto, es decir, sin doblez, como un niño  («Dejad a los niños venir a Mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos» / Mateo 19:13-14)

Quizás el mejor ejemplo de entre todos los justos mencionados en la Biblia, el más referido es el buen Job. Hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, tan rico, que poseía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muy numerosa servidumbre.

A Job sin embargo, le toco sufrir… y sufrir en gran medida.  Dios en su infinita sabiduría, decide ponerlo a prueba, y permite que por acción de Satanás, una serie de calamidades sean vertidas sobre él. ¿Por qué?  ¿Si Job era un hombre justo a los ojos de Dios, por qué le pone bajo prueba?…

 

El propósito del sufrimiento

Cuenta Santa Teresa de Ávila, que en una ocasión, se quejó con Jesús por la dureza y lo pesado de las cruces de las personas piadosas. Jesús le respondió diciendo:

“Así es como siempre trato a mis amigos”.

Con buen humor, Santa Teresa responde:

“¡Esa debe ser la razón por la que tienes tan pocos amigos!”

El sufrimiento, visto de cierta forma, no es más que el cincel, que puesto en las manos de Dios, y a punta de golpes de martillo, va quitando todo aquello que sobra y forma el carácter de sus hijos.

El gran Miguel Ángel cuando esculpía en su taller unas de sus más reconocidas obras, titulada «La Piedad», solía decir, que imaginaba la escultura escondida en el interior del bloque de mármol y que con el cincel, quitaba todo aquello que sobraba, hasta revelar la figura que se hallaba oculta a los ojos de todos.

Ahora, imagínese usted, que el mármol pudiera quejarse…o mejor aún, Imagínese que usted es ese bloque de mármol. Por cada golpe de martillo sobre el mármol (usted), el mármol exclama ¡AY que dolor, por qué me pegas tanto!, ¡Por qué me pegas tan fuerte! ¡Detente ya!

Si esto le hubiese pasado a Miguel Ángel, seguramente nunca hubiese terminado aquella obra de arte. Ante tanto reclamo, la hubiera dejado de lado, y el bloque de mármol, hubiese permanecido como tal. Tan sólo como un bloque de mármol…

Sin embargo, a golpes de cincel y martillo, todo bloque de piedra, puede convertirse en una obra de arte. Es exactamente así como hace Dios con nosotros.

 

¿Qué busca Dios en nosotros?

En medio del sufrimiento, toda persona esta llamada a buscar, que es lo que Cristo quiere de nosotros. Tenga en cuenta que en medio de la angustia, es cuando las personas, más nos acercamos a las cosas de Dios y más perseveramos en la oración.

La angustia nos mueve a buscar a Dios con seguridad y persistencia, sin descanso, de noche y de día, con determinación. La gran mayoría de las veces, es justamente eso lo que quiere nuestro Señor. Que cambiemos de vida y nos acerquemos a Él.

En medio de las angustias de la vida, solo tenemos dos opciones: Mejorar (respondiendo al llamado de Dios) o empeorar (buscando sustitutos que acallen las penas y el sufrimiento).

Es decir, o mejoramos dejando que Dios quite de nosotros todo aquello que afea nuestra alma y nos aleja del camino de la salvación eterna (que es el fin último para el que Dios permite el sufrimiento) como la falta de humildad,  la falta de caridad, el desprecio de las cosas de Dios, etc., o por el contrario, nos apartamos aún más de Él y optamos por mitigar las penas con distracciones mundanas: alcohol, drogas, sexo, etc. La decisión siempre es nuestra.

 

Sobre quienes abusan del justo

El libro de Sabiduría 2, 1. 12-22 nos pone en contexto:

Los malvados dijeron entre sí, discurriendo equivocadamente:

 

«Tendamos una trampa al justo, porque nos molesta y se opone a lo que hacemos; nos echa en cara nuestras violaciones a la ley, nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados.

 

Presume de que conoce a Dios y se proclama a sí mismo hijo del Señor.

 

Ha llegado a convertirse en un vivo reproche de nuestro modo de pensar y su sola presencia es insufrible, porque lleva una vida distinta de los demás y su conducta es extraña.

 

Nos considera como monedas falsas y se aparta de nuestro modo de vivir como de las inmundicias. Tiene por dichosa la suerte final de los justos y se gloría de tener por padre a Dios.

 

Veamos si es cierto lo que dice, vamos a ver qué le pasa en su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos. Sometámoslo a la humillación y a la tortura para conocer su temple y su valor.

 

Condenémoslo a muerte ignominiosa, porque dice que hay quien mire por él».

 

Así discurren los malvados, pero se engañan; su malicia los ciega. No conocen los ocultos designios de Dios, no esperan el premio de la virtud,ni creen en la recompensa de una vida intachable».

 

 

Sobre el sufrimiento y su valor (San Pablo de la Cruz)

¿Sabes por qué Dios te somete a tantas penas y miserias? Porque  te ama y quiere darte las riquezas del Cielo. El sufrimiento es corto, no dura sino un momento, no será eterno. Así, Dios nos hace un verdadero honor cuando nos llama a marchar por el mismo camino de su único y divino hijo. Por la Cruz es como el Santo Amor, perfecciona el alma amante que le ofrece un corazón ferviente y generoso. Así obra el Señor con las almas privilegiadas, haciendo salir un gran bien del sufrimiento.

Las aflicciones, los temores, las desolaciones, las arideces, los abandonos, las tentaciones, las persecuciones, son todas la preciosa escoba que barre del alma, todo el polvo y el lodo de las imperfecciones ocultas. ¡Oh, que no pueda yo explicar el precioso tesoro que Nuestro Señor ha ocultado en el sufrimiento! Pero es un gran secreto conocido solamente de aquél que ama…, yo me contento con admirarlo de lejos.

Cuanto más dolorosa y penetrante es nuestra Cruz, mayor será nuestra ventaja cuanto más el sufrimiento estuviere privado de consuelo, más puro y meritorio será; y cuanto más las criaturas nos fueren contrarias, más cerca estaremos del Soberano Bien, nuestro Criador.

La Pasión de Jesucristo, nuestro bien, es el camino más corto, pero también el más necesario de la santidad. La vida de Jesucristo no fue sino una cruz. Dios nos hace un gran honor cuando nos llama á marchar por el mismo camino que su divino y único Hijo. Si tenéis una gran cruz, llevadla con paciencia, y el Paraíso será vuestro.

El escultor que de un tronco quiere hacer una hermosa estatua, comienza por cortarlo con el hacha; después toma la sierra, luego el cepillo y al fin el cincel. ¿Y qué hace la madera? ¿Cómo se porta? No resiste, se deja trabajar hasta que se forme una bella y hermosísima estatua. Así obra el Supremo Artista con el alma escogida. A fin de desprenderla de su amor propio y corregirla de sus imperfecciones, permite que los demonios la atormenten con horribles tentaciones, luego la ejercita y trabaja con sequedades, desolaciones, escrúpulos y dudas penosísimas… Si ella sufre este divino trabajo con paciencia, resignación y generosidad, se perfecciona y llega á ser una estatua digna de ser colocada en las luminosas é inmortales galerías del Paraíso.