Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 6

Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 6

Entre todas las maravillas de María, hay una que supera a las demás: el Corazón incomparable de esta gran Reina; que es lo que más cabe admirar en Ella. Porque es un mundo de maravillas; un océano de prodigios; un abismo de milagros; principio y fuente de cuantas raras y extraordinarias cosas se admiran en esta gloriosa Princesa (Salmo 44, 14).

Ha sido la humildad, la pureza y el amor de su Santísimo Corazón lo que en definitiva la ha elevado a la tan sublime dignidad de Madre de Dios; lo que la ha hecho digna en consecuencia de cuantos favores, gracias y privilegios de que la ha colmado Dios sobre la tierra; de cuantas glorias, gozos, felicidades y grandezas ha sido colmada en el Cielo, y de cuantas cosas grandes y maravillosas Dios ha operado y operará por toda la eternidad en Ella y por Ella.

No os maravilléis, por consiguiente, de que os diga que el Corazón virginal de esta Madre de amor es un Corazón admirable. Cierto que es admirable en su Maternidad, pues ser Madre de Dios dice San Bernardo es “el milagro de los milagros”. Pero es asimismo incuestionable que su augustísimo Corazón es un Corazón admirable, por ser principio de su dignísima Maternidad y de cuantas maravillas la acompañan.

¡Oh admirable Corazón de Madre tan incomparable!, ¡qué pena que las criaturas todas del universo no sean otros tantos corazones que os admiren, os amen y eternamente os glorifiquen! Pero sería preciso ser todo corazón para hablar y escribir como es debido del Corazón divinísimo de la Madre de Dios. Convendría tener los espíritus todos y los corazones de los Querubines y los Serafines para conocer perfectamente las perfecciones, y para anunciar dignamente las excelencias del nobilísimo Corazón de la Reina de los Ángeles.

Pero ¿qué estoy diciendo? No basta esto. Sería necesario tener la mente, el corazón, la lengua y la mano de Jesús, Rey de los corazones, para poder comprender, honrar y anunciar, y consignar por escrito las inefables maravillas encerradas en este sagrado Corazón, el más digno, real y maravilloso de todos los corazones, después del adorable Corazón del Salvador.

Preparación para la Fiesta de la Asunción

(Pequeña Cuaresma de la Madre de Dios del rito Bizantino)

Bondadosa, que proteges con amor a los que en tu brazo poderoso se refugian con fe: no tenemos otra intercesión ante Dios en tristezas y pruebas, nosotros pecadores, siempre apesadumbrados por tanta iniquidad.

Madre del Altísimo Dios, Virgen, ante ti nos postramos: salva de las penas a tus siervos.

Gozo de los afligidos, protección de los oprimidos, de los hambrientos sostén, consuelo de los exiliados, y del ciego bastón, el asilo del huérfano, abrigo y amparo de los doloridos, y tierna Visitación.

Madre del Altísimo Dios, te rogamos, oh Intachable: Apresúrate y rescata a tus siervos. En ti he dejado mi entera confianza, oh Madre de Dios, bajo tu amparo consérvame.

Por las oraciones de nuestros santos padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro: ten piedad de nosotros y sálvanos.