Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 2

Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(Para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 2

Como nuestra razón no sabe inclinarse a apreciar y amar una cosa sin conocer el motivo que la hace digna de estima y amor, el infinito celo en que se ve abrasado este único Hijo de María por los intereses de su queridísima Madre, le estimula grandemente a manifestarnos por boca de los Santos Padres y por los oráculos de las divinas Escrituras, aun en este valle de tinieblas, algo de las excelencias incomparables con que se ve enriquecida, reservándonos la parte que excede infinitamente a todo esto para el país de las luces, el Cielo.

Entre estos divinos oráculos, me ha parecido hallar uno en el capitulo doce del Apocalipsis, que viene a ser como un compendio de cuanto más grande y magnífico puede decirse y pensarse sobre esta maravillosa Princesa. Me refiero al expresado en estas palabras: “Apareció en el cielo una señal grande, un prodigio maravilloso, un milagro prodigioso: una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas“. ¿Cuál es este inmenso prodigio? Y ¿quién es esa prodigiosa mujer? San Epifanio, San Agustín, San Bernardo y multitud de Santos Doctores están de acuerdo en que se trata de la Reina de las mujeres, la Emperatriz de los hombres y de los Ángeles, la Virgen de las vírgenes; la mujer que ha llevado en sus virginales entrañas a un hombre perfecto, al Hombre-Dios. Y aparece en el cielo, porque del Cielo procede, y es su obra maestra, la Emperatriz, su gloria y felicidad; y porque nada hay en Ella que no sea celestial; y aun cuando estuvo con el cuerpo en la tierra, con su alma, con su pensamiento, con su corazón y amor estaba en el Cielo.

Preparación para la Fiesta de la Asunción

(Pequeña Cuaresma de la Madre de Dios del rito Bizantino)

Bondadosa, que proteges con amor a los que en tu brazo poderoso se refugian con fe: no tenemos otra intercesión ante Dios en tristezas y pruebas, nosotros pecadores, siempre apesadumbrados por tanta iniquidad.

Madre del Altísimo Dios, Virgen, ante ti nos postramos: salva de las penas a tus siervos.

Gozo de los afligidos, protección de los oprimidos, de los hambrientos sostén, consuelo de los exiliados, y del ciego bastón, el asilo del huérfano, abrigo y amparo de los doloridos, y tierna Visitación.

Madre del Altísimo Dios, te rogamos, oh Intachable: Apresúrate y rescata a tus siervos. En ti he dejado mi entera confianza, oh Madre de Dios, bajo tu amparo consérvame.

Por las oraciones de nuestros santos padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro: ten piedad de nosotros y sálvanos.