26 de Mayo: San Felipe Neri, el apóstol de Roma

San Felipe Neri

San Felipe Neri era hijo de Francesco di Neri, un abogado de profesión, y de su esposa Lucrezia da Mosciano, cuya familia pertenecía a la nobleza al servicio del estado. Fue criado con esmero y recibió su primera enseñanza de los frailes en San Marco, el famoso monasterio dominicano en Florencia.

A la edad de 18 años, San Felipe Neri fue enviado a casa de su tío, Rómulo, un rico comerciante de San Germano, una ciudad napolitana cerca de la base de Monte Cassino, para ayudarlo en su negocio,  con la secreta esperanza de que pudiera heredar la fortuna de su tío. Con el tiempo se ganó la confianza y el afecto de su tío Rómulo, pero a la sazón, comenzó a alejarse de las cosas del mundo y en 1533 decidió vivir en Roma.

Después de llegar a Roma, San Felipe Neri se convirtió en tutor en la casa de un aristócrata florentino de nombre Galeotto Caccia.  Allí brindó al santo una habitación en la casa, a cambio de encargarse de la educación de sus dos hijos. Después de dos años, comenzó a realizar sus propios estudio. Bajo la dirección de los agustinos estudiaría filosofía en la Sapienza, y teología.

 

El apóstol de Roma

Felipe se encontró en Roma con una Iglesia en donde el colegio cardenalicio era gobernado por los Médici, de suerte que muchos cardenales se comportaban más bien como príncipes seculares que como eclesiásticos. Allí, tristemente buena parte del clero había caído en la indiferencia, cuando no en la corrupción y muchos sacerdotes celebraban la Santa Misa sino rara vez, dejaban arruinarse las iglesias y se desentendían del cuidado espiritual de los fieles.

Al mismo tiempo, el pueblo romano parecía haberse alejado de la fe cristiana. La tarea de Felipe habría de consistir en reevangelizar la ciudad de Roma. Además comenzó su obra entre los enfermos y los pobres que, en su vida posterior, le valieron el título de «Apóstol de Roma».  Felipe, aún laico, comenzó dirigiéndose a las gentes en mercados y plazas, e inició visitas a hospitales, induciendo a otros a acompañarlo.

 

San Felipe Neri: Fuego en su corazón

Felipe consagraba el día entero al apostolado; pero al atardecer, se retiraba a la soledad para entrar en profunda oración y, con frecuencia, pasaba la noche en el pórtico de alguna iglesia, o en las catacumbas de San Sebastián, junto a la Vía Appia.

Se hallaba ahí, precisamente, la víspera se Pentecostés de 1544, pidiendo los dones del Espíritu Santo, cuando vio venir del cielo un globo de fuego que penetró en su boca y se dilató en su pecho. El santo se sintió poseído por un amor de Dios tan enorme, que parecía ahogarle; cayó al suelo, corno derribado y exclamó con acento de dolor: ¡Basta, Señor, basta! ¡No puedo soportarlo más!»

Cuando recuperó plenamente la conciencia, descubrió que su pecho estaba hinchado, teniendo un bulto del tamaño de un puño; pero jamás-le causó dolor alguno. A partir de entonces, San Felipe experimentaba tales accesos de amor de Dios, que todo su cuerpo se estremecía. A menudo tenía que descubrirse el pecho para aliviar un poco el ardor que lo consumía; y rogaba a Dios que mitigase sus consuelos para no morir de gozo.

Tan fuertes era las palpitaciones de su corazón que otros podían oirlas y sentir sus palpitaciones, especialmente años mas tarde, cuando como sacerdote, celebraba La Santa Misa, confesaba o predicaba. Había también un resplandor celestial que desde su corazón emanaba calor. Tras su muerte, la autopsia del cadáver del santo reveló que tenía dos costillas rotas y que éstas se habían arqueado para dejar más sitio al corazón.

 

San Felipe Neri Conoce a San Ignacio de Loyola

De esta manera y durante diecisiete años, San Felipe Neri vivió como laico en Roma, predicando, llevando la palabra de Dios y buscando la conversión de todos aquellos pecadores. Hacia 1544 estableció amistad con San Ignacio de Loyola, a quien quiso seguir como misionero en Asia, aunque finalmente desistió porque deseaba continuar con la labor iniciada en Roma, constituyendo el núcleo de lo que después se convirtió en la Hermandad del Pequeño Oratorio.

 

La fundación de una cofradía

En 1548, junto con su confesor, Persiano Rossa, SanFelipe Neri fundó la Cofradía de la Santísima Trinidad de Peregrinos y Convalecientes cuyo principal objetivo era atender a las necesidades de los miles de peregrinos  y pobres que acudían a Roma, especialmente en los años de jubileo, y también para aliviar a los pacientes dados de alta de los hospitales pero que todavía se sentían demasiado débiles para trabajar. Los miembros se reunian para orar en la Iglesia de San Salvatore in Campo  donde se introdujo por primera vez en Roma, la devoción de las cuarenta horas de exposición del Santísimo Sacramento.

 

la Ordenación de San Felipe Neri y el oratorio

En 1551, Felipe recibió todas las órdenes menores, y fue ordenado diácono y finalmente el día 23 de Mayo, fue ordenado sacerdote. Se instaló, con algunos compañeros, en el Hospital de San Girolamo della Carità, y  comenzaba en 1556, el instituto con el que su nombre está más especialmente relacionado: La hermandad del pequeño Oratorio.

Al principio, el esquema no era más que una serie de reuniones nocturnas en un salón (el Oratorio), en el que había oraciones, himnos y lecturas de las Escrituras, los padres de la iglesia y el martirologio, seguidas de una conferencia o discusión de ciertas materias religiosas propuestas para su consideración.

Giovanni Palestrina; uno de los seguidores de San Felipe Neri,  compuso música para los servicios.  El programa se desarrolló y los miembros de la sociedad llevaron a cabo varios tipos de trabajo misionero en toda Roma, especialmente la predicación de sermones en diferentes iglesias cada noche, una idea completamente nueva en ese momento.  También pasaba gran parte de su tiempo escuchando confesiones.

San Felipe a veces dirigía «excursiones» a otras iglesias, a menudo con música para el camino. En 1553, Neri comenzó la tradición de hacer una peregrinación de un día a siete iglesias, comenzando desde la Basílica de San Pedro y terminando en la Basílica de Santa Maria Maggiore.

Él y unos pocos amigos se reunían antes del amanecer y emprendían su «Paseo de las Siete Iglesias». La calle que une la Basílica de San Pablo Extramuros con San Sebastiano,  todavía se llama «Via delle Sette Chiese» (Vía de las siete iglesias). Estas peregrinaciones fueron diseñadas para ser un contrapunto al comportamiento escandaloso que proponía el  Carnaval. Los Paseos se hicieron muy populares y comenzaron a atraer a muchos.

 

El traslado del Oratorio y la nueva iglesia

En 1564, un grupo de florentinos solicitó a San Felipe Neri que dejara San Girolamo para supervisar una iglesia recién construida en Roma, San Giovanni dei Fiorentini. Al principio se mostró reacio, pero con el consentimiento del Papa Pío IV aceptó, pues se le  permitía permanecer a cargo de San Girolamo, donde se mantenían los ejercicios del Oratorio.

En este momento, la nueva sociedad incluía entre sus miembros a Caesar Baronius, el historiador eclesiástico, Francesco Maria Tarugi, luego Arzobispo de Avignon, y Ottavio Paravicini, los tres de los cuales fueron posteriormente cardenales, y también Gallonius (Antonio Gallonio), autor de un profundo trabajo sobre los sufrimientos de los mártires, Ancina, Bordoni y otros hombres de habilidad y distinción.

En 1574, los florentinos construyeron un gran oratorio o sala de misiones para la sociedad, junto a San Giovanni, para ahorrarles la fatiga del viaje diario hacia y desde San Girolamo, y para proporcionar un lugar de reunión más conveniente, y la sede fue trasladada allí.

A medida que la comunidad crecía y su trabajo de misión se extendió, se hizo sentir la necesidad de una iglesia totalmente propia. Se ofreció y aceptó la pequeña iglesia parroquial de Santa Maria en Vallicella, convenientemente situada en el centro de Roma. El edificio, sin embargo, no era lo suficientemente grande para el propósito, fue  entonces derribado y una espléndida iglesia se levantó en el mismo lugar.

Inmediatamente después de tomar posesión de sus nuevos cuarteles, Felipe organizó formalmente, con permiso de una bula papal con fecha del 15 de julio de 1575, una comunidad de sacerdotes seculares, llamada Congregación del Oratorio.

La nueva iglesia fue consagrada a principios de 1577, y el clero de la nueva sociedad renunció de inmediato al cargo de San Giovanni dei Fiorentini; el mismo Felipe no abandonó San Girolamo hasta 1583, y solo en virtud de una orden del Papa de que él, como superior, residiera en la casa principal de su congregación. Primero fue elegido por un período de tres años (como era común en las sociedades modernas), pero en 1587 fue nombrado superior de por vida.

Sin embargo, estaba totalmente libre de ambición personal y no tenía ningún deseo de ser superior general, por lo que deseaba que todas las congregaciones formadas en su modelo fuera de Roma fueran autónomas, se gobernaran a sí mismas y no contaran con ninguna disposición.

Aparición de la Virgen y curación

san felipe neri
El cuerpo de san Felipe Neri se conserva en la Chiesa Nuova, bajo una copia en mosaico de una pintura de Guido Reni.

San Felipe Neri fue siempre de salud delicada. En cierta ocasión, la Santísima Virgen se le apareció y le curó de una enfermedad de la vesícula. El suceso aconteció así: el santo había casi perdido el conocimiento, cuando súbitamente se incorporó, abrió los brazos v exclamó:

«¡Mi hermosa Señora! «Mi santa Señora!»

El médico que le asistía le tomó por el brazo, pero San Felipe le dijo:

«Dejadme abrazar a mi Madre que ha venido a visitarme».

Luego, cayó en la cuenta de que habían en la habitación varios testigos y cual niño, escondió el rostro entre las sábanas, pues no le gustaba que le tomasen por santo.

Dones extraordinarios de San Felipe Neri

San Felipe tenía el don de curación, devolviéndole la salud a muchos enfermos. También, en diversas ocasiones, predijo el porvenir. Vivía en estrecho contacto con lo sobrenatural y experimentaba frecuentes éxtasis. Quienes lo vieron en éxtasis dieron testimonio de que su rostro brillaba con una luz celestial.

 

Muerte de San Felipe Neri

San Felipe Neri murió el 25 de mayo de 1595, en la Fiesta de Corpus Christi de ese año, después de haber pasado el día escuchando confesiones y recibiendo visitas. Alrededor de la medianoche comenzó a sufrir una hemorragia, el cardenal César Baronio, que le había sucedido como superior, le dio la extremaunción. Baronio le pidió que bendijera a sus hijos espirituales antes de morir, y aunque ya no podía hablar, los bendijo con el signo de la cruz y expiró.

Fue beatificado por Pablo V en 1615 y canonizado por el papa Gregorio XV en 1622.  Su memorial se celebra el 26 de mayo. Su cuerpo es venerado en la Chiesa Nuova («Iglesia Nueva») en Roma.

 

Oración a San Felipe Neri

Oh dulce San Felipe, que glorificaste a Dios y te perfeccionaste, siempre con tu corazón puesto en Él, y tuviste una gran caridad por todos los hombres ahora vienes del cielo en mi ayuda.

Ves que yo sufro bajo el peso de muchas miserias, y vivo en una continua lucha de pensamientos, de deseos, de cariños y de pasiones, que me querrían alejar de Dios.

¿Y sin Dios qué haría yo?

Sería un esclavo que colmado de miseria ignora la misma esclavitud.

Pronto el enojo, el orgullo, el egoísmo, la impureza y ciento de otras pasiones devorarían mi alma.

Pero yo quiero vivir con Dios; por eso invoco humildemente y confiadamente tu ayuda.

Intercede para que obtenga el regalo de la santa caridad; haz que el Espíritu Santo, el que te inflamó milagrosamente, descienda con sus regalos en mi alma.

Consígueme que yo pueda, aunque sea débilmente, imitarte.

Qué yo viva en el continuo deseo de salvar almas para Dios; qué yo las conduzca a él, siempre imitando tu dulce mansedumbre.

Que pueda ser casto de pensamientos, de deseos y de cariños, como fuiste tú.

Concédeme aquella santa alegría de espíritu que procede de la paz del corazón y de la plena resignación a la voluntad a la voluntad de Dios.

Alrededor de ti exhaló un aire benéfico, que sanó a las almas enfermas, tranquilizó a las temerosas, aseguró las tímidas, confortó a las afligidas.

Tú has rezado por los que te maldecían; por los que te perseguían; conversaste con los justos para perfeccionarlos, y con los pecadores para reconducirlos a la conciencia.

¿Pero por qué no he sido capaz de imitarte? ¡Cuánto lo desearía! ¡Me parecería tan santificante hacerlo!

Ruega por mí pobre alma, para que yo pueda realmente imitarte en la vocación a la que he sido llamado, que siempre sea apóstol de Cristo. Favoreciendo a las almas que me ha puesto en el camino, para convertirlas a ÉL.

Si tuviera el corazón lleno de Dios, llevaría tu apostolado que es el mismo que el de Jesús, a mi familia, a mi trabajo, a la iglesia a los hospitales, con los enfermos y también con los sanos, a los ricos y a los pobres. A todos los que necesiten de la simplicidad del amor de Dios.

Te lo pido por nuestro Señor Jesucristo.

Amén.