El odio del demonio hacia los niños

Fue un niño que suscitó de inmediato las iras demoníacas y Herodes provocó una más de tantas matanzas de inocentes. Una más porque ya la Biblia da cuenta de las prácticas criminales de los pueblos paganos: la muerte ritual del niño, su ofrecimiento a los dioses-demonios.

Matar niños, someterlos a abusos, es una constante consecuencia del odio del diablo a quien se la jugó magistralmente en el seno de una Virgen. Cuando supo de verdad que aquel era el Hijo del Hombre, satán había perdido la partida eterna: la perdió en el mismo instante en que Cristo perdió su vida humana.

Y todo por culpa de un miserable niño nacido en un miserable pesebre. Uno, de ser satán, odiaría a los niños por los siglos de los siglos.

Y los iría matando a mansalva. No dejaría ni uno. Ese Hijo del Hombre dijo que volvería en gloria y majestad, pero el diablo no se fía. Hace bien. Este Hijo de Dios gusta de las contradicciones: se declara rey y muere como esclavo; se llama la Verdad y cuando le preguntan, calla; se proclama vida y solo trae la muerte a los que testifican en Su nombre; predica el amor y separa a los hijos de los padres, enfrenta a unos familiares con otros y rompe con todo vínculo de sangre apelando a cumplir la voluntad de Dios.

No, satán no puede fiarse de alguien así. Sobre todo porque ha dicho que quien sea como un niño entrará en su reino; y que los niños se acerquen a Él. ¿Y si la gloria y la majestad son otro niño? Dios padre, al que satán conoce, se parece extraordinariamente a un niño: esa mirada amorosa insoportable, la condescendencia misericordiosa despreciable con estos simios imbéciles que se auto-califican en su locura como “homo sapiens”, cuando saben menos que uno de mis diablos más cretinos.

Así, satán ha conseguido que las madres sean los peores enemigos de sus hijos, a los que asesinan, amparadas por leyes inicuas hechas por políticos que sodomizan a los niños y a las prostitutas. El diablo ha penetrado, disculpen el verbo pero es muy gráfico, en todos los cuerpos oficiales internacionales y en casi todos los gobiernos: sexo, dinero, drogas y niños y vírgenes para esas bacanales que uno puede descubrir en viejos documentos del siglo XVIII, en la propia Biblia como he dicho y, hoy, en YouTube si busca bien.

El odio de satán a los niños está produciendo la penúltima gran batalla a las puertas de Minas Tirith. Solo un ejército de almas orantes, de espectros en busca de redención, podrá salvar al mundo y a la familia del oscuro poder de Sauron.

Recen, pues, y confíen.

Fuente

Publicado originalmente en Actuall.com. Su autor original es Francisco Segarra. Adaptado por Proyecto Emaús.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *