El discurso de consagración de Verona del padre Alessandro Minutella

El padre Alessandro Minutella de la diócesis de Palermo en Italia, ha cobrado notoriedad desde el 2017, por convocar a la resistencia católica en contra de las herejías  adelantadas por Francisco, entre ellas y la más grave, aquella promovida mediante la exhortación apostólica Amoris Laetitiae. El reverendo MInutella, se ha levantado en defensa de la Iglesia Católica, frente a las enseñanzas de Francisco y de varios cardenales a los que claramente denuncia. Las reacciones en contra no se hicieron esperar: El obispo de Palermo, monseñor Corrado Lorefice, el mismo prelado que en su diócesis abrió la posibilidad de dar la comunión a adúlteros  en ejercicio (y que así instruye a todos sus sacerdotes),  ha impuesto al padre Minutella, la obligación de abandonar su parroquia y pretendiendo callarlo, exigiéndole mantener el más estricto silencio. Por no “comulgar” con su obispo ni con la dirección que ha seguido la Iglesia, sobre todo en el papado de Francisco, el padre Minutella fue sancionado por su pastor, expulsado de su parroquia, desterrado de la diócesis y se le obligo a callar durante 6 meses, sufriendo ademas una injusta persecución. Todo, por salir en defensa de la verdad.

El padre Minutella, ha preferido la persecución antes que mantenerse el silencio cómplice.  Armado de valor y de fervor, ha emprendido la hazaña de los leales y fieles a Cristo, denunciando los desvíos y alertando a los fieles de Italia y de Europa  (y del mundo entero) sobre la necesidad de mantener la autenticidad de la fe enseñada por Cristo y la Iglesia a lo largo de dos mil años.

Recientemente, el padre Minutella hizo una convocación en la ciudad de Verona (Italia), invitando a los fieles a consagrarse al Inmaculado Corazón de María, con el fin de obtener por medio de Nuestra Señora, el valor y la inspiración para convertirse en un verdadero apóstol de los últimos tiempos, luchando contra la presente apostasía.

El texto que sigue a continuación, es el que el padre Minutella pronunciase en aquella oportunidad.


Hay tres razones por las cuales hoy nos consagramos. A medida que el mundo progresa más y más amenazado con la apostasía de la fe, y mientras la falsa iglesia quiera cambiar el espíritu católico para siempre.

La primera razón que hay es, la más radical. Nos consagramos al Inmaculado Corazón de María simplemente porque Dios lo quiere de esa manera, porque ya en Fátima había pedido esta consagración y había anunciado la apostasía y el cisma, dejando por sentado que la consagración al Inmaculado Corazón de María, ayudaría en la batalla contra el Anticristo.

Hoy vemos que la Iglesia se hunde, y se hunde por algo malo, por que lo que Dios pidió, no se está haciendo. Y los prelados discuten como llenar las iglesias, como salvar la Iglesia pero el centro de esta crisis se debe a que lo que Dios quería no se hizo. Por eso la Virgen también dijo que si no se cumplía lo que Dios había pedido, vendrían sobre la Iglesia y el mundo, los males que hoy estamos viendo.

La jerarquía debe ver lo que está pasando a causa de los pecados contra el Espíritu Santo, pecados que son imperdonables, que han llevado a la apostasía y al cisma a la Iglesia, como también a los sufrimientos que vemos en el mundo.
Todo esto, porque no fue hecho lo solicitado por la Virgen en Fátima. Mientras tanto el tercer Secreto de Fátima, a pesar de las muchas maniobras masónicas para ocultarlo, inclusive con practicas indignantes, ahora se conoce y sabemos se refiere a la pérdida de la fe en Roma, la pérdida de identidad católica como nunca había sucedido en 2000 años en la historia de la Iglesia, llegada de un falso Papa al lado de otro Papa que es prisionero, que marca el advenimiento del anticristo.

Pero en palabras de la Virgen, sé que la promesa más solemne, es que a pesar de todo, al final su Inmaculado Corazón triunfará; triunfará contundentemente contra la masonería, triunfará contra los grandes poderes que se han levantado en contra de la verdad. Si nos consagramos nos veremos protegidos y resguardados por María, es decir, seremos el resto fiel y este será preservado.

Recordemos que hay un choque directo, una guerra cara a cara entre María y Satanás. Estas son dos criaturas opuestas: una es la humilde servidora del Señor, el otro es el soberbio rebelde que grita “no serviré”. Así que hay que enfrentar esta batalla final. Esta es la enemistad entre María y Satanás.

Y Dios mismo le dio ese poder a la Santa Virgen. Aquí está la prueba, la prueba final, en la cual San Luis María de Montfort hace énfasis sobre el poder de María, repite varias veces el “poder de María” y eso, debemos grabarnoslo porque estamos a punto de ingresar a tiempos como nunca los ha habido, el poder de María brillará sobre todos los demonios y brillará particularmente en los últimos tiempos, cuando Satanás atentará contra su talón, talón que diríamos, son los fieles servidores de Ella. Esos humildes hijos serán pocos y espiritualmente podres, en la opinión del mundo, ellos serán pocos y aparentarán ya no ser nada, pues son el talón pisoteado y perseguido y llevarán sobre sus hombros la bandera, tendrán en una mano la Cruz y en la otra el Rosario.

La segunda razón por la cual hoy nos consagramos al Inmaculado Corazón de María, es porque ese es el único soporte ideológico donde Satanás no puede llegar, no puede entrometerse. Donde la serpiente infernal no puede morder.
El pecado nos asedia y el mundo es realmente como nunca antes, está por completo en manos de Satanás, pero el Corazón de María es el refugio seguro para quienes la siguen en este enfrentamiento final con Satanás.
Entonces nos encontramos pidiéndole a la Virgen que otros sacerdotes también salgan a esa batalla.

La tercera razón para consagrarse al Inmaculado Corazón de María, es porque ella es nuestra Madre, así lo escribe San Luis María de Montfort:

“Feliz es en la tierra a quien el Espíritu Santo revela el secreto de María, a fin de que conozca este jardín cerrado, de modo que detrás de esta fuente sellada, haga parte de la familia de la gracia”.

Hoy vemos que Jesús nos la dio como Madre. Y si después de estas declaraciones que yo hecho me viene la excomunión, nada extraño, esa luz divina para saber donde mostrarme. No estoy diciendo cosas que sean harina de mi costal. Todo lo que digo es católico. Hoy miramos a María, la que Jesús nos tiene como Madre. La que Él mismo nos dio en la Cruz.

Y en este momento dramático de cisma, en el que cientos de miles de almas corren el peligro de perderse en el infierno, en los que los cismáticos son nuestros adversarios que se han alejado de la sana regla de la fe, en este preciso momento decisivo, hacen eco las palabras de Jesús en la cruz: “he aquí a tu Madre”.

En realidad esto se constituye en el refugio por medio de la consagración al Inmaculado Corazón de María, y con ella, nos aseguramos de que satanás nunca hará daño a los consagrados.
Los que somos de María, estamos seguros como dice San Luís María de Montfort:

“Es la reserva en Ella, es preservar a Jesús en ellos. Siempre mantiene la ayuda sobre ellos para que no pierdan la gracia de Dios y no caigan en los lasos del enemigo.
En María ni en los elegidos, no será encontrado un espíritu maligno ni hereje”.

Esta consagración en la ciudad de Verona, representa el nuevo pentecostés, la inauguración solemne de la batalla final que comienza a partir de hoy. Se constituye así pues, el ejército de estrellas comandado por la mujer vestida de sol, es el nuevo cenáculo católico, ese que no tiene más en Roma su centro, porque Roma ha perdido la fe. Este resto fiel resiste con la corona del Rosario en mano.

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