25 de Mayo: San Gregorio VII

san gregorio vii

San Gregorio VII  fue uno de los grandes papas reformadores, y quizás sea más conocido por el papel que desempeñó en la Querella de Investiduras, su disputa con Enrique IV, el Sacro Emperador Romano que afirmó la primacía de la autoridad papal y la nueva ley canónica que rige la elección del Papa por el colegio de cardenales. Fue el primer Papa en varios siglos en imponer rigurosamente la antigua política de celibato de la Iglesia Occidental para el clero y también atacó la práctica de la simonía.

El papa San Gregorio VII excomulgó a Enrique IV tres veces. En consecuencia, Enrique IV nombraría al Antípapa Clemente III para que se opusiera a él en las luchas de poder político entre la Iglesia Católica y su imperio.

San Gregorio es aclamado como uno de los más grandes pontífices romanos. Debido a que este Papa era un defensor tan prominente de la supremacía papal, su memoria fue evocada en muchas, tanto positiva como negativamente, a menudo reflejando la actitud de estos escritores hacia la Iglesia Católica y el papado.

Beno de Santi Martino e Silvestro, quien se opuso a San Gregorio VII en la Querella de Investiduras, le impuso cargos como la nigromancia, la tortura de un antiguo amigo en un lecho de clavos, por  intento de asesinato, por ordenar ejecuciones sin juicios, por ordenar excomuniones injustas, por dudar de la Presencia Real en la Eucaristía, e incluso de la quema de la Eucaristía. Esto fue repetido con entusiasmo por los opositores de la Iglesia Católica, como el protestante inglés John Foxe.

 

Vida Temprana

San Gregorio VII nació en Sovana, cerca de Sorano, en Toscana, alrededor de 1020. Su nombre real era Hildebrando di Soana, que revela el origen germánico de su familia, los Aldobrandeschi, una familia noble que gobiernó como condes de vastos territorios en el sur de la Toscana.

Sin embargo, según algunas fuentes, y probablemente con el deseo de mostrar un paralelo con Cristo durante el proceso de canonización, Hildebrando nació en una familia de clase media y su padre habría sido un carpintero. (El historiador Johann Georg Estor afirma que era hijo de herrero).  Cuando joven, fue enviado a estudiar a Roma en el monasterio de Santa María en el Aventino, donde, según algunas fuentes no confirmadas, su tío era abad de un monasterio en la Colina del Aventino.

Allí se educó y habría tenido por maestro Jean Gratien, el futuro Papa Gregorio VI quien fuese un reformador ferviente. La cultura de Hildebrando sería más mística que filosófica: se alimentaría más de los salmos o de los escritos de Gregorio el Grande (de los cuales él y su mentor tomarán el nombre al adherirse al trono de San Pedro) que de San Agustín. Se une a Jean Gratien, quien lo convirtió en su capellán acompañándole hasta su muerte.

 

El periodo de crisis moral

El final del siglo IX y principios del siglo X estuvo marcado por el debilitamiento del poder público debido a la disolución del Imperio carolingio. Frente a las invasiones y las guerras privadas engendradas por el surgimiento de una nueva élite guerrera que se apodera de los territorios, los clérigos buscan la protección de los poderosos. A cambio, estos últimos se apropiaron del derecho de disponer de los bienes de las iglesias y de nombrar a los titulares de cargos eclesiásticos, de abadía y parroquiales.

A partir de ese momento, estos puestos se confían a los laicos, a menudo como compensación, y su transmisión era incluso a veces hereditaria. La Iglesia sufre una verdadera crisis de moralidad: los oficios y bienes de la Iglesia están sujetos a la simonía y a la clerogamia (Nicolaísmo: amancebamiento de los clérigos. ) están muy extendidas, particularmente en Italia, Alemania y Francia.

En respuesta, esta era está marcada por un fuerte movimiento de reforma monástica, que obtiene la autonomía de muchas abadías e impone una moralización en la conducta de la caballería. El movimiento lo lleva en gran parte Cluny, pero además son las abadías benedictinas de Brogne en Bélgica y Gorze en Lorena las que propagan esta reforma. Es con este espíritu que Hildebrando es educado.

 

Los tres Papas

Debido al vasto tamaño del Imperio, la autoridad del gobernante germánico es bastante débil en Italia. Las grandes familias romanas (y especialmente los Condes de Tusculum) acostumbrados a elegir al Papa, han reanudado sus prerrogativas anteriores: tres papas de la familia de Tusculani se suceden desde 1024.  Benedicto IX (el último de aquellos tres), elegido muy joven, se comporta de una manera tiránica e indigna.

Criticando su baja moral, los insurgentes romanos eligen un antipapa en 1045 (Silvestre III). Ante esta dificultad, Benedicto IX revende su oficina a Jean Gratien quien, pensando en restaurar el orden, acepta este acto de simonía y toma el nombre de Gregorio VI. Sin embargo, no aplica la reforma y el desorden aumenta. El resultado: tres papas «compartiendo» el mismo papado.

Enrique III interviene militarmente: el 20 de diciembre de 1046, en el sínodo de Sutri, depuso a los tres pontífices e impuso al papa reformador Clemente II. Hildebrando sigue a su mentor Gregorio VI en el exilio en Colonia, Alemania, y permanece con él hasta su muerte en 1048.

 

Monje en un monasterio

Después de la muerte del Papa Gregorio VI, Hildebrando se fue de monje al famoso monasterio de Cluny, donde tuvo por maestros a dos grandes santos: San Odilón y San Hugo. Ya pensaba pasar el resto de su vida como monje, cuando al ser elegido Papa San León XI, que lo estimaba muchísimo, lo hizo irse a Roma y lo nombró ecónomo del Vaticano, y Tesorero del Pontífice.

Y desde entonces fue el consejero de confianza de cinco Sumos Pontífices, y el más fuerte colaborador de ellos en la tarea de reformar la Iglesia y llevarla por el camino de la santidad y de la fidelidad al evangelio.

 

San Gregorio VII es nombrado Papa

Durante 25 año se negó a ser Pontífice, pero a la muerte del Papa Alejandro II, mientras Hildebrando dirigía los funerales, todo el pueblo y muchísimos sacerdotes empezaron a gritar: «¡Hildebrando Papa, Hildebrando Papa!» – El quiso subir a la tarima para decirles que no aceptaba, pero se le anticipó un obispo, el cual con sus elocuentes elogios convenció a los presentes de que por el momento no había otro mejor preparado para ser elegido Sumo Pontífice.

El pueblo se apoderó de él casi a la fuerza y lo entronizó en el sillón reservado al Papa. Y luego los cardenales confirmaron su nombramiento diciendo: «San Pedro ha escogido a Hildebrando para que sea Papa«.

Un arzobispo le escribió diciéndole: «En ti están puestos los ojos de todo el pueblo. El pueblo cristiano sabe los grandes combates que has sostenido para hacer que la Iglesia vuelva a ser santa y ahora espera oír de ti grandes cosas«. Y esa esperanza no se vio frustrada.

 

San Gregorio VII el reformador: Contra la clerogamia y la la simonía

San Gregorio se encontró con que en la Iglesia Católica había desórdenes muy graves. Los reyes y gobernantes nombraban los obispos, párrocos y a los superiores de los conventos. Además,  para estos puestos no se escogía a los más santos sino a los que pagaban más y a los que les obedecían más ciegamente.

Y sucedió entonces que a los altos puestos de la Iglesia Católica llegaron hombres muy indignos de tales cargos, y que tenían una conducta verdaderamente desastrosa. Muchos de estos ya no observaban el celibato (la obligación de mantenerse solteros y conservando la virtud de la pureza) y vivían en unión libre y varios hasta se casaban públicamente. Y los gobernantes seguían nombrando gente indigna para los cargos eclesiásticos.

Y fue aquí donde intervino San Gregorio VII con mano fuerte. Empezó destituyendo al arzobispo de Milán pues lo habían nombrado para ese cargo porque había pagado mucho dinero (simonía se llama este pecado). Luego el Papa reunió un Sínodo de obispos y sacerdotes en Roma y decretó cosas muy graves.

Lo primero que hizo este pontífice fue quitar a todos los gobernantes el derecho a las investiduras, que consistía en que por el sólo hecho de que un jefe de gobierno le diera a un hombre el anillo de obispo o el título de párroco ya el otro quedaba investido de ese poder y podía ejercer dicho cargo.

El Papa Gregorio decretó que a los obispos los nombraba el Papa y a los párrocos, el obispo y nadie más. Y decretó que todo el que se atreviera a nombrar a un obispo sin haber tenido antes el permiso del Sumo Pontífice quedaba excomulgado (o sea, fuera de la Iglesia Católica) y la misma pena o castigo decretó para todo el que sin ser obispo se atreviera a nombrar a alguien de párroco.

Estos decretos produjeron una verdadera revolución de todas partes y encontraron una feroz resistencia. Todos los que habían sido nombrados obispos o párrocos superiores de comunidades por los gobernantes civiles sintieron que iban a perder sus cargos que les proporcionaban buenas ganancias económicas y muchos honores ante las gentes, y protestaron fuertemente y declararon que no obedecerían al Pontífice. Y los gobernantes civiles sí que se sintieron más, porque perdían la ocasión de ganar mucho dinero haciendo nombramientos.

En el Consejo de Cuaresma de 1074, se decide despedir a todos los sacerdotes simoniales o concubinarios, prohibiéndoles ademas el acceso a las iglesias. En la Navidad de 1075, Censio organiza una revuelta en Roma  en oposición a las reformas. Como consecuencia, Gregorio VII es arrestado mientras oficiaba en la Basílica de Santa Maria Maggiore y  encerrado en una torre, de la que es liberado por grupos que sí apoyaban sus reformas. Pronto el levantamiento sería reprimido.

 

Se levantan contra el Papa y su reforma

El primero en declarase en revolución contra el Papa fue el emperador Enrique IV de Alemania que ganaba mucho dinero nombrando obispos y párrocos. Enrique declaró que no obedecería a Gregorio VII y que se declaraba contra sus mandatos. Pero al Papa no le temblaba la mano y decretó enseguida que Enrique quedaba excomulgado, y envió un mensaje a los ciudadanos de Alemania declarando que ya no les obligaba obedecer a semejante emperador.

Esto hecho produjo un efecto fulminante. En toda la nación empezó a tramarse una revolución contra Enrique y éste se sintió que iba a perder el poder.

Cuando Enrique IV se sintió perdido se fue como humilde peregrino a visitar al Papa, que estaba en el castillo de Canossa, y allá, vestido de penitente, estuvo por tres días en las puertas, entre la nieve, suplicando que el Sumo Pontífice lo recibiera y lo perdonara. Gregorio VII sospechaba que eso era un engaño hipócrita del emperador, para no perder su puesto, pero fueron tantos los ruegos de sus amigos y vecinos que al fin lo recibió, le oyó su confesión, le perdonó y le quitó la excomunión.

San Gregorio VII
Un antiguo grabado que ilustra el destierro y muerte del papa San Gregorio VII.

Y apenas Enrique se sintió sin la excomunión se volvió a Alemania y reunió un gran ejército y se lanzó contra Roma y se tomó la ciudad. El Papa quedó encerrado en el Castillo de Santángelo, pero a los pocos días llegó un ejército católico al mando de Roberto Guiscardo, lo sacó de allí y lo hizo salir de la ciudad. El Papa tuvo que irse a refugiar al Castillo de Salerno.

Gregorio VII resistió asediado en el castillo de Sant’Angelo hasta que vinieron a rescatarle los normandos de Sicilia, en cuyos dominios moriría poco después. Mientras los enemigos del Santo Pontífice parecían triunfar por todas partes, a Gregorio le llegó la muerte, el 25 de mayo del año 1085. Sus últimas palabras que se han hecho famosas fueron: «He amado la justicia y odiado la iniquidad. Por eso muero en el destierro».

Cuando él murió parecía que sus enemigos habían quedado vencedores, pero luego las ideas de este gran Pontífice se impusieron en toda la Iglesia Católica y ahora es reconocido como uno de los Papas más santos que ha tenido nuestra santa religión. Ya en 1076, escribía a los obispos de Alemania esta frase, que revela la energía de su temperamento y su sinceridad apostólica:

“Mejor es para nosotros arrostrar la muerte que nos den los tiranos que hacernos cómplices de la impiedad con nuestro silencio”.

San Gregorio VII fue un hombre providencial que libró a la Iglesia de Cristo de ser esclavizada por los gobernantes civiles y de ser gobernada por hombres indignos.

 

Oración a San Gregorio VII

Señor Dios, que has iluminado a tu Iglesia con la sabiduría del papa San Gregorio VII, concede a tus siervos la gracia de ser constantemente orientados por las enseñanzas de este gran pontífice y ayudados por sus méritos.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

San Gregorio VII, ruega por nosotros.