¿Cual fue el sueño de Claudia, la esposa de Pilato antes de la Pasión de Cristo?

Claudia se vio atormentada por el sueño que tuvo la noche anterior a la Pasión de Nuestro Señor. Wikimedia.

Según la tradición, Prócula (Procla) o Claudia, habría sido el nombre de la esposa de Poncio Pilato prefecto de la provincia romana de Judea, entre los años 26 y 36. Poco antes de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, Claudia tuvo un sueño, en el que se veía pidiéndole al gobernador romano que liberara a Jesús.

Claudia habría sido parte de la descendencia de la cual proviene Marco Antonio y Octavia, hermana de Augusto. Claudia crece entre las intrigas, los excesos y la sofisticación de la corte imperial romana.

Hija de general, estuvo rodeada de poetas, escritores y filósofos. Se dice de ella que fue novicia de Isis y que posteriormente, fue seguidora de las enseñanzas de Jesús de Nazaret.

Su vida como consorte de Pilato es desconocida hasta que intercede ante él en favor de Jesús. Se le menciona de manera fugaz en el Nuevo Testamento, en unas líneas que aparecen en el Evangelio de San Mateo:

«Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.»»

 Mateo 27:19

Próocula o Claudia,  es considerada una santa en las Iglesias católicas orientales. En la famosa representación de Antonio Ciseri, Ecce Homo, se puede ver  Claudia afligida en la parte inferior de la derecha.

Una afligida Claudia (a la derecha de la imagen dando la espalda a la escena) en la Pintura Ecce Homo de Antonio Ciseri. Wikimedia.

Se dice de ella que fue novicia de Isis  pero que posteriormente se convirtió de al catolicismo, una creencia sostenida desde los primeros días de la Iglesia como lo atestigua Orígenes en su Comentario sobre el Evangelio de Mateo. Orígenes sugirió que Dios le envió el sueño como un mensaje para que se convirtiera.

En la carta apócrifa (y ciertamente no auténtica) de Pilato a Herodes, nombra a su esposa como Prócula y menciona las «apariciones» que tuvo , denotando además a  un  Poncio Pilato más arrepentido:

Pilato, gobernador de Jerusalén, saluda al tetrarca Herodes.

Nada bueno hice bajo tu instigación el día aquel en que los judíos presentaron a Jesús, el llamado Cristo. Pues de la misma manera que fue crucificado, así también ha resucitado al tercer día de entre los muertos, como acaban de anunciarme algunos, y entre ellos el centurión.

Yo mismo he decidido enviar una expedición a Galilea y atestiguan haberle visto en su propio cuerpo y conservando el mismo semblante. Y ha llegado a dejarse ver de más de quinientas personas, con la misma voz e idénticas enseñanzas. Estos individuos han ido por ahí dando testimonio de ello, y, lejos de vacilar, han predicado su resurrección como fenómeno extraordinario y han anunciado un reino eterno, hasta el punto de que los cielos y la tierra parecían alegrarse de sus santas enseñanzas [de Jesus].

Y has de saber que Prócula, mi mujer, dando crédito a las apariciones que tuvo de Él cuando yo estaba a punto de mandarle crucificar por tu instigación, me dejó solo y se fue con diez soldados y Longino, el fiel centurión, para contemplar su semblante, como si se tratara de un gran espectáculo. Y le han visto sentado en un campo de cultivo, rodeado de una gran turba y enseñando las magnificencias del Padre; de manera que todos estaban fuera de sí y llenos de admiración, [pensando] si había resucitado de entre los muertos aquel que había padecido el tormento de la crucifixión.

Y, mientras todos estaban observándole con gran atención, divisó a éstos y se dirigió a ellos en estos términos: «¿Todavía no me creéis, Prócula y Longinos? ¿No eres tú por ventura el que hiciste guardia durante mi pasión y vigilaste mi sepulcro? Y tú, mujer, ¿no eres la que enviaste a tu esposo una misiva acerca de mi? […] el testamento de Dios que dispuso el padre. Yo, el que fui levantado y sufrí muchas cosas, vivificaré por medio de mi muerte, tan conocida para vosotros, toda la carne que ha perecido. Ahora, pues, sabed que no perecerá todo aquel que haya creído en Dios Padre y en mí, pues yo hice desaparecer los dolores de la muerte y traspasé al dragón de muchas cabezas. Y, en ocasión de mi futura venida, cada uno resucitará con el mismo cuerpo y alma que ahora tiene y bendecirá a mi Padre, al Padre de aquel que fue crucificado en la época de Poncio Pilato».

Al oírle decir tales cosas, tanto mi mujer, Procla, como el centurión que tuvo a su cargo la ejecución de Jesús, como los soldados que habían ido en su compañía, se pusieron a llorar llenos de aflicción, y vinieron a mí para referirme estas cosas.

Yo, a mi vez, después de oírlas, se las referí a mis grandes comisarios y compañeros de milicia; estos, llenos de aflicción y ponderando el mal que habían hecho contra Jesús, se pusieron a llorar durante el día; y asimismo yo, compartiendo el dolor de mi mujer, estoy entregado al ayuno y duermo sobre la tierra. […] y en esto vino el Señor y nos levantó del suelo a mí y a mi mujer; yo entonces fijé mi vista en él y vi que su cuerpo conservaba aún los cardenales. Y Él puso sus manos sobre mis hombros, diciendo: «Bienaventurado te llamarán todas las generaciones y los pueblos, porque en época tuya murió el Hijo del hombre y resucitó ya ahora va a subir a los cielos y se sentará en lo más alto. Y caerán en la cuenta todas las tribus de la tierra de que yo soy el que va a juzgar a los vivos y a los muertos en el último día».

Además de haberse conmovido lo suficiente como para interceder en nombre de Cristo ante Pilato, no se sabe mucho sobre el contenido del sueño que le causó tanto sufrimiento, y los primeros escritos de la Iglesia y los Padres de la Iglesia tienen poco que decir.

Una tradición piadosa sostiene que su sueño, fue la visión de innumerables cristianos, quienes recitaban y cantaban el Credo en Latín «…y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato…«