Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 25


Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

Oraciones para cada día del mes

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 25

Nuestro Señor Jesucristo honra por sí y por los santos, las facultades, no solamente del alma, sino también del cuerpo de su gloriosa Madre. Ello me lleva a deducir una importantísima y favorabilísima consecuencia para el Corazón augustísimo de esta Madre de amor, como podremos comprobar en el párrafo siguiente.

El Corazón corporal de la Santísima Virgen, por ser la parte más noble de su sagrado Cuerpo, es digno de una veneración particularísima. ¿Sabes, caro lector, por qué me he extendido tanto exponiendo las excelencias de los sagrados miembros del cuerpo virginal de la Madre de Dios, y la veneración a que son acreedores? Para imprimir en tu alma una profunda estima y especialísima devoción en tu corazón hacia el divino Corazón de nuestra Madre admirable, en fuerza de una incontrovertible consecuencia que arranca de cuanto queda ya dicho.

Pues si el Espíritu Santo, el Hijo de Dios y sus Santos celebran con tan sentidos loores los miembros sagrados del sagrado cuerpo de la Madre del Salvador, ¿no salta invenciblemente a la vista, que su bienaventurado Corazón, la primera y más digna parte de su cuerpo, merece una veneración singularísima? Y ¿no debemos compenetrarnos de los sentimientos de nuestro Guía, Jesús, e imitar el ejemplo que nos da? Si, pues, el Hijo primogénito de María, nuestro, jefe y hermano, da muestras de tanto celo para honrar las menores cosas que aparecen en el exterior de su Madre dignísima, ¿quién verá con malos ojos que los demás hijos de esta amorosa Madre, se comporten conforme al espíritu de su Guía, imitando el ejemplo de su hermano, mayor, rindan particular honor a su Corazón materno, y le dediquen una fiesta especial con permiso de la Santa Iglesia?

¿Podría objetar alguno que de establecerse tal fiesta habría de hacerse otro tanto con su cabeza, sus ojos, sus manos y sus pies? Pero esta consecuencia no es necesaria.