3 de Septiembre: Papa San Pio X

3 de Septiembre: Papa San Pio X

El nombre de Pío X se vincula generalmente y con toda razón, al movimiento que purgó a la Iglesia de esa «suma de todas las herejías», al que alguno tuvo la ocurrencia de llamar «Modernismo».

San Pio X, cuyo nombre real fuese Giuseppe Melchiorre Sarto, nació en una familia pobre, humilde y numerosa, el 2 de junio de 1835 en Riese, Italia. Desde pequeño se mostró muy afanoso para los estudios, siendo esa inquietud la que le llevaría a aprovechar muy bien la enseñanza del catecismo. Por entonces, y desde que ayudaba al párroco como monaguillo, el travieso «Beppi» ya les decía a sus padres una frase que reiteraría con frecuencia: «quiero ser sacerdote». Con el tiempo este deseo que experimentó desde niño no haría más que afianzarse y madurar en un ardiente anhelo de responder al prístino llamado del Señor.

El Barón Von Pastor -a su vez es considerado uno de los mejores historiadores modernos- lo definiría de esta manera:

«Era uno de esos hombres elegidos, de los que hay pocos, con una personalidad irresistible. Todos tenían que sentirse conmovidos por su absoluta sencillez y su bondad angelical. Sin embargo, era algo más lo que le hacía entrar en todos los corazones; ese «algo» se puede definir mejor al observar que todo aquél que fue admitido a su presencia salió con la profunda convicción de haber estado frente a un santo. Y, entre más se sabe sobre él, mayor fuerza adquiere esta convicción».

 

Elección de San Pio X

A la muerte de León XIII (el Papa del Santo Rosario), en 1903, todo hacia presagiar que habría de sucederle en la cátedra de San Pedro el cardenal Rampolla del Tíndaro. Las tres primeras votaciones del cónclave indicaron que la opinión general estaba en lo cierto; pero entonces, el cardenal Puzyna, arzobispo de Cracovia, comunicó a la asamblea de electores que el emperador Francisco José de Austria imponía el veto formal contra la elección de Rampolla (lo denunciaba públicamente por ser miembro de la masonería).

El anuncio causó una profunda conmoción; los cardenales protestaron con energía por la intervención del emperador y las cosas llegaron al punto de efervescencia, cuando Rampolla, con mucha dignidad, retiró su candidatura.

Al cabo de otras cuatro votaciones, resultó elegido el cardenal Giuseppe Sarto (San Pio X) . Así llegó a la cátedra de Pedro un hombre de humilde cuna, sin relevantes dotes intelectuales, sin experiencia en las diplomacias eclesiásticas, pero con un corazón tan grande que no le cabía en el pecho, y tan bueno que parecía irradiar gracias: «un hombre de Dios que conocía los infortunios del mundo y las penurias de la existencia y, en la grandeza de su corazón, solo quería arreglarlo todo y consolar a todos».

Primeras acciones de San Pio X

Uno de los primeros acciones llevadas a cabo por el nuevo Papa fue el de recurrir a la constitución «Commissum nobis«, a fin de terminar, de una vez por todas, con cualquier supuesto derecho de cualquier poder civil para interferir en una elección papal, por el veto u otro procedimiento.

Poco después, daría otro paso cauteloso pero definitivo hacia la reconciliación entre la Iglesia y el Estado, en Italia, al levantar prácticamente el «Non Expedit» (en español: “no conviene” es una disposición de la Santa Sede con la cual, por primera vez en 1868 se desaconsejó a los católicos italianos que participaran en las elecciones políticas del país y, por extensión, que participaran en la vida política italiana).

San Pio X contra el Modernismo

El nombre de Pío X se vincula generalmente y con toda razón, al movimiento que purgó a la Iglesia de esa «suma de todas las herejías«, al que alguno tuvo la ocurrencia de llamar «Modernismo«.

Un decreto del Santo Oficio fechado en 1907, condenó a ciertos escritores y ciertas ideas; muy pronto le siguió la carta encíclica «Pascendi dominici gregis«, en la que se indicaban peligrosas tendencias de alcance imprevisible, se señalaban y condenaban las manifestaciones del modernismo en todos los campos. Pero también se adoptaron medidas enérgicas y, a pesar de que hubo furiosas oposiciones, el modernismo en la Iglesia fue desenmascarado.

Ya había conquistado bastante terreno entre los católicos y, sin embargo, no fueron pocos quienes opinaron que la condena del Papa había sido excesiva y obscurantista.

San Pio X un hombre de oración

Pío X, este gran hombre de acción, fue en primer término un hombre de oración. Y la oración que primeramente recomienda, es la oración pública y solemne de la Iglesia: la oración que reúne en una alabanza común, en una oración común, en un sacrificio común, todas las almas bautizadas. Esto es ya un anticipo de la oración de la eternidad; la oración del cielo inaugurada en la tierra y acomodada a las condiciones de este tiempo de prueba.

El papa Santo quiso que los fieles comenzasen por hallar el sentido de esta sublime oración litúrgica, envuelta en la oración que Jesucristo dirige a su Padre, inspirada por el Espíritu Santo, presente en su Iglesia, y oración que debe ser la fuente la inspiración normal de las oraciones privadas, personales, a las que además deben los fieles entregarse cada día.

La oración será siempre la principal palanca de la acción de San Pío X. Pero esta renovación del canto gregoriano no es más que el principio de toda una serie de reformas y empresas de orden litúrgico, que orientarán por sendas nuevas y tradicionales a la vez, la vida espiritual de los bautizados.

Reforma del Breviario, que armoniza y proporciona la distribución de los Salmos, y que da al domingo el puesto preeminente que el culto de los Santos le había hecho perder durante la Edad Media; desarrollo del culto eucarístico, invitación apremiante a la comunión frecuente y diaria, y esto desde el uso de razón; en fin, instauración del ideal del sacerdote tal cual conviene a nuestro tiempo.

Todo el ardor de la caridad del Papa Santo, ignis ardens, se deja ver en sus enseñanzas y en sus prescripciones. De este modo se dilata poco a poco en la Iglesia una maravillosa renovación de vida espiritual, junto con una unión más total de las almas entre sí y con Jesucristo.

Resultado de esto fue el doble acrecentamiento simultáneo, por una parte, de las fuerzas de reistencia contra los ataques o amenazas de los enemigos y, por otra, del grandioso homenaje rendido a Dios en una forma más extensa, más elevada y más pura.

San Pio X Organizador y Legislador

Papa San Pio XNo sin razón el papa Santo había comenzado por recordar al pueblo fiel la importancia capital, no tan sólo de la oración, cosa que nunca se había perdido de vista, sino muy particularmente de la oración litúrgica: es, sobre todo, porque ésta es la oración de la Iglesia. Así pues, queriendo restaurarlo todo en Cristo, por la Iglesia y en la Iglesia convenía invitar a los hombres a volver a hallar a Cristo. La Iglesia es a la vez el camino para llegar a Cristo; y es también el mismo Cristo, extendido y comunicado a todas las almas, pues la Iglesia es su cuerpo místico.

Este cuerpo visible es el que Pío X quiso hacer cada día más atrayente y más acogedor para las almas.

No quiso en manera alguna que la Iglesia pareciese una sociedad religiosa anticuada, una supervivencia medieval, el bello testimonio de un pasado concluido, sin relación con el presente y sin influencia sobre él: era indispensable un esfuerzo sano de reajuste a la sociedad moderna.

No faltaron vivas resistencias. Pero el Papa San Pio X sabía mostrar, cuando hacía falta, no menos fortaleza y tenacidad que dulzura y paciencia.

En pocos años se llevó a cabo toda la reforma; algunas Congregaciones quedaron suprimidas otras se fusionaron, y a todas se las señalaron atribuciones bien precisas.

Solo esta revolución pacífica hubiera bastado para hacer glorioso su pontificado. Mas Pío X a esto añadió todavía la refundición completa del Derecho Canónico. Con todo eso, el Código no se había terminado a su muerte, y fue su sucesor, Benedicto XV, quien le promulgó declarando al mismo tiempo que esta obra importantísima colocaba a Pío X en las filas de los mayores canonistas de la historia.

San Pio X: el defensor de la fe

Pero esta obra de restauración no habría dado mucho fruto si el fundamento mismo de la unidad de la Iglesia, la fe, hubiese quedado directamente amenazado por las infiltraciones de la herejía. El espíritu de orden y de justicia que se manifestaba en las reformas institucionales ya realizadas, debía llevar al Papa Santo a proseguir las enseñanzas de León XIII, y a hacer brillar en toda su pureza la doctrina cristiana. Tuvo por lo mismo lanzarse a la lucha contra la insidiosa herejía que pretendía destruir el fundamento de la fe.

Puede decirse que los once años de su pontificado fueron una magistral y vigorosa afirmación de la fe católica contra ella. Recuerda los grandes dogmas que los modernistas alteraban hasta el punto de aniquilarlos. Sin embargo, con una claridad maravillosa, restablecía todos los elementos de nuestra vocación a un fin sobrenatural, al que sólo se puede llegar mediante la gracia gratuita de nuestro Redentor.

Su máximo anhelo de restaurar todas las cosas en Cristo, se manifiesta sobre todo en esta solicitud por devolver todo su brillo a la pureza de la fe de la Iglesia. Su delicadeza de conciencia era extrema en este punto, y, para desenmascarar y condenar las menores tendencias heterodoxas, demostró una firmeza y una justicia inflexibles.

San Pio X el Papa Santo

Papa San Pio X

Pío XII, al describir en la homilía de la canonización la rica personalidad de San Pío X, dijo de él que era un figura gigante y apacible. Este es, efectivamente, el distintivo de su santidad, la cual supo juntar, mejor que en la mayoría de los demás Santos, una grandeza sobrehumana en la obra que realizó, con una humildad, una bondad, una sencillez que atraía hacia sí las almas.

Supo en primer término cumplir en sí mismo el programa con que había brindado a los hombres: y Cristo reinó como Señor en su corazón, en su inteligencia, en su voluntad. La breve noticia que Pío XII ha insertado en el Martirologio para la fiesta de nuestro Santo, indica en pocas palabras la plenitud de dones y de virtudes sobrenaturales que engalanaba su alma y daba fecundidad a sus obras.

Uno no sabe qué admirar más, si su caridad ardiente, su espíritu de piedad, su sentido de orden y de justicia, su profunda humildad, su desprendimiento o la integridad de su fe y la firmeza de sus directivas. Realizó el ideal del cristiano, del sacerdote y del Pontífice . Y en todas las cosas demostró un sentido penetrante de las necesidades, de las aspiraciones, de las energías de su tiempo.

Es a la vez el juez y el doctor de nuestra sociedad moderna, y es así mismo el modelo de la santidad que conviene a los hombres de hoy. Ojalá nuestras sociedades cristianizadas se vuelvan hacia él, escuchen su mensaje y soliciten sus oraciones. Sometidas de nuevo al suave yugo del Rey Pacífico, hallarán al fin, la solución que ningún otro poder de éste mundo podrá jamás procurarlas.

Muerte de San Pio X

El 24 de junio de 1914, la Santa Sede firmó un concordato con Servia; cuatro días más tarde, el archiduque Francisco de Austria y su esposa fueron asesinados en Sarajevo; a la medianoche del 4 de agosto, Alemania, Francia, Austria, Rusia, Gran Bretaña, Servia y Bélgica estaban en guerra. Era el undécimo aniversario de la elección del Papa. Pío X no solo había vaticinado aquella guerra europea, como otros muchos, sino que profetizó que estallaría definitivamente para el verano de 1914.

Aquel conflicto fue para el Papa un golpe fatal. «Esta será la última aflicción que me mande el Señor. Con gusto daría mi vida para salvar a mis pobres hijos de esta terrible calamidad«. Pocos días más tarde sufrió una bronquitis; al día siguiente, 20 de agosto, murió. Fue, en verdad, víctima de la Guerra.

Los desastres de la Primera Guerra Mundial (1944-1918) que no logró conjurar, le hicieron morir de dolor el 20 de agosto de 1914. El pueblo católico entero le consideró inmediatamente como Santo y después de múltiples gracias y numerosos milagros obtenidos por su intercesión, Pío XII le beatificó el 3 de junio de 1951 y, en fin, le canonizó el 29 de mayo de 1954.

 

Oración a Su Santidad Papa San Pio X

¡Oh glorioso Pontífice, siervo fiel del Señor, humilde y leal discípulo del Divino Maestro en el dolor y en la alegría, en los cuidados y en las inquietudes, Pastor experimentado de la grey de Cristo!, vuelve tu vista hacia nosotros. Difíciles son los tiempos en que vivimos, rudos los esfuerzos que de nosotros reclaman.

La Esposa de Cristo confiada un día a tus cuidados, se encuentra de nuevo entre graves tormentas. Sus hijos se ven amenazados de innumerables peligros en el alma y en el cuerpo. El espíritu del mundo, como león rugiente, ronda en su derredor buscando a quien devorar. Muchos llegan a ser víctimas suyas; tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen; apartan su mirada de la luz de la verdad eterna; oyen la voz de insidiosas sirenas, de mensajes engañosos.

Tú, que fuiste en la tierra un gran inspirador y guía del pueblo de Dios, sé nuestra ayuda y nuestro intercesor y el de todos los que se proclaman discípulos de Jesucristo.

¡Oh Santo Pío X, gloria del sacerdocio y honra del pueblo cristiano! tú, en quien la bondad pareció hermanarse con la grandeza, la austeridad con la mansedumbre, la piedad sencilla con la doctrina profunda; tú, Pontífice de la Eucaristía y del Catecismo, de la fe íntegra y de la firmeza impávida, vuelve tus miradas hacia la Iglesia que tanto amaste y a la que diste el mayor de los tesoros que la Bondad divina había, con mano pródiga, depositado en tu alma.

Obtén la integridad y la constancia en medio de las dificultades y de las persecuciones de nuestros días; alivia a esta pobre humanidad, en cuyos dolores tuviste tanta parte, que acabaron por detener los latidos de tu magnánimo corazón.

Haz que la paz triunfe en este mundo agitado; la paz que debe ser armonía entre las naciones, concordia fraterna y colaboración sincera entre las clases sociales, amor y caridad entre los hombres, a fin de que, de este modo, las angustias que agotaron su vida apostólica, se transformen, merced a tu intercesión, en una realidad de dicha, para gloria de nuestro Señor Jesucristo, quien con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Así sea.

Papa San Pio X, ruega por nosotros.

Fuentes

https://www.corazones.org/santos/pio10papa.htm
http://es.catholic.net/op/articulos/32218/quien-fue-el-papa-san-pio-x.html
https://radiocristiandad.wordpress.com/2018/09/03/san-pio-x-2/

Adaptado por Proyecto Emaús