30 de Agosto: Santa Rosa de Lima

Santa Rosa de LimaIsabel Flores de Oliva, mayormente conocida como Santa Rosa de Lima por todos sus fieles y devotos, fue una santa Limeña (la primera Santa del nuevo mundo) contemporánea de San Martín De Porres (el primer santo de color).

Aproximadamente medio siglo después de la conquista de América por parte de los españoles, la ciudad de Lima, fundada al pie de la Cordillera de los Andes como capital del Virreinato del Perú, sufría una corrupción de costumbres tan grande que San Francisco Solano advirtió a sus habitantes con castigos divinos, tal y como hiciera el profeta Jonás con a Nínive.

La Divina Misericordia, sin embargo, ya estaba actuando en el alma de un niña capaz de hacer la expiación necesaria.

Rosa de Lima, nacida el 20 de abril de 1586, creció bajo la protección de la Divina Bondad. Tomó el hábito de tercer orden de Santo Domingo a los 20 años, ofreciendo oraciones y sacrificios constantes en su pequeño oratorio en el jardín familiar. Tenía solo 31 años cuando, en la noche de la fiesta de San Bartolomé (24 de agosto) en 1617, gritó: «¡El cónyuge está aquí!», y habiendo dicho eso,  entregó su alma a Dios.

El celo por la causa de Dios consumió a esta virgen. Cuando volviera la vista hacia las naciones infieles de América del Sur, lloraría y sufriría tormentos del alma. A menudo aconsejaba a sacerdotes y monjes que acudieran con toda prisa en ayuda de esas naciones.

Santa Rosa de Lima
Reconstrucción facial de Santa Rosa de Lima, realizado por el Equipo Brasileño de Antropología Forense y Odontología Legal (Ebrafol). Crédito: Cicero Moraes vía Wikimedia Commons.

Una vez, una flota holandesa de herejes protestantes se detuvo frente al puerto de Lima. La alarma se levantó en la ciudad para prepararse para una invasión. Rosa corrió hacia la Iglesia de Santo Domingo y, como valiente guerrera, se colocó ante el Tabernáculo para proteger a Nuestro Señor con su vida. Dios, sin embargo, estaba satisfecho con esa manifestación de su dedicación. La flota enemiga finalmente se fue sin dañar la ciudad.

No solo en Lima, sino en todo Perú y América Latina, se recibieron milagros de conversión e innumerables gracias por la intercesión de esa humilde virgen, desconocida hasta su muerte. El Soberano Pontífice testificó que desde el descubrimiento del Perú, ningún misionero había producido un espíritu de penitencia tan universal.

Santa Rosa de Lima fue además poseedora de una gran belleza física y espiritual. Durante la cuaresma, era tradición entre las jóvenes de la Lima de antaño el no llevar puesto ningún tipo de maquillaje, esto lo hacían a manera de demostrar su estado de penitencia. Pero Isabel, que nunca lo usaba, solía verse extraordinariamente bella sobre todo en los días de cuaresma, ocasionando los más desatinados comentarios entre quienes pensaban, que Isabel dejando aquella tradición de lado, se había maquillado.

Santa Rosa de Lima

La santa sometía su cuerpo a tremendas penitencias físicas. Dedicaba largas horas a la oración llegando a emplear una piedra como almohada para evitar dormirse en medio de ellas.

A pesar de no haber sido realmente una religiosa, vivió una vida de evangelización y de tan profundo amor, que la llevó a servir a los pobres de manera infatigable.

Santa Rosa de Lima
Exterior de la Iglesia de Santo Domingo (Lima), donde se encuentran los restos mortales de Santa Rosa de Lima.

Ya cerca del final de su vida, cayó gravemente enferma. Pasó los últimos tres meses de su vida en la casa de Gonzalo de la Maza, un contador notable del gobierno virreinal, cuya familia le tenía particular cariño. En este lugar se levanta hoy en día el Monasterio de Santa Rosa de Lima.

Murió de tuberculosis a los treinta y un años de edad,​ en las primeras horas del 24 de agosto de 1617, fiesta de San Bartolomé, como ella misma profetizó y contó al padre Leonardo Hansen.

El día de sus exequias y entierro, los devotos se abalanzaban sobre su cuerpo para arrancarle la vestimenta en busca de un recuerdo, aclamándola como santa.

Hoy sus restos se veneran en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lima (Santo Domingo), con notable devoción del pueblo peruano (y de América) que visita la Capilla dedicada a su culto en el Crucero del Templo dominicano.

Los mosquitos de Santa Rosa de Lima

A Santa Rosa se le atribuía una relación especial con todo tipo de animales, que la respetaban y obedecían en todas sus peticiones. Según cuenta la historia, la casa de Santa Rosa de Lima tenía una especie de huerto, con charcos y acequias.

Naturalmente, esto atraía a una gran multitud de mosquitos, que no paraban de importunar a la mística mientras oraba. Cuando decidió construir una ermita en esos terrenos, llegó a un acuerdo con los molestos animales: ella prometía no molestarlos y ellos harían lo mismo con ella.

Tan bien funcionó el acuerdo que se cuenta que, cuando Rosa emitía sus alabanzas a Dios, los mosquitos la seguían dando una especie de concierto con trompetillas. Sin embargo, un día apareció por el huerto una amiga de la Santa, la beata Catalina. Esta, a la que los mosquitos no respetaron, mató a uno de un manotazo.

En ese momento Santa Rosa de Lima impone la paz. Pide a la beata que no vuelva a matar a ninguno y a los mosquitos que no piquen de nuevo a su amiga:

“Déjalos vivir, hermana: no me mates ninguno de estos pobrecitos, que te ofrezco no volverán a picarte, sino que tendrán contigo la misma paz y amistad que conmigo tienen”.

Diferente fue el caso de otra beata, Francisca Montoya. Esta ni siquiera se atrevía a acercarse al huerto por miedo a la multitud de mosquitos que allí se habían instalado.

Parece que a la Santa no le gustaron tales prevenciones, así que decidió mandarle un castigo. Eligió a tres mosquitos y les pidió que fueran a picar a la beata:

“Pues tres te han de picar ahora —le dijo Rosa—, uno en nombre del Padre, otro en nombre del Hijo y otro en nombre del Espíritu Santo”.

 

Oración

Oh esclarecida Virgen, Rosa celestial, que con el buen olor de vuestras virtudes habéis llenado de fragancia a toda la Iglesia de Dios y merecido en la gloria una corona inmarcesible; a vuestra protección acudimos para que nos alcances de vuestro celestial Esposo un corazón desprendido de las vanidades del mundo y lleno de amor divino.

¡Oh flor la más hermosa y delicada que ha producido la tierra americana!, portento de la gracia y modelo de las almas que desean seguir de cerca las huellas del Divino Maestro, obtened para nosotros las bendiciones del Señor.

Proteged a la Iglesia, sostened a las almas buenas y apartad del pueblo cristiano las tinieblas de los errores para que brille siempre majestuosa la luz de la Fe y para que Jesús, vida nuestra, reine en las inteligencias de todos los hombres y nos admita algún día en su eterna y dichosa mansión.

Amén.

 

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