7 de Julio: Santos Cirilo y Metodio


Santos Cirilo y Metodio

A los santos Cirilo y Metodio se les atribuye la creación del alfabeto glagolítico, el primer alfabeto utilizado para transcribir el eslavo eclesiástico antiguo.Después de su muerte, sus alumnos continuaron su trabajo misionero entre otros eslavos. Ambos hermanos son venerados en la Iglesia Ortodoxa como santos con el título de «iguales a los apóstoles».

En 1880, el Papa León XIII introdujo su fiesta en el calendario de la Iglesia Católica Romana. En 1980, fueron declarados co-patrones santos de Europa, junto con San Benito de Nursia.


Día celebración: 7 de julio.
Lugar de origen: Tesalónica, Grecia.
Fecha de nacimiento: 827 y 820.
Fecha de su muerte: 869 y 885.
Santo Patrono de: Europa.


Contenido

– Introducción
– Metodio, Monje | Misión de Constantino
– Dos hermanos en Moravia
– El rito eslavo
– Consagración episcopal | Muerte del monje Cirilo
– San Metodio, obispo de Moravia
– Muerte de Metodio y culto a estos santos
– Oración a los Santos Cirilo y Metodio


Introducción

Los Santos Cirilo y Metodio, griegos de linaje, bizantinos por su patria, romanos y apóstoles de la raza eslava por su misión, son, con justo título, considerados como las dos lumbreras de Oriente, porque allí sembraron y propagaron la semilla de la fe cristiana. En vano se ha pretendido presentarlos a la faz del mundo como enemigos del catolicismo, ya que los hechos nos los muestran como sumisos y respetuosos hijos de la Iglesia, inseparablemente unidos al sucesor de San Pedro, y dispuestos siempre a responder al primer llamamiento del Sumo Pontífice y a seguir fielmente sus directivas en la misión de apostolado que emprendieran.

En la ciudad de Tesalónica — hoy Salónica— , iluminada con la luz de la fe por el Apóstol de las gentes, vivía a principios del siglo IX un noble caballero griego, por nombre León, alto funcionario del Estado. Naciéronle dos hijos; el mayor, hacia el año 820, que fue bautizado con el nombre de Metodio, el segundo, que vio la luz primera hacia el 827, pusiéronle por nombre Constantino, pero había de ser más adelante conocido por el de San Cirilo de Tesalónica, célebre en la Historia de la Iglesia como el de su hermano.

Como ambos hablaron desde su infancia la lengua eslava, se ha su­ puesto haber sido su madre de esta nacionalidad, lo cual no es de extrañar,  ya que eran eslavos buena parte de los residentes en Tesalónica. Constantino y Metodio fueron enviados por su padre a Constantinopla, donde pronto se hicieron célebres por su erudición y rápidos progresos. Distin­guióse Constantino por la agudeza de ingenio, especialmente en las artes militares y en la Jurisprudencia, hacia las que le inclinaba su ánimo.

Pero no menos admirable que su ciencia era la santidad de ambos hermanos , por doquier se los citaba como dechados de virtud. Su humildad, piedad y mansedumbre atraían los corazones de cuantos los trataban; la misma emperatriz Teodora los tenía en muy gran aprecio y consideración.

Metodio, Monje | Misión de Constantino

Fue promovido Metodio a la prefectura de la provincia eslava del imperio bizantino, algunos años más tarde, renunció a ella para vestir el humilde y tosco sayal de los basilios en el monasterio de Policronio, cerca de Constantinopla. Constantino se preparaba a seguir sus huellas, cuando los kazares —pueblo que habitaba más allá de la Táurida, hoy Crimea— manifestaron a la emperatriz deseos de abrazar el cristianismo, y le pidieron que enviara algún misionero para instruirlos en la fe.  Hasta entonces, su religión había sido una mezcla de judaísmo y mahometismo.

Entre los años 857 y 860, el emperador Migud III, hijo de Teodora, escogió para aquella misión a Constantino, bibliotecario del patriarca, maestro de filosofía, y que había desempeñado varias funciones diplomáticas. Constantino aceptó el cargo que se le confiaba, y se encaminó a la región donde debía ejercer su apostolado llevando consigo a Metodio, que había ya pasado el tiempo de prueba en un monasterio del monte Atos.

A su paso por Querson — la antigua Quersoneso— se detuvo una temporada para estudiar la lengua de los kazares. Allí encontró las reliquias del papa San Clemente, desterrado y martirizado en aquel país por orden de Trajano. Fue descubierto el cuerpo debajo de unas ruinas, y al lado se hallaba todavía el áncora con que el mártir fue arrojado a las olas.

Se propuso Constantino trasladar las preciosas reliquias a Roma, y mientras aguardaba la ocasión de ejecutar su proyecto, se apresuró a salir para dar término a su misión entre los kazares. Allí confundió a los sectarios judíos y musulmanes, y la nación se hizo cristiana. Mientras permaneció en el país, cifró todos sus afanes en la instrucción del pueblo, y al ser nuevamente llamado a Constantinopla, dejó sacerdotes piadosos e ilustrados para asegurar la permanencia y prosecución de su obra.

Dos hermanos en Moravia

El Cielo reservaba un nuevo campo de acción para ambos hermanos. Porque habiendo llegado a oídos de Ratislao, rey de los moravos, la obra realizada por Constantino entre los kazares, envió una embajada a Teodora, para exponerle su deseo y el de su pueblo, que ansiaba abrazar la religión cristiana, por lo cual le suplicaba que enviase misioneros.

Designados, al efecto, Constantino y Metodio, se encaminaron inmediatamente a Moravia. Ambos fijaron su residencia en Velerado, donde su celo misional obró maravillas (863). Fue entonces cuando Constantino inventó los caracteres glagolíticos — alfabeto usado en Eslavia y Croacia— que tan grandísima utilidad significó para los pueblos eslavos.

Se afírma equivocadamente que la conversión de Bulgaria fue obra directa de estos misioneros. Mas si no fue obra directa de ellos, lo fue de sus discípulos, lo que les da derecho al  agradecimiento de esta nación.

Los resultados del celo de ambos hermanos habían henchido de gozoel corazón del papa San Nicolás I, gozo que aumentó con la noticia del hallazgo de las reliquias de San Clemente, por lo cual el Sumo Pontífice mostró grandes deseos de verlos y de acelerar el traslado de las reliquias del Pontífice mártir, y les instó a llegarse cuanto antes a Roma.

Se dirigieron allá los dos, pero al llegar a la capital del mundo católico, ya había muerto el papa Nicolás. Adriano I I (867), su digno sucesor, seguido del clero y pueblo romano, salió al encuentro de los misioneros, recibió de sus manos las reliquias de su santo predecesor y las depositó en la basílica de San Clemente.

Excavaciones llevadas a cabo en el siglo XIX, para la edificación sub­terránea de la iglesia actual, permitieron encontrar la basílica primitiva, decorada todavía con los frescos que se pintaron en memoria de este traslado. Una de esas pinturas nos presenta a Constantino y Metodio, con los hábitos sacerdotales. Entre ambos está el Papa con el palio sobre la casulla, tiene las manos extendidas en actitud de paternal bondad,  como atrayendo hacia sí a las multitudes que sus misioneros convertían a la verdadera fe.

Es éste el monumento más elocuente, según expresión de un sabio investigador italiano, de la devoción romana hacia los apóstoles de los eslavos, y al propio tiempo una prueba irrecusable y muy expresiva de la subordinación filial eslava a la Sede apostólica.

El rito eslavo

Fueron Constantino y Metodio, los civilizadores de los pueblos eslavos, no solo por haberles llevado el inapreciable tesoro de la fe cristiana, sino también por haberlos dotado, como hemos dicho, de un alfa­beto, por medio del cual, estos pueblos pudieron en adelante escribir en su propia lengua, con grandísima ventaja para el adelanto de su cultura.

Para luchar contra la influencia germánica, que amenazaba ahogar el sentimiento nacional so capa de religión, creyéronse ellos obligados a traducir en lengua eslava los Libros Sagrados y a emplear aquel idioma en los actos del culto. Esta innovación litúrgica, que solo en circunstancias especiales podía justificarse, debía ser ratificada por la autoridad pontificia, y el papa Adriano II, por la Bula Gloría in excelsis Deo, la autorizó solemnemente.

Los dos santos hermanos celebraron conforme a este rito en las grandes iglesias de Roma: San Pedro, San Pablo y San Andrés. Sin embargo, por referencias, tal vez demasiado interesadas, el Sumo Pontífice llegó a sospechar de ambos innovadores, y les dio luego a conocer las acusaciones que se habían levantado contra ellos. Explicaron Constantino y Metodio con toda claridad y franqueza su comportamiento, y terminaron con una espontánea profesión de fe católica, que luego sellaron con el más fervoroso y firme juramento.

Consagración episcopal | Muerte del monje Cirilo

Satisfecho de la entrevista, reconoció Adriano II las relevantes prendas de tan santos varones, y se propuso consolidar la magna obra comenzada. Metodio fue ordenado sacerdote en compañía de algunos discípulos suyos —febrero de 868— ; luego el Papa le consagró obispo y le elevó a la sede arzobispal de Panonia. Afirman algunos, que Constantino recibió la misma dignidad, pero que no llegó a ejercer sus funciones.

De todos modos ya no volvería a ver este último las comarcas por él evangelizadas. Cuarenta- y dos años tenía Constantino, y ya sus fuerzas estaban agotadas. Sintiéndose impotente para sobrellevar la carga episcopal, obtuvo del Papa el debido permiso para retirarse a la soledad del claustro, e ingresó en el monasterio griego de Roma, donde siguió llevando una vida ejemplarísima. Al hacer la profesión religiosa, tomó el nombre de Cirilo.

Murió nuestro Santo, según la leyenda paleoeslava, en brazos de su hermano, el 14 de febrero del 869, a los cuarenta días de ingresar en el monasterio, cuando ya se había conquistado la admiración y cariño de todos. Roma entera lloró su muerte. Metodio pidió autorización al Papa para trasladar el cuerpo de su hermano a Constantinopla, «Nuestra madre —añadió— nos suplicó con lágrimas que nuestros cuerpos, después de muertos, descansasen en tierras de la patria».

El Papa accedió a ello, pero el pueblo rogó con vivas instancias que no le arrebatasen el cuerpo del Santo. Entonces, Adriano II dispuso la inhumación del cuerpo de Cirilo con los honores reservados al Sumo Pontífice, y la concurrencia del clero de ambos ritos latino y oriental, en la basílica de San Pedro y en la tumba reservada a su propia persona.

Dolorido Metodio, al no lograr los mortales despojos de su queridísimo hermano, suplicó que, a lo menos, fuese inhumado en la basílica de San Clemente, en memoria del hallazgo de las sagradas reliquias por el santo misionero. El Papa no puso dificultad, y el cadáver fue definitiva­mente llevado a la basílica clementina, y depositado en magnífico sepulcro construido al efecto, que no tardó en ser lugar de oración para los fieles.

San Metodio, obispo de Moravia

Luis II el Germánico, emperador de Franconia Oriental, que ejercía la soberanía feudal en Panonia y Moravia, veía con sumo recelo el acrecentamiento del poder de Ratislao, cuyo sobrino, Esviatopluk, príncipe de Nitra, gobernaba las provincias orientales, integrantes del reino esloveno. Determinó Esviatopluk, arrebatar a su tío el cetro, para lo cual, aliado con Luis el Germánico que había invadido a Moravia, se apoderó de Ratislao (870), y lo entregó a los alemanes.  Luego se volvió contra Luis el Germánico, obligándole a reconocer su independencia.

Esviatopluk tenía sumo interés en favorecer el rito eslavo, y en proteger la obra de Metodio, arzobispo de Moravia, y de sus sufragáneos, uno de los cuales residía en Nitra. ¿Por qué no lo hizo? Nada nos dice la historia. El hecho es que favoreció a los obispos alemanes que defendían su influencia en esta regiones. El eslavo Esviatopluk se trocó, pues, en instrumento de latinización.

Inspirado por el obispo Viching, introdujo la liturgia latina en sus dominios. Estas pugnas entre obispos alemanes y bizantinos paralizaron en parte el apostolado de Metodio. También surgieron en Roma nuevas dificultades. El papa Juan VIII en 873, prohibió a Metodio la celebración del Santo Sacrificio, en rito que no fuera el latino o griego. Esta prohibición fue reiterada en 879, en el momento en que el misionero recibía la orden de salir para Roma.

Com­ pareció, pues, ante el Pontífice en 880. Por segunda vez explicó y aclaró su comportamiento con tan convincentes razones, que el Papa autorizó en términos claros y formales el uso de la lengua eslava, no solamente para la predicación de la divina palabra sino también para la liturgia.

Fácil es comprender por qué la Iglesia Católica pone tantas dificulta­des para aceptar innovaciones en la liturgia sagrada, sin embargo, las aprueba y confirma una vez consagradas por el uso, o, en casos como el presente, para evitar que algunos pueblos poco instruidos, se dejen arrastrar al cisma por pastores mercenarios o perversos que apelan a la exaltación del sentimiento nacional para sus dañados fines e intereses.

Por otra parte, la Santa Sede consideró deber suyo el amparar la lengua eslava en las iglesias donde se usaba para el servicio divino; única­mente exigieron los Papas fidelidad en las traducciones con el fin de evitar errores de interpretación, y que usasen el eslavo antiguo, así se evitaría que en el transcurso del tiempo, sufriese modificaciones.

Todavía existe en nuestros días, en la liturgia latina, el rito eslavo o glagolítico, en algunas diócesis costeras del Adriático. Este privilegio ha sido confirmado por varios Papas, especialmente por Inocencio IV en 1248, Urbano V III en 1631, Benedicto XIV en 1754, León X III en 1898, Pío X en 1906, y parece estar en vías de extenderse por Yugoslavia.

Muerte de Metodio y culto a estos santos

Celoso continuador de la obra comenzada por San Cirilo, su hermano Metodio parecía haber sido llamado por Dios para evangelizar, ya por sí mismo, ya por sus discípulos y continuadores inmediatos, toda la parte de la Europa oriental que aun no había abrazado la verdadera fe. En Bohemia, la conversión y el bautismo del príncipe Borzivoy y de su mujer Ludmila, arrastraron en pos de sí a toda la nación; que, como suele acaecer, en el buen ejemplo de quienes son cabeza y guía de los pueblos, inspírame éstos mejor que en las palabras.

El santo apóstol tuvo que luchar contra los esfuerzos amistosos y apremiantes de Focio, patriarca de Constantinopla, que a la sazón turbaba la paz de la Iglesia, y que esperaba inducirlo al cisma. Aquellas tentativas no dieron resultado, pues lo que parecía haber originado un conflicto entre el obispo de Panonia y la Santa Sede, era sólo una cuestión disciplinaria y la libertad de un rito, distinto del latino, y no una cuestión dogmática, ni discusión alguna sobre la primacía del Sumo Pontífice. Jamás pudo tildarse a Metodio del más leve desvío para con la doctrina de la Santa
Iglesia Romana, ni para con sus verdaderos y legítimos representantes.

Bastaron, sin embargo, estos ligerísimos y muy naturales motivos, para remover las aguas de la discusión en torno de la ortodoxia de su conducta. La perfecta unión de Cirilo y Metodio con la cátedra de Pedro, ha sido, históricamente, el más firme testimonio de su rectitud y no cabe frente a ella sino reconocer la autenticidad de su doctrina, largamente aprobada por el Cielo con la santidad y con los milagros obrados por sus siervos.

Había llegado ya la hora del descanso, este celoso apóstol que estuviera tan íntimamente unido a su hermano durante la vida, iba muy pronto a juntarse con él en eterno abrazo y a recibir el galardón merecido. Al advertir la proximidad de su fin, designó a Gorazdo, uno de sus pres­bíteros, como sucesor suyo en el episcopado. Dio al clero y al pueblo las últimas instrucciones y consejos y durmióse en la paz del Señor el Martes Santo 6 de abril del año 885.

Su cuerpo fue llevado a Roma con la triple y majestuosa solemnidad de las liturgias latina, griega y eslava, y sepultado en la basílica de San Clemente, junto al de su hermano San Cirilo. La santidad de ambos her­manos fue corroborada por numerosos milagros obrados sobre su tumba.

Desde tiempo inmemorial figuran sus nombres en la liturgia eslava, en la grecobizantina no aparecen hasta el siglo XIII, Polonia, en su oficio de rito latino, los invocaba, desde mediados del siglo XIV, como a patronos y apóstoles del reino.

No obstante, en el correr de los siglos, fuese desvaneciendo la memoria de los dos Santos hasta tal punto que, desde el siglo XIII hasta el XVIII se les negó la paternidad de la liturgia eslava y del alfabeto glagolítico, tan justamente llamado «ciriliense», atribuidos durante dichos siglos a San Jerónimo el Eslavón. Los rusos ortodoxos suprimieron el oficio propio de ambos hermanos en 1682, y en el siglo XVIII , ya ni el calendario hacía mención de ellos. Su memoria fue reivindicada en 1863.

 

Oración a los Santos Cirilo y Metodio

Oh Dios, que iluminaste a los pueblos eslavos mediante los trabajos apostólicos de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concédenos la gracia de aceptar tu palabra y de llegar a formar un pueblo unido en la confesión y defensa de la verdadera fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Santos Cirilo y Metodio | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.
https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-a-san-cirio-y-metodio-4174