24 de Junio: Natividad de San Juan Bautista

Nació el hijo de Isabel y por misterioso designio, en vez del nombre de su padre Zacarías, fue llamado Juan. Y Zacarías “quedó lleno del Espíritu Santo” y profetizó diciendo:

Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, al suscitarnos un poderoso Salvador, en la casa de David, su siervo, como lo había anunciado por boca de sus santos profetas, que han sido desde los tiempos antiguos: un Salvador para librarnos de nuestros enemigos, y de las manos de todos los que nos aborrecen; usando de misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santa alianza, según el juramento, hecho a Abrahán nuestro padre, de concedernos que librados de la mano de nuestros enemigos, le sirvamos sin temor en santidad y justicia, en su presencia todos nuestros días.

Y tú, pequeñuelo, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos, para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación, en la remisión de sus pecados, gracias a las entrañas misericordiosas de nuestro Dios, por las que nos visitará desde lo alto el Oriente, para iluminar a los que en tinieblas y en sombra de muerte yacen, y dirigir nuestros pies por el camino de la paz.

Mientras tanto, agrega el Evangelista, el niño iba creciendo y se fortalecía en el espíritu y habitó en los desiertos hasta el tiempo en que debía darse a conocer a Israel.

¡Oh precursor dichosísimo, San Juan!, a quienes antes de nacer visitan y bañan de divinas luces las dos lumbreras del Cielo y de la tierra, a quienes lleno de gozo y alegría saludáis antes de nacer, saludando al Hijo y a la Madre, antes de mover la lengua y los labios. Yo os suplico, felicísimo Santo, me alcancéis con vuestra poderosa intercesión, que todas mis obras, palabras y pensamientos sean sólo a mayor honra y gloria de Dios, bien de mi alma y provecho de mi prójimo.