El ayuno de la Dormición: Cómo las Iglesias orientales se preparan para celebrar la fiesta de la Asunción

La Dormición de la Santísima Theotokos (Madre de Dios).

(CNA) .- Cada año, las Iglesias católicas orientales, así como otros cristianos orientales, participan en una temporada de ayuno del 1 al 14 de agosto en preparación para la fiesta del 15 de agosto  de la Dormición de la Madre de Dios (que celebramos como la Asunción en el rito latino).

Tradicionalmente, durante el estricto ayuno de catorce días, los católicos orientales se abstienen de la carne, los productos lácteos, el pescado, el vino y el aceite los días de semana, con cierta relajación los fines de semana y la fiesta de la Transfiguración. El ayuno no es tan estricto para niños y ancianos, o para aquellos que padecen de alguna condición médica.

El texto de una de las oraciones en la Vigilia de la Dormición en el rito bizantino dice:

«Oh pueblos, bailen con alegría y aplaudan con fervor; reúnanse hoy con entusiasmo y júbilo y canten con alegría, porque la Madre de Dios está a punto de levantarse en gloria, subiendo de la tierra al cielo. Es para ella que siempre cantamos himnos de alabanza, porque ella es la Madre de Dios».

La paraklesis, también conocida como el Oficio de Consolación de la Santísima Theotokos, consiste en un conjunto de oraciones cantadas en el rito bizantino a lo largo del ayuno preparatorio con la repetida invocación: «¡Santa Madre de Dios, sálvanos!». En ella se pide a la Madre de Dios, su intercesión y protección para  aquellos que la honran.

Durante más de 40 años, Santa María en Via Lata, una basílica romana, ha celebrado esta «Pequeña Cuaresma de la Madre de Dios» con oraciones cantadas todas las noches tomadas de textos bizatinos y de rito latino.

La basílica dice que con esta fusión única de oraciones, tanto Oriente como Occidente juntos, honran a la Reina del Cielo. Este año, las oraciones incluirán intercesiones por la unidad de los cristianos, por las familias y por la paz, particularmente en el Medio Oriente y en Europa del Este.

La Santa María del siglo XVII en Via Lata, ubicada en Via del Corso, una de las calles comerciales y turísticas más concurridas de Roma, también tiene adoración eucarística todos los días a partir de las 5:00 p.m.

Antes de la construcción de la basílica actual, se cree que los monjes bizantinos tuvieron un monasterio en el sitio en el siglo VIII. Debajo de la basílica hay una cripta que contiene frescos de estilo oriental que datan del siglo VII.

La cripta también tiene una excavación de una casa romana donde la tradición sostiene que vivió San Lucas y que San Pablo visitase durante los dos años de su encarcelamiento en Roma.

Las dos semanas de oración en Roma culminarán en una solemne vigilia por la Fiesta de la Asunción de María el 14 de agosto a las 8:00 pm en la Basílica de Santa María la Mayor, la iglesia preeminente dedicada a la Madre de Dios en Roma. Un coro compuesto las Hermanas Compasivas Siervas de María cantará las oraciones vespertinas para la vigilia.

El dogma de la Asunción de María, llamado «Dormición de María» en las Iglesias orientales, tiene sus raíces en los primeros siglos de la Iglesia. La Iglesia Católica enseña que cuando María terminó su vida terrenal, Dios la llevó, en cuerpo y alma, al cielo (asunta).

Según San Juan de Damasco, en el Concilio de Calcedonia en 451, el emperador romano Marciano solicitó el cuerpo de María, Madre de Dios. San Juvenal, que era obispo de Jerusalén, respondió «que María murió en presencia de todos los apóstoles, pero que su tumba, cuando se abrió a pedido de Santo Tomás, se encontró vacía; de donde los apóstoles llegaron a la conclusión de que el cuerpo fue llevado al cielo ”, registró el santo.

La creencia en la Asunción de María era una tradición muy extendida y una meditación frecuente en los escritos de los santos a lo largo de los siglos. Sin embargo, no se definió oficialmente hasta el siglo pasado. En 1950, el Venerable Pío XII definió la Asunción como un dogma revelado por Dios.

La Dormición (Asunción) es un día sagrado de obligación tanto en el rito latino como entre las Iglesias católicas orientales.