5 anécdotas de la persecución del Padre Miguel Pro


 persecución del Padre Pro

El Padre Pro fue quizá el más simpático líder de los católicos mexicanos durante la gran persecución religiosa de 1925-1930, conocida como la «Guerra Cristera» o «La Cristiada». La policía lo perseguía a muerte, pero él les hacia unas jugadas que los desconcertaban.

He aquí algunas, narradas según la tradición del pueblo católico mexicano:

1. Mientras la policía lo buscaba de casa en casa para matarlo, él, muy campante, estaba en un teatro dictando conferencias espirituales a más de cien sirvientas. Y ninguna de ellas contó a nadie dónde estaba el Padre Pro.

2. Iba el Padre Pro en un taxi y de pronto se dio cuenta de que la policía lo venía persiguiendo en otro auto. – «Siga Ud. su viaje, sin detenerse» – dijo al taxista – «que yo me lanzo a la calle» – Y así lo hizo. Pero para disimular el porrazo que se daba echó luego a andar por la calle caminando como un borracho y diciendo palabras sonoras. La policía creyó que era un verdadero borracho y siguió adelante. Solo unos minutos después se dieron cuenta los agentes de que el tal «borracho» era el «Cura Pro», y se devolvieron corriendo, pero ya se les había escapado.

3. Un día en plena calle se dio cuenta de que unos policías venían en su busca. Entró entonces a una droguería y tomando el brazo a una hermosa señorita le dijo: «Diga que es mi novia porque si no me echan a la cárcel». La señorita aceptó, y la policía al verlo del brazo con una muchacha (él iba vestido de civil) creyó que éste no podía ser el Padre que ellos buscaban, porque los sacerdotes no andan así. Unos momentos después llegó el sargento y al describirle ellos cómo era el tipo que iba acompañado por la calle, les gritó furioso: «¡Pues ese es el cura Pro!». Corrieron a prenderlo, pero ya se les había escapado otra vez.

4. Estando el Padre Pro en un alto edificio, presidiendo una reunión de muchachos de Acción Católica, cuando menos pensaron se hallaron con que la policía había rodeado el edificio. El Padre se escondió en un armario en el preciso momento en que entraba al salón el Coronel, con dos pistolas en las manos, preguntando por «El Cura Pro». Los muchachos le dijeron que ellos no sabían dónde estarían dicho sacerdote, pero el militar, lleno de furia les gritó: «¡Tienen un minuto para que me digan dónde está ese cura, o los mato a todos!». Más en ese momento sintió que le colocaban un cañón frío en la nuca. Era el Padre Pro que había salido del armario. – «Suelte esas pistolas o muere», le dijo el Padre. El coronel, tembloroso, soltó las pistolas que fueron recogidas por los muchachos. – «Ahora Uds. huyan», gritó Miguel Pro a los jóvenes. Y estos salieron apresuradamente a esconderse y salir luego por los subterráneos del edificio. Luego el padre dijo con su tono picaresco: «Y Usted, señor coronel, vuélvase para que vea con qué lo puse manos a lo alto y lo desarmé». El coronel dio media vuelta y vio con gran humillación que el cañón frío que había sentido con gran miedo en la nuca era el pico de una botella vacía. Con una simple botella vacía había desarmado el curita a un coronel que llevaba en sus manos dos pistolas cargadas.

5. Pero para evitar que los comunistas mataran a varios católicos que tenían presos, el Padre Pro se entregó a la policía, y ésta lo fusiló junto a una pared. Sus últimas palabras fueron: «Viva Cristo Rey».

 

Persecución del Padre Pro | Fuentes
Publicado originalmente en el desparecido sitio cristiandad.org por la editorial Regina Angelorum