Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 11

Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 11

A veces se quiere dar a entender todo el interior del hombre; quiero decir, todo lo que con el alma se relaciona, lo mismo que la vida interior y espiritual, de conformidad con las palabras del Hijo de Dios al alma fiel: “Ponedme como un sello sobre vuestro corazón y sobre vuestro brazo” (Cant. 8, 6); es decir, imprimid por una perfecta imitación, la imagen de mi vida interior y exterior en vuestro interior y en vuestro exterior, en vuestra alma y en vuestro cuerpo.

Significa también al Espíritu divino, que es el Corazón del Padre y del Hijo, y que ellos nos quieren dar para que sea espíritu y corazón nuestro: “Yo os daré un corazón nuevo, e infundiré un espíritu nuevo en vuestro pecho” (Ezeq. 36, 26).

Al Hijo de Dios se le llama en la Sagrada Escritura, Corazón del Padre eterno; y de este Corazón habla el Padre a su divina Esposa, la purísima Virgen, cuando le dice: “Llagaste mi corazón, hermana y esposa” (Cant. 4, 9). 0 como traducen los Setenta: Prendiste mi corazón. Este mismo Hijo de Dios es también llamado en la misma Escritura, “espíritu nuestro”, o sea, alma de nuestra alma, Corazón de nuestro corazón. Todos estos corazones se encuentran en la Madre del amor, en la que forman un Corazón único, ya porque las facultades de la parte superior e interior de su alma han estado siempre perfectamente compenetradas, ya porque Jesús, -Corazón de su Padre-, y el Espíritu Santo -Corazón del Padre y del Hijo-, le han sido entregados como espíritu de su espíritu, alma de su alma, y Corazón de su Corazón.

Preparación para la Fiesta de la Asunción

(Pequeña Cuaresma de la Madre de Dios del rito Bizantino)

Oh Protectora de los cristianos
indesairable, Mediadora ante el Creador,
irrechazable: no desprecies las súplicas
de nosotros, pecadores, sino acude a
auxiliarnos como bondadosa a los que te
invocamos con fe.
Sé presta en intervenir y apresúrate con la súplica,
oh Madre de Dios, que siempre proteges a
los que te honran.