El ermitaño Macario salva al hombre inocente

Esta es la historia de uno de los llamados Monjes del Desierto. Se trata de Macario, quien vivió en profunda soledad en los desiertos que bordean el Monte Nitria, sumergido en oración constante, abstinencia y sabiduría en el siglo IV.  Esta historia fue contada por el mismo Macario el egipcio.

En medio de un solitario paraje se cometió un asesinato, crimen que de manera inmediata e injusta le fue adjudicado a un hombre inocente. Ante esta calumnia, el hombre huyó en busca de refugio a la cueva de Macario. Fue seguido de cerca por sus perseguidores, quienes delante de Macario lo acusaron del crimen e intentaron someterlo para llevarlo a la justicia.

Pero este supuesto culpable juró sobre los sacramentos que él era inocente de la sangre de ese hombre. Con serenidad, Macario interrumpe la contienda, y se limita a preguntar en dónde había sido enterrado el asesinado.

Cuando le dijeron el lugar,  juntos todos se enrumbaron hacia el mismo.  Una vez allí, poniéndose de rodillas, imploró a nuestro Señor:

“Ahora, muéstranos Señor te suplicamos, si el culpable es realmente este a quien se ha acusado”.

Y, alzando la voz, Macario llamó al hombre muerto por su nombre.

“Te ordeno por la fe de Cristo, dinos ahora, ¿Fue este el hombre el que tiene la culpa de haberte asesinado?”

Entonces la voz contesto, confirmando la inocencia del reo.

Atónitos y perplejos todos los presentes cayeron al suelo. Entonces, a los pies del santo monje, comenzaron a preguntar quien era el que lo había matado.

Pero el Santo Macario respondió:

“Basta. No haré tal cosa. Es suficiente para mi el  dar la libertad  a este hombre inocente.  Entregar al culpable no es trabajo mio.”

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