Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 14


Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 14

En segundo término, las conservaba en su Corazón, es decir, en la parte más noble de su alma, en lo más intimo de su espíritu. Porque todas las facultades de la parte superior de su alma se hallaban ininterrumpidamente aplicadas a la contemplación y adoración de cuanto acontecía en la vida de su Hijo, aun lo más insignificante. En tercer lugar, las conservaba en su Corazón, en su Hijo, espíritu de su espíritu y corazón de su Corazón: Jesús las conservaba para ella, sugiriéndoselas y confiándoselas a su memoria cuando lo creía conveniente, ya para que le sirviesen de alimento a su alma para la contemplación, en la que le rendía los honores y adoraciones debidas, ya para que pudiese referirlas a los Apóstoles y Discípulos, que habían de predicarlas a los fieles. Esto es lo que entendemos por Corazón admirable de la predilecta de Dios, que viene a ser imagen exacta del adorable Corazón de Dios y del Dios-Hombre, como vamos a ver con mayor claridad inmediatamente. Tal es el tema egregio de que voy a tratar en este libro. Los tres siguientes capítulos os evidenciarán con toda claridad lo que es en particular el Corazón corporal de la Madre del Salvador, lo que representa su Corazón espiritual, y su Corazón divino.

A lo largo de toda la obra podréis ir encontrando infinidad de asuntos referidos a su Corazón corporal, otros que convienen al Corazón espiritual, cosas que se refieren tan sólo a su corazón divino, y otras que hacen alusión a los tres. De todas ellas podrá beneficiarse vuestra alma si las leéis después de haber elevado vuestro espíritu al Espíritu de Dios, con intención de aprovecharos. A este fin, tendréis que tener presente en la lectura el levantar de vez en cuando vuestro corazón a Dios, para alabarle por la gloria que se da y se estará dando por toda la eternidad a Sí mismo por esta maravillosa obra maestra de su divino amor; para bendecirle por todos los favores con que ha enriquecido este augustísimo Corazón; para darle gracias por las incontables gracias que por su medio ha otorgado a los hombres; y para ofrecerle vuestro corazón pidiéndole a un tiempo que lo modele según este Corazón, destruyendo cuanto le desagrada en él, y esculpiendo en él una imagen del Santísimo Corazón de la Madre del Santo de los Santos, a quien os exhorto ofrecer con frecuencia vuestro corazón con idéntico fin.

Preparación para la Fiesta de la Asunción

(Pequeña Cuaresma de la Madre de Dios del rito Bizantino)

Bondadosa, que proteges con amor a los que en tu brazo poderoso se refugian con fe: no tenemos otra intercesión ante Dios en tristezas y pruebas, nosotros pecadores, siempre apesadumbrados por tanta iniquidad.
Madre del Altísimo Dios, Virgen, ante ti nos postramos: salva de las penas a tus siervos.
Gozo de los afligidos, protección de los oprimidos, de los hambrientos sostén, consuelo de los exiliados, y del ciego bastón, el asilo del huérfano, abrigo y amparo de los doloridos, y tierna Visitación.
Madre del Altísimo Dios, te rogamos, oh Intachable: Apresúrate y rescata a tus siervos.
En ti he dejado mi entera confianza, oh Madre de Dios, bajo tu amparo consérvame.
Por las oraciones de nuestros santos padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro: ten piedad de nosotros y sálvanos.