Dios no comete errores

Nada de lo que sucede en este mundo es casual. No hay nada aleatorio o no planeado sobre las circunstancias en las que puedes encontrarte en este mismo momento, incluso, aún si esas circunstancias parecieran ser demasiado para ti. Lejos de lo que podrías pensar, Dios te dirige así, por el camino que considera más apropiado, aquel camino que ha determinado el más adecuado para tu crecimiento espiritual.

Así como un árbol crece mejor en un valle frondoso o al borde de una suave corriente de cristalinas aguas, otro crece mejor en la cima de una sombría montaña, donde es barrido por los fuertes vientos invernales.

Si observas la naturaleza, verás que los árboles y las plantas se encuentran siempre en las condiciones en las que pueden prosperar: un cactus en el desierto y las palmeras a lo largo de las playas.

¿Crees que es probable que Dios haya pensado más en los árboles que en uno de sus hijos? No, él te ha colocado en medio de las circunstancias y experiencias en las que mostrarás el mayor crecimiento espiritual y el mayor carácter cristiano. Aún si crees que podrías prosperar espiritualmente lo mismo a lo largo de la vida,  gozando de mejor salud,  de lujos y teniendo en general muchas facilidades, Dios sabe qué es lo mejor y Dios no comete errores. ¿Crees eso?

Hay una pequeña parábola sobre una prímula (flor de San José) que creció sola en una parte sombreada del jardín, pero se descontentó cuando vio otras flores que crecían al sol. Pidió ser trasladada a un lugar donde pudiera ser más visible. Su deseo fue concedido y el jardinero pronto la trasladó a un lugar donde brillaba el sol y donde la gente podía contemplar más fácilmente su belleza.

Pero muy rápidamente comenzó a cambiar, sus flores se volvieron pálidas y enfermizas y el calor del sol hizo que se secaran y se marchitaran y la planta entera comenzó a morir. Ahora la prímula rogaba la devolvieran a la sombra. Dios es el sabio jardinero que sabe dónde crecerás mejor en lo que Él desea que seas. Aunque algunos pueden desarrollarse en un entorno más bien delicado, se verían perjudicados por la adversidad, otros en cambio, solo pueden crecer y florecer a través de las pruebas. Dios sabe lo que es mejor.

Pero no te desanimes, porque es posible vivir una vida hermosa que honre a Dios en cualquier circunstancia en la que Dios te coloque. No hay ninguna condición en la que sea imposible ser un verdadero cristiano y ejemplificar todas las maravillosas virtudes del cristianismo. Eso es porque Dios no solo elige dónde te colocará, sino que también te hará crecer donde te haya colocado, aunque no necesariamente como tu quieras.

El principio de adaptación muestra que los animales hechos para vivir en el frío Ártico están cubiertos de grueso pelaje, el camello, cuyo hogar está en el desierto, tiene lo que necesita para soportar agotadores viajes  sobre sus áridas y calientes arenas. Así, el pez no puede sobrevivir en el desierto ni el camello bajo el agua.  Dios ha preparado a cada una de estas criaturas para que prosperen donde las ha puesto.

Lo mismo aplica  para la vida del cristiano, y Dios adapta su gracia a cada situación. Cuando el camino es áspero, te da zapatos fuertes, no zapatillas de seda. A medida que las cargas se hacen más pesadas, aumenta tu fuerza. A medida que las dificultades se vuelven más agotadoras, envía a su ángel para que se acerque a ti. A medida que las pruebas se vuelven más duras, él calma tu corazón turbado. Cuanto mayor sea la prueba y más fuerte sea la tentación,  Dios derramará más su gracia sobre ti. Siempre está presente, siempre es suficiente, para que no haya situaciones ni dificultades en las que sea imposible vivir una vida de fidelidad y santidad.

En lugar de ceder al desaliento cuando las pruebas se complican y se hacen difíciles de soportar, y en lugar de determinar por ti mismo que las circunstancias actuales hacen que sea imposible vivir de una manera claramente cristiana, uno debe establecer como propósito que, a través de la gracia de Dios, se vivirá una vida paciente, amable y sin mancha, en el mismo lugar y en las circunstancias en las que Dios nos ha colocado.

La victoria no se logra escapando o evadiendo tales juicios, sino enfrentándolos y superándolos. Las preguntas correctas no son: «¿Cómo puedo salir de esto? ¿Cómo puedo llegar a un lugar donde todas estas irritaciones y tentaciones desaparezcan? ¿Cómo puedo llegar a un lugar donde no haya nada que ponga a prueba mi paciencia?

”El soldado que huye en el momento en que oye el primer disparo no es un héroe, sino un cobarde “ reza el dicho ¿Cómo puedo pasar por estas pruebas y no fallar como cristiano? ¿Cómo puedo soportar estas luchas y no sufrir la derrota? ¿Cómo puedo resistir el ser provocado y aun así hablar con palabras medidas, soportar insultos con mansedumbre y devolver respuestas amables incluso a las palabras más insultantes? Esta es la verdadera cuestión de la vida cristiana.

El gran deseo del cristiano es el ser santo, mostrar el carácter de Cristo. Lo que más importa no es el proceso, sino el resultado. Si un árbol crece en plena majestuosidad y fuerza, no importa si creció en un valle profundo o en un pico frío, al lado de arroyos suaves o con vientos atroces, sino que creció hasta su plena madurez. Y si tu carácter crece para estar más conforme a la imagen de Jesucristo, ¿no deberías estar dispuesto a someterte a cualquier disciplina? ¿No es este fin tan noble que estarás dispuesto a participar en cualquier medio que lo logre?

Si eso es cierto, entonces cada obstáculo en tu camino solo debería darte una nueva determinación para tener éxito. Debes ver en cada dificultad la posibilidad de obtener alguna ganancia, algo que te permita avanzar. Debes forzar tus tentaciones a ministrarte en lugar de estorbarte. Debes considerar cada prueba, cada molestia, cada dolor, como un momento para poner en práctica los principios de la vida cristiana. Verás al final que todas estas dificultades y dificultades fueron los medios a través de los cuales recibiste algunas de las mayores bendiciones.

No es un gran logro vivir pacientemente donde nunca te provocan, vivir valientemente donde no te enfrentas a ningún peligro, vivir tranquilamente donde nunca te desafíen.  Si puedes vivir con paciencia, amor y alegría entre todas tus inquietudes y temores, todos tus dolores y tristezas, habrás sido más victorioso que el mayor general, porque «el que gobierna su espíritu es mejor que el que conquista ciudades» (Proverbios 16:32).

Fuentes

Extracto de Week Day Religion por J.R. Miller.
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús