Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 8

Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 8

Si la Santa Iglesia, guiada en todo lo que hace por el Espíritu Santo, viene celebrando por tanto tiempo en la tierra y celebrará por toda la eternidad en el Cielo, tanta variedad de fiestas en honor de algunas acciones particulares de la Madre de Dios, de tan corta duración muchas de ellas, como la fiesta de la Presentación, en honra de la acción que realiza presentándose a Dios en el templo de Jerusalén; la fiesta de la Purificación, en honor de su acto de obediencia a una ley de la que estaba exenta; la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves, en memoria de la dedicación del primer templo construido en su honor y por indicación suya; si algunas iglesias particulares dedican especiales fiestas -como veremos en otro lugar- a honrar los vestidos que cubrieron su santo cuerpo: ¿qué honras, qué loas, qué solemnidades no merece su divino Corazón, que ha hecho tantos y tales actos de fe, de esperanza y de caridad a Dios, de amor a los hombres, de humildad, de obediencia y de toda especie de virtud; que es el principio y hontanar, como dentro de poco, declararemos, de todos los santos pensamientos, afectos, palabras y acciones de su vida? ¿Qué entendimiento podría comprender, y qué lengua explicar las inestimables riquezas y prodigiosos privilegios encerrados en ese sin par Corazón, Rey de todos los corazones consagrados a Jesús?

Es un mar de gracias, sin fondo ni riberas; un océano de perfecciones sin barrunto de límites; una hoguera inmensa de amor. ¡Oh! ¡Quién me diera que como una gota de agua me perdiese dentro de este mar; que me consumiese como una pajita en esta hoguera, a fin de que nada mío quedase en él ,sino que él lo sea todo, pues es único principio de todo bien! Ha sido vuestro Hijo Jesús, divina Virgen, el autor de este océano: y nadie como Él puede conocer los tesoros infinitos en Él escondidos. Él fue quien prendió el fuego que arde en esta hoguera: y sólo Él puede ver la altura que alcanzan las llamas que de ella brotan; nadie como Él para medir las perfecciones inmensas con que ha enriquecido esta obra maestra de su omnipotente bondad; ningún otro puede contar las innúmeras gracias por Él volcadas en este abismo de gracia (Eccl. 1, 9).

Preparación para la Fiesta de la Asunción

(Pequeña Cuaresma de la Madre de Dios del rito Bizantino)

En verdad es digno y justo, a ti alabarte Theotokos, siempre santa e inmaculada,
Madre de Nuestro Señor. Más venerable que los querubines, e incomparablemente
más gloriosa que los serafines, que sin mancha engendraste al Verbo Dios. A Ti
verdadera Theotokos, te ensalzamos.