Conoce los siete dones del Espíritu Santo

De acuerdo con la Enciclopedia Católica, los dones del Espíritu Santo están “especialmente destinados a la santificación de la persona que los recibe”. Son cualidades sobrenaturales que nos hacen estar atentos a la voz de Dios y susceptibles a la gracia. Nos infunde el amor por las cosas de Dios y nos hace más obedientes a las inspiraciones del Espíritu Santo.

“La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo.  Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf Is 11,1-2). Completan y llevan a su perfección las virtud de quienes los reciben. Hacen a los fieles díciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.”

Catecismo de la Iglesia Católica § 1830-1831

¿Cuáles son los siete dones del Espíritu Santo? Tradicionalmente se describen en el libro de Isaías:

“El espíritu del SEÑOR descansará sobre él: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fuerza, espíritu de conocimiento y de temor de Dios, y su deleite será el temor de Dios”.

Isaías 11: 2-3

El don de la sabiduría

Considerado piadosamente como el primero y más grande de los dones, según San Bernardo, es el “Don sobrenatural del Espíritu Santo que nos permite conocer a Dios y regocijarnos en el amor perfecto“. El don no solo ilumina la mente, sino también el corazón, dirigiéndolo a un amor más puro y profundo por Dios.

 

El don de la inteligencia

El don de la inteligencia es la luz intelectual para entender las cosas de Dios.  Nos permite “penetrar hasta el núcleo mismo de las verdades reveladas“. Nos permite relacionar todas las verdades con propósito sobrenatural e ilumina aún más nuestra comprensión de la escritura. Nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe.

 

El don de consejo

El don de consejo inculca en nosotros una prudencia sobrenatural, que nos permite juzgar el bien y el mal y elegir correctamente lo que nos ayudará en el proceso de nuestra salvación, permitiéndonos así y glorificar a Dios.

Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por él. 14 Porque angosta es la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran

Mateo 7: 13-14

El don de la fortaleza

El don de la fortaleza nos infunde el coraje para superar los obstáculos y dificultades que conlleva la práctica de nuestra fe y nuestros deberes religiosos. Santo Tomás de Aquino dice que “el principal acto de fortaleza es la resistencia, es permanecer inmóvil en medio de los peligros en lugar de atacarlos“. Vuelve fuerte y heroica la fe. Recordemos el valor de los mártires. Nos da perseverancia y firmeza en las decisiones. Los que tienen ese don no se amedrentan frente a las amenazas y persecuciones, pues confían incondicionalmente en el Padre.

 

El don de ciencia

El don del conocimiento nos permite ver lo más humanamente posible las cosas desde el punto de vista de Dios, indicándonos el camino a seguir y el peligro que debemos evitar para obtener la Salvación e ir al Cielo.

“Porque conozco bien los planes que tengo en mente para ti, oráculo del SEÑOR, planes para tu bienestar y no para la desgracia, a fin de darte un futuro de esperanza” (Jeremías 29:11).

 

El don de la piedad

El don de la piedad concuerda con la reverencia, inspirando una relación filial con Dios para que podamos reconocer nuestra total confianza en Él y presentarnos ante Dios con humildad, confianza y amor. Este es el don que el Espíritu Santo nos da para estar siempre abiertos a la voluntad de Dios, buscando siempre actuar como Jesús actuaría.

En la Primera Carta de San Pablo a los Corintios escribió:

“En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: «¡Anatema es Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino con el Espíritu Santo”

1Co 12, 1-3.

El don del temor del Señor

Comúnmente mal entendido como el temor a un Dios listo para herirnos, el don del temor al Señor nos inculca asombro ante la gloria y la majestad de Dios, el temor de separarnos de ÉL y ofenderlo, lo mismo que un niño teme ofender a su padre. Este don nos mantiene en el debido respeto frente a Dios y en la sumisión a su voluntad, apartándonos de todo lo que le pueda desagradar.   Por eso, Jesús siempre tuvo cuidado en hacer en todo la voluntad del Padre, como Isaías había profetizado:

“Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh”

Is 11,2

El Papa Francisco nos recordó además que:

no es un temor servil, sino una conciencia gozosa de la grandeza de Dios y una comprensión agradecida de que solo en él nuestros corazones encuentran la verdadera paz“.

Fuentes

https://www.oblatos.com/los-7-dones-del-espiritu-santo/

https://es.aleteia.org/2016/05/15/el-significado-de-los-7-dones-del-espiritu-santo/

https://www.ucatholic.com/blog/what-are-the-7-gifts-of-the-holy-spirit/

Traducido y adaptado por Proyecto Emaús