El significado de las invocaciones y títulos marianos en las Letanías de la Virgen María

Las Letanías de la Santísima Virgen María o Letanía de Loreto, son una hermosa y poderosa oración compuesta durante la edad media, en la que apelamos a la Santísima Madre de Dios, bajo los diferentes títulos con los que a lo largo de la historia, la Iglesia le ha ido coronando. Muchos de estos títulos son de uso muy frecuente entre sus devotos, quienes los emplean para acudir a la Llena de Gracia, pidiéndole se digne a voltear sus ojos misericordiosos para atender nuestras súplicas y necesidades. A continuación, la lista.

1.-Santa María

La expresión “Santa María” resume la totalidad de la experiencia de aquella a quien todas las generaciones llaman bienaventurada, de aquella en quien el Todopoderoso realizó grandes cosas (cfr. Lc 1, 48). Decir Santa María es reconocer la obra admirable de Dios en esta pequeña mujer inmaculada, pero al mismo tiempo también es admirarnos de su trayectoria terrestre: su fe, su esperanza y su caridad. Proclamar a María “Santa” es alabar a Dios dador recibidos y tomar conciencia del llamado que tenemos todos los cristianos a la santidad (cfr. Mt 5, 48).

1.-Santa Madre de Dios

“Madre de Dios” o “Theotokos”, es el título que se atribuyó oficialmente a María en el siglo V, durante el concilio de Éfeso, del año 431. Aquí se formalizó un concepto que ya se había consolidado en la devoción del pueblo cristiano desde el siglo III, en el contexto de las fuertes disputas de ese período sobre la persona de Cristo.

En un pedazo de papiro que data del año 250, se ha podido encontrar registro de la devoción más antigua dedicada a la virgen María. Se trata del himno Sub tuum praesidium (Bajo tu amparo). El himno (convertido además en oración, tal y como sucedió con el Salve Regina) es empleado hoy en día tanto por la Iglesia Católica como Ortodoxa. Desde aquel entonces, ya se invocaba a María bajo el titulo de la “Santa Madre de Dios”.

Siendo Nuestro Señor de naturaleza divina y humana, Dios y hombre al mismo tiempo, tomó toda su humanidad, toda su genética, de María. Si bien es cierto María no es divina, es Virgen Bendita, Limpia y Pura, libre de toda mancha, la Inmaculada llena de gracia. Sólo así María pudo llevar en su vientre durante nueve meses al hijo de Dios, por eso es la Theotokos  (la que dio a luz a Dios).

El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.

(Lucas 1, 35)

2.- Santa Virgen de las Vírgenes

Esto es consecuencia de lo anterior. La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación. Jesús no tiene como Padre más que a Dios y para poder llevar en su seno al Hijo de Dios, María necesitaba ser virgen. La Virgen era verdaderamente casta, pura; pura en el corazón, casta en el cuerpo. Fue la primera muchacha hebrea en emitir el voto de virginidad perpetua ciertamente bajo la inspiración de Dios. La santidad es total abandono en las manos de Dios. “Oh Dios, haz de mí lo que quieras”. La Virgen es en el pleno sentido de la palabra: Virgen de las vírgenes. La Virgen por excelencia por haber sido la Virgen Madre de Dios.

Desde los primeros años del cristianismo, María fue llamada “La Virgen” porque de manera única y singular vivió totalmente para Dios en apertura constante a su plan salvífico. Desde entonces la virginidad ya no fue maldición ni soledad sino la señal divina (cfr. Is 7, 14). La prueba que demuestra efectivamente que Cristo es el Hijo de Dios que ha venido para salvar a los hombres.

3.- Madre de Cristo

Al igual que con el titulo de Santa Madre de Dios, hay quienes consideran este titulo un error. “Dios es eterno, por lo tanto María no puede ser su madre”. María no creó la persona divina de Jesús, quien existió con el Padre desde toda la eternidad, sino que tomó carne en María y Ella lo dio a luz como hombre:

“En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, se segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios (Theotokos)”.  (Catecismo, No. 495).

Como escribió San Juan, “Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros, lleno de amor y verdad. Y hemos visto su gloria, la gloria que como Hijo único recibió del Padre”. (Juan 1:14).

Por esta razón, tiempo atrás en la historia de la Iglesia, a nuestra Santísima Madre le fue dado el título de “Madre de Cristo”. La palabra proviene del latín Christus, y este del griego antiguo Χριστός, Christós,  es una traducción del término hebreo «Mesías» (מָשִׁיחַ, Māšîaḥ), que significa «ungido». Nosotros los  cristianos (los que seguimos a Cristo) creemos y confesamos que Jesús es el Mesías (Cristo) profetizado en el Antiguo Testamento. Por lo tanto, María al ser madre de Jesús, es también madre de Dios y madre de Cristo.

San Juan Crisóstomo (344-407), por ejemplo, compuso en su Oración Eucarística para la Misa un himno en honor de la Madre de Cristo:

“Es verdaderamente justo proclamarte bendita, O Madre de Dios, que eres la más bendita, toda pura y Madre de nuestro Dios. Te magnificamos a ti que eres más honorable que un Querubín e incomparablemente más gloriosa que un Serafín. Tú que sin perder tu virginidad, diste nacimiento a la Palabra de Dios. Tú eres verdaderamente la Madre de Dios”.

Después de haber hablado del papel de la Virgen María en el Misterio de Cristo y del Espíritu, conviene considerar ahora su lugar en el Misterio de la Iglesia.

«Se la reconoce y se la venera como verdadera Madre de Dios y del Redentor […] más aún, “es verdaderamente la Madre de los miembros (de Cristo) porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes, miembros de aquella cabeza” (LG 53; cf. San Agustín, De sancta virginitate 6, 6)”

“María […], Madre de Cristo, Madre de la Iglesia” (Pablo VI, Discurso a los padres conciliares al concluir la tercera sesión del Concilio Ecuménico, 21 de noviembre de 1964).

4.- Madre de la Iglesia

El titulo mariano de “Madre de la Iglesia”, fue incluido por el papa Pio VI el 21 de noviembre de 1964, al finalizar el tercer periodo de sesiones del Concilio Vaticano II.

Cuando María fue llamada durante la Anunciación, dio su consentimiento a la llegada del reino mesiánico, mismo que tendría como uno de sus objetivos el establecimiento de la Iglesia. Cuando el Espíritu Santo descendió el día de Pentecostés, dio a luz a la Iglesia. Cada uno de los pastores y miembros de esta Iglesia, es parte del Cuerpo Místico de Cristo (del que el mismo Cristo es la cabeza). María al ser madre de Cristo, lo es también de todo el Cuerpo Místico que conforma la Iglesia.

5.- Madre de la Divina Gracia

Para haber sido escogida como madre de Dios, María recibió gracias y bendiciones sumamente especiales, dentro de las que se incluye su Inmaculada Concepción. Ella es la Llena de Gracia, así lo confirma el arcángel, durante el pasaje bíblico conocido como la Anunciación:

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

(Lucas 1, 26-28)

Tan llena de gracias es Nuestra Señora, que así lo demuestra donde quiera que vaya:

“Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo.”

(Lucas 1, 40)

6.- Madre Purísima

La maternidad de María respecto de nosotros no es simbólica o puramente moral. Verdaderamente María es nuestra madre porque nos ha dado una vida nueva: la Vida de Cristo. Alabamos y exaltamos la pureza de María en superlativo, porque ésta no procede de ella misma sino de Dios que la hizo una criatura perfecta, sin sombra de pecado. Por eso Ella, por los méritos de Cristo, su Hijo, es capaz de regenerarnos en la virtud para que podamos vivir en armonía completa con Dios y nuestros hermanos.

7.- Madre Castísima

La castidad es la virtud por la cual el hombre integra todas sus fuerzas de vida y de amor depositadas en él. Esta integridad asegura que el hombre pueda entregarse totalmente a Dios y servirle con todo su corazón. Llamamos a María “castísima” porque estuvo plenamente dispuesta para el trabajo del Reino, ella es el modelo por excelencia de la mujer consagrada que ama a Dios y a los demás con un corazón indiviso y libre. María nos descubre que la castidad no es virtud pasada de moda sino fuerza para conquistar los ideales.

8.- Madre Siempre Virgen

Los cristianos de los primeros siglos expresaron esa convicción de fe mediante el término griego ajeiv-pavrqeno”, «siempre virgen», creado para calificar de modo único y eficaz la persona de María, y expresar en una sola palabra la fe de la Iglesia en su virginidad perpetua. Lo encontramos ya en el segundo Símbolo de fe de San Epifanio, en el año 374, con relación a la Encarnación:

«El Hijo de Dios se encarnó, es decir, fue engendrado de modo perfecto por Santa María, la siempre virgen, por obra del Espíritu Santo»(96).

La expresión siempre virgen fue recogida por el segundo Concilio de Constantinopla, que afirmó: el Verbo de Dios «se encarnó de la santa gloriosa Madre de Dios y siempre Virgen María, y nació de ella»(97). Esta doctrina fue confirmada por otros dos Concilios ecuménicos, el cuarto de Letrán, año 1215(98) y el segundo de Lyon, año 1274(99), y por el texto de la definición del dogma de la Asunción, año 1950(100), en el que la virginidad perpetua de María es aducida entre los motivos de su elevación en cuerpo y alma a la gloria celeste.

9.- Madre Inmaculada

El titulo de María Madre inmaculada, fue incluido por el papa Clemente XIII a petición del rey Carlos III de España, para los dominios hispánicos el 12 de septiembre de 1767. Fue también concedida por el papa Pío IX al obispo de Malinas en 1846; tras la definición dogmática de 1854, Pío IX lo hizo extensivo a toda la Iglesia:

“Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.”

10.- Madre Amable

Amable es la persona que, por su actitud y su trato para con los demás, se hace amar. Amable es quien interpreta bien y sabe disculpar los errores ajenos. Amable es además quien acoge al que anda solitario, Quien se anticipa cuando ve una necesidad de ayuda… quien va a consolar donde hay algún dolor. La amabilidad es fruto de un buen corazón.

Sólo cuando se pronuncia el nombre de María con devoción, se siente en el corazón la dulzura y los atractivos del amable nombre de la Madre de Dios, que es, como decía David de Jonathás, amable por encima de todas las mujeres. Que alegría pura, qué suave placer no se debe experimentar, por consecuencia, considerando el mérito y la bondad de quien elegida desde la eternidad. ¿Se osaría, después de esto, poner en paralelo bondad de María con los encantos de Rebeca o los atractivos de Raquel, la figura de Esther o el noble caminar de Judith? Ciertamente no; hay que convenir que María, por su calidad de Madre de Dios las supera en gracias, en belleza y en perfecciones. Es lo que la Iglesia reconoce cuando, considerando la augusta calidad de Madre de Dios en María, declara que no sabe qué expresiones emplear para publicar todas sus alabanzas.

11.- Madre Admirable

Las grandezas de la Santísima Virgen María están por encima de todo lo que nuestras mentes puedan concebir; nos hacen convenir que ella es lo más admirable que hay en la creación. Igualmente se le pueden aplicar en verdad las palabras del profeta Isaías que dijo de Jesucristo: Su nombre será llamado admirable; porque, considerando que ella fue el fruto milagroso de una madre estéril que concibió del Espíritu Santo y que se convirtió en Madre de Dios ¿no se impone declarar que todo es admirable en María?

En 1842, un pobre mendigo, reumático de las dos piernas, conocido por la ciudad entera, iba regularmente a pedir su curación delante de la Madonna del palacio Cenci. Cansado de no conseguir nada, dijo un día a su divina Madre, en un lenguaje familiar a la piedad italiana: Hace tiempo que vengo y no he sido curado; pues bien, ésta es la última vez que vengo. Toma mis muletas, ya no quiero servirme de ellas, y me quedo aquí, a menos que me devuelvas las piernas. La oración de la piedad penetró el cielo. El enfermo fue curado, y no cabía en sí de gozo. La multitud que lo rodeaba grita, llora, canta, la felicidad era general. La Madonna fue magníficamente iluminada durante tres días y tres noches; las orquestas se sucedieron para celebrar las alabanzas de aquella a la que no se invoca en vano. El poder de María delante de su divino Hijo es admirable, todos podemos pedirlo.

12.- Madre del Buen Consejo

Este titulo le fue otorgado a Nuestra Señora por el papa Leon XIII en el año 1903, en homenaje al santuario de Genazzano, debido al milagroso incidente que tuviese lugar durante la invasión otomana. Según la tradición, la imagen se desprendió de una iglesia de Scutari en Albania, a la llegada de musulmanes, y “viajó” por los aires hasta llegar la iglesia Genazzano, acompañada por una multitud de ángeles y música celestial durante la tarde del 25 de abril 1467. En este enlace puedes leer la historia de Historia de Nuestra Señora del Buen Consejo.

13.- Madre Del Creador

Este augusto título de Madre del Creador conviene más a María pues nos concedió la gracia de encontrar en Él un nuevo ser, una vida divina, lo que es como una segunda creación. Ella es la Madre de Cristo, del Verbo del Padre hecho carne. El Verbo es el centro de la creación:

“por medio de El fueron hechas todas las cosas y sin El no se hizo nada de cuanto existe” (Jn. 1.3).

En Cristo, lo que se atribuye a Dios se puede atribuir también al Dios – Hombre, así, habiendo sido hecho de María Santísima Aquel por el que han sido hechas todas las cosas, puede decirse que toda cosa fue hecha por Ella, porque engendró al HACEDOR … al CREADOR. Por esto María es Madre del Creador y tomó además parte, de cierta forma, en la obra de la Creación.

14.- Madre del Salvador

Mucho tiempo antes del nacimiento de Jesucristo, el Profeta Isaías había predicho que una virgen concebiría, y que nacería de ella un niño, que sería llamado Emmanuel, que significa  Dios con nosotros. José, el Esposo de María, fue particularmente instruido por el Ángel que le dirigió estas palabras: Lo que ha nacido en ella ha sido formado por el Espíritu santo, dará a luz un niño, a quien le pondrás por nombre Jesús, es decir Salvador, porque salvará a su pueblo. Ahora bien, las predicciones que se verificaron prueban evidentemente que María es la Madre del salvador del Mundo.

15.- Madre de Misericordia

Durante el rezo del “Regina Coeli” (que se reza en lugar del Ángelus, desde la Vigilia de Pascua hasta el medio día del sábado de Pentecostés.) del  Domingo 22 de abril del año 2001, el papa Juan Pablo II estableció que:

Dirigimos nuestra mirada a María santísima, a la que hoy invocamos con el título dulcísimo de “Mater misericordiae“. María es “Madre de la misericordia” porque es la madre de Jesús, en el que Dios reveló al mundo su “corazón” rebosante de amor.
La compasión de Dios por el hombre se comunicó al mundo precisamente mediante la maternidad de la Virgen María. Iniciada en Nazaret por obra del Espíritu Santo, la maternidad de María culminó en el misterio pascual, cuando fue asociada íntimamente a la pasión, muerte y resurrección de su Hijo divino. Al pie de la cruz la Virgen se convirtió en madre de los discípulos de Cristo, Madre de la Iglesia y de toda la humanidad. “Mater misericordiae”…”

16.- Virgen prudentísima

Con este título, la Iglesia tributa a María un gran elogio, pues la prudencia es la primera de las virtudes cardinales y es la virtud moral que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno para seguirlo o malo para apartarse de él. Prudencia es cautela, es moderacion, sensatez, buen juicio … además, es la que dirige y regula todas nuestras acciones.

La vida cristiana sin la prudencia pierde toda belleza, toda fecundidad de bien. La prudencia, virtud moral se adquiere de ordinario con los años. María es tanto más digna de alabanza porque fue prudentísima desde su tierna edad; excepcional prudencia más celestial que terrena, más infundida por Dios que adquirida con el estudio, con la práctica o con la edad.

17.- Virgen digna de veneración

La veneración destinada a la Virgen María, a los santos o a los bienes materiales que a ellos les pertenecieron, no tiene como fin a ellos mismos sino a Dios. Como católicos veneramos a la Virgen María, bajo lo que se conoce como «hiperdulía», en razón de la excelencia de sus virtudes por sobre los demás santos. Y veneramos a los santos, en lo que se conoce como «dulía», reconociendo que todo lo que han recibido es un regalo de Dios y ellos son solamente un reflejo de las perfecciones divinas obtenidas por los méritos de Cristo en la Cruz. Esto no tiene nada que ver con la idolatría que por el contrario, consiste de divinizar todo aquello que no es Dios. Veneramos a María porque es madre nuestra,  madre de Jesucristo, bendita entre todas las mujeres, bienaventurada de generación en generación,  mediadora ante su Hijo Jesucristo, y porque  María nos conduce a Dios.

18.- Virgen digna de alabanza

María vivió en la piadosa sombra de una oscuridad que conmueve, en profunda y perfecta humildad. Aparece en la primera parte del Evangelio y después solamente reaparece en el Calvario cuando participó en las penas de la Cruz. Después de Jesucristo, el alma más santa y más excelsa fue sin duda la de María Santísima, por eso debe ser, la más exaltada y colmada de alabanzas.

Estas alabanzas y esta gloria tuvieron principio antes que Ella estuviera sobre la tierra participando del privilegio del Hijo. Fue exaltada mucho antes de nacer. La Iglesia en su Liturgia, ha coronado a María con las fiestas en su honor introducidas en el año eclesiástico, los oficios, los himnos, las Letanías, las procesiones, la solemne coronación de sus imágenes, etc., que manifiestan el amor de la Iglesia hacia su Madre Celestial. Para Ella, el genio de los grandes Doctores de la Iglesia, la pluma de los Teólogos, la palabra enamorada de los oradores sagrados y la oración confiada de todos los que la aman.

19.- Virgen Poderosa

María es la Omnipotencia Suplicante. Eficazmente, intercede y consigue para nosotros cuanto pide.  Semper vivens ad interpellandum pro filiis suis: Que vive siempre para interceder por sus hijos. En el pasaje bíblico conocido como “Las Bodas de Caná”, fueron suficientes tres palabras de Nuestra Señora : “No tienen vino” para conmover y mover a Nuestro Señor, a llevar a cabo el primero de sus milagros públicos. Así, se bebió en aquella boda, el vino más exquisito de toda Galilea. Los que se acogen bajo su poderoso amparo, no deben tener miedo a nada. Ni al demonio, ni a la muerte, ni a los peligros.

20.- Virgen Clemente

María no sólo está llena de Gracia, sino también, de clemencia y compasión. María es madre compasiva. Sin mirar nuestras faltas, está siempre atenta al llamado de sus hijos, sobre todo al de aquellos más alejados y perdidos. Pronto endereza sus malas vidas y los conduce por el buen camino hacia Jesús.

21.- Virgen Fiel

Ella era fiel porque su amor era total, no dudaba de Dios. La fidelidad en el amor surge de ver la excelencia de ese ser que es muy superior al resto. Ser fiel surge de acoger la bondad del otro como un verdadero regalo inigualable. Ser fiel es la base de un amor total, exclusivo, heroico hasta el martirio, haciendo de la propia vida una oblación, esto es, una ofrenda de amor. Nuestra Señora en aquella terrible noche mientras sostenía el Cuerpo de su Hijo muerto en Su regazo, creyó en la luz; mientras lo preparaba con aceites perfumados para el sepulcro, creyó en la luz; mientras tocaba Sus heridas, dando testimonio de esa tremenda “derrota”, creyó en la luz. En aquellos terribles momentos, ella incluso creyó en la Resurrección e hizo un silencioso acto de fe. Consideraba todas esas heridas de poca importancia; Él había prometido que se levantaría de la muerte, y Él lo haría. Ella creyó. Ella no tenía la menor duda.  Ella se mantuvo fiel, a Su Hijo, a Su Dios, a Nuestro Señor. Este es indiscutiblemente, uno de los momentos más hermosos de su vida.

22.- Espejo de Justicia

Así como un espejo refleja tu imagen, María es la reflexión de su hijo y Nuestro Señor, de lo perfecto y puro de su alma. Por otra parte, la palabra Justicia se define como “el conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene, fortaleza de todas las virtudes”. Así como un espejo libre de manchas refleja una imagen perfecta, María, la Inmaculada (libre de toda mancha) refleja todas las virtudes de Cristo perfectamente.

23.- Trono de la Sabiduría

Este es título devocional que se deriva de la traducción del latín sedes sapientiae, que significa Trono de la sabiduría. En muy diversas, esculturas y otras obras,  María está sentada sobre un trono con el Niño Santo en su regazo. Esta imagen apareció en Europa en el siglo XIII, y se basó en iconos bizantinos anteriores.

Jesús, después de nacer fue llevado en sus brazos durante sus primeros años y estuvo sentado sobre las rodillas de María. Siendo realmente también, por decirlo así, el Trono humano de Aquel que reina en el Cielo. Además por que la Sabiduría misma, hizo de su purísimo vientre, un trono que le acogió durante 9 meses.

Además de la sabiduría Divina inspirada por el Espíritu Santo, María durante su vida terrenal, compartió con Jesús 30 años. Allí, en la pequeña casita de Nazaret, durante las largas tardes y noches (no había ni televisión ni Internet!) que tenían lugar luego de los quehaceres diarios, la Sagrada Familia compartía en pleno. Jesús revelaría tanto a María como a San José, con lujo de detalles el plan del Creador (¿alguna vez te preguntaste la razón por la que María no fue a ver la tumba de Jesús el Domingo de resurrección?.) Por todo el conocimiento recibido de su hijo Jesucristo, Nuestro Señor, María es también llamada Sede de la Sabiduría.  En la actualidad celebramos esta fiesta el 8 de julio.

24.- Causa de nuestra alegría

La piedad cristiana, siempre conducida por el Espíritu Santo, llama a la Virgen: Causa de nuestra alegría. No puede ser de otra manera. Porque María nos trae y nos da siempre a Jesús, el que es el gozo del Padre, el pasmo de los Ángeles, la dicha colmada de los Santos. María es causa de nuestra alegría porque nos trajo al Libertador. Cada uno de nosotros podemos ser causa de la alegría de nuestros hermanos si les llevamos la liberación de Cristo, por la luz de sus palabras, por la calidez de su amor, por la fuerza de sus sacramentos, por la alegría de la familia de Dios que es la Iglesia donde nadie debe sentirse solo o incomprendido.

25.- Vaso de Insigne Devoción

La devoción, según Santo Tomás es la pronta voluntad de entregarse más, para hacer todo aquello que corresponde al servicio de Dios: es un dedicarse y consagrarse al servicio de Dios con ánimo alegre y con perfecta voluntad, es decir, de todo corazón. La historia de todos los Santos está llena de ejemplos y aún puede afirmarse que esta prontitud en seguir al Señor o esta devoción es la condición necesaria para la santidad. También en esto María Santísima es maestra soberana; no sólo fue devota, sino modelo perfecto de insigne devoción. María, como “vaso”,  fue colmada de sentimientos de piedad, que exhibió en todas las circunstancias de su vida, mostrando un fervor que sorprendía en todo lo referido al culto y al servicio de Dios.

26.- Rosa Mística

Es bien sabido que la rosa es la flor predilecta de Nuestra Señora. En el Tepeyac, la Virgen Santísima instruyó a Juan Diego a recolectar Rosas de Castilla, las que colocó en su tilma y posteriormente revelaron su milagrosa imagen. Durante las apariciones de La Sallete, Nuestra Señora llevaba puesta una hermosa guirnalda de Rosas, en Lourdes, Nuestra Señora llevaba un rosa dorada en cada pie. Además, es ampliamente conocido entre los fieles devotos marianos, que es mediante un hermoso perfume a Rosas, por el que se manifiesta su presencia. Durante las apariciones de Nuestra Señora en San Nicolás (aparición aprobada con culto) Nuestra Señora nos deja saber: “Aquél que huele el perfume de mis rosas, conmigo camina. Gloria al Señor”. No está demás recordar, que Su oración predilecta es el rezo del Santo Rosario, y que cada Avemaría que rezamos, es como una rosa que depositamos a los pies de Nuestra Señora.

27.- Torre de David

La torre fue uno de los elementos defensivos dispuestos por el Rey David para la defensa de la ciudad de Jerusalén. La torre se eleva por sobre toda la construcción  y se convierte en el reducto defensivo por excelencia, protegiendo a quienes defienden la fortaleza o ciudad. Así también nuestra Señora, su pureza y belleza la elevan sobre todas las criaturas y se ha convertido en la principal defensora de la Santa Iglesia, sobre todo contra las herejías. Donde está Nuestra Señora, no existe la herejía. Así también nuestra Señora brinda amparo y refugio seguro a quienes acuden bajo su protección.  En los momentos de debilidad y de tentación, donde sufrimos los embates del enemigo, hemos de invocar su Santísimo Nombre, después de todo no olvides, que Nuestra Señora, así como una fortísima torre,  nos ayudará a y repeler al pérfido Satanás y a sus esbirros que buscaran y se ingeniaran mil y una formas para hacer perder nuestras almas.

28.- Torre de marfil

Esta expresión aparece en el Cantar de los Cantares: “Es tu cuello como torre de marfil”. Este versículo se aplica, también, a la Virgen María porque la torre, al ser inexpugnable, simboliza también la virginidad del corazón. Y, además, con el marfil, trabajado por los artífices, se elaboran objetos muy preciados. ¿Quién más preciado y apreciado que María?

La blancura del marfil no lastima la vista como la blancura de la nieve, que hiere los ojos; pero es agradable y tranquila como la blancura de la lana, del armiño o de una flor; es símbolo del alma limpia de culpa, discreta, amable, indulgente, que sabe compadecer y tolerar porque es humilde y ama a los pecadores. La verdadera alma limpia es la que en el instante en que ve las miserias ajenas, sin mancharse con ellas, se compadece para sanarlas.

29.- Casa de oro

María Domus aurea, Casa de oro, recinto de muchísimo esplendor. Cuando una familia habita una casa y la convierte en un hogar, este refleja las peculiaridades, aficiones y preferencias de sus habitantes. La casa y quienes la habitan constituyen una cierta unidad, como el cuerpo y el vestido, como el conocimiento y la acción, En el Antiguo Testamento, el Tabernáculo primero, y más tarde el Templo, era la Casa de Dios, donde tenía lugar el encuentro de Yahvé con su pueblo. Cuando Salomón decidió construir el Templo, los Profetas especificaron los materiales nobles que se habían de emplear, la abundancia de madera de cedro en el interior, revestida de oro… Lo mejor que tenían a su alcance había de emplearse en su construcción, y los mejores artífices serían los que trabajarían en él.

Cuando llegó la plenitud de los tiempos y Dios decretó su venida al mundo, preparó a María como la criatura adecuada donde Él iba a habitar durante nueve meses, desde su Encarnación hasta el Nacimiento en Belén. En Ella, Dios dejó la huella de su poder y de su amor. María, Domus aurea, el nuevo Templo de Dios, fue revestida de una hermosura tan grande que otra mayor no fue posible. Su Concepción Inmaculada y todas las gracias y dones con que Dios enriqueció su alma estaban dirigidos en orden a su Maternidad divina. Puedes complementar esta información con el articulo titulado “María, el Arca de la Nueva Alianza“.

30- Arca de la Alianza

Este término es de uso muy antiguo y de significación muy profunda. Lo utiliza San Lucas en su relato de la visitación de María a su prima Isabel, y lo utiliza Juan en el Apocalipsis. Antes de detenernos en la antigüedad y uso de esta expresión vamos a usar la imaginación nuevamente.

¿Qué era el Arca para los Israelitas? El Arca era una “caja” mandada hacer por Dios (Ex 25,10-22) con el propósito de comunicarle a Israel sus oráculos desde el Arca (Ex 25,22). Esta contenía lo más valioso para los judíos; las tablas de la ley (Ex 40,18-21), la vara de Aarón (Núm 17,16-26) y el maná que con que Dios los alimentó en el desierto (Ex 16,32-34). En resumen, el Arca era el signo de la presencia de Dios.

Ahora bien, María lleva en el vientre algo mucho más valioso que todo esto. María lleva en su seno al Autor de la Ley, lleva en sus entrañas al que colgó de un madero para salvar al mundo; y de su ser tomo carne el Pan Vivo bajado del Cielo que da la Vida Eterna. En este enlace puedes leer más sobre María, el Arca de la Nueva Alianza.

31.- Puerta del Cielo

Jesús dijo que sólo a través del hijo se llega al Padre. Esto es empleado como argumento mayormente por los protestantes quienes encuentran en el titulo mariano de “Puerta del Cielo” una de las tantas “equivocaciones” de los católicos y “sus vírgenes”. Dios, buscando que le amemos de manera genuina, libremente y por voluntad propia, nos ha dotado del libre albedrío y jamás nos impone o fuerza el aceptarle o el amarle. María siendo una criatura como todos nosotros, también está sujeta al libre albedrío. La diferencia es que Ella optó por amar voluntariamente a Dios y hacer su voluntad. Al dar el “Sí” como respuesta al arcángel durante la anunciación, acepta ser la madre de Dios, abriendo para nosotros efectivamente la puerta del Cielo.

Cuenta además la tradición, que San Lucas, además de ser evangelista, era pintor e historiador. A él se le atribuye el haber pintado diversos iconos de Nuestra Señora. Uno de estos íconos se llamaba “Puerta del Cielo”, y lo empleó durante una catequesis inspirada por el Espíritu Santo. Este icono estuvo a punto de ser destruido siglos más tarde cuando los enemigos de la fe querían poner sus manos sobre el para profanarlo. El ícono fue tirado al mar por una mujer de Nicea para evitar que cayera en manos enemigas. Fue rescatado por monjes del Monasterio de Ivirón, en el monte Athos, quienes lo colocaron dentro del templo. Por tres días seguidos el ícono aparece por sí solo en el umbral de la puerta del monasterio, así pues la llamaron “Puerta del Cielo”, permaneciendo ahí por más de 1200 años.

En 1920, un monje pintor de Athos hizo una reproducción y se la regalo a un monje amigo de Rusia, que era profesor de arte iconográfico en Montreal, Canadá. Pasaron los años, este monje murió y le heredó la pieza a su discípulo José quien llevó a bendecir la imagen con el Padre Rolando Persico. Al momento de bendecirla se produjo una emanación de aceite perfumado y transparente…. se repartieron numerosas estampitas y cromos que también manaron este aceite.

32.- Estrella de la Mañana

En las letanías que los católicos con fervor dirigimos a nuestra Madre, invocamos a María como «estrella de la mañana». Esta invocación ha sido frecuente entre los poetas y predicadores. Acudían a María recordando esta imagen proverbial: en medio de la noche, o cuando se cierne sobre nosotros el peligro de «una tormenta perfecta»…, el creyente eleva sus ojos y su corazón errante a María, como una estrella que brilla en cielo, y para que con su luz nos oriente y nos guíe hasta la orilla firme del alba, hasta la tierra segura de la patria. La invocación posee, pues, reminiscencias ancladas en la tradiciones literarias y piadosas de nuestra historia. Antes de salir el sol, hay una estrella que, por ser mas brillante que las otras, permanece aun durante el alba. Es la estrella de la mañana que anuncia el día. María nos anuncia la llegada del Señor, el Sol que viene.

33.- Salud de los enfermos

La vinculación de María con la salud de los enfermos y, más en general, con el mundo del sufrimiento humano, hunde sus raíces en el mismo Evangelio. Ante cualquier mirada limpia, ella aparece siempre cercana a la vida de cada día y a sus vicisitudes, sensible ante todo sufrimiento, compartiendo los gozos y esperanzas, las alegrías y tristezas de los hombres.

María ama, María consuela y cubre con su Manto de amor, otorgando la curación del alma y del cuerpo a sus hijos enfermos. Intercede ante el Señor para nuestra sanación. Sino siempre se cura el cuerpo, es porque no nos conviene, pero María nos ayuda y conforta aliviando el dolor y sanándonos el alma con sus bellas lágrimas. Como buena Madre está a la cabecera de sus hijos enfermos. Y sobre todo en la hora de la muerte. Todos los buenos cristianos mueren en brazos de su Madre, de María. Y morir así, no es triste, todo lo contrario. Cada uno de nosotros nos preparamos la propia muerte.

34.- Refugio de los pecadores

Así como María ofreció refugio seguro en su virginal seno a Nuestro Señor Jesucristo, así también María es el refugio de todos los pecadores quienes con verdadera intención de enmendarse, buscan su maternal regazo, implorando y suplicando su protección. Si bien es cierto, Cristo es nuestro único mediador frente al Padre, María es la intermediaria entre Jesús y los pecadores.

Desde los inicios de la devoción a esta advocación propalada por el Beato Antonio Baldinucci, se hablaba ya del rasgo peculiar que distinguía a Nuestra Señora como «del Refugio», por la que por su intercesión y mediación ante el Único Mediador, Jesucristo Nuestro Señor, se constituía en seguro refugio de nuestro peregrinar en este mundo, con todos sus peligros, angustias y luchas.

Este titulo es establecido por el papa Clemente XI, quien concedió la coronación pontificia el 4 de Julio de 1719. Así, quedo establecido el titulo mariano, “Nuestra Señora del Regugio de los Pecadores. En aquellos días, Europa se veía plagada no sólo por los errores cismáticos de los jansenistas, que tuvieron entre sus muchas consecuencias, el enfriamiento de la piedad y de la devoción de los fieles, sino también, por diversas pestes que ocasionaron innumerables muertes en aquel continente.

35.- Consoladora de los afligidos

En la Biblia se llama “consuelo de Dios” a las acciones con las que Dios viene en ayuda de su pueblo sometido a la opresión. El mayor consuelo que Dios ha enviado a los hombres ha sido su hijo Jesús. El anciano Simeón, que esperaba “el consuelo de Israel” (Lc 1,25), bendice a Dios al tener a Jesús niño en sus brazos. Santa María Virgen se llama “Madre del consuelo” o “Consoladora de los afligidos”, porque por medio de ella Dios envió al “consuelo de su pueblo”, que es Cristo. Ella, cuando estuvo junto a Cristo que sufría en la cruz, mereció esa felicidad prometida por el Evangelio: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mt 5,5). Después de la resurrección de su Hijo, recibió ese consuelo, y por eso puede consolar a sus hijos en cualquier lucha (cf. 2 Cor 2,3-5). El Concilio Vaticano II dice que “La Madre de Jesús… precede con su luz al pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y de consuelo” (Lumen Gentium 68).

36.- Auxilio de los cristianos

El 7 de octubre de 1561, tuvo lugar una de las batallas más decisivas en la historia de la humanidad: La batalla de Lepanto. En ella, la flota cristiana, se enfrentó a la poderosa flota musulmana que estaba decidida a conquistar todo occidente hasta Gibraltar.
Antes de aquel glorioso día, los reyes católicos en Europa estaban divididos, y todos parecían ignorar las intenciones y el inmenso peligro que el auge musulmán suponía. La caída de la Europa cristiana era inminente.
El papa Pio V parecía ser el único que percibía el peligro, decide pedir ayuda, pero nadie le hizo caso. La flota musulmana ya se estaba ensamblando en descomunales dimensiones y la amenaza de un ataque se convirtió finalmente en algo real.
A las 6 de la mañana de aquel día y bajo el mando de Juan de Austria, la Liga Santa (nombre que recibe la flota conformada por naves de diversos países aliados) divisan en el horizonte a la poderosa escuadra Otomana. Ambos bandos eran conscientes que del resultado de aquel combate que estaba a punto de dar inicio, dependía el futuro de la Europa y la cristiandad.

En todas las naves de la Liga Santa, se dio la orden de rezar el Santo Rosario. En Europa previamente y días antes del combate, el Papa Pio V había ordenado en todos los países cristianos, el ayuno y el Rezo del Rosario, suplicándole a la Santísima Virgen su auxilio ante aquel peligro.
Mientras la batalla tenia lugar, el Papa Pio V se encontraba rezando el Rosario en su capilla. De pronto, el Papa salió de la misma y, por aparente inspiración, anunció a todos los presentes y con gran calma que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos.
Semanas más tarde llegaría el mensaje de victoria por parte de Juan de Austria (quien atribuyó la victoria a la mediación de la Santísima Virgen). Agradecido, el Papa Pio V decide entonces instituir el dia de «Nuestra Señora de las Victorias» y se agrega “Auxilio de los Cristianos” a las letanías de la Virgen María. Más adelante, el nombre de esta festividad sería cambiado a «El día de la Virgen del Rosario» por el Papa Gregorio III.

37.- Reina de los ángeles

La última parte de las letanías lauretanas se refiere a María como Reina: Reina de los Ángeles y Reina de todos los Santos en cada uno de sus coros, Reina del cielo, de la tierra, de la creación. A partir del siglo V, casi en el mismo período en que el Concilio de Efeso proclama a la Virgen ‘Madre de Dios’, se comienza a atribuir a María el título de Reina (por ser madre del Rey de reyes y Señor de señores). El pueblo cristiano, con este ulterior reconocimiento de su dignidad excelsa, quiere situarla por encima de todas las criaturas, exaltando su papel y su importancia en la vida de cada persona y del mundo entero.

38.- Reina de los Patriarcas

Con el nombre de patriarcas se honra a algunos santos del Antiguo Testamento, elegidos por Dios como guardianes y depositarios de la fe en el futuro Mesías. Esta fe, avivada por las frecuentes revelaciones de Dios, fue transmitida por los Patriarcas a sus descendientes como un faro de luz en medio de las tinieblas de la ignorancia y del pecado. Los Patriarcas fueron, bajo diversos aspectos, figuras de Jesucristo; lo representaron en varios misterios de su vida, de su muerte y de su obra redentora. Y en la debida proporción representaron también a María, pues quien representa al original, representa por lo mismo a la copia fiel.

La mujer fuerte de la Sagrada Escritura (Proverbios) es una imagen de María Santísima, tabernáculo viviente de Dios. También la Iglesia Católica tiene, en un sentido espiritual, sus Patriarcas. Ellos no prefiguran a Cristo que ha de venir sino que siguen SUS huellas y lo copian con aquella perfección que es posible a la humana naturaleza vigorizada por la gracia. Estos Patriarcas son los Fundadores de los Institutos Monásticos y de las Ordenes religiosas, verdaderos padres, que dieron a la Iglesia una inmensa cantidad de almas santas.

Si María es llamada Reina de los antiguos Patriarcas, por las mismas razones debe ser llamada Reina de los nuevos, puesto que ellos procuraron imitar sus virtudes, fueron los maestros de la devoción a Ella y promovieron su culto. Además, no olvidemos que siendo Madre de Jesucristo que es el Rey de los patriarcas, el autor y consumador de la fe, ella es por esta calidad la Reina de los Patriarcas de la antigua y de la nueva ley.

39.- Reina de los Profetas

En las Sagradas Escrituras, el sentido principal que se le da al nombre de “Profeta”, es el de una persona enviada por Dios, la que, por inspiración divina, conoce con la máxima certeza y por divina inspiración predice cosas o sucesos futuros, que no se pueden conocer por ningún medio humano. Unicamente Dios es el autor de las profecías. María es llamada Reina de los Profetas por dos razones: Primero porque Ella fue mostrada por Dios a los Profetas de la antigua Ley, y ellos la preanunciaron con palabras, figuras y símbolos, y segundo porque Ella misma, dotada del espíritu de profecía, conoció y predijo muchas cosas futuras.

También decimos que María es la “Reina de los Profetas” porque es la Madre de Cristo, el Profeta de los Profetas. Jesucristo es el Profeta por antonomasia. Es Palabra del Padre que nos enseña lo que ha oído de su Padre. No tiene otra verdad que la del Padre. Su alimento es hacer la voluntad del Padre. El mismo Jesús, cuando un discípulo le dice:”Enséñanos al Padre”, Jesús le contesta:”Quien me ve a mí, ve al Padre”. Cristo es el “sacramento del Padre”. La Samaritana, junto al pozo de Jacob, después de oír a Jesús, dice: “Veo que eres un profeta”.

Todo bautizado tiene que ser, también,  profeta,  porque debe anunciar el reino de Dios, con el testimonio de su vida y de su palabra, dando testimonio de vida cristiana. Cuando somos bautizados se nos dice, al imponer el Santo Crisma, “para que seas, como Cristo, sacerdote, profeta y rey.

40.- Reina de los Apóstoles

María es la Reina de los Apóstoles porque ejerce y supera todo apostolado, ella da a Jesús al Mundo.

Juan Pablo II en la Audiencia General del Miércoles 6 de Septiembre de 1995:

Los Hechos de los Apóstoles ponen de relieve, que María se encontraba en el cenáculo «con los hermanos de Jesús» (Hch 1,14), es decir, con sus parientes, como ha interpretado siempre la tradición eclesial. No se trata de una reunión de familia, sino del hecho de que, bajo la guía de María, la familia natural de Jesús pasó a formar parte de la familia espiritual de Cristo: «Quien cumpla la voluntad de Dios, -había dicho Jesús-, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,34).

“Ser para Cristo”: ésta es la esencia espiritual de María. El P. Santiago Alberione, organizador de obras apostólicas para los nuevos tiempos, escruta atentamente en la palabra de Dios el sentido del “apostolado”, y descubre en María la realización original y perfecta esa específica tarea apostólica de todo llamado: “engendrar” y “formar” a Cristo en los hombres.

41.- Reina de los Mártires

San Alfonso María de Ligorio sostiene que para llegar al Cielo es necesario ser mártir y nadie puede llegar al Cielo sin serlo. O bien mártir de sangre o bien mártir de paciencia.

El santo explica que María fue Reina de los mártires porque su martirio fue más cruel y más prolongado que el de todos ellos. San Alfonso recuerda que para que el martirio sea considerado como tal, basta que se sufra un dolor capaz de quitar la vida, aunque no se siga realmente la muerte. Aunque el cuerpo de María no fue herido por la mano del verdugo, su corazón bendito sintió espiritualmente todo el dolor de la Pasión de su Hijo, dolor que era suficiente para darle no una, sino mil muertes a Ella cuya sensibilidad era de una delicadeza absoluta. Recuerda el santo doctor que los demás mártires padecieron sacrificando la vida propia, pero la Virgen sufrió sacrificando la vida de su Hijo, al cual amaba mucho más que la suya propia.

María sufrió mucho en la Pasión de Cristo y sufrió sin alivio. Hay que recordar que algunos santos mártires de la Iglesia sufrieron crueles martirios como San Vicente, San Bonifacio o San Lorenzo entre otros muchos. Pero el Señor les otorgaba gracias singulares para que no sintieran el dolor físico en toda su magnitud. Por eso, San Lorenzo desafiaba a sus verdugos mientras estaba siendo quemado. Pero María sufrió sin ningún tipo de consuelo durante la Pasión. María era consciente de todos y cada uno de los insultos, burlas o desprecios que sufría Jesús y sufría espiritualmente todos y cada uno de los golpes que sufría Nuestro Señor en su cuerpo.

42.- Reina de los confesores

Para entender este titulo, es necesario aclarar primero el concepto o significado detrás de la palabra “confesores”. En la Santa Iglesia Católica se llama confesores, a todos los Santos que no fueron mártires (muertos por causa de su fe). Por lo tanto, un confesor es aquel que profesa su fe en Jesucristo de manera pública y que por ella están prontos a dar la vida. Es decir, sabe del peligro implícito pero a pesar de ello, da testimonio de su fe.  Así pues, los Santos Confesores de la Iglesia, tuvieron que superar toda clase de dificultades, sortear todo tipo de peligros y practicar las virtudes en grado heroico.

De entre todos los Santos Confesores, María es la primera, la más perfecta y la más santa de todos esos héroes de virtud y santidad, por eso la Iglesia la proclama Reina de los Confesores.

43.- Reina de las Vírgenes

Esto es consecuencia de lo anterior. La virginidad de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación. Jesús no tiene como Padre más que a Dios y para poder llevar en su seno al Hijo de Dios, María necesitaba ser virgen. La Virgen era verdaderamente casta, pura; pura en el corazón, casta en el cuerpo. Fue la primera muchacha hebrea en emitir el voto de virginidad perpetua ciertamente bajo la inspiración de Dios. La santidad es total abandono en las manos de Dios. “Oh Dios, haz de mí lo que quieras”. La Virgen es en el pleno sentido de la palabra: Virgen de las vírgenes. La Virgen por excelencia por haber sido la Virgen Madre de Dios.

44.- Reina de todos los Santos

Como ya se ha visto en el punto anterior el título de “Reina” que la Iglesia da a María, encierra las más grandes alabanzas que sea posible darle, porque anuncia que es superior a los santos de todos los órdenes. En efecto, María conforma un orden separado en el Cielo; y para juzgar el alto punto de su gloria, hay que remarcar que Dios glorificó a su propia Madre. Por ese motivo se ha representado a los ángeles y a los santos de todo orden ofreciendo a María sus coronas, para significar que ella reina en el Cielo por encima de ellos. María aventaja a todos los Santos en virtudes y perfecciones. La Santísima Virgen María  aventaja a todo ser humano en privilegios: “Es la bendita entre todas las mujeres”, es la única que puede ostentar la gracia de tener por Hijo a Dios, no por mérito propio, sino por pura gratuidad de Dios, su actitud de colaboración a los planes de Dios la hacen partícipe en la gran obra de la Redención por la que los humanos podemos alcanzar la gran dignidad de ser partícipe de la naturaleza divina, que nos hace ser Santos”.

45.- Reina concebida sin pecado original

Un día 8 de Diciembre del año 1854, se proclamó el dogma (verdad irrefutable que no admite ningún tipo de cuestión) de la Inmaculada Concepción por el papa Pio IX en la bula Ineffabilis Deus:

“Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.”

Pero no, no se trata como muchos creen o interpretan de manera equivocada de la concepción de nuestro Señor Jesucristo. El dogma de la Inmaculada Concepción, nos dice que María fue concebida sin mancha alguna y que por una gracia (María, la llena de Gracia) muy especial de Dios, estuvo libre de todo pecado y fue concebida sin la mancha del pecado original.

46.- Reina Asunta a los Cielos

Este hecho conocido también como «El tránsito» o el «El tránsito de María», es el paso de este mundo a la Gloria del Padre sin pasar por la muerte. María siempre virgen, pura y libre de todo pecado, recibe gracias a la intervención divina de Cristo, que su cuerpo y alma no se separasen en espera del juicio final, sino que más bien, ascendieran directamente al Cielo. Fue promulgado como dogma por el papa Pio XII el 1 de Noviembre de 1950:

Pronunciarnos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”

Según el experto Manuel Testa en su obra «María en los Evangelios Apócrifos de los siglos II-III» (Enero-Febrero 1989) existen vestigios de una tradición oral perteneciente al siglo II sobre la asunción de la Virgen María en la comunidad de Magdala, por parte de parientes de la Virgen quienes celebraban en Getsemaní «La Traslación de la gran pariente», en la que se comparaba la traslación de María a la de Henoc y Elias. Según Testa, los padres griegos-latinos, fueron modificando (puliendo y eliminando) estos elementos hasta dejarla como la doctrina que hoy en día se presenta.
La narración de los maravillosos eventos que tuvieron lugar antes, durante y después de la Asunción de la Virgen Santísima al Cielo, están recopilados en un documento conocido como Transitus Mariae, del que puedes leer un extracto en este enlace.

47.- Reina del Santísimo Rosario

Hay muchos grandes eventos  en la historia de la cristiandad en los que la importancia del  Rezo del Santo Rosario ha quedado de manifiesto. Es una oración revelada por ella misma a Santo Domingo. María empleó el Rosario como un medio para instruir a sus hijos sobre las verdades de su religión que no es otra cosa que la historia del amor de Dios por ellos. Ella escogió las 15 escenas más importantes de la vida de su hijo. María pidió que sus hijos meditaran sobre estos eventos mientras recitaban las Avemarías del Rosario.

En Lepanto, gracias al rezo del Santo Rosario y a la intervención de María, se obtuvo la victoria en la decisiva batalla contra las fuerza otomanas que amenazaban con destruir Europa y la Cristiandad. En Lourdes, Nuestra Señora acompañaba a Santa Bernardita Soubirous durante el rezo del Rosario, sin pronunciar palabra alguna, corría las cuentas entre los dedos de sus manos, conforme progresaba la oración. En Fátima nuestra Señora pidió de manera insistente la conversión, el rezo del Santo Rosario y la penitencia. Allí mismo, aseguró a Lucía do Santos (la mayor de las niñas videntes) que su primito Francisco iría al Cielo, pero que antes tendría que rezar muchos Rosarios.

El titulo de Reina del Santo Rosario, fue incluido por el papa León XIII en recuerdo de la Virgen del Rosario en 1883. Él mismo, era devoto especialísimo del rezo del Santo Rosario y lo promovía activamente. Así quedo expresado en la encíclica Salutaris ille spiritus sobre la devoción al Rosario y la invocación “Reina del Santísimo Rosario” – 25 de diciembre de 1883:

Nos empero, en honor de la excelsa Madre de Dios, María, para perpetua memoria de las preces con que por doquiera se ha implorado, durante el mes de Octubre, el patrocinio del Corazón de María para perenne testimonio de la inmensa confianza que depositamos en Nuestra Madre amantísima, para alcanzar mejor de día en día su propicia ayuda, queremos y decretamos que en las Letanías Lauretanas, después de la Invocación “Reina sin pecado original concebida”, se añada la alabanza: “Reina del Santísimo Rosario, rogad por nosotros”.

48.- Reina de la Familia

“Reina de la Familia” fue incluido en las Letanías, mediante un decreto de la Congregación para el culto divino, publicado el año 1995 por el papa Juan Pablo II.

A continuación, el fragmento final de la homilía de Juan Pablo II durante el Jubileo de las familias del Domingo 15 de Octubre del año 2000, en donde concluye pidiendo la protección de la familia de la “Reina de la familia”.

[…]  Así pues, queridas familias cristianas, acoged con confianza la gracia jubilar, que Dios derrama abundantemente en esta Eucaristía. Acogedla tomando como modelo a la familia de Nazaret que, aunque fue llamada a una misión incomparable, recorrió vuestro mismo camino, entre alegrías y dolores, entre oración y trabajo, entre esperanzas y pruebas angustiosas, siempre arraigada en la adhesión a la voluntad de Dios. Ojalá que vuestras familias sean cada vez más verdaderas “iglesias domésticas”, desde las cuales se eleve a diario la alabanza a Dios y se irradie a la sociedad un flujo de amor benéfico y regenerador.

“¡Nos bendiga el Señor, fuente de vida!”. Que este jubileo de las familias constituya para todos los que lo estáis viviendo un gran momento de gracia. Que sea también para la sociedad una invitación a reflexionar en el significado y en el valor de este gran don que es la familia, formada según el corazón de Dios.

Que la Virgen María, “Reina de la familia”, os acompañe siempre con su mano materna.

49.- Reina de la paz

El titulo Mariano de Reina de la paz, fue agregado en las Letanías de la Virgen María por el papa Benedicto XV durante los aciagos días de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). En aquel entonces, Benedicto colocó al mundo entero bajo la protección de la Santísima Virgen María, y añadió esta invocación a la Madre de Dios. Promovió la veneración a María en el mundo a través de las devociones marianas del mes de mayo.

 

Fuentes

http://gethesemani.com/nuestra-senora-puerta-del-cielo-5000000351

María, “Estrella de la mañana”

Historia del Santo Rosario

La Virgen María es la Reina de los Mártires

María: El Arca de la Nueva Alianza

https://apologeticasiloe.net/Apologetica/letanias.html

https://www.devocionario.com/maria/lauretanas_2.html

https://es.catholic.net/op/articulos/15440/mara-siempre-virgen.html#

https://www.aciprensa.com/recursos/decimo-segundo-dia-explicacion-de-las-letanias-2319

Decimos de la Virgen María que es la “Reina de los Profetas”

http://mariologia.org/advocaciones/advocacionesmiscelaneas146.htm

http://franciscanosdemariaveracruz.blogspot.com/2010/11/la-virgen-maria-reina-de-los-patriarcas.html

¿Qué significa que la Santísima Virgen María sea “casa de oro”?

María, causa de nuestra alegría

María, Virgen Fiel

¿Por qué está dedicado el sábado a Nuestra Señora?

http://santavirgen.blogspot.com/2012/12/virgen-poderosa.html

https://www.mariologia.org/dogmas/dogmasmarianosmaternidaddivina145.htm

http://www.mariologia.org/advocaciones/advocacionesmiscelaneas124.htm

https://www.proyectoemaus.com/nuestra-senora-del-buen-consejo-de-genazzano/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Proyecto Emaús necesita de su ayuda. Done Hoy
+