Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 10

Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 10

El Corazón denota también el entendimiento, por medio del cual se hace la meditación, que consiste en un discurso y razonamiento de nuestra mente sobre las cosas de Dios, para tratar de persuadirnos y convencernos a nosotros mismos de las verdades cristianas. Es el corazón lo que se indica con estas palabras: “Mi corazón, es decir, mi mente está de continuo aplicada a meditar y considerar vuestras grandezas, vuestros misterios y vuestras obras” (Salmo 18, 25).

Expresa, además, la voluntad libre de la parte superior y racional del alma, que es la más noble de sus potencias, la reina de las otras restantes facultades, la raíz del bien o del mal, la madre del vicio o de la virtud. A este corazón se refiere Nuestro Señor cuando dice: “El hombre bueno – es decir- la buena voluntad del hombre justo, es un rico tesoro del cual no puede salir más que toda clase de bien; pero el mal corazón, o sea, la mala voluntad del hombre perverso, es fuente de toda clase de males” (Luc. 6, 45).

Se entiende por él la parte suprema del alma que los teólogos llaman “punta del espíritu” mediante la cual se realiza la contemplación que consiste en una sola mirada, una simplicísima visión de Dios, sin discurso ni razonamiento, ni multiplicidad de pensamientos. A esta parte del alma entienden los Santos Padres que se refieren las palabras que el Espíritu Santo pone en boca de la Santísima Virgen: “Yo duermo, y mi corazón está en vela” (Cant. 5, 2). Porque el descanso y sueño de su cuerpo no impedía, afirma San Bernardino de Sena, y otros muchos, que su Corazón, es decir, la parte superior de su espíritu, estuviese siempre unido a Dios en altísima contemplación.

 

Preparación para la Fiesta de la Asunción

(Pequeña Cuaresma de la Madre de Dios del rito Bizantino)

Bondadosa, que proteges con amor a los que en tu brazo poderoso se refugian con fe: no tenemos otra intercesión ante Dios en tristezas y pruebas, nosotros pecadores, siempre apesadumbrados por tanta iniquidad.
Madre del Altísimo Dios, Virgen, ante ti nos postramos: salva de las penas a tus siervos.
Gozo de los afligidos, protección de los oprimidos, de los hambrientos sostén, consuelo de los exiliados, y del ciego bastón, el asilo del huérfano, abrigo y amparo de los doloridos, y tierna Visitación.
Madre del Altísimo Dios, te rogamos, oh Intachable: Apresúrate y rescata a tus siervos.
En ti he dejado mi entera confianza, oh Madre de Dios, bajo tu amparo consérvame.
Por las oraciones de nuestros santos padres, oh Señor Jesucristo, Dios nuestro: ten piedad de nosotros y sálvanos.