A río revuelto, ganancia de «pescadores»: El caso de Don Minutella


 

El que se presenta a continuación, es un artículo publicado en el blog de María Virginia de Gristelli, quien escribe para Infocatolica, y que por el interés que a suscitado en los últimos años el personaje que es objeto del mismo, reproducimos en este medio.

Se trata del supermediático p. Alessandro Minutella, sacerdote italiano que fue excomulgado en el 2018, pero que no obstante, ha logrado hacerse con un significativo número de seguidores, al haberse convertido en el «portavoz oficial» de la indignación provocada por la deriva, abiertamente apóstata, de una gran parte de la Jerarquía de la Iglesia.

Pero resulta que el padre Minutella, bien podría llevar a muchos a un abismo. Ya lo dice el refrán, “a río revuelto, ganancia de pescadores”, y en este revoltijo, el único que no descansa en su afán “pescador” de almas, es el padre de la Mentira, que a menudo se reviste de ángel de luz…

En efecto, en medio del turbio ambiente que se respira en ciertos ámbitos de la Iglesia, son muchos los fieles que buscan afanosamente pastores que rompan el silencio y hablen claro, que mantengan la fe que profesamos en el Credo, que denuncien respetuosa pero claramente las gravísimas heterodoxias, herejías y abusos que incluso se pretenden erigir como normas en más de una diócesis.

Pero en medio de esa búsqueda, así como Dios suscita algunas voces valientes para consuelo de sus pequeños, también permite que el demonio engañe a muchos incautos con falsos profetas que con aparente celo por la verdad, arrastran a muchos al abismo del error y la mentira, fuera de la Iglesia.

Por eso, hay que tener en cuenta, que aún antes de su excomunión ocurrida el año 2018, el p. Minutella había sido amonestado por presuntas “locuciones interiores” sobrenaturales que afirmaba percibir, por medio de las que decía mantener contacto con Nuestra Señora, los ángeles y algunos santos, además de haber hecho surgir un “agua milagrosa” en un terreno cercano a la ciudad de Palermo.

Es necesario recalcar, que ninguno de los mencionados sucesos de supuesto origen «sobrenatural»,  jamás han sido ni reconocidos, ni apoyados por ninguna autoridad en la Iglesia. El mismo sacerdote constituyó asimismo, por un supuesto pedido expreso de Nuestra Señora (sic), una comunidad religiosa femenina, también al margen de toda autoridad eclesial, alegando que se trata de una propiedad privada, centro de espiritualidad mariana llamada “Piccola Nazaret” (Pequeña Nazaret) en la diócesis de Monreale.

Luego de este Decreto, los seguidores de Don Minutella habrían protagonizado ciertos hechos de violencia contra Mons. Pennisi -arzobispo de Monreale-, por lo cual debieron intervenir las fuerzas de seguridad. Algo semejante sucedió cuando organizaron una “sentada” en acción de rebeldía, impidiendo al nuevo párroco ingresar a la Iglesia, al ser Minutella relevado de su cargo como tal en Palermo.

Hay que decir entonces que este sacerdote que acaba de hacer un par de presentaciones en Buenos Aires -de quien no hacemos juicio de intención, pero sí de sus dichos y obras, por ser públicas-, no sólo NO debería ser tomado en cuenta por los fieles, sino que éstos deberían ser seriamente advertidos al respecto. Porque por legítimas que sean algunas de sus críticas al presente estado de cosas en la Iglesia, esto no justifica en absoluto la desobediencia y búsqueda de escándalo con la cual –presumiendo de obrar en nombre de la Iglesia- no ha procedido nunca un verdadero hombre de Dios.

Al observar atentamente sus formas, no podemos sino percibir un tufillo a azufre en tanta autorreferencialidad como la que ostenta este hombre fiándose de sí mismo – la confianza más peligrosa-, autoproclamándose profeta, poco menos que mártir, y desdeñando orgullosamente toda sumisión a la autoridad. Es imperioso tener muy en cuenta que sin obediencia (que no es sinónimo de obsecuencia) y humildad, no se puede obrar en conformidad con Cristo Rey y Crucificado. La desobediencia es en cambio lícita si lo mandado es ciertamente pecado (por ejemplo, si se nos insta formalmente a la idolatría).

Si el árbol se conoce por sus frutos, no podemos sino considerar a un árbol verdaderamente infecto a aquel que juega con las almas más desprevenidas y aún desesperadas, llegando incluso a dejarlas sin el Auxilio más importante que todavía poseemos, que es la Santa Misa, pues a logrado, en efecto, que numerosos fieles se alejen del Santísimo Sacramento, eje, sostén, fuente y culmen de la vida cristiana, al proponer temerariamente que “quien va a Misa con herejes, comete pecado mortal” (ver aquí). No nos extenderemos aquí sobre este tema, pero citamos por el momento al Concilio de Trento, ses. 7 cn 12 (D 355) :

“Si alguno dijere que un ministro que vive en pecado mortal, habiendo observado todos los elementos esenciales que son necesarios para realizar o conferir un sacramento, no realiza o no confiere el sacramento, sea anatema».

Y basándose en la validez del bautismo conferido por herejes, señala San Agustín:

«Así pues, no dejan de ser sacramentos de Cristo y de la Iglesia, por usar de ellos ilícitamente no sólo los herejes si no todos los perversos e impíos; sin embargo estos deben ser corregidos o castigados, en cambio los sacramentos reconocidos y venerados“

 

Y San Jerónimo:

“Si el que bautiza no pudo perjudicar en su fe al bautizado, tampoco el consagrante inficionó en su fe al ordenado y constituido como sacerdote “.

Aclaremos de paso que el ministro hereje o infiel mediante la intención – por la que quiere el sacramento según lo realiza e intenta la Iglesia – se subordina a la Iglesia Católica en la administración de ese sacramento. Y por tanto el sacramento conferido por él es un verdadero sacramento católico. Por eso San Agustín dice también dirigiéndose a los herejes:

“En verdad en vosotros reconozco los sacramentos cristianos. Enteramente reconoce en vosotros la Iglesia lo que es suyo; y no dejan de ser de Ella porque también se encuentren en vosotros. Ciertamente en vosotros son ajenos».

Pero arrogantemente, el sacerdote italiano alega ignorancia para todo el que se le oponga…

Minutella se queja también de que “los medios de comunicación de la verdadera Iglesia lo boicotean”. Lamentablemente, en algunos casos ha sido todo lo contrario, y por eso a todos los que irresponsablemente difunden la persona y mensaje de este sacerdote, hay que señalarles la perturbación de la cual ha dado muestras en varios de sus encuentros –ante un millar de asistentes- como es el caso que se puede ver aquí:

 

Como se puede observar, el sacerdote no sólo dice hablar en nombre de Nuestra Señora y del Padre Pío, sino que pretende identificarse con ellos, al repetir claramente “Soy el Padre Pío” (¿desde cuándo los santos o Nuestra Señora “poseen” a las personas?) . Luego habla de sí mismo en tercera persona como un “hermano pobre”, a quien el Santo recomienda le den la bienvenida y apoyen en su batalla “contra los masones”.

Más adelante, se llega a decir “Ahora voy, porque viene Nuestra Señora”, instando luciferinamente a los presentes a que se postren de rodillas, lo cual éstos hacen (¡¡¡¡!!!!), para proseguir hablando en falsete femenino –lo que sería la voz de María Santísima- refiriéndose a él como “este pobre hijo mío”, o incluso “mi mártir”, anunciando que “será perseguido” y por cuyo intermedio Dios habría decidido recurrir a los presentes, quienes invariablemente portan Rosario en mano. Digamos de paso que Minutella propone la consagración al Inmaculado Corazón de María, con lo cual el anzuelo para los “buenos” es mayúsculo.

Es urgente, pues, promover en los fieles el ejercicio del discernimiento clarificando la doctrina y la espiritualidad genuinamente católica, y esta responsabilidad es grandísima para los sacerdotes y obispos que permanecen callados por temor u obsecuencia con la deriva mayoritariamente modernista, es decir no católica.

No se puede ya anunciar sin denunciar, pretendiendo disimular a los reyes desnudos en cada rincón de la Iglesia, porque los que pierden siempre son los más débiles. Así, éstos terminan dando oídos a los que están animados por el puro espíritu del mundo, o directamente por el príncipe de este mundo, que se complace en la confusión, y no sabe de discreción, de humildad, ni de caridad.

Hay que advertir que los seguidores de Minutella son “ovejas sin pastor” hartos de respirar el humo tan denso y negro que se ha filtrado por las ventanas de la Iglesia, y no soportan ya tanto silencio. De éste se aprovecha –ni lerdo ni perezoso- el diablo para suscitar falsos profetas que sirven más y más a la confusión, porque es mucho más lo que “desparraman” que lo que siembran.

Instamos por tanto vivamente al discernimiento prudente, especialmente de los comunicadores sedicentemente católicos que han prestado sus espacios a la promoción de este hombre, para que sopesen el peligro al que exponen a su público -cuya confianza se han granjeado gracias a abundante material de sana doctrina- y del cual han de dar cuenta en el Juicio.

Recordemos que en horas de silencio de tantos consagrados -que por su propio ministerio deberían alzar la voz-, el papel desempeñado por los medios de comunicación es de capital importancia para la salud de las almas, y no se puede mezclar la paja y el trigo tan livianamente. Forzosamente, en la confusión de lo bueno y lo venenoso, lo que pierde y se rebaja, es lo bueno.

Pues no hay que ser muy despierto para advertir que parte de los frutos de Minutella será el descrédito y estigmatización, para muchos fieles sencillos, de toda crítica seria y fundamentada a la actual situación eclesial. Los enemigos de la Iglesia, agradecidos, pues le han servido el banquete en bandeja de plata.

Son tiempos recios, sin duda, en los que se van definiendo campos muy precisos en algunos aspectos, pero en los que –no lo olvidemos- al precipitarse las horas se agudizan las estrategias del enemigo para hacer tambalear a los más firmes. “El que esté de pie, cuídese de no caer” (1 Cor.10,12).

La salvaguarda de la Resistencia ha de ser hoy la doctrina clara y segura -tradicional-, oración y sacramentos -sin la gracia, nada-, bajo el amparo cierto de María Santísima, pero recordando también que de Ella hay “falsos devotos”, como lo explica S. Luis M. de Montfort en el 3er. Capítulo de su Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen.

Pidamos, pues, por la Iglesia, y que el Espíritu Santo nos guarde a la sombra de Sus alas, conservando la fe íntegra, la esperanza constante y la caridad ardiente, sin perder en el desánimo la cordura y buen sentido necesarios para distinguir los faros de los fuegos de artificio.