7 errores contra la fe en las obras de María Valtorta

El poema del hombre-dios de María Valtorta presenta tantas irregularidades que es difícil entender como es que ha podido tener aceptación en los medios católicos, aún tradicionalistas, al parecer. En general, por las herejías que sustenta- y otras cuestiones negativas adyacentes- no comprendemos como pudo ser aceptada por sacerdotes de formación antigua, como un Romualdo Miglirini asistente espiritual de Valtorta, y un Fray Juan de Escobar, aval de las ediciones de la obra, por lo menos de 1976.

Ya sea, no leyeron cuidadosamente los escritos de María Valtorta, lo cual es difícil de imaginar dada la seriedad del asunto, o fueron cómplices al difundir una obra que tiene serios errores en los asuntos de la Fe.

Primero, le recuerdo al lector que el Poema del Hombre Dios (la obra más aplaudida por quienes siguen a Valtorta) fue colocada en el Índice de Libros Prohibidos por la Congregación Suprema del Santo Oficio en 1959 (ver imagen a continuación). Aunque Pablo VI cerró el Índice en 1966, las acusaciones contra el libro nunca fueron rescindidas ni actualizadas. Por lo tanto, la censura contra los errores en el trabajo de Valtorta sigue siendo efectiva.

 

Lo que se presenta aquí a continuación, es un comentario sobre su trabajo que señala esos errores, algunos de ellos herejías. No es un ataque personal o juicio sobre sus intenciones; más bien demuestra lo que era inaceptable en su trabajo y que hizo que incurriera en una censura eclesiástica antes del Vaticano II.

Algunos de los principales errores en contra de la fe que se encuentran en el poema del Hombre-Dios son los siguientes.

 

1. «La Revelación Divina no terminó con el último Apóstol»

El autor (Valtorta) nos asegura que la Revelación divina continúa y que es ella quien la continúa. Ella afirma que Cristo mismo la llama mi «María Juan», es decir, la nombra una especie de «hermana» de San Juan Evangelista que continuaría su misión. Ella afirma que ha sido acusada de exponer y explicar el Apocalipsis y admite que es posible la evolución del dogma ya definido. Esta evolución dogmática es condenada por la Santa Iglesia (Los dogmas, simplemente no pueden cambiar, no pueden ser verdades irrefutables hoy y mañana dejar de serlo).

De acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, la Revelación divina que comenzó en el Antiguo Testamento se cierra y termina con el Apocalipsis de San Juan, quien escribe:

«Yo atestiguo a todo el que escucha mis palabras de la profecía, de este libro, que, si alguno añade algo a estas cosas, Dios añadirá sobre él las plagas descritas en este libro, y si alguno quita algo de las palabras de esta profecía, quitará Dios su parte del árbol de la vida»

(Apoc 22: 18-19)

Está en contra de la enseñanza de la Iglesia afirmar que la Revelación puede continuar a través de otros «profetas» o explicarse de manera diferente a lo que ya se ha definido dogmáticamente.

Por lo tanto, ningún católico puede aceptar tal «extensión de la revelación» por parte de un «vidente», incluso si ella misma ignora la doctrina de la Iglesia sobre este asunto. Ella afirma haber recibido todo lo que describe y narra como una revelación, no solo en puntos secundarios, sino para aclarar los Evangelios mismos. Por lo tanto, hasta sus escritos, la Iglesia no habría tenido una comprensión clara de ellos…

Según Valtorta, Cristo mismo le habría dicho:

«Esta obra tiene por objeto iluminar ciertos puntos que un conjunto de circunstancias han cubierto de oscuridad y forman así unas zonas obscuras en la luminosidad del cuadro evangélico y puntos que parecen fisuras, y no son sino puntos obscurecidos entre uno y otro episodios, puntos indescifrables y en aclararlos está la llave para comprender exactamente ciertas situaciones…».

Por lo tanto, no solo se nos da la impresión de que falta algo en Apocalipsis y está rectificado por la revelación de Valtorta, sino también que este anuncio proviene de la boca de Cristo mismo…

Es Cristo, según María Valtorta, quien nos asegura que sus escritos están inspirados en el Espíritu Santo y que exhorta a los lectores a escuchar al que a menudo llama su «pequeño Juan» o «María Juan» como una forma de vincularlos. Este desprecio abierto de la enseñanza de la Iglesia de que la Revelación divina terminó con el último Apóstol, es descarada y contradictoria, especialmente cuando el «vidente» afirma que es Cristo mismo quien está contradiciendo la doctrina de la Iglesia.

Por ejemplo, ella dice que Nuestro Señor amonesta a quienes leen su trabajo con objeciones:

“Si objetáis que la Revelación terminó con el último de los Apóstoles y no habría nada más que agregar, ¿y si yo me he querido complacer en reconstruir el cuadro de mi caridad divina así como hace un restaurador de mosaicos que repone las piezas deterioradas y que faltan, y quise hacerlo hasta este siglo en que el linaje humano se precipita en las tinieblas… ? … En verdad deberíais bendecirme, porque he aumentado con nuevas luces la luz que tenéis, y que ya no es más suficiente para ver a vuestro Salvador”.

(Págs. 887 y sig. de la obra)

Es cierto que alguien puede pretender estar iluminado por Dios y asegurarnos que está hablando con Cristo mismo y que estas son cosas reveladas. Lo que es inadmisible es que las herejías y las cosas extravagantes sean aceptadas por personas aprendidas en asuntos religiosos y, repito, por sacerdotes que deberían conocer la enseñanza de la Iglesia.

Según esto, ¡la Santa Iglesia ha esperado durante siglos que aparezca María Valtorta para que la Iglesia continúe y reformar el Evangelio! Y como este es el caso, todos los que no aceptemos sus  explicaciones «reveladas divinamente» estaríamos pecando.

Cabe señalar que los editores de esta edición en español han incluido abundantes notas a pie de página a lo largo del trabajo, observando que la enseñanza de Valtorta cumple con la del Vaticano II … La Iglesia postconciliar, por lo tanto, promueve el Poema del Hombre-Dios por Valtorta como un ejemplo vivo de la evolución del dogma y como ayuda para difundir las herejías posteriores al Vaticano II.

 

2. María Valtorta afirma que la Virgen María es después de Cristo, “la Primogénita del Padre”

En el Volumen 1 del Hombre-Dios, María Valtorta afirma que la Santísima Virgen María es, después de Cristo, «la segunda engendrada del Padre». (pág. 3)

Esta es una herejía, ya que Nuestro Señor Jesucristo es el Hijo unigénito del Padre, consustancial con Él, como se enseña en el Credo: «Creo en Jesucristo, Su único Hijo«. El «primer engendrado de todas las criaturas» es también Cristo, El Verbo que asumió la naturaleza humana.

La Iglesia, que reconoce las muchas glorias de María y su grandeza sobre todas las criaturas humanas, nunca le dio este título o prerrogativa a la Madre de Dios. No puede haber un «segundo engendrado» del Padre, lo que haría a María igual al único Hijo. Si Cristo es el único Hijo, se entiende que un segundo no puede existir.

 

3. Valtorta sustenta la herejía de la redención universal incondicional

Maria Valtorta dice que Jesús mismo le reveló que:

«La pareja Jesús-María es la antítesis de la pareja Adán y Eva. La primera está destinada a anular todo lo que hicieron Adán y Eva, y devolver el linaje humano al punto en que fue creado, rico en gracia y en todos los dones que el Creador le dio. La raza humana se ha encontrado con una regeneración total, por obra de la pareja Jesús-María que son sus nuevos fundadores. Todo el tiempo pasado ha sido borrado. El tiempo y la historia del hombre empiezan desde este momento en que la nueva Eva, por un cambio de la creación, saca de su seno al nuevo Adán».

(Pág. 544)

La doctrina de la Santa Iglesia es como sabemos, que:

“Cristo Redentor se colocó en sustitución nuestra para expiar, pero el hombre para actuar en sí la salvación obrada por Cristo debe adherirse a Él libremente con la Fe y la Caridad”. (Diccionario de Teología Dogmática»

Pietro Parente, pág. 312)

Así pues, sabemos que si bien Cristo murió por todos, no todos los hombres se salvan, como explicita el Concilio de Trento al definir la doctrina dogmática de la Eucaristía, sino sólo aquellos que el Tridentino llama “muchos”.

 

4. «La redención es consumada por María»

María Valtorta afirma que Cristo le reveló que la Redención no fue consumada por Él, sino por Su Madre. (p. 600) Aquí hay otra herejía porque, aunque la Iglesia ve a María como la «corredentora» (pero jamás se ha proclamado como dogma), nunca ha enseñado que ella «obtuvo» la Redención. Esto fue hecho por Nuestro Señor en la Cruz. Sin embargo, Valtorta dice que Jesús le dijo:

“Todos piensan que la Redención terminó con Mi último aliento. No, no lo hizo. La Madre terminó, agregando su triple tortura para redimir la triple concupiscencia «.

Es innecesario señalar que se supone que esta declaración herética proviene de los labios del mismo Cristo.

En cuanto a la «triple concupiscencia» que, según Valtorta, Cristo dice que María sufrió y conquistó para consumar la Redención, notamos que a lo largo de su trabajo, Valtorta afirma que tanto Nuestro Señor como Su Madre, sufrieron «terribles tentaciones carnales» durante sus vidas, que tuvieron que luchar duro para superar.

 

5.- El pecado original fue el acto sexual.

Valtorta afirma que el pecado original fue el acto sexual realizado por nuestros primeros padres (págs. 98, 254, 257, 258).) Estas son largas «revelaciones» que Valtorta supuestamente recibió sobre el tema, pero aquí presentaremos solo los elementos básicos de esta herejía.

Ella afirma que al principio Adán y Eva no sabían cómo engendrar hijos por medio de la unión sexual. En cambio, la procreación se llevaría a cabo por la intervención especial de Dios, sin unión sexual. El conocimiento de esta unión estaba prohibido para Adán y Eva, y este era el cebo utilizado por la Serpiente para tentar a Eva.

En resumen, Valtorta dice:

“Eva se acercó al árbol del bien y del mal para conocer este misterio, estas leyes de la vida. … Ella vino dispuesta a recibir este misterio, no de la revelación de la enseñanza pura y la influencia divina, sino de la enseñanza impura y la influencia satánica «.

En el árbol, Eva encuentra al Seductor:

«… quien canta su canción de mentiras a su inexperiencia, a su hermosa inexperiencia virginal, a su inexperiencia mal guardada.

¿Crees que hay maldad aquí? No, no la hay. Dios te dijo eso porque quiere mantenerte como esclava bajo su poder. ¿Crees que eres rey y reina? Ni siquiera eres tan libre como los animales salvajes. Los animales pueden amarse unos a otros con verdadero amor. No puedes. A los animales se les otorga el don de ser creadores como Dios. Los animales generan pequeños y ven a sus familias crecer tanto como quieran. Tu no. Te niegan esta alegría. ¿Por qué hacerlos hombre y mujer si tienen que vivir así? Sean dioses. No conoces la alegría de ser dos en una carne, lo que crea una tercera y muchas más.

No le creas a Dios cuando te prometió la alegría de la posteridad al ver a tus hijos formando nuevas familias, dejando a su padre y a su madre por sus familias. Te ha dado una vida falsa: la vida real es conocer las leyes de la vida. Entonces, serás como dios y podrás decirle a Dios: Somos iguales a ti».

Baste agregar que las obscenidades en algunas de las descripciones de Valtorta, del diablo que tienta a Eva, son suficientes para despertar dudas, incluso en los más ignorantes sobre la naturaleza de su supuesta «revelación divina» en la Creación.

6.- La doctrina de la Iglesia sobre el pecado original no enseña que involucró el acto sexual.

Según la enseñanza católica, Adán y Eva no ignoraban el uso del matrimonio, ya que, antes de su caída, Adán dijo:

«El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y se convertirán en una sola carne».

(Génesis 2: 24)

Según el Concilio de Orange, fue la desobediencia lo que causó que nuestros primeros padres, creados con plena integridad, perdieran la gracia santificante y otros dones. Entre estas consecuencias vino el desorden en la concupiscencia; es decir, antes de la caída no sufrían un deseo desordenado de placeres sensibles, incluido el sexual. El pecado original fue un acto de desobediencia que no tenía un vínculo directo con la sexualidad, que se expone en muchos catecismos sonoros u obras accesibles como la Teología del Dogma Católico [The Theology of Catholic Dogma] del p. J. Abarzuza (p. 644).

Pero Valtorta insiste una y otra vez en su nueva versión del pecado original con tantos detalles que sugieren que tenía una inclinación mórbida a tratar asuntos sexuales.

 

7.- Nuestro Señor y Nuestra Señora sufrieron tentaciones sexuales.

Valtorta también afirma que, a lo largo de sus vidas, tanto Nuestro Señor Jesucristo como la Santísima Virgen sufrieron terribles tentaciones sexuales, que tuvieron que superar mediante una dura lucha.

En esta declaración, que ella afirma es de una revelación hecha por Cristo mismo, vemos la ignorancia total de Valtorta de la enseñanza dogmática católica sobre los puntos elementales.

Ni Jesucristo, Dios hecho hombre, ni la Santísima Virgen pudieron sufrir tentaciones sexuales porque carecían de lo que la Iglesia llama fomes peccati o inclinación hacia el mal que son los efectos del pecado original. Cristo, como el Hijo de Dios, estaba como un hombre, exento de tal inclinación, ya que estaba sin pecado.

La Santísima Virgen, que estaba destinada a ser la Madre de Dios por la gracia de su Inmaculada Concepción, fue concebida sin pecado; por lo tanto, ella no tuvo consecuencias del pecado original. Al estar impecable, era incapaz de pecar, según la doctrina de la Iglesia.

Tanto Dios el Hijo como la Madre de Dios estaban, por lo tanto, sin pecado original y libres de las inclinaciones hacia el mal que afligen al resto de los hijos de Adán. Por lo tanto, no fueron ni podían ser tentados a hacer el mal. Entonces, es imposible para ellos haber sido tentados hacia los pecados sexuales, como Valtorta insiste repetidamente, poniendo historias de estas tentaciones en la boca del mismo Cristo.

Expongamos brevemente la enseñanza de la Santa Iglesia sobre este asunto en palabras del padre Abarzuza y su magnífico compendio de teología Teología del dogma católico:

«Cristo fue libre de todo pecado» (doctrina definida de la Santa Fe Católica); en virtud de la Unión Hipostática, la voluntad humana de Cristo estuvo siempre y en todas partes sujeta a la voluntad divina. … Cristo no podía pecar, ni había en Él ninguna capacidad para pecar. Fue absolutamente perfecto ”

(Págs 737-38)

La enseñanza de la Iglesia es clara acerca de la impecabilidad de Cristo y María su Madre. Además, cualquier católico fiel puede comprender y aceptar fácilmente que Cristo, como el Verbo encarnado y la segunda persona de la Trinidad divina, no podría tener una inclinación al mal o ser tentado a hacer el mal. Lo mismo se dice de la Virgen María en virtud de su Inmaculada Concepción y su maternidad divina.

En sus historias lamentables, de las supuestas tentaciones sexuales que, según afirma la propia Valtorta, Cristo mismo le informó, hay muchos detalles que ofenden a la Persona Divina del Salvador y a Su Santísima Madre. El poema del hombre-Dios nos hace pensar en Jesucristo «Superestrella» (adefesio teatral adaptado al movimiento hippie) y otras obras profanas creadas para burlarse de la divinidad de Nuestro Señor.

Fuentes

Publicado originalmente en: https://www.traditioninaction.org/religious/e075_Valtorta-1.htm
Autor:Anselmo de la Cruz