3 de Octubre: Santa Teresita de Jesús

Desde temprana edad, fue ambición y deseo de Teresa de ser una santa. Nació en el seno de  una familia católica muy piadosa, en la que recibió mucho amor. Ella recuerda el idilio de su primera infancia, pasando tiempo con sus padres y cinco hermanas en la campiña francesa. Sin embargo, este idilio de la primera infancia se rompió con la muerte temprana de su madre (de cáncer de mama). Con solo cuatro años de edad, sintió el dolor de la separación e instintivamente se dirigió a la Virgen María, con quien halló el consuelo y la tranquilidad. El siguiente par de años de la vida de Santa Teresa fue un período  agitado y difícil. Ella era muy infeliz en la escuela, donde su precocidad natural y su piedad, la hicieron objeto de ataques de  otros niños. Finalmente, su padre aceptó que Teresa regresara a casa y fuese enseñada por su hermana mayor, Celine.

Después de un tiempo, su hermana mayor decidió irse de casa e ingresar al convento local del Carmelo en Lisieux. Esto hizo que Teresa sintiera como si hubiese perdido a su segunda madre. Poco después, Teresa experimentó una dolorosa enfermedad, en la que sufrió delirios. Durante tres semanas sufrió de fiebre alta. Finalmente, Teresa se sintió completamente curada después de que su hermana colocara una estatua de la Virgen María al pie de la cama. Teresa sintió que su salud y estado mental volvían a la normalidad muy rápidamente. Poco después, en la víspera de Navidad de 1884, recuerda haber tenido una notable conversión de espíritu. Ella dice que perdió su inclinación a complacerse con sus propios deseos. En cambio, sintió un ardiente deseo de orar por las almas de los demás y olvidarse de sí misma. Ella dice que en este día, perdió la inmadurez de su infancia y sintió un llamado muy fuerte para ingresar al convento a la temprana edad (sin precedentes) de quince años.

 Aunque su padre trataba de mantener los periódicos fuera de la casa, se dio cuenta del notorio caso del impenitente asesino Henri Pranzini, quien debía ser ejecutado en 1887. Tan pronto como Teresa supo sobre esta historio, comenzó a orar por su conversión. Más tarde se supo que justo al último minuto antes de ser guillotinado,  Pranzini besó las llagas de las heridas de Cristo crucificado tres veces.

Inicialmente, las autoridades de la Iglesia se negaron a permitir que una niña,  tan joven,  ingresase en las órdenes sagradas. Le aconsejaron que volviera cuando cumpliese los 21 años y “madure”. Sin embargo, Teresa estaba decidida, no podía soportar esperar; ella sintió que Dios la estaba llamando a entrar en la vida de clausura. Teresa estaba tan decidida, que viajó al Vaticano para presentar una petición personal al Papa. Rompiendo el protocolo, ella le habló al Papa pidiéndole permiso para ingresar a un convento. Un poco sorprendido, el Papa León XIII respondió:

“Bueno, hija mía, haz lo que decidan los superiores”.

Poco después, se cumplió el deseo de su corazón, y ella pudo reunirse con sus dos hermanas en el convento carmelita de Lisieux.

La vida del convento no estaba exenta de dificultades; hacía frío, y el alojamiento era básico. No todas las hermanas se entusiasmaron con esta niña de 15 años. A veces se convirtió en el tema de los chismes, y uno de sus superiores adoptó una actitud muy dura con esta joven mimada de “clase media”. Sin embargo, Teresa siempre buscó responder a las críticas y chismes con la actitud del amor. Sin importar lo que dijeran los demás, Teresa respondió negando su sentido del ego. Eventualmente, la monja que había criticado tanto a Teresa dijo.

“¿Por qué siempre me sonríes, por qué siempre eres tan amable, incluso cuando te trato mal?”

Este era el “caminito” que Teresa buscaba seguir. Su filosofía era que: lo importante no era hacer grandes obras, sino hacer pequeñas cosas con el poder del amor de Dios. Ella creía que si podemos mantener la actitud correcta, entonces no quedará nada que no se pueda lograr.

Teresa tenía la ambición de convertirse en misionera y viajar a África o China. Sin embargo, su precaria salud redujo estos planes y se vio obligada a permanecer en el convento.

Hacia el final de su vida, cuando estaba cada vez más en cama, las ancianas monjas la alentaban a escribir su forma de práctica espiritual. Escribió tres libros que explicaban su “caminito” e incluyó su autobiografía espiritual personal “Historia de un alma“.

Santa Teresa murió a la temprana edad de 24 años a causa de la tuberculosis. Después de su muerte, sus escritos fueron ávidamente leídos primero por las monjas y luego por la comunidad católica en general. Aunque inicialmente estaban destinados solo para un público pequeño, sus libros se han vuelto a publicar con frecuencia. En 1997, Santa Teresa fue declarada como una de las tres únicas mujeres doctoras de la Iglesia Católica (hay 33 doctores de la iglesia en total).

Santa Teresa fue canonizada por el Papa Pío XI el 17 de mayo de 1925, solo 26 años después de su muerte.

Oración

Oh bienaventurada Santa Teresita del Niño Jesús, que habéis prometido hacer caer una lluvia de rosas, desde el cielo, dirigid a mí vuestros ojos misericordiosos y escuchadme en mis múltiples necesidades. Grande es vuestro poder porque Dios os ha hecho grande entro los santos del cielo.

Os suplico, pues, oh mi amable protectora, me alcancéis de Dios las gracias que os pido, siempre que sea para mayor honra de Dios y salvación de mi alma. Os suplico de un modo especial que me hagáis participar de las rosas que nos habéis prometido, apartando mi corazón de las vanidades y placeres caducos de esta vida, y enseñándome a amar a Jesús y a María con amor verdadero, para que así pueda un día gozar con vos de la eterna bienaventuranza.

Así sea.

V. Rogad por nosotros, oh bienaventurada Santa Teresita
R. Para que seamos dignos de la lluvia de rosas que nos habéis prometido.

Amén.

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