El Milagro Eucarístico de Lanciano

La copa y la custodia que conservan el vino convertido en Sangre y la Hostia convertida en Carne, tal y como se conservan hasta el día de hoy. Imagen: Dominio público.

Para los sacerdotes que no aceptan como verdadera la Transubstanciación1 o la necesidad de creer en ella para preparar el sacramento, sugiero que lean el libro Milagros Eucarísticos de Joan Carroll Cruz. En este libro se Señala que han habido 36 grandes milagros Eucarísticos, así como cientos de otros menores, como Hostias que levitaron o sangraron.

El primero y más grande de estos es el Milagro de Lanciano en Italia. La descripción de esta maravilla confirma el dogma de la Presencia Real de Nuestro Señor en la Hostia Sagrada.

Alrededor del año 700 en el Monasterio de San Longino (aquel soldado romano que perforase el costado de Cristo con una lanza), un sacerdote, monje de la Orden de San Basilio, estaba celebrando el Sacramento de San Gregorio Magno (alrededor del 600 DC), una Misa muy parecida a nuestra presente Misa tridentina. Habiendo sufrido dudas recurrentes sobre la Transubstanciación, acababa de pronunciar las solemnes palabras de Consagración cuando la Hostía repentinamente se transformó en un pieza circular de Carne y el vino se transformó visiblemente en Sangre. Llorando alegremente, se apresuró a llamar a los otros monjes para presenciar este estupendo milagro.

Acercamiento de la Hostia convertida en Carne. Imagen: Tradition in Action.

La Carne permaneció intacta, pero la Sangre en el cáliz pronto se dividió en cinco gránulos, lo que recuerda cada una de las cinco heridas de Cristo, de tamaño desigual y forma irregular. Los monjes decidieron pesar los gránulos. Se descubrió que el peso combinado de los cinco coágulos de sangre era igual al peso individual de cada uno de ellos, una confirmación milagrosa de lo que la Iglesia enseña: que Nuestro Señor está igualmente presente en el más pequeño pedazo de la  Hostia como en toda Ella.

Ese misma Hostia que se convirtió en Carne, permanece intacta hasta nuestros días, y hoy está protegida en una custodia de cristal y  plata, finamente esculpidos. Los glóbulos de Sangre se conservan en un cáliz de cristal grabado, que se cree que es el original donde ocurrió la milagrosa transformación.

A través de los siglos han habido una serie de cuidadosas autenticaciones. En 1970, la investigación más detallada, fue llevada a cabo por destacados científicos de diferentes campos (hematólogos, anatomistas, patólogos, histólogos, bioquímicos, etc.), y dirigida por el reconocido médico y profesor italiano Odoardo Linoli.

El vino convertido en Sangre. Imagen: Tradition in Action.

Al examinar la custodia, se observó que la luneta que contenía la Carne, no estaba sellada herméticamente; es decir, aunque había estado expuesta a los diversos agentes atmosféricos y biológicos, no se había descompuesto… desde el año 700. También se descubrió que el centro de la Hostia Sagrada, la única parte que quedaba como pan, se había descompuesto por completo. Los cinco glóbulos de Sangre no habían cambiado en apariencia a lo largo de los siglos y estaban incorruptos.

En resumen, las conclusiones de los datos científicos son:

  • La carne es tejido muscular estriado del miocardio (pared del corazón), no tiene rastro alguno de que hayan sido empleados conservantes para su preservación.
  • La sangre y la carne encontradas son pertenecientes al raro tipo de sangre AB.
  • El milagro de la Sangre de la Eucaristía contenía los siguientes minerales: cloruro, fósforo, magnesio, potasio, sodio y calcio, todos los componentes normales de la sangre. Los componentes proteicos normalmente se fraccionaron con la misma proporción porcentual que los encontrados en sangre fresca normal.
  • Todos los científicos estuvieron de acuerdo en que la Carne y la Sangre habrían decaído rápidamente sin conservantes efectivos.
  • El profesor Linoli, famoso por sus estudios anatómicos, excluyó de manera concluyente la posibilidad de un fraude, afirmando que ninguna mano humana podría haber hecho un corte tan experto del Corazón, que se hizo tangencialmente, es decir, un corte redondo, grueso en los bordes externos y disminuyendo gradual y uniformemente en el área central vacía.

Para la gran multitud de peregrinos  que han sido testigos de este gran milagro y que realmente creen en Jesucristo, no cabe duda de que en la Transubstanciación, Cristo realmente hace presencia. Ha sido la creencia tradicional de los monjes en Lanciano desde que ocurrió el gran milagro que cuando el sacerdote dice: Corpus Domini Nostri Jesu Christi custodia animam tuam en vitam aeternam, Amén, y recibimos la Hostia Sagrada, lo que estamos recibiendo es la Carne y Sangre de su Sagrado Corazón.

El profesor Linoli. Líder del grupo de científicos que autentificó el milagro. Imagen: Tradition in Action.

Que este gran milagro Eucarístico atraviese el corazón de esos sacerdotes escépticos para que se den cuenta plenamente de que en toda verdadera y Sagrada Comunión, Nuestro Señor está realmente presente. Y puede dejar de lado cualquier duda sobre el gran milagro de la Transubstanciación.

Además, esto puede alentar a los sacerdotes que dicen la Misa Tridentina, la Misa de los Grandes Santos, Papas y Doctores de la Iglesia, a recitar lentamente y con gran reverencia cada palabra de las fórmulas para consagrar el pan y el vino, como se prescribe en el Consejo de Florencia, teniendo en cuenta que la Transubstanciación es el corazón de la Iglesia Católica. ¿Quién sino un sacerdote tiene el poder celestial de traer a Cristo del cielo a nosotros, las pobres criaturas de la tierra?

 

1 .- En la transubstanciación toda la substancia del pan y toda la sustancia del vino desaparecen al convertirse en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo. De tal manera que bajo cada una de las especies y bajo cada parte cualquiera de las especies, antes de la separación y después de la separación, se contiene Cristo entero.

 

Fuentes

Artículo publicado originalmente en: http://www.traditioninaction.org/HotTopics/f061_Lanciano.htm
y cuyo autor original es el profesor Remi Amelunxen.
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *