29 de Abril: Santa Catalina de Siena


Santa Catalina de Siena

Santa Catalina de Siena (Catalina Benincasa nombre de pila) era parte de una muy numerosa familia (25 miembros). Ella era la hija número 23. Desde muy joven demostró su amor a Dios y a la oración.

Sus padres intentaban distraerla de su devoción, forzándola a llevar a cabo pesadas tareas. Más tarde quisieron casarla con un acaudalado hombre, pero ella puso muy en claro su compromiso con Dios. Al ver su determinación, finalmente desistieron en sus intenciones, logrando finalmente ingresar en la tercera orden de Santo Domingo y siguió, por tanto, siendo laica.

Santa Catalina de Siena se mostró una mujer piadosa con enfermos y pobres, a quienes atendía con amor y despreocupación de su propia vida durante los días de la peste negra que azotó Europa.

Tuvo muy diversas experiencias místicas y visiones del infierno, purgatorio y el cielo, recibiendo estigmas de los que sentía el dolor aunque no eran visibles.
Es considerada Doctora de la Iglesia debido a su libro: «Diálogo de la divina providencia«; en el, la santa recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación.

Según Raymundo de Capua, a la edad de veintiún años (c. 1368), Catalina experimentó lo que ella describió en sus cartas como un «Matrimonio místico» con Jesús, un tema popular en el arte como el matrimonio místico de Santa Catalina.

La teología de Santa Catalina de Siena, se puede describir como mística y la empleó ella misma para fines prácticos para su propia vida espiritual o la de los demás. Utilizó el lenguaje de la filosofía escolástica medieval para elaborar su misticismo experiencial.

Interesada principalmente en lograr una unión incorpórea con Dios, Catalina practicó el ayuno y el ascetismo extremos, hasta el punto de vivir únicamente de la Eucaristía todos los días. Para Catalina, esta práctica fue el medio para realizar plenamente su amor por Cristo.

Como no sabía leer ni escribir, Santa Catalina de Siena comenzó a decir a varios amanuenses sus cartas, afligidas y sabias, dirigidas a Papas, reyes, jefes y a humilde gente del pueblo. Su valiente compromiso social y político suscitó no pocas perplejidades entre sus mismos superiores y tuvo que presentarse ante el capítulo general de los dominicos, que se celebró en Florencia en mayo de 1377, para explicar su conducta.

Ella veía a Cristo como un «puente» entre el alma y Dios y transmitió esa idea, junto con sus otras enseñanzas. Para ello, en Siena, en el recogimiento de su celda, dictó el “Diálogo sobre la Divina Providencia” tributando a Dios su último canto de amor. En los comienzos del gran cisma aceptó el llamamiento de Urbano VI para que fuera a Roma. Aquí se enfermó y murió rodeada de sus muchos discípulos a quienes recomendó que se amaran unos a otros. Era el 29 de abril de 1380: hacía un mes que había cumplido 33 años.

La cabeza de Santa Catalina de Siena

La gente de Siena deseaba tener el cuerpo de Catalina. Se cuenta una historia de un milagro en el que sabiendo que no podían contrabandear todo su cuerpo fuera de Roma, decidieron tomar solo la cabeza que colocaron en una bolsa. Cuando fueron detenidos por los guardias romanos, oraron a Catalina para ayudarlos, confiados en que preferiría tener su cuerpo (o al menos parte de él) en Siena. Cuando abrieron la bolsa para mostrar a los guardias, ya no parecía contener su cabeza, sino que estaba llena de pétalos de rosa.

Festividad: 29 de abril
Año de canonización: 1461
Nacionalidad: Italiana
Santa Patrona de: Europa e Italia.

Oración a Santa Catalina

Santa Catalina de Siena
¡Oh gloriosa virgen Santa Catalina de Siena!, a medida que os consideramos reconocemos en vos a la Mujer Fuerte de los Libros Santos, el prodigio de vuestro siglo, la antorcha luminosa de la Iglesia, la criatura dotada de incomparables dones y que supo reunir las dulces y modestas virtudes de las vírgenes prudentes a la intrepidez y al valor de los héroes. Volved, os rogamos, desde el cielo, vuestros ojos sobre la barca de Pedro, agitada por la tempestad, y sobre su augusto jefe, que ora, vela, gime, exhorta, combate y espera.
Mostrad hasta donde llega vuestro poder cerca de Dios, obteniéndonos a todos el celo para adelantar en las virtudes evangélicas, especialmente en la humildad, la prudencia, la paciencia, la bondad y la diligencia en la práctica de los deberes de nuestro estado. Mantened la concordia de nuestra gran familia y convertid a la Fe a los incrédulos del mundo entero; obtened para nuestra patria la paz verdadera, es decir cristiana, para nuestra Santa Madre la Iglesia el triunfo completo sobre el mal, por la Verdad, el sacrificio y la caridad.
Amén.

Novena breve

Santa Catalina de Siena
Oh maravilloso portento de la Iglesia, virgen seráfica, Santa Catalina, por tu extraordinaria virtud y el bien que lograste para la Iglesia y la sociedad, eres aclamada y bendecida por todo el mundo. Oh, vuelve tu generoso rostro hacia mi, quien, confiado en tu poderoso patrocinio, te llama con todo el ardor y afecto suplicándote que obtengas, a través de tus plegarias, los favores que tan ardientemente deseo (pedir aquí lo que se desea).


Tu, que fuiste una víctima de la caridad, que para beneficiar a tu prójimo obtuviste de Dios los más asombrosos milagros llegando a ser la alegría y la esperanza de todos, tu no puedes dejar de ayudar escuchando las oraciones de aquellos que a tu corazón acuden -el corazón que recibiste del divino redentor en éxtasis celestial.

Si, oh seráfica virgen, demuestra una vez más prueba de tu poder y de tu resplandeciente caridad, para que tu nombre sea por siempre más bendito y exaltado. Concédenos, que habiendo experimentado tu más eficaz intercesión aquí en la tierra, podamos un día darte las gracias en el cielo y disfrutar contigo de la felicidad eterna.
Amén.

Oración breve

Santa Catalina de Siena
Bendita y amada del Señor, y gloriosa santa Catalina: por aquella felicidad que recibisteis de poder unirte a Dios y prepararte para una santa muerte, alcanzadme de su divina Majestad la gracia de que purificando mi conciencia con los sufrimientos de la enfermedad y con la confesión de mis pecados, merezca disponer mi alma, confortándola con el trance terrible de la muerte, y poder volar por ella a la eterna bienaventuranza de la gloria.
Así sea.