“Aborrece el pecado pero ama al pecador” NO es doctrina Católica

Contrariamente a la creencia popular, el eslogan: ” Aborrece el pecado pero ama al pecador”, no es doctrina católica ni es de origen  bíblico, y es necesario además, el tener precaución por sus connotaciones.

La tendencia del mundo de hoy,  es que a menudo se suele ver al pecador como una víctima de su pecado , y no el autor del pecado que comete. Este tendencia ha ido en aumento debido al “buenísimo” y a la falsa misericordia tan promovidas en el papado actual, que encuentran su base en la híperventilada frase de Francisco: “y quien soy yo para juzgar”.  En verdad , hay enseñanzas bíblicas que contradicen tal argumento. Por ejemplo, citemos lo siguiente :

– […] y Dios igualmente aborrece al impío y su impiedad; ambos, obra y artífice, serán igualmente castigados.

( Sab. 14:9-10)

– ” No estarán los locos que se gobiernan por afecto o consejo de la carne delante de tus ojos; aborreces a todos los que obran iniquidad. Destruirás a los que hablan mentira. Al varón de sangre y de engaño abominará el SEÑOR.. “

(Salmos 5:6-7 )

Una enseñanza que va más lejos la encontramos en Proverbios:

“Seis cosas aborrece el SEÑOR, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente,  el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que enciende rencillas entre los hermanos. “

( Prov 6:16-19 )

Tengan en claro que las “cosas “que se enumeran” que “el Señor aborrece” son los pecadores que cometen los delitos enumerados . No es una lista de los pecados en abstracto. El pecador alcanza la ira y el rechazo de Dios por los pecados que comete a través de su propia y libre voluntad.

Sin decir , entonces, que si no te gusta el pecado del malhechor no se puede amar al pecador que es su autor . No se puede separar al pecador de su pecado. El pecador es odioso cuando comete pecado y esto debe ser claramente entendido. Los pecados no están condenados aisladamente al infierno por toda la eternidad , sino que es el pecador que no se arrepiente.

Su verdadero origen

“Aborrece el pecado pero ama al pecador” es una paráfrasis tomada de una carta escrita por San Agustín, dando instrucciones a una orden religiosa de monjas sobre determinados medios de disciplina que deben observarse en la corrección de las prácticas ilegales por parte de sus miembros.

Una lectura cuidadosa de la carta de San Agustín deja en claro que la paráfrasis “Aborrece el pecado pero ama al pecador” no se entiende como una panacea para remplazar cualquiera condena o castigo de un malhechor. Su propósito, más bien, era informar de que la condena y el castigo justo, en el sentido cristiano adecuado , no fue por malicia , sino por el bien del delincuente , así como de la comunidad.

“Aborrece el pecado pero ama al pecador” es una frase aparentemente compasiva que se ha fabricado a medida para el entorno actual, en el que la conducta humana ya no es juzgada por el criterio de lo correcto o incorrecto, sino más bien de los caprichos del medio ambiente o la psicofisiología ( una pseudo- ciencia que ha tenido éxito en el enmascaramiento de la psicosis y la cordura como si fueran lo mismo ). Estos son los delirios planteados que sirven para acechar la conciencia recta y subvertir (destruir) la rendición de cuentas para hacer el mal .

En nuestra era  sin embargo , la frase “Aborrece el pecado pero ama al pecador” tiene objetivos muy distintos a la de su autor, de San Agustín. Nuestros *’doctores’ modernistas, han invertido su sentido para condescender con el pecador y disipar su justa responsabilidad y el castigo.

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