27 de Octubre: Beato Contardo Ferrini


Beato Contardo Ferrini

El beato Contardo Ferrini (5 de abril de 1859 – 17 de octubre de 1902) fue un destacado jurista y estudioso del derecho italiano. También fue un ferviente católico romano, que vivió una vida devota de oración y servicio a los pobres. Fue beatificado por el papa Pius XII el 13 de Abril de 1947.


Día celebración: 27 de Octubre.
Lugar de origen: Milán, Italia.
Fecha de nacimiento: 5 de abril de 1859.
Fecha de su muerte: 17 de Octubre de 1902.
Santo Patrono de: Universidades, universitarios, profesores universitarios.


Contenido

– Breve Biografía
– Oración al beato Contardo Ferrini


Breve Biografía

El beato Contardo Ferrini nació en 1859, en un modesto apartamiento de la Vía Pas-serella, en Milán. Su padre, Rinaldo Ferrini, que se había casado el año anterior con Luisa Buccellati, era profesor de matemáticas y de física y poseía los títulos de ingeniero civil y arquitecto. Su hijo heredó sus cualidades intelectuales y su espíritu científico. En efecto, Contardo era un niño excepcionalmente despierto.

Entró a la escuela a los seis años, pero ya antes había aprendido muchas cosas de su padre. Uno de sus compañeros de escuela afirmó que a Contardo no le interesaban más que sus estudios y su religión. En la adolescencia, Contardo no se vio exento de las borrascas sentimentales tan comunes en esa edad, como lo prueban unos versos que escribió con motivo del cumpleaños de su madre cuando él tenía dieciséis. Pero Don Alberto Catena, un sacerdote tan prudente como sabio, amigo de Manzoni y de Verdi, le ayudó a salir adelante de las dificultades.

Por otra parte, Mons. Antonio Ceriani, di-rector de la Biblioteca Ambrosiana de Milán, velaba por el desarrollo intelectual de Contardo. El joven, que deseaba leer la Biblia en las lenguas originales, pidió a Mons. Ceriani que le enseñase el hebreo. El erudito bibliotecario supo secundar los ideales científicos del padre de Contardo, diciendo al joven:

«No os fiéis de los datos de segunda mano, aunque procedan de hombres autorizados. Id directamente a las fuentes de la verdad».

Otro sacerdote que ayudó mucho a Contardo, fue Don Antonio Stoppani, colega de su padre, cuyos conocimientos geológicos y científicos iban unidos con un amor a la naturaleza que había de caracterizar a Contardo durante toda su vida.

En 1876, el joven ingresó en la escuela de leyes del Colegio Borromeo de Pavía. Era un muchacho muy serio y su piedad rayaba en lo que comunmente solemos llamar «beatería». Ello explica, en parte, el hecho de que sus compañeros le hayan tratado con cierta rudeza.

La paciencia con que Contardo soportaba las burlas de los demás, le mereció el apodo de «el San Luis del Borromeo», que algunos empleaban con respeto y otros con sorna. La llama del celo apostólico del joven empezó a crecer por entonces, ya ,que escribió:

«Es bueno predicar con el ejemplo, es bueno predicar con la palabra; pero no hay predicación más efectiva que la de la oración».

Contardo se entusiasmó por la fundación de una congregación mariana de estudiantes y fue uno de los iniciadores de ese movimiento en Italia. Sin embargo, no pudo realizar sus planes sino hasta el año en que salió de Pavía para estudiar en Berlín. La congregación tomó el nombre de San Severino Boecio y todavía existe.

Como quiera que fuese, los ideales apostólicos del joven no produjeron frutos visibles. Sólo obtuvo algunos resultados entre sus compañeros por su trato personal. Por ejemplo, Héctor Cappa no olvidó nunca que había conocido las obras del cardenal Newman gracias a Contardo, y éste fue toda la vida amigo de los condes Pablo y Víctor Mappelli. Las cartas que escribió a este último son una de las principales fuentes para el estudio de la vida y del pensamiento del beato.

Contardo obtuvo el doctorado en 1880 y consiguió una beca para estudiar un año en la Universidad de Berlín. La beca fue renovada por un año más. Antes de trasladarse a ese centro protestante, Contardo redactó un «plan de vida», que comunicó en una carta a Víctor Mappelli. El documento es una prueba de la humildad de su fe y de su tendencia a la vida mística.

Contardo sufrió un poco al abandonar su patria, pero sus primeras impresiones de Berlín le consolaron, ya que encontró ahí a muchos católicos serios y cumplidores y, por otra parte, los estudiantes católicos de la Universidad estaban organizados y eran muy activos. En su obra «Un poco de infinito» relata Contardo la impresión sensible que tuvo de la catolicidad de la Iglesia cuando fue a confesarse por primera vez en el extranjero.

En la conferencia local de San Vicente de Paul, de la que era miembro desde tiempo atrás, se hizo muy amigo del botánico Maximiliano Westermaier y conoció íntimamente a Alfredo Pernice, a Mauricio Voigt y a Zacarías von Liegenthal. Precisamente pensaba en este último cuando escribió que «el protestantismo hace un hombre muy digno de aquél a quien el catolicismo hubiese hecho un santo».

Naturalmente, Ferrini no fue uno de los íntimos de Teodoro Momrnsen; sin embargo, veinte años más tarde, hablando con Bartolomé Nogara, que era entonces director del Museo Etrusco del Vaticano, Mommsen se expresó con el mayor respeto acerca de Ferrini, diciendo que a él se debía el que la primacía de los estudios jurídicos se hubiese desplazado de Alemania a Italia. Mommsen añadió que admiraba ese avance de Italia.

Pero la vida en Berlín tenía también otro aspecto, además del científico, y Contardo se sintió «asqueado ante esa ciudad tan corrompida». La proximidad de los vicios le movió a entregarse más ardientemente a la ascética. Contardo tenía entonces veintidós años y estaba preocupado por el problema de su vocación. ¿Le quería Dios en el matrimonio, en el sacerdocio, en la vida monástica?

Como no se sintiese llamado a ninguno de esos tres estados, hizo, a fines de 1881, un voto de celibato perpetuo.  En el verano de 1883, regresó a Italia e inmediatamente empezó a preparar una edición crítica de la paráfrasis griega de las «Instituciones» de Justiniano. Para llevar a cabo su obra, hubo de visitar las bibliotecas de Copenhague, París, Roma y Florencia, lo cual le ayudó a adquirir un notable conocimiento de diversos idiomas, tan útil en sus estudios.

Hablaba y escribía corrientemente el alemán, el latín y el griego; conocía además el francés, el español, el inglés, el hebreo, el holandés y el sirio, así como algo de copto y sánscrito. Era imposible que sus cualidades permaneciesen ocultas, de suerte que un año después de regresar a su patria, fue nombrado profesor de derecho romano criminal en la Universidad de Pavía.

Dieciocho meses más tarde, fue promovido a la cátedra de exégesis de las fuentes del derecho romano. Uno de sus discípulos recuerda que el nuevo profesor era exigente pero amable y bondadoso. En la conversación privada era muy ágil, pero nunca sarcástico. Sus modales tenían una distinción muy ajena a la altivez, que convenía perfectamente a la dignidad de su posición.

La vida de Contardo estaba totalmente consagrada a Dios, pero en el orden natural, según decía él mismo a sus amigos, su trabajo era como su esposa. El derecho romano le apasionaba y supo hacer de sus investigaciones, de su enseñanza y de sus conocimientos «un himno de alabanza al Señor de toda ciencia».

Por entonces, ingresó Ferrini en la tercera orden de San Francisco. En 1887, fue nombrado profesor de derecho romano en la Universidad de Messina. Durante los siguiente siete años enseñó ahí y en Módena, no cesó de trabajar ni de acrecentar su fama con cada nueva obra que publicaba. Pero, aunque estaba muy contento en Sicilia, quería volver al norte de Italia para estar en su ciudad natal y cerca de la Biblioteca Ambrosiana.

Así pues, en 1894, cuando le propusieron que fuese a suceder en Pavía al profesor Mariani, aceptó con gran gozo. Así empezó el período más fecundo de su carrera. Contardo Ferrini se interesaba por todos los estudios jurídicos, pero se distinguió particularmente en el derecho romano-bizantino.

Cuando el profesor von Ligenthal murió, en 1894, Ferrini, que era su discípulo predilecto, no sólo heredó sus manuscritos, sino también el título reconocido de primera autoridad del mundo en su especialidad. Entre los personajes que contribuyeron de un modo u otro al éxito de su obra, se contaron Aquiles Ratti (más tarde Pío XI) y el Dr. Juan Mercati (más tarde cardenal, bibliotecario y archivista del Vaticano).

Las publicaciones del beato fueron numerosísimas: durante su corta vida escribió más de 200 monografías, que ocupan cinco gruesos volúmenes, sin contar varios libros de texto. Como si eso no fuera suficiente, aún le quedaba tiempo para intervenir en los asuntos públicos.

Después de que los piamonteses ocuparon Roma, en 1870, la Santa Sede declaró que no convenía que los católicos se asociasen con el nuevo régimen, ni siquiera votando en las elecciones de diputados. Ferrini obedeció lealmente esa orden, aunque deploró que «nuestra abstención de la asamblea legislativa abre la puerta a las influencias más indeseables en materia de legislación». Tal vez eso fue lo que le incitó a interesarse por las cuestiones sociales.

Cuando León XIII publicó la encíclica «Rerum novarum» sobre la condición de los trabajadores, el beato se alegró profun-damente. En 1895, fue elegido miembro del concejo municipal de Milán.

Oración al beato Contardo Ferrini

Señor, Dios nuestro, el beato Contardo Ferrini supo armonizar la sabiduría humana con la virtud de la piedad, haz que también nosotros lleguemos a conocerte mejor y a amarte sobre todas las cosas.

Por Jesucristo, nuestro Señor Jesucristo

Amén.

Beato Contardo Ferrini | Fuentes
La vida de los Santos por Butler.