Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 15


Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 15

 

¡Oh Jesús, Hijo único de Dios, Hijo único de María! Bien veis que estoy trabajando en una empresa que escapa infinitamente a mis alcances; pero la he emprendido por amor vuestro y de vuestra dignísima Madre, por la confianza que tengo en la bondad del Hijo y en la caridad de la Madre.

Bien sabéis, Salvador mío, que no pretendo otros fines que los de agradaros, y rendiros a Vos y a vuestra divina Madre, un insignificante reconocimiento de tantas y tan grandes misericordias como he recibido de vuestro paternal Corazón, por intercesión de su benignísimo Corazón.

Veis asimismo que de mi parte no soy más que un abismo de indignidad, de ineptitud, de tinieblas, de ignorancia y de pecado, por lo cual renuncio con toda mi alma a cuanto me pertenece; me entrego a vuestro divino espíritu y santa iluminación, me entrego al inmenso amor que tenéis a vuestra querida Madre; me entrego al celo ardentísimo que tenéis por vuestra gloria y por su honor.

Sostened y animad mi espíritu, esclareced mis tinieblas, consumid mi corazón, conducid mi mano, dirigid mi pluma, bendecid mi trabajo, y dignaos serviros de él para acrecimiento de vuestra gloria, honor de vuestra bendita Madre, e imprimir en los corazones de los lectores de estas meditaciones una devoción sincera a su amabilísimo Corazón.