EL SECRETO DE MARÍA

EL SECRETO DE MARÍA

PRESENTACIÓN

El Secreto de María es fundamentalmente una carta espiritual escrita alrededor de 1712 por San Luis María de Montfort, a quien el Papa Clemente XI designó misionero apostólico para renovar la Iglesia en su Bretaña natal, al occidente de Francia. El título de este escrito no fue dado original mente por su autor. Fue tomado del No. 20 de la obra, por el término apropiado que utiliza Montfort: “Feliz, una y mil veces en esta vida, aquel a quien el Espíritu Santo descubre el secreto de María para que lo conozca”.

Como en el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, del cual El Secreto de María es síntesis, el santo misionero se propone comunicar la experiencia de Dios que él mismoalcanzó a través de su relación vital con la Madre del Salvador en su vida espiritual y en su práctica misionera, por la renovación de la consagración bautismal y de los compromisos cristianos. Para quienes se inician en el conocimiento de la espirituali dad monfortiana, ésta puede ser la puerta de entrada.

El sentido de “secreto” está en la sencillez, seguridad y eficacia de María como camino de Dios. Ella al darnos a Jesucristo Salvador por la acción del Espíritu Santo, nos lleva al conocimiento y al amor de Dios, principio y fin de la vida y de la santidad o perfección a que somos llamados como hijos: imagen y semejanza de Dios Creador y Padre.

Con rasgos iluminados Montfort traza el itinerario que conduce al descubrimiento de María en la historia de la salvación, y a la entrega de amor, identificación y disponibilidad para ir a Dios. Dios llama a la santidad, vocación segura de todos los cristianos.
Para llegar a ser santos es necesaria la gracia. Para obtener la gracia tenemos que encontrar a María, Madre de la divina gracia. Ella reproduce la imagen de Cristo en los bautizados y los proyecta a Dios por la consagración total a Jesucristo por María, en quien se realiza el encuentro personal con Cristo, camino de madurez, de apertura a los hermanos y de asegurada fidelidad y libertad espiritual. El Secreto termina con el comentario del árbol de la vida, “que dará a su tiempo el fruto de honor y gracia, Jesucristo, que es y será siempre el fruto de María”.

Hoy el camino de vida espiritual que propone Luis María Grignion es la respuesta a la invitación del Papa Juan Pablo II a la Iglesia en las Américas y el Caribe y en el mundo entero a ofrecer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo el anuncio del Evangelio mediante el ardor atractivo de la santidad, las expresiones innovadoras de la auténtica libertad y los caminos seductores del testimonio que conducen al encuentro y a la intimidad de Jesucristo vivo y presente en el mundo actual.

Juan Pablo II ha sido desde joven beneficiario del “secreto” de María propuesto por Montfort. Como guía universal de la Iglesia y misionero infatigable por los caminos del mundo, es un testigo excepcional de la experiencia monfortiana.

En su formación cristiana Luis María tuvo el privilegio de conocer y vivir, con la amplitud e intensidad posibles en su tiempo, el camino o “secreto” mariano de santidad y perfección. En su práctica misionera lo aplicó con la máxima sencillez y transparencia, llevando a sus discípulos al conocimiento, al amor y al serviciode Jesucristo por la consagración total por medio de María. El valor de su testimonio está en la íntima confianza y ternura con que vivió su devoción a María como medio para llegar a la relación de total amor y dependencia de Jesucristo. Esa relación de entrega incondicional él la llama “esclavitud de amor”. Hoy podríamos llamarla ‘entrega libre y absoluta de amor’, para alcanzar la verdadera libertad y la realización plena de los hijos de Dios.

La experiencia espiritual y mística de la consagración a Jesús por María es un proceso consciente y libre de relación íntima con Dios Padre Creador, con Jesucristo Salvador y con el Espíritu Santo que transforma y santifica la persona humana. La colaboración maternal de María facilita la plena libertad de pertenencia a la Iglesia y de testimonio eficaz para la evangelización del mundo.

El don gratuito de la vida y de la fe incluye de parte de Dios Padre el pasaporte a la felicidad temporal y definitiva del Reino de Dios: en la tierra y en el cielo. Es el llamado a la santidad o perfección de la vida en Cristo. María nos da al Salvador y, por ella, el Espíritu Santo nos forma, como formó a Jesús, hasta la madurez y perfección de hijos de Dios. El secreto para llegar al Padre es seguir el camino de entrega total por María, por el cual vino el Hijo de Dios al mundo, para que todos tengamos vida y la tengamos en plenitud.

En este tercer milenio cristiano pueda este Secreto llevarnos de verdad hasta la intimidad con Cristo, la vivencia e irradiación de su mensaje, a través de la nueva evangelización con obras y palabras nuevas, que brotan de la escucha y vivencia de la Buena Noticia.

Que María, la Mujer plenamente realizada, nos inspire con su actitud generosa en seguimiento de Cristo. Su protección nos defienda de los peligros que asaltan al pueblo de Dios y nos al cance el don de la paz. La vivencia de la consagración total que nos lleva a hacerlo todo “con María, por María, en María y para María”, traduzca en la vida de cada bautizado las actitudes de María, Madre y Modelo de almas apostólicas, en la espera activa y ardorosa del Señor.

 

EL SECRETO DE MARÍA
SOBRE LA CONSAGRACIÓN TOTAL A JESÚS POR MARÍA

INTRODUCCIÓN DEL AUTOR
1 Alma predestinada, pongo en tus manos un secreto que me ha enseñado el Altísimo. No lo he podido encontrar en libro alguno antiguo ni moderno. Hoy te lo entrego con la ayuda del Espíritu Santo. Con tal que:

1.- no lo reveles sino a las personas que lo merezcan por sus oraciones, amor a los pobres, vida mortificada, fortaleza en la persecución, celo por la salvación de las almas y desprendimiento universal;

2.- te empeñes en hacerlo vida para santificarte y salvarte. Porque la eficacia de este secreto depende del uso que hagas de él. ¡Cuidado, pues, con cruzarte de brazos!
Mi secreto se te convertiría en veneno y vendría a ser tu condenación

3.-Diariamente des gracias a Dios por haberte revelado este secreto, que no merecías conocer. Al principio lo apreciarás sólo imperfectamente, dada la multitud y gravedad de tus pecados y el oculto apego que tienes a ti misma. Con el tiempo, a medida que lo vayas poniendo en práctica en la actividad de cada día, comprenderás su precio y excelencia.

2 Pero, antes de satisfacer tu natural y precipitado afán de conocer la verdad, recita devotamente, de rodillas, el ‘Salve, María de Mares Estrella’ y el ‘Ven, Espíritu Creador’, a fin de alcanzar de Dios la gracia de comprender y saborear este divino misterio…
Tenemos poco tiempo: yo para escribir; tú, para leer. Te lo digo todo en forma resumida…


PRIMERA PARTE
OFICIO DE MARÍA EN LA OBRA DE LA SALVACIÓN

1. LA OBRA DE LA SALVACIÓN SE REALIZA CON LA GRACIA
Alma, tú que eres imagen viviente de Dios (Gén 1,26) y has sido rescatada con la sangre preciosa de Jesucristo (1Pe 1,19), Dios quiere que te hagas santa como Él (Mt 5,48) en esta vida y que participes en su gloria por la eternidad.
Tu verdadera vocación consiste en adquirir la santidad de Dios. A ello debes orientar todos tus pensamientos, palabras y acciones, tus sufrimientos y las aspiraciones todas de tu vida. De lo contrario, haces resistencia a Dios, por no realizar aquello para lo cual te ha creado y te conserva la vida.
¡Oh! ¡Qué obra tan maravillosa! ¡El polvo se vuelve luz, la fealdad resplandor, el pecado santidad, la creatura se transforma en su Creador y el hombre en Dios! ¡Sí, qué obra tan maravillosa!, lo repito. Pero difícil en sí. Más aún, imposible al ser humano abandonado a sus fuerzas. Sólo Dios con su gracia, y gracia abundante y extraordinaria, puede realizar con éxito semejante empresa; la creación del universo no es una obra maestra tan excelente como ésta…

4.- ¿Cómo lo vas a lograr? ¿Qué medios vas a escoger para llegar a la perfección a la que Dios te llama? Todo mundo conoce los medios de salvación y santificación; el Evangelio los consigna, los maestros de la vida espiritual los explican, los santos los llevan a la práctica. Son necesarios a cuantos quieren salvarse y alcanzar la perfección. Y consisten en la humildad de corazón, la oración continua, la mortificación universal, el abandono a la Providencia y la conformidad con la voluntad de Dios.

5.- Para poner en práctica todos estos medios de salvación y santificación, necesitas absolutamente de la gracia y los auxilios divinos. Que -¿quién lo duda?- se conceden a todos, aunque en diversa medida. Digo esto porque, no obstante ser Dios infinitamente bueno, no da a todos su gracia con la misma intensidad (Rom 12,6). Pero da a cada uno la suficiente. Con fidelidad a una gracia mayor, realizarás grandes acciones; a una gracia menor, las realizarás limitadas. El precio y la excelencia de la gracia dada por Dios y acogida por el hombre aquilatan el precio y
excelencia de nuestras acciones. Estos son principios incontestables.

2. PARA ENCONTRAR LA GRACIA HAY QUE ENCONTRAR A MARÍA
6.- Todo se reduce, pues, a encontrar un medio sencillo para alcanzar de Dios la gracia necesaria para hacernos santos. Yo te lo quiero enseñar. Y es que para encontrar la gracia, hay que encontrar a María.

Estas son las razones:

1. María encontró la gracia

7.- Sólo María halló gracia delante de Dios (Lc 1,30), tanto para sí como para todos y cada uno de los hombres, a diferencia de los patriarcas y profetas y todos los santos del Antiguo Testamento, que no pudieron encontrarla.

2. María es Madre de la gracia

8.- María dio el ser y la vida humana al Autor de toda gracia. Por esto se la llama la Madre de la gracia.

3. María es llena de gracia

9.- Dios Padre, fuente única de todo don perfecto (Sant1,17) y de toda gracia, al darle su propio Hijo, le entregó a María todas las gracias. De suerte que -como dice san Bernardo- en Cristo y con Cristo el Padre le ha entregado hasta su propia voluntad.

4. María es la dispensadora de la gracia

10.- Dios la escogió como tesorera, administradora y distribuidora de todas sus gracias. De suerte que Él comunica su vida y sus dones a los hombres, con la colaboración de María. Y, según el poder que Ella ha recibido de Dios –en expresión de san Bernardino–, reparte a quien quiere, como quiere, cuando quiere y cuanto quiere de las gracias del Padre, de las virtudes del Hijo y de los dones del Espíritu Santo.

5. María es Madre de los hijos de Dios

11.- Así como en el orden natural, todo niño debe tener un padre y una madre, del mismo modo, en el orden de la gracia, todo verdadero hijo de la Iglesia debe tener a Dios
por Padre y a María por Madre. Y quien se jacte de tener a Dios por Padre, pero no demuestre para con María la ternura y el cariño de un verdadero hijo, no será más que
un impostor, cuyo padre es el demonio…

6. María es Madre de los miembros de Cristo

12.- María ha formado a Jesucristo, Cabeza de los predestinados. Ella debe, por tanto, formar también a los miembros de esta Cabeza que son los verdaderos cristianos.
Que una madre no da a luz la cabeza sin los miembros, ni los miembros sin la cabeza 12 . Por consiguiente, quien quiera ser miembro de Jesucristo, lleno de gracia y de verdad (Jn 1,14), debe dejarse formar en María por la gracia de Jesucristo. María está llena de la gracia de Jesucristo para comunicarla en plenitud a los miembros verdaderos de Jesucristo, que son también hijos de María.

7. María colabora con el Espíritu Santo

13.- El Espíritu Santo se desposó con María, y en Ella, por Ella y de Ella produjo su obra maestra que es Jesucristo, la Palabra encarnada. Y dado que no la ha repudiado jamás, continúa produciendo todos los días a los predestinados en Ella y por Ella, de manera real, aunque misteriosa.

8. María nos lleva a la madurez en Jesucristo

14.- María ha recibido de Dios un dominio especial sobre los predestinados para alimentarlos y hacerlos crecer en Jesucristo. San Agustín llega a decir que en este mundo todos los predestinados se hallan encerrados en el seno de María y que nacen definitivamente sólo cuando esta Madre bondadosa los da a luz para la vida eterna. De modo que, así como un niño saca todo su alimento de la madre, que se lo da proporcionado a su debilidad, del mismo modo los predestinados sacan todo su alimento y fuerza espirituales de María.

9. María habita en los verdaderos cristianos

15.- Dios Padre ha dicho a María: Hija mía, pon tu tienda en Jacob (BenS 24,8; VD 29); es decir, pon tu morada en mis predestinados, prefigurados en Jacob. Dios Hijo ha dicho a María: Madre querida, entra en la heredad de Israel (BenS 24,13; VD 31); es decir, en mis elegidos. Finalmente, Dios Espíritu Santo ha dicho a María: Echa raíces, ¡fiel Esposa mía!, en el pueblo glorioso (BenS 24,13;VD 34); es decir, en mis escogidos. Por tanto, María habita en todos los elegidos y predestinados. Está presente en sus corazones , y siempre que se lo permitan echará en ellos las raíces de una profunda humildad, de una caridad ardiente y de todas las virtudes.

10. María es el molde viviente de Dios

16.- San Agustín llama a María molde viviente de Dios . Y, en efecto, lo es. Quiero decir que sólo en Ella se formó Dios como hombre perfecto, sin faltarle rasgo alguno de la divinidad, y que sólo en Ella se transforma el hombre perfectamente en Dios por la gracia de Jesucristo, en cuanto lo permite la naturaleza humana.
Los escultores pueden hacer una estatua o busto perfectos de dos formas: 1ra  -atendiéndose a su pericia, a su fuerza, a su ciencia y a la perfección de sus herramientas y trabajando sobre una materia dura e informe; o, 2da -utilizando un molde. Largo, difícil y expuesto a muchos tropiezos es el primer procedimiento: un golpe desafortunado de cincel o de martillo, basta con frecuencia para echarlo a perder todo. El segundo método, en cambio, es rápido, sencillo, suave, más económico y menos fatigoso, siempre que el molde sea perfecto y represente con exactitud la figura a reproducir y que la materia utilizada sea maleable y no oponga resistencia a su manejo.

17.- María es el molde maravilloso de Dios, hecho por el Espíritu Santo para formar a la perfección a un Hombre-Dios por la encarnación y para hacer al hombre partícipe de la naturaleza divina, mediante la gracia. María es el molde en el cual no falta ni un solo rasgo de la divinidad. Quien se arroje en él y se deje moldear, recibirá todos los rasgos de Jesucristo, verdadero Dios. Y esto, en forma suave y proporcionada a nuestra debilidad, sin grandes trabajos ni angustias, de manera segura, sin peligro de ilusiones, puesto que el demonio no tuvo ni tendrá jamás entrada donde esté María; de manera santa e inmaculada, sin rastro alguno de pecado.

18.- Alma querida, hay una gran diferencia entre un cristiano formado en Jesucristo por los medios corrientes y que -como los escultores- se apoya en su habilidad personal, y otro enteramente dócil, desprendido y disponible, que, sin apoyarse en sí mismo, confía plenamente en María para ser plasmado en Ella por el Espíritu Santo. ¡Cuántas manchas, defectos, tinieblas, ilusiones, resabios naturales y humanos hay en el primero! ¡Cuán purificado, divino y semejante a Jesucristo es el segundo!

11. María es el paraíso de Dios

19 .- No hay ni habrá jamás creatura alguna -sin exceptuar a los ángeles y santos del cielo-, en donde Dios manifieste su gloria con tanta perfección como en María. Ella es el paraíso de Dios , su mundo inefable, donde el Hijo de Dios ha entrado para realizar obras portentosas, guardarlo y complacerse en él.
Dios creó un mundo para el hombre peregrino: es la tierra; un mundo para el hombre glorificado: es el cielo; un mundo para sí mismo: es María. Ella es un mundo desconocido a casi todos los mortales. Un misterio impenetrable aun para los mismos ángeles y santos del cielo, que, contemplando al Dios trascendente, lejano e inaccesible, tan escondido y oculto en su mundo que es la excelsa María, exclaman día y noche con religioso estupor: ¡santo!, ¡santo!, ¡santo! (Is 6,3).

20.- ¡Feliz una y mil veces en esta vida, aquel a quien el Espíritu Santo descubre el secreto de María, para que lo conozca! ¡Feliz aquel que puede entrar en este jardín cerrado y beber a grandes tragos el agua viva de la gracia en esta fuente sellada! (Cant 4,12; VD 263 nota).
En esta creatura amabilísima sólo se hallará a Dios: un Dios, a la vez, infinitamente santo y trascendente, e infinitamente cercano y al alcance de nuestra debilidad. Ciertamente Dios está en todas partes -hasta en el infierno se le puede hallar-.Pero en ningún sitio se le puede encontrar tan cercano y al alcance de la debilidad humana como en María pues para esto bajó a Ella. En todas partes es el Pan de los fuertes y de los ángeles; en María, en cambio, es el Pan de los niños 20 .

12. María facilita la unión con Dios

21.- Que nadie se imagine, pues, como ciertos pretendidos iluminados, que María -por el hecho de ser creatura- constituya un obstáculo para la unión con el Creador . Ya no vive María; Cristo, o mejor, Dios sólo, vive en Ella (Gál2,20). Su transformación en Dios supera a la de san Pablo y a la de los demás santos más de cuanto se eleva el cielo sobre la tierra. María se halla totalmente orientada hacia Dios y cuanto más nos acercamos a Ella tanto más íntimamente nos une a El.
María es el eco portentoso de Dios. Que cuando alguien grita “¡María!”, responde “¡Dios!”; y, cuando -con santa Isabel- la proclamamos dichosa, responde glorificando a Dios (Lc 1,45-47). Si los falsos iluminados, a quienes el demonio engaña tan miserablemente, incluso en la oración, hubiesen encontrado a María, y por María a Jesús, y por Jesús al Padre, no hubieran sufrido tan lamentables caídas. Una vez hayas encontrado a María, y por María a Jesús, y por Jesús al Padre, habrás encontrado –como dicen los santos – todos los bienes, sin excepción alguna, toda la gracia y amistad de Dios, la plena seguridad contra los enemigos de Dios, la verdad completa para combatir el error, la facilidad absoluta y la victoria definitiva en las dificultades que hay en el camino de la salvación, la dulzura y el gozo colmados en las amarguras de la vida.

13. María, consuelo en el sufrimiento

22.- No quiere decir esto que cuando hayas encontrado a María por una actitud de verdadero consagrado a Ella, vivas exento de cruces y sufrimientos. ¡Al contrario! Tendrás que sufrir más que los demás. Porque María, la Madre de los vivientes, hace partícipes a sus hijos del Árbol de la vida, que es la cruz de Jesucristo. Pero, al repartirles grandes cruces les comunica también la gracia de cargarlas con paciencia y hasta con alegría. Ella, en efecto, endulza las cruces que da a los suyos y las convierte –por decirlo así– en golosinas o cruces almibaradas. Y si por algún tiempo estos amigos de Dios deben necesariamente beber el cáliz de la amargura, el consuelo y la alegría que reciben de su bondadosa Madre -después de la tristeza-, les animan inmensamente a cargar con cruces aún más pesadas y amargas.

3.- CONCLUSIÓN DE LA PRIMERA PARTE:
Para hacerse santo es necesaria una verdadera devoción a María.

23.- El secreto consiste, pues, en encontrar de verdad a la excelsa María para hallar la abundancia de todas las gracias. Dios, dueño absoluto de todo, puede comunicar directamente lo que de ordinario sólo concede por medio de María. Más aún, negar que actúe así algunas veces sería temerario. Pero, según el orden establecido por la divina Sabiduría –como dice santo Tomás–, Dios no se comunica de ordinario a los hombres, en el orden de la gracia, sino por medio de María.

Para llegar hasta Dios y unirse con El, es indispensable acudir a la misma persona escogida por El para descender hasta nosotros, para hacerse hombre y comunicarnos sus gracias. Esto se realiza mediante una auténtica devoción a la Santísima Virgen.

SEGUNDA PARTE

LA VERDADERA DEVOCIÓN A MARÍA INTRODUCCIÓN: ELECCIÓN DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

24.- Existen en realidad varias formas de verdadera devoción a la Santísima Virgen; no hablo ahora de las falsas.

25.- La primera consiste en cumplir con nuestros deberes cristianos: evitar el pecado y obrar más por amor que por temor, orar de tiempo en tiempo a la Santísima Virgen y honrarla como a Madre de Dios, pero sin manifestar devoción especial hacia Ella.

26.- La segunda consiste en cultivar una profunda estima, amor, confianza y veneración hacia la Santísima Virgen. Actitudes que se manifiestan haciéndose inscribir en las cofradías del Santo Rosario y del Escapulario, alistándose en las asociaciones marianas. Esta forma de devoción, al excluir de nuestra vida el pecado, es buena, santa y digna de encomio. Pero no es tan perfecta ni logra liberarnos de todo apego terreno, ni de todo egoísmo para unirnos a Jesucristo.

27.- La tercera es conocida y vivida por muy pocas personas. Es la que te quiero revelar ahora

 

1.- ES UNA CONSAGRACIÓN TOTAL

 

28.- Consiste en consagrarte totalmente, con plena disponibilidad, a María, y por Ella a Jesucristo. Te comprometes, por tanto, a hacerlo todo con María, en María, por María y para María.

Me explico:
29.- Escogerás un día importante para hacer la consagración. Que consiste en una ofrenda total y voluntaria, inspirada en el amor y madurada en plena libertad, de tu cuerpo y de tu alma, con tus bienes exteriores de fortuna, tales como casa, familia y renta, y tus bienes interiores del alma, a saber: méritos, gracias, virtudes y satisfacciones.

Como puedes darte cuenta, esta consagración a Jesús por María incluye la renuncia a cuanto más aprecias. Es un sacrificio no exigido por ningún instituto ni orden religiosa. Es la renuncia al derecho de disponer de ti mismo y del valor espiritual de tus oraciones, limosnas, mortificaciones y buenas obras. Dejándolo todo a disposición absoluta de la Santísima Virgen, quien puede aplicarlo, como Ella quiera, para la mayor gloria de Dios, que sólo Ella conoce perfectamente.

30.- Dejas, pues, a disposición de María esa capacidad que te dan tus buenas obras de satisfacer a la pena debida por tus pecados y de interceder en favor de los demás. En esa forma, después de haberte consagrado –y sin que a ello te obligues por voto–, ya no puedes disponer autónomamente de dicho valor: la Santísima Virgen puede aplicarlo para aliviar o liberar un alma del purgatorio o convertir algún pecador.

31.- ¡Sí! Confía también a la Santísima Virgen tus propios méritos para que te ayude a conservarlos, acrecentarlos y embellecerlos. No para que los distribuya, pues los méritos de la gracia santificante y de la gloria son incomunicables.
María podrá, en cambio, aplicar a quien lo desee el valor satisfactorio e impetratorio de todas tus oraciones y buenas obras. Si después de consagrarte así a María quieres aliviar a un alma del purgatorio, orar por la salvación de un pecador o por un amigo, y aplicar a estas intenciones tus oraciones, limosnas, mortificaciones y sacrificios, puedes hacerlo, pidiéndolo humildemente a María y conformándote a su voluntad, aunque no la conozcas. Persuadido deque María, escogida por Dios para comunicarnos sus
gracias y dones, no podrá menos de aplicar el valor de tu actividad a la mayor gloria de Dios.

32.- He dicho que esta devoción consiste en una consagración a María. Consagración tan plena y definitiva que puede compararse a una esclavitud. Pero no hablo de la esclavitud natural: dependencia por la cual toda creatura, todo ser humano, bueno o malo, recibe de Dios la existencia y el ser. Menos aún de la sumisión forzada a Dios, propia de demonios y condenados.
Hablo sí de la esclavitud de amor y voluntad. Que es una consagración total a Dios por María, del modo más perfecto
en que una creatura puede entregarse a su Creador.

33.- Date cuenta, además, de que hay mucha diferencia entre criado y esclavo. El criado exige paga por sus servicios; el esclavo, no. El criado es libre de abandonar a su señor y sólo se compromete con él por tiempo determinado; el esclavo se compromete con él de tiempo completo y para siempre. El criado no concede a su señor derecho de vida y muerte sobre su persona; el esclavo se entrega totalmente a su amo, de suerte que éste podría hacerle morir sin que le inquiete la justicia. Pero fácilmente puedes ver que el esclavo forzado vive en la más estrecha de las sujeciones. Tal, que sólo puede convenir al hombre respecto de su Creador. La consagración a María de que te hablo, sólo puede compararse a la esclavitud e implica un compromiso total y se extiende al tiempoy la eternidad. Una esclavitud forzada no se admite entre los cristianos, aunque no haya desaparecido totalmente de la faz de la tierra.

34.- ¡Feliz, una y mil veces, el que, después de haber sacudido en el bautismo la tiránica esclavitud del demonio, se consagra a Jesús por María, en perfecta y total disponibilidad!

2.- ES UNA FORMA EXCELENTE DE ESPIRITUALIDAD

35.- Muchas luces necesitaría yo para describirte con exactitud la excelencia de esta espiritualidad . Me contentaré con exponerte brevemente las siguientes ventajas:

1. Es imitar al mismo Dios

Consagrarte así a Jesús por María, es imitar al mismo Dios. El Padre, en efecto, nos ha dado su Hijo, y continúa dándonos sus gracias solamente por María.

El Hijo sólo ha venido a nosotros escogiendo a María por Madre: con su ejemplo nos invita a ir a Él por la misma persona que lo ha traído al mundo. El Espíritu Santo nos comunica sus gracias y carismas solamente con la intervención de María.

Nada más justo, pues, que consagrarnos a Dios por medio de María para que “la gracia vuelva a su autor -como dice san Bernardo- por el mismo canal por donde vino a nosotros”.

2. Es honrar a Jesucristo y practicar la humildad

36.- Ir a Jesús por María es honrar verdaderamente a Jesucristo. Pues reconocemos así que, a causa de nuestros pecados, somos indignos de acercarnos por nosotros mismos a su infinita santidad. Y que necesitamos acudir a María, su Santísima Madre, para que Ella sea nuestra abogada y mediadora ante Él. Es, al mismo tiempo, acercarnos a Jesucristo como a nuestro mediador y hermano y humillarnos ante Él como ante nuestro Dios y supremo juez. En una palabra: es practicar la humildad, que arrebata
siempre el corazón de Dios …

3. Es encontrar la forma de agradar a Jesucristo

37.- Consagrarte así a Jesús por María es colocar en manos de la Santísima Virgen tus buenas acciones. Que por dignas que te parezcan, quedan siempre manchadas e indignas de que Dios las mire y acepte, ya que ante El no son puras ni las mismas estrellas. (Gén 25,5)

¡Ah! Entreguemos a María, nuestra bondadosa Madre y Señora, que acepte nuestro humilde obsequio, lo purifique, santifique, perfeccione, embellezca y haga digno de Dios. Todos nuestros tesoros espirituales son ante Dios, el Padre de familia, menos de lo que sería para un rey la manzana agusanada que para pagar el arriendo le presentara un pobre colono suyo. ¿Qué haría el pobre hombre, si fuera listo y gozara del favor de la reina? Acudiría a ella, que -llena de bondad para con el pobre campesino y de respeto para con el rey- embellecería la fruta quitándole lo dañado y colocándola entre flores en una bandeja de oro. ¿Cómo
no aceptaría el rey condescendiente y hasta con gusto, de manos de la reina, el obsequio de su arrendatario?… “Si quieres ofrecer algo a Dios –dice san Bernardo–, procura presentarlo por manos de María, si no quieres ser rechazado.”

38.- ¡Ah! ¡Dios mío! ¡Qué insignificante es lo que hacemos! Pero confiémoslo a María en plena disponibilidad mediante esta devoción. Que así, tras entregarnos a la Santísima Virgen en la forma más completa, Ella, que es infinitamente más generosa, “por un huevo te dará un buey” –según el dicho popular–, es decir, se comunicará a nosotros íntegramente con sus virtudes y méritos, colocará nuestras ofrendas en la bandeja de oro de su caridad , nos revestirá -como Rebeca a Jacob – con los hermosos vestidos de su primogénito y único Hijo, Jesucristo, es decir, con los méritos de Jesús, que se hallan a su disposición. En esta
forma, como servidores y esclavos suyos, después de habernos despojado de todo para honrarla, tendremos doble vestidura (Prov 31,21): los trajes, galas, perfumes, méritos y virtudes de Jesucristo y de María en un discípulo y servidor de Jesús y fiel imitador de María, despojado de sí mismo y fiel en vivir su consagración.

4. Es practicar la caridad

39.- Consagrarte así a la Santísima Virgen es practicar el amor fraterno, en el más alto grado. Porque consagrarte totalmente a Ella con todo cuanto posees es entregarle lo que más aprecias para que disponga de ello, según su voluntad, en favor de nuestros hermanos vivos y difuntos.

5. Es asegurar nuestra perseverancia en el bien

40.- Si vives tu consagración a María, aseguras tus gracias, méritos y virtudes, constituyendo a María en depositaria tuya y diciéndole:

“Acepta, querida Madre y Señora mía,
todo cuanto soy y todo lo bueno
que he podido hacer,
con la gracia de tu querido Hijo.
Soy incapaz de conservarlo,
dadas mi debilidad e inconstancia
y el gran número, malicia e insistencia
de mis enemigos espirituales.
Todos los días veo caer en el fango
a los cedros del Líbano
y a las águilas que volaban en torno al sol
convertirse en aves nocturnas.
Mil justos caen a mi izquierda,
diez mil a mi derecha (Sal 91,7)…
¡Conserva mis tesoros, que no me saqueen!
¡Tenme de la mano, que no caiga!
¡Defiéndeme que a ti me he consagrado!

Yo te conozco bien, y en ti confío
(1Tim 6,20; 2Tim 1,12);
eres la Virgen fiel a Dios y a los hombres,
y no dejas perder nada de cuanto se te confía;
tú eres poderosa, y nadie podrá hacerte daño
ni arrebatarte lo que posees.”

San Bernardo expresa todo esto con estas palabras:

“Siguiéndola, no te extravías; implorándola, no pierdes la esperanza; pensando en ella, no yerras; si ella te sostiene, no caes; si te protege, no tienes que temer; si te guía, no te cansarás; si te es propicia, llegas seguro al puerto”.

Y Conrado de Sajonia lo confirma:

“María aplaca la ira de su Hijo; no permite que el diablo te haga daño; conserva las virtudes para que no se te escapen; te guarda los méritos para que no los pierdas; te conserva la gracia para que vivas en ella” .

Esta consagración es un medio seguro para conservar y acrecentar en nosotros la gracia de Dios ¡Y este solo motivo es más que suficiente para que optemos por ella con entusiasmo!

6. Es hallar la libertad de los hijos de Dios

41.- Esta consagración nos libera verdaderamente, al darnos la libertad de los hijos de Dios (Rom 8,21). María recompensa a quien por amor se consagra a Ella totalmente, ensanchándole y dilatándole el corazón y haciéndole caminar a pasos agigantados por el camino de los mandamientos divinos (Ver Sal 18,6). Ahuyenta el disgusto, la tristeza y los escrúpulos. El Señor mismo enseñó esta consagración a la Madre Inés de Jesús 52 , muerta en olor de santidad, como medio seguro para liberarse de sus grandes penas y perplejidades: “¡Conságrate totalmente a mi Madre –le dijo– y viste la cadenilla!” Hízolo así, y al momento cesaron sus inquietudes.

42.- Para mostrar el valor de esta devoción habría que transcribir todas las bulas e indulgencias papales y los decretos episcopales en su favor, las cofradías establecidas en su honor, el ejemplo de muchos santos y reconocidas personalidades que la han practicado. Pero todo esto lo paso en silencio.

 

3.- VIVIENDO LA CONSAGRACIÓN

 

43.- Como ya te he dicho, esta consagración consiste en hacerlo todo con María, en María, por María y para María.

Dinamismo constante

No es suficiente que te consagres totalmente a María una vez para siempre, ni aun que renueves la consagración cada mes o cada semana. Devoción bien pasajera sería ésta, incapaz de llevarte a la perfección a que puede conducirte. Porque no es muy difícil alistarse en las cofradías, abrazar esta devoción y recitar diariamente algunas oraciones vocales prescritas. Lo realmente difícil es entrar en el espíritu de esta consagración, que te coloca en actitud de total y absoluta disponibilidad respecto de María y por Ella, de Jesucristo.

Muchas personas he hallado que hicieron con entusiasmo admirable su consagración, pero sólo exteriormente. Pocas, en cambio, han asimilado su espíritu, y aun menos numerosas son las que han perseverado en él.

1. Obrar con María o a imitación suya

45.- La práctica esencial de esta devoción consiste en obrar en todo con María, es decir, en tomar a la Santísima Virgen como el modelo acabado de tu conducta cristiana.

46.- Para ello, antes de obrar debes renunciar a tu egoísmoy a tus mejores puntos de vista, anonadarte ante Dios, consciente de tu incapacidad para todo bien sobrenatural y para toda acción útil a tu salvación.

Tienes que acudir a la Santísima Virgen y unirte a sus intenciones, aunque no las conozcas; participar por María en las intenciones de Jesucristo, es decir, entrar en sintonía con su voluntad y en armonía con sus disposiciones, para que Ella obre en ti y haga de ti lo que mejor le parezca, para mayor gloria de su Hijo Jesucristo y del Padre del cielo.

No hay, pues, vida interior ni acción espiritual posibles que no dependan de Ella.

2. Obrar en María o sea en unión íntima con Ella

47.- Tienes que obrar siempre y hacerlo todo en María, es decir, irte acostumbrando a recogerte dentro de ti mismo para formar allí como un esbozo o imagen espiritual de la Santísima Virgen.

María será el santuario donde encuentres a Dios por la oración, sin temor a que te rechace; será la torre de David (Cant 4,4), que te defienda de tus enemigos; la lámpara encendida, que ilumine tu espíritu y te inflame en el amor de Dios (Mt 5,15; Lc 8,16; 11,13;12,35); la recámara sagrada donde Dios se te revele; finalmente, María será tu único todo ante Dios, tu recurso universal.

Si oras, será en María; si recibes la sagrada Comunión, la acogerás en María para complacerte en Ella. Hagas lo que hagas, será siempre en María, llegando así a liberarte del egoísmo.

3. Obrar por María, acudiendo a su intercesión

48.- Debes acudir siempre a nuestro Señor por medio de María, confiado en su intercesión y poder ante su Hijo.

4. Obrar para María, siempre a su servicio

49.- Tienes, finalmente, que obrar en todo para María, es decir, que, para vivir tu consagración a tan augusta Princesa, no trabajes sino para Ella, para su gloria y honor, y, por intermedio suyo, para gloria de Dios. Renunciarás, pues, a los fines que te inspira el egoísmo –que muy frecuentemente y sin que lo adviertas se constituye en meta de tus acciones– y repetirás con frecuencia desde el fondo del corazón: “Por ti, amada Reina mía, voy acá o allá, hago esto o aquello, sufro esta pena o aquella injuria.”

Tres advertencias

50.- Guárdate mucho de creer que es más perfecto ir directamente a Jesucristo o a Dios Padre en tus obras e intenciones. Que serían de escaso valor, si quieres hacerlas sin María. Pero, yendo por Ella, ya no serán cosa tuya, sino obra de María en ti y por consiguiente, muy excelente y digna de Dios.

51.- Guárdate mucho, además, de hacer consistir la vida de consagración en lo sentimental. Habla y obra con la fe viva que guió a María durante su vida terrena, y que Ella te comunicará cada vez más. Deja a tu Soberana, humilde esclava del Señor, la visión
clara de Dios, los éxtasis, goces, delicias y riquezas espirituales. Para ti el camino de la fe pura, lleno de dificultades, distracciones, fastidio y sequedad. Di: “Amén, Sí, a cuanto hace María, mi Reina, en el cielo; para mí es lo mejor que puedo hacer ahora…” .

52.- Tampoco te atormentes si no gozas en seguida de la dulce presencia de la Santísima Virgen. Es una gracia que no se concede a todos. Y, quien la recibe del Dios misericordioso, la puede perder con facilidad, si no es fiel al silencio interior. Si te ocurre semejante desgracia, vuélvete dulcemente a tu Soberana y pídele perdón por tu infidelidad.

 

4.- FRUTOS MARAVILLOSOS DE ESTA CONSAGRACIÓN

53.- Infinitamente más de lo que aquí te digo te enseñará la experiencia y lo que encontrarás por ti misma. Si eres fiel en lo poco que te enseño, hallarás tantas riquezas y gracias en la práctica, que te sorprenderás y rebosarás de dicha…

54.- ¡Manos, pues a la obra! Trabajemos, alma querida, y obremos de tal manera que, fieles a esta práctica de devoción, se realice en nosotros lo que dice san Ambrosio:

“Que el alma de María habite en nosotros para engrandecer al Señor; que el espíritu de María permanezca en nosotros para regocijarse en Dios.”

Y lo que añade el abad Guerrico: “No creas que haya mayor felicidad en morar en el seno de Abrahán –que se llama paraíso– que en el seno de María, donde el Señor ha colocado su trono.”

1.- Identificación vital con María

55.- Esta consagración, vivida con fidelidad, produce en el alma frutos innumerables. El principal de los cuales es hacer que María viva de tal modo en ti que ya no vivas tú, sino María en ti (ver Gál 2,20), que el alma de María –por decirlo así– venga a ser tu propia alma.

Cuando María, por una gracia inefable, pero real, reina en tu corazón, ¡qué maravillas no realiza allí! Obra portentos especialmente en el corazón; trabaja secretamente en el corazón, sin que te des cuenta siquiera. Que, si lo advirtieras, echarías a perder tanta belleza…

2.- Conocimiento de Jesucristo

56.- María es, en todo lugar, la Virgen fecunda. Y cuando habita en una persona, hace brotar en ella la pureza de cuerpo y alma, de las intenciones y proyectos, y la fecundidad de las buenas obras. No creas, entonces, que María, la más fecunda de todas las creaturas –pues llegó hasta engendrar al Hijo de Dios– permanezca ociosa en quien le es fiel. Ella te llevará a una vida de perseverante comunión con Jesucristo y hará que Él viva en ti, conforme a las palabras de san Pablo: Hijos míos, otra vez me causan dolores de parto hasta que Cristo tome forma en Uds. (Gál 4,19;ver VD 33).

Jesús es el fruto de María para todos y cada uno de nosotros. Mas para el cristiano que la acoge a Ella en su interior, Jesús
es el fruto y obra maestra de la Santísima Virgen.

3. Virtudes evangélicas

57.- María se hace, finalmente, indispensable para esta alma en sus relaciones con Jesucristo: le ilumina el espíritu con su fe, le ensancha el corazón al infundirle su humildad, le dilata e inflama con su caridad, le purifica con su pureza, le ennoblece y engrandece con su maternidad.

Pero ¿adónde voy a parar? Sólo la experiencia te enseñará los portentos que realiza María. Portentos que parecen increíbles a los sabios y orgullosos y aun a los cristianos practicantes…

4. El reino de Jesucristo

58.- Por medio de María vino Dios al mundo la primera vez, en humildad y anonadamiento. ¿No se podrá decir que por medio de María vendrá la segunda vez, como lo espera toda la Iglesia, para reinar en todas partes y juzgar a vivos y muertos? ¿Cómo y cuándo? ¿Quién lo sabe?

Pero lo que sí sé es que Dios, cuyos pensamientos se elevan sobre los nuestros más que el cielo sobre la tierra (Is 55,8-9)
vendrá en el tiempo y modo menos esperados por los hombres –incluso por los más sabios y entendidos en la Sagrada Escritura, que al respecto es muy oscura…

59.- Pero es de creer, además, que, al final de los tiempos –y quizás más pronto de lo que se piensa–, Dios suscitará grandes hombres 63 , llenos del Espíritu Santo y del espíritu de María. Hombres y mujeres por medio de los cuales esta excelsa Soberana llevará a feliz término empresas maravillosas para destruir el pecado y establecer el reino de Jesucristo sobre el del mundo corrompido. Estos santos personajes alcanzarán un éxito total por medio de esta consagración a la Santísima Virgen, que sólo describo a grandes rasgos, empequeñeciéndola con mis limitaciones…

 

5.- PRÁCTICAS EXTERIORES DE ESTA CONSAGRACIÓN

60.- Fuera de la actitud interior que acabo de describir, hay prácticas exteriores que no se deben omitir ni despreciar

1. La consagración y su renovación

61.- La primera consiste en consagrarte totalmente a Jesucristo, en un día importante, por manos de María. Para ello comulgarás en ese día y lo dedicarás a la oración. Al menos cada año, en el aniversario de haber pronunciado el 65
acto de consagración, lo volverás a renovar.

2. Ofrenda a María

62.- La segunda consiste en ofrecer anualmente, en la misma fecha, algún obsequio a la Santísima Virgen, como signo de dependencia y disponibilidad a su servicio. Tal fue el homenaje de los esclavos a sus señores. Dicho obsequio puede consistir en una mortificación, limosna, peregrinación o plegaria…

El Beato Marín  –según el testimonio de su hermano, san Pedro Damiano– se disciplinaba públicamente en el día aniversario de su consagración ante el altar de la Santísima Virgen. No pido ni aconsejo tanto fervor. Pero, aunque no sea mucho lo que des a María, preséntaselo con humildad y agradecido corazón…

3. Celebración de la fiesta de la Anunciación

63.- La tercera consiste en celebrar todos los años con especial devoción la fiesta de la Anunciación. Es la fiesta principal de quienes viven esta devoción, establecida para honrar e imitar la sumisión que el Verbo eterno eligió precisamente en este día por amor nuestro…

4. Rezo de la Coronilla y del “Magníficat”

64.- La cuarta consiste en la recitación diaria -no hay pecado si se la omite- de la coronilla de la Santísima Virgen compuesta de tres Padrenuestros y de doce Avemarías 69 , y también en la recitación frecuente del Magnificat, único cántico que poseemos de María, para dar gracias a Dios por sus beneficios y obtener otros nuevos. No dejes de recitarlo, sobre todo a manera de acción de gracias después de la sagrada comunión, como lo hacía la Virgen misma, según opina el sabio Gersón.

5. Llevar la cadenilla bendita

65.- La quinta consiste en llevar al cuello, en el brazo, el pie o la cintura, la cadenilla bendita. Práctica que puede omitirse sin perjuicio de lo esencial. Aunque sería pernicioso despreciarla y condenarla, y ciertamente perjudicial el descuidarla…

¿Por qué razones? Estas son las razones de llevar esta señal exterior:

  1. para librarnos de las funestas cadenas del pecado original y actual que nos han esclavizado;
  2. para honrar las cadenas y ataduras amorosas con las que el Señor quiso dejarse atar a fin de hacernos verdaderamente libres;
  3. para hacernos recordar que sólo debemos obrar movidos por el amor: se trata, en efecto, de ataduras de amor (Os 11,4);
  4. para recordar nuestra absoluta dependencia de Jesús y de María en calidad de esclavos.

Muchos célebres personajes que se hicieron esclavos de Jesús y de María estimaron tanto estas cadenas, que se quejaban de que no se les permitiera arrastrarlas públicamente, como hacían los esclavos de los turcos.

¡Oh cadenas más preciosas y gloriosas que los collares de oro y pedrería de los emperadores, pues nos atan a Jesucristo y a su Santísima Madre y son su marca y librea!
Sean de plata o de hierro –la comodidad recomienda que sean de estos dos metales–, no deben dejarse nunca durante la vida, para que nos acompañen hasta el día del juicio. ¡Qué gozo, qué gloria, qué triunfo para el consagrado, cuando al sonido de la trompeta resucite adornado todavía con esta cadena, que, probablemente, no se habrá gastado aún! Este solo pensamiento bastaría para que te animes poderosamente a no dejarla nunca, por incómoda que pueda parecerte.

 

COMPLEMENTO

O R A C I O N E S:

A JESÚS

Amable Jesús mío,
gracias por haberme concedido
consagrarme a tu Santísima Madre
por esta consagración total,
a fin de que Ella sea mi abogada ante tu Majestad,
el suplemento universal de mi profunda miseria.
¡Ay, Señor! ¡Débil como soy,
sin Ella ya hubiera naufragado en mis pecados!
Sí, María me hace falta
ante ti y en todas partes:
para calmar tu justa cólera,
pues te he ofendido tanto;
para detener el justo y eterno castigo que merezco;
para poder mirarte, hablarte, implorarte,
acercarme a ti y darte gusto;
para salvarme y salvar a los demás;
en una palabra, para hacer siempre tu santa voluntad
y procurar en todo tu mayor gloria.
¡Cómo quisiera, oh Jesús, publicar,
ante todas las creaturas,
tu gran misericordia en favor mío!,
¡y hacer que todo el mundo reconozca que,
a no ser por María,
hace ya tiempo estaría yo condenado!,
¡y agradecerte dignamente un favor tan señalado!
¡María está conmigo! ¡Qué consuelo!
¡Cómo no pertenecerle totalmente de hoy en
adelante!
¡Qué ingratitud sería la mía!
¡Antes prefiero la muerte!
¡Mil y mil veces -como san Juan ante la cruz-
he aceptado a María como tu don más precioso!
¡Y cuántas veces me he consagrado a Ella!
Aunque todavía no conforme a tus deseos.
Por ello la acepto ahora, como tú lo quieres,
¡amado Jesús mío!
Y si ves en mí algo que no pertenezca
a tan augusta Princesa,
arráncalo y arrójalo de mí;
pues, si no es digno de Ella,
tampoco lo es de Ti.

 

AL ESPÍRITU SANTO

¡Oh Espíritu Santo!
Concédeme todas las gracias:
planta, riega y cultiva en mí
el verdadero árbol de vida
que es la amabilísima María,
para que crezca y dé flores y frutos en abundancia.
¡Oh Espíritu Santo!
Concédeme amar y venerar mucho a María,
tu Esposa fidelísima;
apoyarme bajo su amparo maternal
y acudir a su misericordia en toda circunstancia,
a fin de que con Ella formes perfectamente
en mí a Jesucristo, grande y poderoso,
hasta la plena madurez espiritual. Amén.

 

A MARÍA

Dios te salve, María,
Hija predilecta del Padre eterno;
Dios te salve, María,
Madre admirable del Hijo;
Dios te salve, María,
Esposa fidelísima del Espíritu Santo.
Dios te salve, María,
Madre mía querida,
mi amable Señora y poderosa Soberana.
Dios te salve, mi gozo y mi corona,
mi corazón y mi alma.
Tú eres toda mía, por misericordia,
y yo te pertenezco, por justicia.
Pero aún no lo soy suficientemente.
Por ello me consagro hoy totalmente a ti
en plena y eterna disponibilidad,
sin reservarme nada para mí ni para los demás.
Si ves en mí algo que no sea tuyo,
tómalo ahora mismo,
hazte dueña absoluta de cuanto tengo;
destruye, arranca, aniquila en mí
cuanto desagrade a Dios;
planta, levanta y realiza cuanto quieras.
Que la luz de tu fe disipe las tinieblas de mi espíritu.
Que tu humildad profunda sustituya a mi orgullo.
Que tu contemplación sublime
encadene las distracciones de mi fantasía vagabunda.
Que tu visión ininterrumpida de Dios
llene con su presencia mi memoria.
Que el fuego de tu ardiente caridad
incendie la tibieza y frialdad de mi corazón.
Que tus virtudes ocupen el lugar de mis pecados
y tus méritos sean ante Dios
mi ornato y suplemento.
En fin, muy querida y amada Madre mía,
haz –a ser posible–
que no tenga yo más espíritu que el tuyo,
para conocer a Jesucristo y su divina voluntad;
que no tenga yo más alma que la tuya,
para alabar y glorificar al Señor;
que no tenga yo más corazón que el tuyo,
para amar a Dios con amor puro y ardiente
como el tuyo.
No te pido visiones ni revelaciones,
ni gustos ni contentos, incluso espirituales.
Para ti el ver claro y sin tinieblas;
para ti el saborear el gozo pleno y sin amarguras;
para ti el triunfar gloriosamente
a la diestra de tu Hijo en el cielo, sin humillación;
para ti el mandar sobre los ángeles,
hombres y demonios,
con poder absoluto y sin oposición;
para ti, finalmente,
el disponer como quieras
de todos los bienes de Dios, sin reserva alguna.
Esta es, ¡oh excelsa María!,
tu mejor parte que el Señor te ha concedido,
y que no te será nunca arrebatada.
Lo cual me llena de inmensa alegría.
Para mí, en este mundo
sólo quiero gozarme en tu alegría:
creer a secas, sin ver ni gustar nada;
sufrir con alegría,
sin consuelo de parte de las creaturas;
morir continuamente al egoísmo,
sin cansarme jamás;
trabajar por ti esforzadamente hasta la muerte,
sin interés alguno,
colaborando para la salvación de todo el mundo.
Te imploro solamente que, por misericordia,
me permitas decir tres amenes todos los días
y en todos los momentos de mi vida:
amén a cuanto hiciste en este mundo
mientras viviste en él;
amén a cuanto haces ahora en el cielo;
amén a cuanto haces en mi alma,
para que en ella habites sólo tú
a fin de glorificar en plenitud a Jesucristo
en el tiempo y en la eternidad.
Amén.

CONCLUSIÓN PRÁCTICA
CULTIVO Y CRECIMIENTO DEL ÁRBOL DE LA VIDA O VIDA DE CRISTO EN
NOSOTROS A TRAVÉS DE LA CONSAGRACIÓN A MARÍA

 

1. LA CONSAGRACIÓN, ÁRBOL DE LA VIDA

70.- ¿Has comprendido, por acción del Espíritu Santo, lo que acabo de decirte? ¡Dale gracias a Dios! Pues se trata de un secreto que casi nadie conoce.

Si has hallado el tesoro escondido (Mt 13,44-46) en el campo aría, la perla preciosa del Evangelio, tienes que venderlo todo para comprarlo; tienes que renunciar totalmente a tu egoísmo y perderte dichosamente en María para hallar en Ella a Dios sólo.

Si el Espíritu Santo ha plantado en ti el verdadero árbol de la vida, es decir, la consagración total a María que acabo de explicarte, tienes que poner el mayor empeño en cultivarlo para que dé fruto oportuno.

Esta devoción es el grano de mostaza de que habla el Evangelio (Mt 13,31; Mc 4,3), el cual, siendo al parecer la más pequeña de todas las semillas, crece y se eleva tan alto, que las aves del cielo, es decir, los predestinados, anidan en sus ramas, reposan a su sombra durante el calor del sol y se guarecen de las fieras.

2. CÓMO CULTIVARLO

Estas son algunas sugerencias para su cultivo:

1.- Libertad cristiana

71.- Plantado ya este árbol en un corazón muy fiel, quiere hallarse expuesto a todos los vientos, sin apoyos humanos. Siendo como es totalmente divino, quiere hallarse siempre lejos de toda creatura que pudiera impedirle llegar hasta Dios, que es su principio. No debes, pues, apoyarte en tu propia habilidad o talentos puramente naturales, ni en el prestigio ni en la autoridad humanos. ¡Acude siempre a María, apóyate en su socorro!

2.- Mirada contemplativa

72.- Como atento jardinero, debes revisar y cuidar continuamente el árbol plantado, cultivarlo y hacerlo crecer bajo la atenta e ininterrumpida mirada del alma, dado que es un árbol vivo y destinado a dar frutos de vida. Tu ocupación principal, si quieres llegar a la perfección, será pensar en esto con frecuencia.

3.- Renuncia evangélica

73.- Tienes que arrancar y cortar los cardos y espinas, que con el tiempo podrían llegar a ahogar el árbol o impedir que dé fruto. Es decir, debes ser fiel en cortar y arrancar, mediante la mortificación y la violencia que te hagas, todos los placeres inútiles y las ocupaciones vanas con las creaturas, o sea, mortificar el cuerpo, guardar el silencio interior y dominar los sentidos.

4.- ¡Fuera el egoísmo!

74.- Debes cuidar de que las orugas no le hagan daño devorando las hojas verdes y destruyendo las hermosas esperanzas de fruto. Estas orugas representan al egoísmo y la vida cómoda. De hecho, ¡el egoísmo y el amor a María no se pueden conciliar jamás!

5.- Lucha contra el pecado

75.- No dejes que las fieras se acerquen a él. Estas son los pecados, que podrían agostarlo con sólo tocarlo. Ni siquiera debes permitir que lo alcancen con su aliento, es decir, debes alejar los pecados veniales, siempre peligrosos si no les damos importancia.

 

6.- Vida cristiana

76.- ¿Quieres recoger una cosecha abundante? Riega con asiduidad este árbol con la sagrada comunión y demás prácticas de piedad personal y comunitaria.

 

7.- Fidelidad en la adversidad

77.- No te acongojes si el viento lo azota y sacude. Porque es necesario que el viento de las tentaciones sople para derribarlo y que las nieves y heladas le envuelvan para hacerlo morir. Es decir, que la consagración total a la Santísima Virgen tiene que ser necesariamente atacada y tomada por blanco de contradicción. Pero, si perseveras en cultivarlo, no tienes que temer nada.

Conclusión: Jesucristo, fruto de María

78.- Te aseguro que si cultivas así el árbol de la vida recién plantado en ti por el Espíritu Santo, en breve crecerá tanto que las aves del cielo vendrán a morar en él. Será tan perfecto que dará a su tiempo el fruto de honor y de gracia, el amable y adorable Jesús, que es y será siempre el únicofruto de María.

¡Feliz el alma en quien ha sido plantado el árbol de la vida que es María! ¡Más feliz aquella en quien puede crecer y florecer! ¡Más feliz aún aquella en quien puede dar fruto! ¡Pero mucho más feliz aquella que goza de su fruto y lo conserva hasta la muerte y por los siglos de los siglos! Amén.

Quien conozca esta doctrina,
¡que la conserve con fidelidad!