30 de Agosto: Santa Rosa de Lima

Isabel Flores de Oliva, mayormente conocida como Santa Rosa de Lima por todos sus fieles y devotos, fue una santa Limeña (la primera Santa del nuevo mundo) contemporánea de San Martín De Porres (el primer santo de color).
Fue una laica consagrada al señor y además poseedora de una gran belleza física y espiritual. Durante la cuaresma, era tradición entre las jóvenes de la Lima de antaño el no llevar puesto ningún tipo de maquillaje, esto lo hacían a manera de demostrar su estado de penitencia. Pero Isabel, que nunca lo usaba, solía verse extraordinariamente bella sobre todo en los días de cuaresma, ocasionando los más desatinados comentarios entre quienes pensaban, que Isabel dejando aquella tradición de lado, se había maquillado
La santa sometía su cuerpo a tremendas penitencias físicas. Dedicaba largas horas a la oración llegando a emplear una piedra como almohada para evitar dormirse en medio de ellas.
A pesar de no haber sido realmente una religiosa, vivió una vida de evangelización y de tan profundo amor, que la llevó a servir a los pobres de manera infatigable.

Ya cerca del final de su vida, cayó gravemente enferma. Pasó los últimos tres meses de su vida en la casa de Gonzalo de la Maza, un contador notable del gobierno virreinal, cuya familia le tenía particular cariño. En este lugar se levanta el Monasterio de Santa Rosa de Lima. Murió de tuberculosis a los treinta y un años de edad,3​ en las primeras horas del 24 de agosto de 1617, fiesta de San Bartolomé, como ella misma profetizó y contó el padre Leonardo Hansen. El día de sus exequias y entierro, los devotos se abalanzaban sobre su cuerpo para arrancarle la vestimenta en busca de un recuerdo, aclamándola como santa. Hoy sus restos se veneran en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lima (Santo Domingo), con notable devoción del pueblo peruano (y de América) que visita la Capilla dedicada a su culto en el Crucero del Templo dominicano.

Oración

Oh esclarecida Virgen, Rosa celestial, que con el buen olor de vuestras virtudes habéis llenado de fragancia a toda la Iglesia de Dios y merecido en la gloria una corona inmarcesible; a vuestra protección acudimos para que nos alcances de vuestro celestial Esposo un corazón desprendido de las vanidades del mundo y lleno de amor divino.
¡Oh flor la más hermosa y delicada que ha producido la tierra americana!, portento de la gracia y modelo de las almas que desean seguir de cerca las huellas del Divino Maestro, obtened para nosotros las bendiciones del Señor. Proteged a la Iglesia, sostened a las almas buenas y apartad del pueblo cristiano las tinieblas de los errores para que brille siempre majestuosa la luz de la Fe y para que Jesús, vida nuestra, reine en las inteligencias de todos los hombres y nos admita algún día en su eterna y dichosa mansión.
Amén.

 

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