El Escapulario que salvó dos vidas

La historia que se relata a continuación es verdadera. Fue publicada originalmente en un periódico alemán bajo el título de Mine Meine Mutter [Su madre y mi madre] por A.M. Weigl.

Mi batallón era miembro de la Brigada Irene. Estábamos a punto de avanzar. Después de pasar Eindhofen, nuestros camiones y tanques pasaron por Uden. Por la noche, estamos acampados en una antigua granja cerca de Nijmegen. Detrás de la casa, había una antigua bomba de agua rodeada de ladrillos. Esta ofrecía una oportunidad para lavar el sudor y el polvo de las largas horas de lucha. Creo que el lector podrá imaginar del buen uso que le dimos durante esta oportunidad. Yo era uno del grupo que se había sacado la chaqueta y había colgado el escapulario sobre la salida de la bomba de agua.

Una hora  más tarde, nos llegó la orden de seguir el camino una milla y media y de ocupar una trinchera allí. Teníamos la esperanza de poder tener un descanso reparador aquella noche dentro de la trinchera . A punto de dormir,  comencé a desabotonar el cuello del uniforme, cuando para horror mio, me di cuenta de que no llevaba puesto el escapulario.

Era un regalo de mi madre, lo llevaba puesto desde el comienzo de la guerra y se me pierde justo ahora que nos aproximamos a la guarida del león. Ir a recogerlo hasta la bomba, estaba fuera de toda cuestión. Sólo me quedaba tratar de no pensar en ello. Me recosté sobre mi costado derecho y me dispuse a dormir.

Todos los soldados que se hallaban a mi alrededor, dormían como leños,  esto aún a pesar de que de cuando en cuando, algunos obuses caían relativamente cerca de nuestra posición. Finalmente, el deseo de recuperar mi escapulario pudo más que el sueño y me decidí a ir por el.

No fue nada fácil burlar al centinela, pero logré hacerlo, luego de lo cual me puse a correr en la misma dirección por la que habíamos venido. La noche estaba realmente obscura. Gracias a Dios, sin mediar ningún inconveniente, llegue  hasta la vieja casa y fui detrás de ella hasta donde estaba la vieja bomba de agua. Con mis manos comencé a tantear alrededor del caño. El Escapulario ya no estaba allí. Para ver mejor, decidí encender un cerillo, cuando de pronto escucho una devastadora explosión. ¿Estaría acaso atacando ya el enemigo?

Decidí correr en dirección a la trinchera tan rápido como, pude angustiado, pensando en poder hacer algo por ellos. Cerca de la trinchera, vi a un grupo de ingenieros, muy ocupados trabajando deprisa para remover pilas de tierra y alambre de puás. En el preciso lugar, donde  mis compañeros decidieron dormir aquella noche, no había más que un inmenso boquerón.

Antes de retirarse de la trinchera, el enemigo había ocultado una bomba de tiempo, que estalló precisamente durante mi ausencia. Ninguno de mis compañeros sobrevivió la explosión. Yo tampoco la hubiese sobrevivido sino hubiese salido a buscar mi olvidado Escapulario.

La mañana siguiente que me hallaba en la cocina del campamento, para mi gran sorpresa,  me encontré con un compañero quien asombrado exclamó, “Pensé que estabas en la trinchera”, a lo que respondí “y yo pensé que tu estaba allí”.

Luego, procedió y entró en detalles:

Anoche, no podía dormir, y decidí ir a buscarte,  el cabo me vio y me envió a traerle una botella de agua. Precisamente cuando me dirigía por ella, ocurrió esta gran explosión.

A lo que yo respondí:

Bueno, yo también me salve por un pelito. Y a todo esto ¿Que hacías tan tarde buscándome?

A lo que el  respondió:

Te buscaba para devolverte esto…

Y me alcanzó el Escapulario que había encontrado en la vieja bomba de agua…

 

 

 

 

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