El museo del purgatorio: Advertencias desde la eternidad

Una breve historia introductoria

Un religioso dominico, quien vivió una vida santa en su convento en Zamora, una ciudad del Reino de León, estaba unido en los lazos de fraternal y piadosa amistad con un hermano franciscano como él, un hombre de gran virtud.

Un día, mientras conversaban juntos sobre el tema de la eternidad, se prometieron mutuamente que, si era del agrado de Dios, el primero que muriese debería aparecerse al otro para darle algún consejo saludable. El hermano menor murió primero y un día, mientras su amigo dominicano estaba preparando el refectorio, se le apareció.

Después de saludarlo con respeto y afecto, le dijo que estaba entre los elegidos, pero que antes de poder disfrutar de la felicidad eterna, quedaba mucho por sufrir por una infinidad de pequeñas fallas por las que no había tenido suficiente arrepentimiento durante su vida.

“Nada en la tierra, puede dar una idea de los tormentos que soporto, y de los cuales Dios me permite darte una prueba visible”.

Diciendo estas palabras, colocó su mano derecha sobre la mesa del refectorio, la que carbonizando la madera, quedó impresa sobre ella como si hubiera sido aplicada con una plancha al rojo vivo. Tal fue la lección que el ferviente difunto franciscano le dio a su amigo vivo. Fue provechoso no solo para él, sino también para todos aquellos que vinieron a ver la marca quemada, ya que esta mesa se convirtió en un objeto de piedad que la gente venía de todas partes para mirar.

“Todavía se ve en Zamora”, dice el padre Rossignoli, “en el momento en que escribo. Para protegerlo, la mancha ha sido cubierta con una lámina de cobre”. Se conservó hasta fines del siglo pasado. Desde entonces ha sido destruido durante las revoluciones, como tantos otros monumentos religiosos.

El Museo de las Pobres Almas del Purgatorio

Escultura hecha en mármol y tallada en alto relieve en la entrada a la iglesia del Sagrado Corazón.

Sí llega a visitar Roma, tómese un tiempo para visitar el Museo de las Pobres Almas del Purgatorio. En realidad se trata de una gran vitrina, escondida en la parte trasera de la Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio. Está a poca distancia del Vaticano, en la calle paralela al Tíber, el Lungotevere. Vale la pena tomarse el tiempo para visitarlo.

La Iglesia en sí es una joya gótica, brillante en medio de las iglesias renacentistas en Roma. En el interior, sus tres naves están coronadas con altares para los santos. Afuera, su torre central se eleva por encima del resto de la construcción, apunta al cielo elevando el alma de quien la observa.

Sobre la entrada hay una escultura de las Pobres Almas del Purgatorio tallada en mármol, que también miran hacia el Cielo con esperanza, por ser el lugar al que están destinadas, luego de que su tiempo de sufrimiento haya terminado. Miran hacia arriba en busca de alivio. La doctrina católica nos enseña que el Purgatorio es un lugar de sufrimiento, donde las almas expían sus pecados.

Los artefactos en el Museo dan fe de estas verdades

Cada vitrina contiene un elemento diferente – Escrituras, libros de oraciones, una mesa, una prenda de vestir – que lleva las marcas de las manos de las almas en el Purgatorio.

Dios permitió que estas almas regresaran a la tierra para pedir a sus familiares o amigos oraciones o misas y dejar atrás alguna evidencia de su sufrimiento. Por lo tanto, dan testimonio para los católicos de todas las épocas de que el Purgatorio existe, un lugar físico de fuego y sufrimiento.

Origen del museo

En el siglo XIX, bajo la influencia de la Ilustración, las mentes “modernas” ya dudaban de estas verdades de la fe católica. Una buena defensa de la Fe vino de un sacerdote francés, el Padre Victor Jouet de la Orden del Sagrado Corazón, fundada en 1854 por él mismo.

En 1897, la Orden en Roma tenía una capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario. El 15 de septiembre, la capilla se incendió. Cuando el fuego se apagó, la imagen clara de un rostro sufriente, retratando a un alma en el Purgatorio, se hizo visible en una pared carbonizada. Esto impresionó al padre Jouet profundamente, y desde ese momento se interesó en encontrar evidencia concreta sobre este tipo de manifestaciones de las almas en el Purgatorio para aquellos que viven en la tierra.

Con el apoyo del Papa San Pío X, el Padre Jouet viajó por Bélgica, Francia, Alemania e Italia, recolectando estas reliquias, pruebas de la existencia del Purgatorio, para albergarlas en la iglesia gótica que la Orden estaba construyendo para reemplazar su capilla en Roma.

El Pequeño Museo fue abierto oficialmente al público el mismo año en que la Iglesia abrió sus puertas para el culto en 1917. El sucesor de Jouet, el padre Gilla Gremigni, cerró el museo en 1920, supuestamente para darle tiempo a autenticar las piezas…, así permaneció cerrado durante 30 años.

Hoy, el visitante todavía puede ver la docena de exhibiciones aprobadas, pero tal vez no por mucho tiempo más, pues ya en la década de 1990, habían discusiones en el Vaticano sobre el cierre del Museo. En vista de la Nueva Teología que ha triunfado desde el Vaticano II, muchos “teólogos” niegan la existencia del Purgatorio. Por el momento, sin embargo, el museo permanece abierto, aunque el peregrino generalmente debe hacer una investigación especial para verlo. Solo solicite ver “il museo” y será guiado a la vitrina.

Marcas de las pobres almas pobres

La marca de una mano impresa con fuego en el camisón de dormir del hijo de la Sra. Leleux.

En la exhibición, se puede apreciar una marca hecha por la fallecida Sra. Leleux en la manga de la camisa de su hijo Joseph cuando ella se le apareció en la noche del 21 de junio de 1789, en Wodecq, Bélgica. Su hijo más tarde relató que durante 11 noches consecutivas, había despertado en la noche con ruidos aterradores.

En la noche 12, su madre se le apareció para recordarle su deber de hacer que se ofrecieran Misas por su alma, en conformidad con los términos de un legado que le dejó su padre. Luego ella le reprochó su forma de vida y le suplicó que cambiara su conducta y practicase su fe católica.

Antes de desaparecer, colocó su mano sobre la manga de su camisa de dormir, dejando una clara impresión. Joseph Leleux se convirtió y más tarde fundó una congregación piadosa para laicos.

La segunda muestra, nos presenta el libro de oraciones de George Schitz, que lleva las huellas digitales impresas a fuego de su difunto hermano Joseph.

Huellas dactilares en el libro de oraciones de George Schitz.

Se le apareció a George el 31 de diciembre de 1838 en Sarrabe, en Lorena, Francia, y le pidió oraciones. Joseph le dijo a su hermano que estaba expiando sus culpas en el Purgatorio debido a su falta de piedad durante su vida en la tierra.

Antes de desaparecer, tocó el libro de oraciones de George, del que su hermano había estado rezando con su mano derecha, dejando impresas a fuego sus huellas dactilares.

En otra exposición, es posible una marca similar a la anterior dejada sobre una copia del texto “La Imitación de Cristo” que pertenecía a Margherite Demmerlé en la Diócesis de Metz por su suegra.

Ella se le apareció a Margherite en 1815, 30 años después de su muerte en 1785, vestida como un peregrino con el vestido tradicional de la región. Bajó las escaleras con cara triste, como si estuviera buscando algo, le dijo Margherite a su párroco. Cuando Margherite le preguntó quién era, ella respondió: “Soy tu suegra que murió durante el parto hace 30 años. Ve en peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Mariental y manda celebrar dos Misas allí por mí “.

Impresión de la mano izquierda dejada por Margherite Demmerlé.

Cuando Marguerite le pidió una señal, ella puso su mano en la copia de La Imitación de Cristo que su nuera estaba leyendo y dejó las marcas de sus dedos grabadas a fuego. Después de que Marguerite hiciera la peregrinación y se dijeran las Misas, se le apareció nuevamente para decirle que había sido liberada del Purgatorio. Todo esto fue documentado por su párroco.

No hay gran dificultad para explicar cómo las almas de los muertos (sean bendecidas en el Cielo, sufriendo en el Purgatorio o condenadas en el Infierno) pueden aparecer en forma corporal en la tierra. La Iglesia enseña que, con el permiso de Dios, un espíritu puede asumir alguna sustancia material para representarse al ojo humano, ya sea que esa sustancia sea un cuerpo o rayos de luz o algún tipo de nube o vapor.

Así tenemos artefactos como los del Pequeño Museo de las Pobres Almas del Purgatorio , debidamente aprobados por la Iglesia, que resultaron de apariciones de a quienes se les permitió regresar a la tierra para solicitar oraciones, pedir misas o advertir a sus seres queridos que cambiaran sus vidas.

Lo que la Iglesia prohíbe es tratar de entrar en contacto con las almas de los muertos, como nos advierte Deuteronomio:”No se encuentre entre ustedes a nadie que practique la adivinación o la hechicería, interprete presagios, participe en hechicerías o conjuros, o que sea un médium o espiritista o que consulta a los muertos“. (18: 10-11) La Iglesia nos enseña que, bajo estas circunstancias, el Diablo, también un espíritu puro, puede tomar formas corporales para engañar a los que siguen tales prácticas. Debido a que es tan fácil ser engañado, los fieles deben tener extrema precaución en cualquier asunto relacionado con las apariciones de espíritus o invocaciones para que aparezcan.

Una huella de mano quemada en madera

Una de las exhibiciones más impresionantes es sin lugar a dudas la pieza rectangular de madera que muestra dos marcas de quemaduras: una marca de mano quemada y una cruz. Estas marcas fueron dejadas en una pequeña mesa de madera por el fallecido padre Panzini, antiguo abad de la Orden Benedictina de Olivetanos en Mantua. El 1 de noviembre de 1731, el padre Panzini se le apareció a la venerable Madre Isabella Fornari, Abadesa del Monasterio de las Clarisas de San Francisco en Todi, mientras se hallaba sentada en su mesa de trabajo. Él le hizo saber que estaba sufriendo en el Purgatorio.

Como evidencia de su estado, colocó su mano llameante en la parte superior de la mesa y dejó una marca, y luego con un dedo, dibujó una cruz. Antes de  desaparecer, tocó la manga de su túnica con su mano derecha, dejando una marca de quemaduras que atravesó hasta la camisa, hasta llegar a la carne. Hay una marca clara en la camisa, que está manchada con sangre debido a la quemadura que recibió la Madre Fornari. La túnica y la camisa se muestran en otra exposición.

La Abadesa informó esta visita a su confesor, el Padre. Isidoro Gazata, un padre de la Santa Cruz. Él escribió un informe y le ordenó que se quitara la túnica y la camisa de las partes donde se hicieron las marcas de quemaduras y se las diera para que las guardara. También conservó la mesa con la marca de la mano quemada y la cruz. Estos artefactos fueron examinados por teólogos y otros expertos de la Diócesis, y se determinó que eran de origen sobrenatural.

Cuando el padre Victor Jouet comenzó su búsqueda a principios del siglo XX para encontrar evidencia de vestigios dejados por las Pobres Almas en el Purgatorio, el Monasterio le dio todas estas reliquias, que fueron debidamente autenticadas y ahora se muestran en el pequeño museo . Esta colección, es parte del legado que dejó su Orden del Sagrado Corazón del Sufragio, que se fundó con el objetivo de difundir la devoción al Sagrado Corazón como una fuente de ayuda para las almas en Purgatorio, según las revelaciones de Santa Margarita María Alacoque.

Expiación por su falta de paciencia

En la noche del 5 de junio de 1894, la fallecida Hermana María de San Luis Gonzaga, conocida por su piedad, se le apareció a la Hermana Margherita, otra monja en el Convento de las Clarisas de Santa Clara en Bastia, Perugia. Para sorpresa de la Hermana Margherita, la Hermana María dijo que estaba en el Purgatorio.

Acercamiento de la quemadura dejada por quemadura en la almohada de la hermana Margherita.

 

Como se registra en los anales del Convento, la Hermana María había sufrido mucho debido a la tuberculosis, altas temperaturas, tos y asma. Ella se deprimió y oró pidiendo morir rápidamente a fin de no tener que soportar más aquel sufrimiento. Ella murió una muerte santa unos días más tarde, en la mañana del 5 de junio de 1894.

Fue esa misma noche que se le apareció a la Hermana Margherita vestida con su hábito. Aunque la atmósfera que la rodeaba era confusa, la hermana Margherita podía reconocerla. La hermana María le dijo que estaba en el Purgatorio para expiar por su falta de paciencia al aceptar la voluntad de Dios, y le pidió oraciones.

Como prueba de su aparición, colocó su dedo índice sobre la almohada de la Hermana Margherita, dejando una marca de chamusquina, prometiendo regresar. De hecho, se apareció otra vez ante la misma monja el 20 y luego el 25 de junio para agradecerle sus oraciones y decirle que había sido liberada del Purgatorio. Antes de desaparecer le ofreció algunos consejos espirituales para la comunidad.

Huellas dactilares en un libro de oraciones

Tres huellas dactilares grabadas en la portada del libro de oraciones de Maria Zaganti.

El 5 de marzo de 1871, Palmira Rastelli, que había muerto el 28 de diciembre de 1870, se le apareció a su amiga María Zaganti. Ella le pidió a María que le dijera a su hermano, el Padre. Sante Rastelli, para que ofreciera Misas por su alma porque estaba sufriendo en el Purgatorio.

Palmira dejó una prueba de su apariencia al tocar la tapa del libro de oraciones a María. Se pueden ver tres marcas de dedos chamuscados en él.

Un lugar de fuego y expiación

Lo que queda claro de estos ejemplos es que, al igual que en el infierno,  hay fuego en el Purgatorio. Pero en el Purgatorio, el alma sufre con resignación perfecta, sabiendo que se dirige al Cielo. Anna Katharina Emmerick (d.1824) tuvo contacto frecuente con las almas del purgatorio. Así describe una de sus visitas al Purgatorio:

“Es conmovedor ver a las Pobres Almas tan calladas y tristes. Sin embargo, sus caras revelan que tienen alegría en sus corazones, debido a su recuerdo de la misericordia amorosa de Dios. En un glorioso trono, vi a la Santísima Virgen, más bella de lo que jamás la había visto. Ella dijo: “Te suplico que instruyas a la gente a orar por las Almas Sufrientes en el Purgatorio, porque seguramente orarán mucho por nosotros en gratitud. La oración por estas almas santas agrada mucho a Dios porque les permite verle más pronto”.

A partir de estos ejemplos, vemos que Dios permitió que ciertas almas del Purgatorio, regresen a la tierra para pedir oraciones y misas por sus almas, de modo que puedan recibir alivio en sus sufrimientos y terminar su tiempo de expiación antes. Seguramente esto debería estimularnos a ayudar a las Pobres Almas en el Purgatorio, especialmente en estos días de crisis en la Iglesia cuando están tan olvidadas.

 


Fuentes

Artículo publicado originalmente el 12 de noviembre del año 2011. Tomado y adaptado del original publicado en http://www.traditioninaction.org/religious/e048-Museum_1.htm y cuyo autor original es Margaret C. Galitzin
Traducido por Proyecto Emaús.

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