El «Credo del Diablo»


venida del Anticristo

Hay muchas personas que parecerían vivir en el Limbo, y se extrañan de que existan sectas diabólicas que tienen permanente contacto con el diablo, y que verifican funciones religiosas en las que invocan la presencia y la actividad de Satanás. Alguien me dijo lo siguiente: Es que yo pensaba de que todo lo que se refiere a Satanás es simplemente un argumento para mover a los cristianos a huir del pecado.

Bastaría con que esta persona leyera con atención el Nuevo Testamento que tiene como fondo la figura de Satanás para descubrir su identificación con Jesús, y el descubrimiento de los males que el diablo provoca en la humanidad. Porque Jesús destaca la presencia trágica del diablo al que llama ser malo, espíritu contrario al hombre, etc. Según Jesús es el Príncipe de este mundo (Jn 12, 31), y siembra el mal en el campo de Dios.

Sus obras son la posesión diabólica, la enfermedad y la muerte. Satán lucha continuamente con el hombre, atacándole de codicia, de cólera, de soberbia, de maledicencia, con los que desea arrastrar al hombre a la perdición. Son ideas expresadas por Jesús. Precisamente la acción salvífica de Jesús se dirige en el fondo contra el diablo.

El reino de Dios que Jesús anuncia y ofrece, supone la destrucción del inquebrantable poder satánico como nos revela San Lucas. Jesús ha dado a toda persona la posibilidad de huir y liberarse de las garras de Satanás.

Hasta se atrevió a tentar al mismo Redentor Jesús, (Heb 2, 18; 4, 15), y fracasado no ha perdido nada de su odio contra los hijos de Dios. Su actual obsesión y su misión es, ya sea con promesas, ya sea con amenazas, inducir a la apostasía a todos los que han venido a la fe, para acabar así, y aniquilarles, según el testimonio del Apóstol San Pedro en su Primera Carta, capítulo 5.

Si no se ha tomado en serio la existencia y la actividad del diablo, es, por supina ignorancia del Nuevo Testamento, ya que apenas hay página en la que no aparezca alguna acción diabólica, o alguna condenación de Jesús de la acción del Malo.

Lo que frecuentemente sucede es que una persona no da importancia de la existencia del diablo, porque ella misma se encuentra bajo el influjo de Satanás.

Como el muy piadoso David que tras cometer adulterio y un asesinato se creía tranquilo y sin culpa, hasta que el profeta Natán le recordó su estado de condenación.

Estaba tan poseído de Satanás que consiguió el diablo que David siguiera danzando sus impúdicos salmos a Dios, mientras en su corazón dominaba totalmente su enemigo el Demonio, por eso tras su pecado de negación de Cristo, nos escribió Pedro el Apóstol: Estén despiertos, porque su enemigo el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar (1Pe 5, 5)..

Muy a propósito recibí este texto compuesto por el Siervo de Dios, Tomás Morales S.J., quien lo había redactado a partir de las reglas de discernimiento de los Ejercicios Espirituales del gran San Ignacio de Loyola. El P. Morales lo había impreso en 1972, pidiendo que esa estampa la lleváramos siempre, para no olvidar ese Credo del Diablo:

1º. Creo que existe y que es muy eficaz y potente.
2º. Creo que tiene mucho interés en hacerme creer que no existe.
3º. Creo que ataca por el punto más débil.
4º. Creo que ataca poco a poco.
5º. Creo que se envalentona si me acobardo y se acobarda si con valor doy rostro.
6º. Creo que está empeñado en que me quede solo.
7º. Creo que utiliza táctica alternante. Cuando estoy en baja: placeres aparentes. Cuando en alza: desganas, desconfianzas, desalientos.
8º. Creo que intentará haga yo mudanza en tiempo de desolación.
9º. Creo que se disfraza de “ángel bueno».
10º. Creo que si permanezco unido a la Virgen Inmaculada, no tengo nada que temer.

Fuentes

http://www.infocatolica.com/blog/contracorr.php/1308010602-el-lcredo-del-diablor
Adaptado por Proyecto Emaús