Cuando los Santos educaban a los niños


 

«Dios me hizo conocerlo, amarlo y servirlo en este mundo para ser feliz con Él en el próximo«. Así el niño – basándose en el Catecismo – responde correctamente a la pregunta de por qué Dios lo creó.

En consonancia con esta noción básica, la educación católica ha significado tradicionalmente, diseñar toda la personalidad del niño para la práctica de la virtud. Produjo así niños con conciencia, en marcado contraste con los niños engreídos y problemáticos que prevalecen hoy en día.

Las escuelas modernas, en su mayor parte, han perdido de vista, o han ignorado por completo, la verdadera finalidad de la educación. Miremos hacia atrás entonces a una época en que los santos formaron a nuestros hijos y nietos, guiándolos por el camino de la virtud.

A continuación se presentan algunos pasajes seleccionados de las pautas educativas establecidas por San Juan Bosco en el último siglo. Estas verdades poco conocidas o a menudo olvidadas, extraídas de sus escritos, son tan oportunas ahora como entonces.

Sobre la música: Cualquier centro educativo sin música es un cuerpo sin alma. La música educa, calma y eleva; es el medio más eficaz para inculcar disciplina y contribuir a la moralidad «.

Sobre el amor por la belleza: El maestro debe también ayudar a sus pupilos a perfeccionar sus sentimientos de belleza. Este es un sentimiento natural, pero debe ser desarrollado y perfeccionado. Todos los niños tienen la capacidad de aprehender sobre las bellezas de la naturaleza, el arte y la religión.

«Recuerdo que cuando era niño, mi madre me enseñó a mirar hacia arriba y ver al cielo para observar las maravillas del campo. Durante las noches serenas e iluminadas por las estrellas, ella me llevaba afuera y me mostraba el cielos y me decía: Es Dios quien creó el mundo y puso tantas hermosas estrellas arriba. Si el firmamento es tan hermoso, ¿Cómo será el paraíso?».

Sobre la formación intelectual: Cultivar solo el intelecto, abandonando todas las demás facultades humanas, es deformar al hombre.

«La educación intelectual abarca una serie de normas, de medidas prácticas y requiere de recursos apropiados para proporcionar a la inteligencia juvenil el conocimiento de las letras y las ciencias indispensables y útiles para la vida. Pero la escuela no debe tomar el lugar de la familia, y mucho menos, la iglesia. La escuela debe enseñar en relación con la vida».

Sobre la formación moral: Todos, o casi todos los educadores, ven el desarrollo del intelecto como su principal responsabilidad para con el niño. Sin embargo, esto muestra una falta de prudencia, ya que no entienden, o de lo contrario pierden fácilmente de vista, la naturaleza humana y su dependencia recíproca de nuestras facultades. Dirigen todos sus esfuerzos al desarrollo las facultades cognitivas y de los sentimientos, que confunden errónea y trágicamente con la facultad del amor. Al hacerlo, ignoran por completo a Dios, que es la única fuente de amor puro y verdadero.

Sobre la formación social: Los juegos también son elementos sociales que no deben ser menospreciados.Por esta razón, les damos mucha importancia. Los juegos le enseñan al niño a controlarse y no lastimar ni molestar a sus compañeros; desarrollar sensibilidad social; para aumentar hábitos de cortesía, afabilidad y modales; a estimular el ejercicio de justicia y lealtad,
condiciones indispensables no solo para juegos sino también, para todas las formas de actividad social.

Sobre la educación religiosa: La educación debe desarrollar en la juventud una pasión por el bien y un odio por mal. El profesor está obligado a entender que esto es un efecto de  correspondencia o falta de conformidad con la voluntad de Dios.

«Uno de los defectos o vicios de la moderna pedagogía, es la reducción de la religión a un puro sentimiento. Por esta razón, no se quiere hablar con los niños sobre, o incluso nombrar, las verdades eternas de la muerte, el juicio y mucho menos, infierno».