31 de Enero: San Juan Bosco

San Juan Bosco nació en una familia humilde proveniente de Turín. Es indiscutible que la personalidad su madre, Mamá Margarita, influyó en su formación. Esta mujer, viuda a los 29 años, marcó profundamente las almas de sus tres hijos. Ella tenía poca educación formal pero notablemente buen sentido. Su rectitud de juicio, gran piedad y firmeza, la convirtieron en una educadora ejemplar. Margarita requería de sus hijos que trabajasen ya sea en la casa o en el campo. Desde el amanecer, después de la oración de la mañana, los niños solían trabajar duro todo el día. «La vida es demasiado corta para perder la mejor parte del día«, diría ella.

La pereza no estaba permitida. Las comidas eran sencillas y por la noche dormían en el suelo. Ella nunca permitió la autocomplacencia y siempre se había concentrado en el cielo: «Somos soldados de Cristo siempre con nuestras armas listas, enfrentando al enemigo, y debemos ganar», solía decir. Así es como ella preparó a sus hijos para la vida.

Bosco, quien realmente se llamaba Juan Melchor Bosco Ochienna, sintió desde muy temprana edad la vocación por el sacerdocio, tanto fue así que invitaba a personas a pasar una tarde placentera mientras deleitaba a todos con lecturas de la Sagrada Biblia en el jardín de su hogar.

No fue sino hasta los 26 años cuando pudo ofrecer su primera misa. Su servicio lo dedicó a ayudar a los niños menos favorecidos, motivo por el cual fundó los Oratorios de San Francisco de Sales y la Congregación de los Padres Salesianos, que se extendieron en países como Francia, España e Italia.

Don Bosco también se desarrolló como educador. Creó un plan educacional que involucraban al juego y el gozo como mecanismo de aprendizaje.

Entre sus obras se encuentran las fundación de la Congregación Salesiana, la Asociación de María Auxiliadora, la Asociación de Salesianos Cooperadores, El Boletín Salesiano y el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.

San Juan Bosco escuchando la confesión de uno de sus muchachos.

Además de la labor de su congregación religiosa, la construcción de iglesias, la fundación de numerosos orfanatos y la preparación de misiones en países lejanos, Don Bosco dedicó tiempo día y noche a escribir. Él sabía cómo servir a la Iglesia con la pluma, a veces combatiendo errores, a veces fortaleciendo a las almas. Como hombre de su tiempo, era consciente de la gran influencia de ese nuevo gigante moderno, la prensa. Utilizó su pluma durante más de 45 años produciendo una variedad de obras de acuerdo con las necesidades de su lucha.

Cuando el Protestantismo lanzó ataques ofensivos contra la Iglesia Católica con folletos periódicos populares, Don Bosco respondió con sus Conferencias Católicas, una publicación mensual con artículos oportunos y preguntas que respondieron a la propaganda Protestante.

Hoy en día la mayoría de la gente tiene un entendimiento revolucionario de lo que es importante. Piensan que los medios económicos son más importantes que las habilidades intelectuales, y que el material es mayor que lo espiritual. Por esta razón, cuando hablan de San Juan Bosco, tienden a subrayar sus trabajos de asistencia social y minimizan su trabajo intelectual. También es necesario reconocer la importancia de los fundamentos que él hizo para ayudar a los niños pobres y darles una buena formación, pero no debe ser recordado principalmente por esos trabajos.

Cuando examinas su vida, ves que pasó muchos años escribiendo; por lo tanto, él era tanto un escritor como un hombre de actividad externa. Es por eso que se une a San Francisco de Sales como uno de los dos santos patrones de la prensa. Pidamos a San Juan Bosco que nos brinde el espíritu de austeridad que tenía y que proteja nuestro trabajo intelectual y nuestro periodismo católico.

 

Oración

Oh Padre y maestro de la juventud, San Juan Bosco, que tanto trabajasteis por la salvación de las almas, sed nuestra guía en buscar el bien de la nuestra y la salvación del prójimo, ayudadnos a vencer las pasiones y el respeto humano, enséñanos a amar a Jesús Sacramentado, a María Santísima Auxiliadora y al Papa, y obtenednos de Dios una santa muerte, para que podamos un día hallarnos juntos en el Cielo.
Así sea.