23 de abril: San Jorge, Mártir


San Jorge de Capadocia

San Jorge es llamado en oriente «El Megalomártir». Es el defensor de la Iglesia, el portaestandarte de la fe, el defensor de los perseguidos e inocentes, el Patrón de los Cruzados, de varias ciudades españolas y de muchas órdenes militares alrededor del mundo. Incluso se le encuentra presente en el escudo de diversas ciudades.


Día celebración: 23 de abril.
Lugar de origen: Provincia de Capadocia, Imperio romano.
Fecha de nacimiento: 280.
Fecha de su muerte: 303.
Santo Patrono de: Agricultores, soldados, arqueros, prisioneros, herreros, artistas circenses, Arma de Caballería, montañeros, etc.


Contenido

– Introducción
– Relatos apócrifos acerca de San Jorge
– Tribuno militar | San Jorge y el dragón
– Persecución de Dioclesiano | San Jorge se declara Cristiano
– Horribles suplicios | Confusión de un mago
– Conversión de la emperatriz Alejandra y muerte de San Jorge
– Fiesta de culto a San Jorge
– Patrocinio de a San Jorge
– Ordenes militares
– Oración a San Jorge


Introducción

San Jorge, bizarro militar, modelo de soldados, espejo de caballeros, defensor de la justicia, prototipo del valor, caballero del ideal religioso, cristiano de convicciones hondas, héroe de Cristo, es un Santo de los más queridos del pueblo fiel, que le profesa una devoción tierna y filial.

La pintura ha inmortalizado la imagen de nuestro Santo, representándolo sobre un brioso corcel, arremetiendo con su lanza a un espantoso dragón,que amenazaba devorar a una hermosa doncella. La fantasía oriental ha creado a este propósito gran número de piadosas y simbólicas leyendas, que representan el denuedo con que San Jorge acudió a la defensa de la Religión verdadera contra el dragón infernal enemigo de las almas, al que venció con su heroico martirio.

San Jorge es el esforzado guerrero que lucha valiente contra la iniquidad y defiende sus creencias frente a la brutal tiranía de una autoridad indigna y rebelde a la Divinidad. La Iglesia le invoca como a uno de sus protectores en los combates por la verdad y la justicia; los héroes de Cristo y los pueblos descansan tranquilos bajo su protección y amparo.

Relatos apócrifos acerca de San Jorge

Poco después de la muerte del mártir, y sobre todo en tiempo de las Cruzadas aparecieron biografías apócrifas, infundadas leyendas y no pocos relatos de milagros y suplicios dudosos que desfocaron su fisonomía histórica y la relación de los tormentos que sufrió.

Pero la Iglesia romana, que ha inscrito en el número de los mártires desde el siglo V a este nuevo testigo de Cristo, denuncia y reprueba, por ser en parte obra de los herejes, una relación —escrita en griego y muy divulgada en aquellos días— de la vida y martirio de San Jorge. Esa biografía, más propia para deshonrar la memoria del soldado de Cristo que para enaltecerla, está excluida, como tantas otras de esta clase, de las lecturas litúrgicas.

Por desgracia, ha influido más o menos en sucesivas biografías delos siglos posteriores. Para desenmarañar lo verdadero de lo falso y presentar una labor que inspire confianza, el historiador tiene que examinar con rigor los relatos que a San Jorge se refieren.

Los Bolandistas han hecho esa labor depurativa sobre varios documentos griegos que narran la vida y tormentos del mártir y precisan el crédito que pueden merecer algunos textos, cuyo valor histórico queda, en definitiva, problemático o discutible.

No se debe confundir —a pesar de tener idéntico nombre, patria y profesión— al gran mártir San Jorge con otro personaje del mismo nombre,obispo intruso de Capadocia, funesto personaje, gran perseguidor de los católicos, a quienes pretendía atraer al precipicio del arrianismo, sobornando a gran número de ellos, saqueando las casas de las viudas y huérfanos, ultrajando a monjas y desterrando a obispos; que fue elevado por los arríanos en 339 a la silla patriarcal de Alejandría, aprovechando el segundo destierro de San Atanasio y su obligada ausencia; y que, por último, murió asesinado por los mismos gentiles, por causa de sus crueldades y conducta escandalosa.

Tribuno militar | San Jorge y el dragón

San Jorge debió nacer hacia el año 280 en la ciudad de Lida en Siria, según unos, o en Mitilene de Capadocia, según otros. Criáronle sus padres en la religión cristiana, pues ellos la profesaban ya al emigrar de Palestina, y le dieron una educación en todo conforme con su posición social y fortuna, que debió ser considerable. Llegado a edad competente, Jorge abrazó la carrera de las armas, siguiendo el ejemplo de su padre.

Se alistó en el ejército romano y pronto se granjeó el aprecio de sus jefes por su leal proceder, clara inteligencia y distinguidos modales, que le valieron, a no tardar, ser promovido al grado de tribuno de la guardia imperial de Diocleciano.

Un manuscrito del siglo XIII y la Leyenda de Oro del Beato Santiago de Vorágine atribuyen al joven oficial una hazaña prodigiosa y caballeresca, que es como sigue: al ir Jorge a incorporarse a su legión llegó a la ciudad de Silene en Libia; en un pantano de las cercanías tenía su guarida un enorme dragón que hasta entonces nadie había podido matar. Para que no devastara la ciudad llevábanle cada día dos ovejas y, como comenzaran a escasear estos pobres animales, mandó el rey de aquel lugar que en vez de dos ovejas le echasen una oveja y una doncella, aquella a quien caía en suerte.

Aconteció un día que cayó precisamente a la hija del propio rey y, a pesar del dolor del desventurado padre, la pobre joven hubo de sufrir la suerte de sus compañeras. Encaminábase llorando hacia la cueva del monstruo, cuando inopinadamente se presenta un apuesto caballero, armado de espada y lanza. Sabedor de la suerte que corría la infeliz princesa, hace la señal de la cruz y arremete valeroso contra el monstruo enfurecido.

Tan tremenda lanzada le asesta que lo atraviesa de parte a parte y con el ceñidor de la joven hace un lazo, amarra al dragón y le conduce hasta la ciudad. Una vez allí, explica al rey y a su pueblo por qué ha logrado abatir al monstruo, y «es —dice— porque ha implorado el auxilio del único Dios verdadero». En presencia de todo el auditorio, que prometió creer en Jesucristo y bautizarse, San Jorge dio a la fiera el golpe de gracia.

Este relato no consta en las antiguas biografías del mártir; aparece en la época de las Cruzadas y viene probablemente de Oriente, no debiendo atribuirle más veracidad y valor que el de un símbolo. El tribuno romano es, en efecto, la personificación ideal del caballero cristiano, que combate contra Satanás y los infieles en defensa de la fe, protegiendo en todo momento la debilidad que peligra.

Pocas veces logró leyenda alguna boga tan grande. Para los artistas de toda categoría fue ella, desde el siglo XIII hasta nuestros días, asunto predilecto que dio lugar a producciones artísticas tan numerosas como variadas, lo mismo en Oriente que en Occidente. La iconografía de la Edad Media y del Renacimiento lo han representado —aunque no exclusivamente— en la forma de un apuesto jinete en caballo blanco, enarbolando el estandarte de la santa cruz y embrazando una lanza con la cual acomete a un monstruo que amenaza a una Joven. Viene a ser un traslado del modo cómo se apareció armado muchas veces peleando a favor de los fieles.

Persecución de Dioclesiano | San Jorge se declara Cristiano

En los comienzos del siglo IV, imperando Diocleciano, adoptáronse ciertas providencias para eliminar del ejército imperial de Oriente a los numerosos elementos cristianos que en él servían. Muchos soldados hubieron de renunciar a la profesión de las armas, aunque la persecución no pasó adelante de momento.

Mas cuando el césar Galerio se juntó con Diocleciano en Nicomedia, puso decidido empeño en conseguir de él mayor violencia contra la religión cristiana. Se publicó en dicha ciudad un edicto que ordenaba la demolición de las iglesias y la expulsión de todos los cristianos de las dignidades o cargos administrativos. Los historiadores Eusebio y Lactancio afirman que dicho decreto fue destrozado públicamente por un joven; y algunos biógrafos se aventuran a escribir que ese joven fue Jorge el Tribuno. Poco después, y dos veces seguidas, el fuego prendió en el palacio imperial.

Galerio acusó de ello a los cristianos y consiguió del emperador, a quien la noticia impresionó, licencia para tomar sangrientas represalias contra el clero y contra los cristianos de Nicomedia. Rápidamente se extendió la persecución por toda el Asia Menor y aparecieron edictos generales que intimaban a los fieles a sacrificar, velis nolis, a los ídolos, so pena de morir con atrocísimos tormentos.

Lleno de dolor y de indignación a vista del proceder injusto y de la persecución sangrienta de que eran víctima los cristianos, resolvió Jorge tomar públicamente su defensa. Distribuidos sus bienes entre los pobres, y libres los pocos esclavos que a su servicio tenía, defendió con valentía la causa de los perseguidos ante el consejo de dignatarios y jefes militares convocado por Diocleciano, y afirmó públicamente que su religión era la única verdadera y que no podía darse culto a los ídolos.

Al ser interrogado, San Jorge declaró que era cristiano. Sorprendido el emperador por semejante confesión, le dijo: «Piensa, joven, lo que dices y mira por tu porvenir». Le habló luego de los suplicios espantosos que su desobediencia a los edictos le acarrearía y, de otra parte, las dignidades y elevados cargos con que pensaba premiar su apostasía. A todo lo cual contestó el tribuno:

—«Ten entendido, oh Diocleciano, que el Dios a quien sirvo me dará la victoria; que no me han de ablandar tus ruegos ni me han de arredrar tus amenazas. Todos tus beneficios son vanos y tus presentes semejantes al humo que el viento disipa. No echo de menos los honores que me has concedido hasta el día, porque aspiro a la gloria eterna. Permita el cielo que conozcas muy pronto al Dios omnipotente.»

Ante semejante respuesta enfurecióse Diocleciano y ordenó la detención y encarcelamiento del oficial.

Horribles suplicios | Confusión de un mago

Aquí da principio la dolorosa pasión del mártir» Los relatos de los hagiógrafos orientales describen por menudo los suplicios que en diferentes ocasiones padeció, tales como el tormento de la rueda guarnecida de afilados cuchillos, el de los garfios de hierro, el de la flagelación con nervios de buey, el baño en lechada de cal viva, etc. El animoso soldado lo sufre todo con sobrehumano valor y ve luego cómo sus heridas quedan curadas milagrosamente.

A juicio del magistrado, San Jorge se vale de sortilegios para librarse de las espantosas torturas que le infligen; por lo cual manda venir a un hábil mago que, para más probar el incomprensible poder de San Jorge, le da a beber un licor emponzoñado. El cristiano lo toma y no sufre el menor daño, según promesa de Cristo en su Evangelio. Declara entonces ante los idólatras que la omnipotencia divina puede obrar por mediación de sus hijos portentos aun mayores; puede, por ejemplo, tomar la vida a un cadáver.

Al oír esto, el mago le pregunta si quiere resucitar a un difunto que había sido enterrado cerca de la cárcel pocos días antes. Conducen a San Jorge al lugar señalado, ora el Santo y el muerto sale vivo del sepulcro. Vencido el mago confiesa el poder del Dios de los cristianos y abandona el culto de los ídolos. Furioso el emperador ante semejante noticia, ordena que el mago sea decapitado y que Jorge vuelva a la prisión.

De allí a poco, nuevamente comparece Jorge ante el tribunal de Diocleciano. Álzase dicho tribunal al aire libre, junto al templo de Apolo. El emperador quiere sobornarle con tiernas palabras; le pone por delante su juventud y le promete toda suerte de honores si consiente en sacrificar a los dioses. «Pero ¿dónde están esos dioses? —pregunta el confesor—. Vamos a verlos». Y con otro portentoso milagro, San Jorge obliga a declarar al demonio que mora en el ídolo, que sólo hay un Dios verdadero. Hace después el Santo la señal de la cruz y todas las estatuas caen al suelo hechas pedazos, con lo cual se provoca un verdadero motín.

Conversión de la emperatriz Alejandra y muerte de San Jorge

Sobresaltada por los tumultuosos clamores del populacho, acudió la emperatriz y, acercándose a Diocleciano, le declaró que, enterada de lo que había ocurrido, ella también se declaraba cristiana. En el paroxismo del furor Diocleciano mandó que la golpearan con varas y que acabaran con su vida y con la de tres criados suyos, a saber: Apolo, Isacio y Crotates, cuya fiesta se celebra el 21 de abril.

Y, queriendo terminar con el joven oficial de su guardia que permanecía inquebrantable en la fe, pronunció Diocleciano sentencia de muerte, San Jorge fué atado a la cola de un caballo, arrastrado por la ciudad y seguidamente sacado extramuros y decapitado.

Antes de morir, San Jorge, puestos los ojos y levantadas las manos al cielo, con voz entrañable que salía del corazón, rogó a Dios perdonase a sus verdugos y les diese la gracia de la conversión. El martirio debió tener lugar en Nicomedia, Mitilene o Dióspolis, a principos del año 303. En efecto, en dicho año hallábase Diocleciano en aquella ciudad. El cuerpo del Santo sería trasladado más tarde a Dióspolis (Lida) en Palestina, conforme a su deseo.

Fiesta de culto a San Jorge

No es seguro que Jorge padeciera martirio el 23 de abril del año 303; en dicho día traen los calendarios la palabra memoria en lugar de natalis —nacimiento a la vida gloriosa por la muerte—. Sin embargo, desde muy antiguo se celebra su fiesta el 23 de abril en las iglesias de Oriente y Occidente. Para los griegos es de guardar. El Martirologio romano la trae a 23 de abril y en el Breviario romano viene inscrita en dicha fecha con rito de semidoble desde San Pío V, aunque sin leyenda histórica y con oración idéntica a la de San Bernabé.

Ya desde el siglo V aparece el culto del mártir muy extendido en Asia Menor, Egipto e Italia y está perfectamente localizado. La ciudad de Dióspolis (Lida), en Palestina, es su centro indiscutido y glorioso. Allí acuden los peregrinos a venerar el sepulcro del Santo, guardado en espléndida basílica, levantada tal vez por Constantino o, como quieren otros, por Justiniano.

Multitud de iglesias aquí y allá están dedicadas a San Jorge o se acogen a su patrocinio. En Siria se han encontrado algunas con dedicatorias antiguas en griego, una de las cuales parece remontarse al siglo IV. En Constantinopla había cinco o seis iglesias u oratorios dedicadas al santo mártir; una de las más frecuentadas se hallaba a orillas del estrecho de los Dardanelos.

También en Egipto se ven diversas iglesias o monasterios bajo la protección del Santo. En 682 el papa San León II dedica la iglesia que acaba de restaurar en el barrio del Velabro, en Roma, a dos santos militares: Sebastián y Jorge. Menos de un siglo más tarde, el papa San Zacarías hizo solemne traslado de la cabeza del tribuno mártir que conservaban en Letrán.

La iglesia se llamó en lo sucesivo San Jorge in Velabro y el culto del Santo tomó gran incremento. No tardó mucho en penetrar en la Galia. Santa Clotilde dedicó a San Jorge el altar de la iglesia de Chelles, y San Germán, obispo de París, enriqueció con un brazo del Santo, traído de Jerusalén, a la iglesia que fundó bajo la advocación de San Vicente.

Sin embargo, hasta las Cruzadas —y debido a los relatos de los guerreros que atribuían a la intervención visible de San Jorge los triunfos sobre los sarracenos de Palestina, los moros de España, o los paganos de Hungría— la devoción a San Jorge no se extendió por Occidente. El soldado mártir fue desde entonces venerado como modelo y patrono de los caballeros cristianos que luchaban y derramaban su sangre en defensa de la fe y de los reinos cristianos.

La devoción popular cuenta también a San Jorge entre los catorce o quince Santos denominados «Auxiliadores» o «Intercesores», porque se los tiene, sobre todo en Alemania e Italia, por abogados muy compasivos y eficaces en las enfermedades y trabajos de la vida.

Patrocinio de a San Jorge

Innumerables son los que se han acogido a la protección del Santo y lo han elegido por especial patrono; tales los que siguen la carrera militar, los que han de luchar con armas y aun los que las fabrican. Es patrono de cuantos llevan espada, arco y arcabuz; de los guerreros, jinetes, cruzados, caballeros, armeros y ejércitos cristianos. Explícase este patrocinio por la semejanza de profesión: San Jorge fue soldado, tuvo que luchar y defender la fe con su sangre.

Desde muy remotas fechas fue elegido San Jorge patrono especial de algunas naciones (Lituania, Rusia, Suecia, Sajonia), reinos, repúblicas y ciudades (Reino de Aragón, Cataluña y Valencia; república de Génova; ciudades de Constantinopla, Ferrara, Alcoy, etc). Los ingleses le toman como protector en el sínodo de Oxford en 1220, celebran su fiesta con toda pompa y le erigen numerosos santuarios.

Y no para aquí la devoción, pues que se llega hasta acuñar monedas con la efigie del Santo en Ferrara, Inglaterra y Génova. En la E dad Media existía en Génova un Banco muy acreditado: el Banco de San Jorge, el más antiguo de Europa, que se dedicaba principalmente a operaciones de crédito bancario y territorial.

Unos setenta y cinco pueblos de Francia y más de sesenta de España y Portugal llevan el nombre de San Jorge. E n Suiza, lo llevan los conventos de San Galo y de Stein. En Italia, el de San Jorge de Venecia presenció un cónclave y la elección de Pío V II (1739-1800).

Ordenes militares

Entre todos los nombres que figuran en el calendario, el de San Jorge es el más frecuentemente elegido como patrono de las Órdenes militares establecidas en Europa. La más antigua es la Orden constantiniana de San Jorge, que pudiera remontarse a los tiempos de Constantino, esto es, al siglo IV; aunque lo más probable es que se fundó en 1190 por el emperador de Constantinopla Isaac Angel Comneno.

En España, la Orden de San Jorge de Alfana quedó instituida en la localidad del mismo nombre, en la diócesis de Tortosa, en 1363, y en 1399 debió fusionarse a la de Nuestra Señora de Montesa. El Franco Condado vio nacer en 1390 y 1400 una Orden de caballería de San Jorge llamada Orden de Rougemont. Filiberto de Mioláns, señor de Rougemont, que había traído de Oriente una reliquia de San Jorge, mandó construir una iglesia para darle culto.

Él y varios nobles de la región instituyeron una Hermandad que duró oficialmente hasta le Restauración. En Austria fundó una Orden religioso-militar el emperador Federico III por los años de 1468; y el papa Paulo II tenía erigida con la misma advocación la abadía benedictina de Moillestadt en la diócesis de Salzburgo; en ella se fundó a fines del siglo XV una Sociedad cuyos miembros se comprometían a combatir contra los turcos o ayudar con sus limosnas a la Orden; el papa Alejandro VI (f 1503) se inscribió en ella como cofrade.

La Orden de San Jorge de Génova, creada en 1472 por el emperador de Alemania Federico III y de la cual era gran maestre el dux de Génova, fue de corta duración. El papa Paulo III ( f 1549) instituyó una Orden de San Jorge cuya sede era Ravena, y que tenía por misión dar caza a los piratas que atacaban la Marca de Ancona en los Estados Pontificios. Dicha Orden fue abolida por Gregorio X III (f 1585).

Baviera tiene desde 1729 una Orden de San Jorge defensora de la inmaculada Concepción. En Rusia la emperatriz Catalina II fundó en 1769 una Orden con el mismo nombre para recompensar méritos militares. Eduardo III de Inglaterra puso la célebre Orden de la Jarretera bajo la advocación de San Jorge en 1330. Y en 1818 se fundó en la Gran Bretaña una Orden civil y militar llamada de San Miguel y San Jorge. Aunque incompleta la precedente enumeración, demuestra suficientemente cuán popular ha sido entre los cristianos el culto a San Jorge.

San Jorge de Capadocia

San Jorge arremete contra el dragón. La doncella es visible a la izquierda.

Oración a San Jorge

San Jorge guerrero valeroso,  te solicito humildemente que vengas en mi auxilio y me protejas de las acechanzas del demonio, los peligros, las dificultades, las aflicciones.

Cobíjame bajo tu manto, poderoso santo, escóndeme de mis enemigos, de mis perseguidores, de las envidias, magias, hechizos y maleficios.

Protegido con tu manto, caminare a través de los mares y la tierra, noche y día, mes a mes, año tras año, y mis enemigos no me verán, no me oirán, no me seguirán.

Bajo tu protección no caeré, no me perderé, no sangraré.

Igual que Nuestro Dios; Salvador estuvo nueve meses protegido en el vientre de la Virgen María, así yo estaré protegido bajo tu manto, teniéndote delante de mí,armado con tu lanza y tú escudo.

Amén.

Oración a San Jorge II

Andaré vestido y armado con las armas de San Jorge para que mis enemigos, teniendo pies, no me alcancen, teniendo manos no me atrapen, teniendo ojos no me vean, y ni con el pensamiento ellos puedan hacerme mal. Armas de fuego mi cuerpo no alcanzarán, cuchillos y lanzas se quiebren sin mi cuerpo tocar, cuerdas y corrientes se rompan sin mi cuerpo atar.

Jesucristo, me proteja y defienda con el poder de su Santa y Divina gracia. La Virgen de Nazaret, me cubra con su manto sagrado y divino, protegiéndome en todos mis dolores y aflicciones, y Dios, con su divina misericordia y gran poder, sea mi defensor contra las maldades o persecuciones de mis enemigos.

Glorioso San Jorge, en nombre de Dios, entiéndeme tu escudo y tus poderosas armas, defendiéndome con tu fuerza y con tu grandeza, y que debajo de ti, mis enemigos queden humildes y sumisos. Así sea con el poder de Dios, de Jesús y del Divino Espíritu Santo. Amén.

San Jorge, Mártir | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.