Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 7

Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 7

Por eso no he de ser yo tan temerario que pretenda encerrar en este libro los inmensos tesoros y numerosos milagros que se encierran en este Corazón incomparable, que es y será eternamente motivo de embeleso para todos los habitantes del Cielo. Porque si los Ángeles, al contemplar a su Reina y nuestra Reina, en el momento de la Concepción inmaculada, y verla tan llena de gracia, hermosura y majestad, quedan en completo arrobamiento y se preguntan entre sí maravillados: “¿Quién es ésta que avanza y sube como el alba del día, hermosa como la luna, elegida como el sol, terrible como un ejército en formación?” (Cant. 6, 9), dejo a vuestra consideración imaginar cuáles sean sus transportes y arrobamiento cuando ven en el Cielo el sin número de maravillas realizadas en su virginal Corazón, a partir de su aparición en la tierra hasta el último instante de su vida.

Si el Dios de los Ángeles, halla tan santos y agradables a su divina Majestad, los pasos y andares de esta gran Princesa, que llega a expresarse en estos términos: iOh, qué bellos son tus pies, Hija del soberano Príncipe! (Cant. 7, 1). Y Si invita a la Iglesia triunfante y militante por igual, a celebrar a lo largo de los siglos en la tierra, y por toda la eternidad en el Cielo, los pasos que dio María en su visita a su prima Santa Isabel, ya podéis deducir de qué forma la admira y la honra Él, y de qué manera quiere que nosotros admiremos y honremos con Él los movimientos y afectos de su amabilísimo Corazón.

Si el menor acto de virtud de esta divina Virgen, representado por uno de sus cabellos, es tan agradable a Dios, hasta el punto de declarar Él mismo, que ha sido herido por ella en su Corazón y que le ha cautivado con uno de sus cabellos (Cant. 4. 9), ¿qué cabe pensar de tantos millones de actos de amor que, cual llamas sagradas, brotaban de continuo del horno ardiente de su virginal Corazón totalmente incendiado de amor divino, lanzándose sin cesar hacia el Cielo, hacia el Corazón adorable de la Santísima Trinidad?

Preparación para la Fiesta de la Asunción

(Pequeña Cuaresma de la Madre de Dios del rito Bizantino)

Oh Protectora de los cristianos
indesairable, Mediadora ante el Creador,
irrechazable: no desprecies las súplicas
de nosotros, pecadores, sino acude a
auxiliarnos como bondadosa a los que te
invocamos con fe.
Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica,
oh Madre de Dios, que siempre proteges a
los que te honran.