4 de abril: San Isidoro de Sevilla

Obispo y Doctor de la Iglesia, ilustre por su doctrina y santidad, San Isidoro de Sevilla (c.560-636) iluminó España con su celo, su fe católica y la observancia de la disciplina eclesiástica. Nacido en Cartagena, España, fue considerado el hombre más instruido de su tiempo. Fue un escritor prolífico y luchó tenazmente contra los arrianos.
Su nombre brilla en una familia de santos: su hermano mayor, San Leandro, fue su predecesor inmediato en la Sede de Sevilla; mientras que un hermano menor, San Fulgencio, presidió el Obispado de Astigi. Su hermana Florentina era monja, y gobernaba más de cuarenta conventos y mil religiosos.

En sus obras elegidas, hay un texto titulado “Lamentaciones de un pecador“. En él, San Isidro aconseja:

“En todos tus actos, en todas tus obras, en todo tu comportamiento, imita lo bueno; sé un competidor de los santos, vigila el heroísmo de los mártires, sigue el ejemplo de los justos. Es mi deseo que la vida y las enseñanzas de los santos sean para ustedes un estímulo para la virtud.

Tengan un buen espíritu, mantengan su buena reputación y no la disminuyan con ninguna mala acción; no lo dejen caer en deshonra.

Demuestra lo que piensas por tu porte y tu caminar. Ten simplicidad en la forma en que te presentas, pureza en tu caminar, gravedad en tus gestos, honestidad en tus pasos. No muestres lascivia, arrogancia y superficialidad. La postura del cuerpo es el indicador de la mente. Tu caminar, por lo tanto, no debe representar superficialidad.

No te permitas ser un espectáculo por los chismes de los demás; no permitas que tu honor sea degradado. No te asocies con personas vanas. Evita lo malo; rechaza lo indolente huye de la excesiva asociación con hombres, especialmente aquellos que están más inclinados al vicio.

Busca lo bueno, desea su compañía. Busca la compañía de los santos. Si compartes su forma de actuar, compartirás su virtud. Si caminas con hombres sabios, serás sabio; si caminas con idiotas, serás un idiota, ya que las personas buscan a aquellos en la misma linea.

Es peligroso vivir entre malas personas; es dañino estar rodeado por aquellos con voluntades perversas. Te alimentarás de su infamia si te asocias con los indignos. Es mejor sufrir el odio de las personas malvadas que su compañía. Análogamente, de la vida de los santos, el bien viene de la vida de los malvados, porque los que tocan lo inmundo se contaminan”.