Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 27


Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

Oraciones para cada día del mes

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 27

Notad cinco maravillosas prerrogativas del Corazón de Nuestra Madre admirable, que le hacen digno objeto de veneración a los Ángeles y a los hombres.

Es la primera la de ser principio vital de esta Madre divina, principio de todas las funciones de su vida corporal y sensible, tan santa en sí misma y en sus acciones; principio de vida de la Madre de Dios; de la vida de la que dio a luz al Hijo de Dios; de la vida de la Reina del Cielo y de la tierra; de la vida de quien Dios escogió para dar la vida a todos los hijos de Adán, precipitados en el abismo de la muerte eterna; de una vida tan noble, en fin, tan digna y tan santa, que es más preciosa delante de Dios que todas las vidas de los hombres y de los Ángeles juntos.

La segunda prerrogativa de este Santo Corazón, es la de haber preparado y ofrecido la Sangre virginal de que se formó el Sagrado Cuerpo del Hombre-Dios, en las purísimas entrañas de su preciosa Madre. Notad, os ruego, cómo no digo que Nuestro Señor Jesús haya sido formado en su Encarnación en el Corazón de su Madre. Es éste un error que según el Cardenal Cayetano se originó en su tiempo, y que ha sido frecuentemente condenado y rechazado como herejía perniciosa directamente opuesta a la expresión del Ángel: “concebirás en tu seno”. Un error que venía a destruir la divina Maternidad de Nuestra Reina, porque si no había concebido al Hijo de Dios en su virginal seno, no sería realmente Madre suya. Mi afirmación es que su Corazón ha elaborado y prestado la Sangre de que se formó su Cuerpo.

Comparten esta afirmación muchos Doctores de nota al decir que si la Santísima Virgen fue presa en un principio de turbación y temor frente a las alabanzas del Ángel, su sangre se concentró rápida y abundantemente, como acontece en tales casos, en su Corazón para fortalecerla; y que al asegurarla y declararle el Santo Arcángel Gabriel los grandes planes de Dios sobre Ella, este mismo Corazón fue invadido por una gran alegría, que al abrirse y dilatarse como una preciosa rosa, salió de él Sangre hacia las purísimas entrañas, de que el Espíritu Santo se sirvió para formar el Sagrado Cuerpo del Salvador, juntándolo con la Sangre virginal de las mismas entrañas; como era menester para la realización del misterio de la Encarnación.

Mas para mejor inteligencia de esto, advertid en primer término que los Santos Padres, lo mismo que el Sexto Concilio general habido en Constantinopla, aseguran que la materia que la Santísima Virgen ha dado para formar el Cuerpo del Verbo eterno, ha sido su Purísima Sangre.

En segundo lugar, tened presente, que el corazón dispone de dos cavidades, en una de las cuales se encuentran pequeños orificios por donde circula la sangre en comunicación con las restantes partes del cuerpo. Sea lo que fuere sobre el lugar de origen, todos convienen en que la sangre toda del cuerpo humano pasa por el corazón, que en él se perfecciona y transforma, sin que se haga de ella empleo alguno ni en la nutrición del cuerpo, ni en la generación o conservación de la vida, ni en otra función cualquiera, antes de recibir su última transformación en el corazón.

Esto sentado, bien puede afirmarse con toda verdad, o que la Purísima Sangre de que fue formado el Cuerpo adorable de Jesús, en el sagrado seno de María brotó directa e inmediatamente del maternal Corazón de esta Virgen divina, al tiempo de la Encarnación del Hijo de Dios; o, que de no haber brotado inmediatamente, en Él tomó partida y origen; y que el Corazón virginal es su primera fuente. Y que si no ha tomado su primer origen, por Él ha pasado y en Él ha recibido las cualidades y las convenientes y necesarias disposiciones para ser empleada en la inefable generación y admirable alumbramiento del Niño Dios en las benditas entrañas de la Madre de Dios.

Por mi parte preferiría la primera de las tres proposiciones, por ser más ventajosa para el divino Corazón de nuestra gloriosa Reina, y por estar respaldada con la autoridad de un sin número de grandes doctores, principalmente en la forma explicada por Cartagena, cuando afirma que el Espíritu Santo se sirvió de una porción de la Purísima Sangre de la Santísima Virgen brotada de su Corazón, junto con la Sangre virginal de sus benditas entrañas, dispuesta ya a la realización del misterio de la Encarnación, para formar el Cuerpo adorable del Niño Dios.

¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!

Refugio de pecadores, rogad por nosotros.

¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!