21 de Junio: San Luis Gonzaga


San Luis Gonzaga

San Luis Gonzaga fue el mayor de siete hermanos, nacidos en el castillo de su familia en Castiglione delle Stiviere, entre Brescia y Mantua en el norte de Italia en lo que entonces era parte del Ducado de Mantua, en la ilustre Casa de Gonzaga. Era hijo de Ferrante de Gonzaga (1544-1586), marqués de Castiglione y Marta Tana di Santena, hija de un barón de la familia piamontesa Della Rovere. Su madre era una dama de compañía de Isabel, la esposa de Felipe II de España.


Día celebración: 21 de Junio.
Lugar de origen: Castiglione delle Stiviere, Italia.
Fecha de nacimiento: 9 de Marzo de 1568.
Fecha de su muerte: 21 de Junio de 1591.
Santo Patrono de: Patrón de la juventud cristiana.


Contenido

– Introducción
– Su infancia y admirables disposiciones
– Primera Comunión | Penitencias
– En la corte de España – Vocación religiosa
– Dificultades
– Fervor y Santidad
– Ángel de paz
– Su muerte y culto
– Oración a San Luis Gonzaga
– Oración a San Luis Gonzaga II


Introducción

Vida por demás materializada y fastuosa solía llevarse en las cortes europeas del siglo XVI. Pero en ese mismo siglo y en medio de la grandeza y bullicio cortesanos, suscitó el Señor una víctima voluntaria que fue como reproche vivo y constante de tanto desenfreno; un joven santo, desasido de los bienes todos del siglo y amante como el que más de la pobreza santa.

San Luis Gonzaga fue tan casto y puro que mereció ser elegido patrono y espejo de la juventud cristiana; tan perfecto que sus deudos y amigos no hallaron jamás en él ni asomo de leve culpa; en suma, admirable dechado de virtud, que si bien no podemos imitar en todo, a lo menos — como dice San Francisco de Sales— podemos todos seguir a mayor o menor distancia.

Luis nació el 9 de marzo de 1568 en Castiglione, diócesis de Brescia, en Lombardía, y fue el primogénito de don Fernando de Gonzaga, que era marqués de Castiglione y príncipe del Sacro Imperio, y pariente muy cercano de los duques de Mantua. Su madre, santa piadosísima, se llamaba Marta Tana, y era hija de Baltasar Tana, conde de Santena y señor de Chieri del Piamonte.

Su infancia y admirables disposiciones

La marquesa, su madre, miró al hijo como depósito sagrado y puso empeño sumo en criarle en la piedad y santo temor de Dios. Desde que Luis comenzó a soltar la lengua, le enseñó a  pronunciar los nombres de Jesús y María, a hacer la señal de la cruz y a rezar el Padrenuestro, el Avemaría y otras oraciones. Pronto dio el niño señales inequívocas de que estaba prevenido del cielo con singulares bendiciones; estando en su cunita  le gustaba ya favorecer a los pobres, mostrándoles tanta compasión, que el ama y las criadas quedaban maravilladas.

Su rostro era angelical y en extremo agraciado y amable. Cuantos le tomaban en brazos creían aupar y tener un ángel del cielo, y con sólo mirarle se sentían movidos a devoción. Gran Satisfacción sentía la marquesa al ver tan santas disposiciones en su hijito; no así el marqués, el cual, por ser soldado, hubiese gustado más de verle inclinado a las armas. Para despertar en el niño esta inclinación le llevó consigo a Casal, donde tenía que pasar revista a las tropas que, por orden de Felipe II, había de llevar a Túnez.

Pensaba que con el continuo trato con los soldados iría Luis tomando gusto y afición a los ejercicios de la guerra. El niño tenía entonces cinco años. El mal ejemplo de la gente de guerra le impresionó un tanto. Se le pegaron algunas palabras algo libres que solía repetir sin entender lo que decía; pero, habiéndole avisado y reprendido su ayo, nunca jamás las repitió, untes bien huía de cuantos las pronunciaban.

¡Qué desengaño tuvo aquí el marqués de Gonzaga! Aquel hijo suyo, heredero de tan ilustre nombre, llevaba más traza de llegar a ser eclesiástico que soldado. Le gustaba más Rodolfo, su segundo hijo, por verle naturalmente inclinado a las armas. A los dos hijos llevó consigo a Florencia, para que se criasen en la corte del príncipe Francisco de Médicis, gran duque de Toscana.

Les dio ayo, maestro, mayordomo y criados convenientes a su grandeza y noble alcurnia. Los días festivos solían ir a visitar al gran duque y jugar con sus hijas, una de las cuales, llamada María, fue más adelante reina de Francia.

No pudo la marquesa acompañarlos a Florencia por estar harto ocupada en la crianza de sus hijos menores. Le afligía sobremanera esta obligada separación, y más porque en aquella corte de Toscana aun el mismo soberano vivía desordenadamente. Sin embargo, el niño Luis no sólo no se dejó contagiar de los vicios de la Corte, sino que en el tiempo que en ella estuvo, que fue algo más de dos años, adelantó extraordinariamente en el camino de la santidad.

Sus recreos y entretenimientos eran solamente la oración y el estudio. Para triunfar más holgadamente del mundo, demonio y carne, tomó por patrona y abogada a la Inmaculada Virgen María, en cuyas manos puso alma, vida y corazón, haciendo ante su imagen, en la iglesia de la Anunciata, voto de perpetua virginidad. En premio de esa consagración a la Virgen recibió tan abundantes gracias del cielo, que de allí en adelante no tuvo ningún movimiento o estímulo sensual en el cuerpo, ni pensamiento contrario al voto que había hecho.

Pero él ayudaba a la gracia cuanto podía, estando sobre sí con extraordinaria y continua vigilancia. Siendo tan jovencito, determinó ya refrenar los ojos, y así evitaba el trato con mujeres, y aun cuando estaba a solas con su madre, solía guardar mucho recato y modestia.

Cosa es esa maravillosa, y más aún si se considera que Luis era, como su padre, de temperamento sanguíneo, vivo e irascible, de carne y hueso como los demás hombres, aunque santificado por la gracia, y en extremo cuidadoso de vencer las viciosas inclinaciones con la fuerza de voluntad y la continua mortificación. Con esto vino a caer en tal flaqueza y debilidad que de ello tomó ocasión para volver con su hermano a Castiglione, donde a la sazón no se hallaba el señor marqués su padre, por haber sido nombrado poco antes gobernador de Monferrato de Casalmayor.

No por ser tan dado a la oración y de complexión tan enfermiza descuidó totalmente los estudios. Con gran diligencia estudió los autores clásicos latinos, y en particular las obras de Séneca y Plutarco, cuyo estudio sirvió no poco para dar madurez a su entendimiento y juicio, ya de por sí extraordinariamente cabales en tan temprana edad. Los días de fiesta solía ir a las escuelas para enseñar a los niños la doctrina cristiana. También tenía cuenta que en su casa no hubiese discordias ni disgustos. Así, de todas las maneras que podía ayudaba con suma caridad a los prójimos.

Primera Comunión | Penitencias

San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, fue por entonces a Castiglione, que pertenecía a su providencia eclesiástica. Era el insigne y santo cardenal muy amigo de la familia Gonzaga. Tuvo largas pláticas con Luis, a quien vio y trató por vez primera, y quedó admirado de los dones y gracias de que estaba adornado el angelical mancebo. Luis no había recibido todavía la primera Comunión; San Carlos se la dio el mes de julio del año 1580. Comulgó después cada domingo con extraordinaria devoción.

Por consejo de San Carlos solía dedicar el jueves, viernes y sábado a preparase a la Comunión, y el lunes, martes y miércoles a dar gracias. Toda su vida tuvo devoción muy tierna y suave al Santísimo Sacramento del altar; solía permanecer horas enteras al pie del sagrario y no se cansaba de oír misas: hubo tiempo en que ayudó cinco seguidas.Su penitencia corría parejas con su angelical devoción. Sólo tenía  trece años, y ayunaba ya tres días cada semana; por otra parte, era tan sobrio al comer que raya en milagro que conservase la vida con aquel frugal sustentó.

Además, usaba la disciplina hasta derramar sangre y practicaba otra muchas mortificaciones y penitencias; para dormir menos y mal solía poner secretamente una tabla debajo de las sábanas. El año de 1580 el marqués de Gonzaga mandó que la marquesa y sus hijos Luis y Rodolfo fuesen a Casal, donde él estaba. En este camino sucedió que la corriente del río Tesino llevó agua bajo la carroza de Luis y la hizo pedazos; los dos hermanos y el ayo se salvaron por milagro.

 

En la corte de España – Vocación religiosa

Al año siguiente los marqueses de Gonzaga llevaron a España a tres de sus hijos para acompañar a la emperatriz doña María, hija de Carlos V y viuda de Maximiliano II; a poco de llegar, el rey nombró a Luis y a Rodolfo pajes del príncipe don Diego, hijo de Felipe II. El Señor quería sin duda que viviese el Santo en distintas Cortes, para dar a entender que se puede ser devoto en todas las condiciones y estados, y virtuoso y casto en cualquier edad de la vida.

Habiendo estado como año y medio en España, juzgó Luis que era ya llegado el tiempo de poner en ejecución su propósito de hacerse religioso. Mas. como aun no había escogido la Orden, para acertar en la elección acudió a la Virgen María. El día de la Asunción del año 1583 comulgó con extraordinaria devoción en el colegio de la Compañía de Jesús de Madrid, para que el Señor le diese luz en negocio de tanta importancia. Mientras daba gracias, oyó una voz clara y distinta que le mandaba hacerse religioso de la Compañía de Jesús.

Dificultades

Determinado estaba San Luis Gonzaga a obedecer cuanto antes al divino llamamiento. pero duras batallas le aguardaban antes de llevar a efecto su propósito. Por la marquesa supo don Fernando de Gonzaga la determinación de su hijo. En la mente del marqués nació la sospecha de que su esposa quería desheredar al primogénito en favor de Rodolfo y así las despidió malhumorado. Lo propio hizo con Luis cuando fue a verle, o quien además amenazó con graves castigos.

Llegó a Madrid por aquel entonces el venerable fray Francisco Gonzaga, General de una rama franciscana y primo del marqués. Llamóle don Fernando, le habló de los deseos de su hijo Luis y le rogó que examinase lnvocación del muchacho. Dos horas duró la entrevista de Luis con el santo religioso, el cual, reconociendo que aquello venía del cielo, convenció a Don Fernando, quien prometió a su hijo darle plena libertad para entrar en la Compañía de Jesús, a su regreso a Lombardía.

¿Fue sincera aquella promesa? Cabe sospechar que no, pues hacía cuanto estaba de su parte para dar largas a aquel negocio. Desde Italia envió a San Luis Gonzaga a visitar algunos príncipes en compañía de su hermano Rodolfo. El Santo obedeció; pero dio señales del deseo que tenía de mayor perfección, yendo vestido de negro y hospedándose lejos del bullicio cortesano; en Pavía se alojó en el palacio de Federico Borromeo, que después fue arzobispo de Milán; y en Turín. en el de su pariente el cardenal de la Rovere, y no en la corte de Saboya. Volvieron a Castiglione por septiembre del año 1584.

Aquí dio otra vez el marques terribles asaltos a la vocación de su hijo, ayudándose de un obispo, de algunos religiosos y del señor arcipreste, el cual tuvo que convenir en que el llamamiento era divino, y así lo declaró al marqués. Mas no por eso se rindió éste, antes se indignó más todavía, y llegó a despachar de su lado a Luis con rudeza, cuando volvió a pedirle licencia para entrar en la Compañía. Le dijeron por entonces que San Luis Gonzaga se disciplinaba hasta derramar sangre. Esta noticia conmovió algo al marques.

Quiso hablar a su hijo y, como padecía grave reumatismo, se hizo llevar hasta él sentado en un sillón. En el fondo amaba y respetaba mucho a Luis. Le prometió escribir aquel mismo día a su pariente el cardenal Escipión Gonzaga, para que se entrevistase con el padre Aquaviva, General de la Compañía de Jesús.

Esta promesa fue también puro engaño; porque a fines del año 1584, San Luis Gonzaga fue enviado a Milán para tratar algunos negocios importantes, lo que hizo el santo mancebo con gran prudencia y destreza. Luis aprovechó ese tiempo para asistir a las clases del colegio Brera, dirigido por los Jesuítas; su mayor contento era remedar al Hermano portero. Salió de Milán en julio de 1585; otra vez se retractó su señor padre. Finalmente, tras muchas y rudas batallas, se rindió el corazón del marqués.

Por tratarse del primogénito, se juntó en Mantua toda la familia de los Gonzaga, que se componía de varias ramas, para asistir a la renuncia de San Luis Gonzaga a la herencia paterna en favor de su hermano Rodolfo. El marquesado de Castiglione era feudo imperial, y así, para renunciar a él, necesitó Luis el consentimiento del emperador.

La lectura del acta por la que Luis confería todos sus derechos a su hermano se hizo el día 2 de noviembre de 1585. Ese mismo día vistió San Luis Gonzaga la sotana que de antemano se había hecho hacer, y así vestido se presentó al mediodía a comer, sintiendo con ello su padre nueva pesadumbre. Partió el día 4 de noviembre, acompañado de Rodolfo y de muchos criados; a poco le dejó su hermano y San Luis Gonzaga prosiguió el viaje con su escolta, pasando por Bolonia y Loreto.

Llegó a Konta el día 21 de noviembre; se alojó en casa del cardenal Escipión Gonzaga, el cual había ya hablado del asunto al papa Sixto V. A 25 del mismo mes entró en el noviciado de la Compañía, dirigido por el padre Pascatore que era asimismo rector de San Andrés del Quirinal. El nuevo novicio tenía dieciocho años no cumplidos.

Fervor y Santidad

Se maravillaban los Padres más graves y perfectos al ver los admirables progresos de Luis en las virtudes del noviciado. No fue nunca menester espolear su fervor, antes bien moderarlo y refrenar el gran deseo que tenía de darse a extraordinarias penitencias corporales.

Desasido estaba de todas las cosas del siglo; muerto muy de veras a la carne y sangre e indiferente a las honras y dignidades de sus ilustres deudos. En todo buscaba la peor parte y los oficios más bajos, como servir en la cocina, en el refectorio y en la enfermería; en Milán le encargaron de quitar las telarañas, con lo que creció sobremanera el gozo del Santo, el cual salía a recibir a las personas nobles con el escobón en la mano.

Este novicio, nacido señor y criado con grandeza y regalo, sólo tenía en propiedad, al morir, una Biblia y dos estampitas. Del noviciado de San Andrés pasó al Gesú, donde edificó grandemente a los Padres; de allí volvió al noviciado, se entregó de nuevo a la oración y mortificación y vivió de manera tan perfecta que llegó a no tener pecado venial de que acusarse. Fue luego enviado a Nápoles, donde contrajo una  erisipela que ocasionó su vuelta a Roma.

Profesó en la Compañía a los 25 de noviembre del año 1587, aniversario de su entrada en el noviciado; recibió la tonsura el día 25 de febrero del siguiente año, en la basílica de San Juan de Letrán. y las Órdenes menores en cuatro veces, entre los días 28 de febrero y 28 de marzo.

San Luis Gonzaga

Ángel de paz

El amor al prójimo le obligó a dejar el retiro de la religión el año de 1589, para volver a su familia. Por consejo de San Roberto Belarmino, que era su confesor, aceptó Luis el ir a su casa para componer un reñido pleito entre su hermano el marqués de Castiglione y el duque de Mantua, sobre el feudo del Estado de Solferino. Al llegar a Castiglione, todossalieron a recibir al «santo padre Luis», como le llamaban, cual si fuese un ángel del cielo.

Acertó Luis a reconciliar a los dos antagonistas; pero le quedaba por arreglar otro negocio no menos delicado y dificultoso que el anterior. Consistía en hacer público, para evitar el escándalo, un matrimonio secreto que Rodolfo había contraído con licencia del obispo, y en lograr el consentimiento de la familia Gonzaga, pues, aunque dicho matrimonio era honorable, se consideraba en aquella época como un mal casamiento.

San Luis Gonzaga permaneció en Milán algunos meses. Allí tuvo revelación de Dios de que en breve le quería llevar a gozar de sí con los bienaventurados. Con esto volvió muy gozoso a Roma el mes de mayo de 1590.

Su muerte y culto

Entretanto hubo en Roma el siguiente año gran mortandad, causada por la carestía y el hambre. A pesar de su débil complexión, logró San Luis Gonzaga licencia para servir a los contagiados. Pasados pocos días, le enviaron los superiores al hospital de la Consolación que aun no estaba contaminado. Sin embargo, se le pegó el mal el día 3 de marzo de 1591. Ya desde el principio le dieron por muerto, y así cundió la noticia por las cortes de Italia.  En Castiglione hicieron celebrar por él un solemne funeral. Con todo eso, San Luis Gonzaga seguía con vida, aunque minado por una calentura lenta y tos fuerte.

Entrando el padre provincial a visitarle, le preguntó: «¿Qué se hace, hermano Luis?». El Santo respondió: «Padre, vámonos al cielo». Los postreros meses de San Luis Gonzaga fueron de constante edificación para la comunidad, y para él una larga preparación a la vida celestial.

Finalmente, el día 20 de junio, repitió muchas veces que moriría aquel día mismo; pidió con insistencia el santo Viático y, habiéndose despedido con gran sosiego de todos los Padres y Hermanos, tomó con su mano derecha una vela bendita y un pequeño Santo Cristo con la izquierda, y, apretándolo con fe y mirando fijamente a una Cruz indulgenciada, dio su alma santísima al Criador, al tiempo que invocaba el santo nombre de Jesús.

A poco de morir San Luis ya todos querían tener «reliquias» suyas. Se repartieron los cabellos del Santo, pedacitos de su camisa y vestido y aun las plumas que había usado. Los Padres le besaban la mano como si fuera sacerdote. Fue colocado en un ataúd en la capilla del Santo Cristo, y de allí, el año de 1598, por haber salido de madre el río Tíber, le pasaron a lugar más eminente. Finalmente, el año de 1605, fue trasladado con gran solemnidad a la iglesia de Nuestra Señora, con un epitafio en que le llamaban ya Beato Luis, título autorizado a los pocos días por el papa Paulo V.

El año de 1600, «el Santito» se apareció glorioso a Santa María Magdalena de Pazzis, célebre por sus visiones, y de allí en adelante fue honradocomo Beato en el convento de los Carmelitas de Florencia. En cerca de veinte diócesis se abrieron ese mismo año procesos informativos sobre el Santo. La Comisión cardenalicia que, presidida por San Roberto Belarmino, examinó la causa de San Luis Gonzaga se declaró no sólo por la beatificación, sino también por la canonización del joven jesuita.

A los dos años, el mismo Car­denal presentó al Papa treinta y un milagros auténticos. Fue beatificado por Paulo V a 19 de octubre de 1605. El cardenal San Roberto Belarmino transformó en capilla el aposento donde murió San Luis Gonzaga. Más adelante se levantó en aquel lugar la iglesia de San Ignacio y a ella fueron trasladadas las reliquias de San Luis Gonzaga. Benedicto XIII le canonizó en abril de 1726, pero la ceremonia solemne se efectuó en diciembre a la vez que la de San Estanislao de Kotska, también jesuita, muerto el mismo año en que nació San Luis Gonzaga.

En 1729, el mismo papa Benedicto XIII declaró a San Luis, patrono de la juventud. También concedió especiales privilegios a la devoción de los «Seis domingos» en honra de San Luis Gonzaga. Finalmente, Gregorio XVI el año de 1842 extendió a toda la Iglesia la misa y oficio propios del Santo. Solemnísimos cultos se celebraron con motivo del segundo centenario de su canonización el año de 1926; Pío XI dijo misa papal en San Pedro de Roma el día 31 de diciembre del mismo año en honor de San Luis Gonzaga.

Oración a San Luis Gonzaga

Dios Todopoderoso, que infundiste en San Luis Gonzaga un espíritu de servicio y entrega al prójimo por Ti te pido por su intercesión que me concedas fortaleza para no desfallecer, y paciencia para no desesperar en este momento de desconsuelo, ayúdame, te lo suplico a aliviar mis sufrimientos, ayúdame a obtener lo que tanto necesito: (hacer la petición con mucha fe y esperanza).

También te pido, que pueda imitar el espíritu de sacrificio de San Luis Gonzaga, así como el deseo de vivir con pureza interior cada día de mi existencia. Te lo pedimos a Ti, que siendo Dios, vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Rezar tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias. Hacer la oración y los rezos durante tres días consecutivos.

Oración a San Luis Gonzaga II

¡Oh Luis Santo adornado de angélicas costumbres! Yo, indigno devoto vuestro os encomiendo la castidad de mi alma y de mi cuerpo, para que os dignéis encomendarme al Cordero Inmaculado, Cristo Jesús, y a su purísima Madre, Virgen de vírgenes, guardándome de todo pecado.

No permitáis, Ángel mío, que manche mi alma con la menor impureza; antes bien, cuando me viereis en la tentación o peligro de pecar, alejad de mi corazón todos los pensamientos y afectos impuros; despertad en mí la memoria de la eternidad y de Jesús Crucificado; imprimid hondamente en mi corazón un profundo sentimiento de temor santo de Dios, y abrazadme en su divino amor, para que así, siendo imitador vuestro en la tierra, merezca gozar de Dios en vuestra compañía en la gloria.

Amén.

Oración a San Luis Gonzaga III

¡Oh Luis Santo adornado de angélicas costumbres! Yo, indigno devoto vuestro os encomiendo la castidad de mi alma y de mi cuerpo, para que os dignéis encomendarme al Cordero Inmaculado, Cristo Jesús, y a su purísima Madre, Virgen de vírgenes, guardándome de todo pecado.

No permitáis, Ángel mío, que manche mi alma con la menor impureza; antes bien, cuando me viereis en la tentación o peligro de pecar, alejad de mi corazón todos los pensamientos y afectos impuros; despertad en mí la memoria de la eternidad y de Jesús Crucificado; imprimid hondamente en mi corazón un profundo sentimiento de temor santo de Dios, y abrasadme en su divino amor, para que así, siendo imitador vuestro en la tierra, merezca gozar de Dios en vuestra compañía en la gloria. Amén.

Oración para pedir la pureza

Inocentísimo Luis, que por especial gracia de Dios y con el auxilio de la Inmaculada Virgen Maria estuviste siempre libre, no sólo de toda culpa grave, sino aún de las tentaciones contra la pureza, humildísimamente te ruego que me alcances del Purísimo Corazón de Jesús, que todo lo padeció menos ser calumniado contra esta virtud, y de su excelsa Madre, la Virgen Purísima e Inmaculada, la gracia de resistir siempre al punto cualquier pensamiento impuro, Y de morir mil veces antes que manchar mi alma con un pecado grave. Amén.

 

Novena

Oración Inicial para todos los días

Angélico joven San Luis Gonzaga, que ardiendo en el amor de Jesús os derretisteis en su fuego divino, de tal manera que llegasteis a ser mártir de caridad: os suplico me alcancéis de su amantísimo Corazón un vivo conocimiento de su bondad inmensa para con los hombres, y un dolor verdadero y vehemente de la ingratitud con que yo correspondo a tanto amor. Haced, Santo mío, que este mi corazón sea semejante al de mi dulce Jesús, puro con su pureza, humilde con su humildad y ardiente con su caridad. Amén.

[tabs slidertype=»top tabs»] [tabcontainer] [tabtext]-1-[/tabtext] [tabtext]-2-[/tabtext] [tabtext]-3-[/tabtext] [tabtext]-4-[/tabtext] [tabtext]-5-[/tabtext] [tabtext]-6-[/tabtext] [tabtext]-7-[/tabtext] [tabtext]-8-[/tabtext] [tabtext]-9-[/tabtext] [/tabcontainer] [tabcontent] [tab] Día Primero

¡Oh purísimo San Luis Gonzaga! Yo os suplico por vuestra admirable castidad me alcancéis un gran deseo de imitaros en esta angelical virtud, venciendo gloriosamente todas las tentaciones y huyendo las ocasiones de perderla, de modo que tenga la dicha de conservarla intacta hasta llegar a la bienaventuranza prometida a los inocentes y limpios de corazón, y al mismo tiempo la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.
[/tab] [tab] Día Segundo

¡Oh amantísimo joven San Luis Gonzaga! Por vuestra austerísima penitencia y por el gran esmero con que guardasteis siempre vuestros sentidos, os pido hoy me obtengáis del Señor un odio santo de mí mismo, a fin de que, mortificando yo siempre mis sentidos, los haga servir de instrumento para honrar y nunca más ofender a la Majestad divina, y también la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi, alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.
[/tab] [tab] Día Tercero

¡Oh gloriosísimo San Luis Gonzaga! Por aquella victoria tan completa que conseguisteis de vuestras pasiones, os suplico me alcancéis de mi Dios y Señor valor para domar las mías, y especialmente la que más me domina, para que, mortificándola siempre, y por fin venciéndola del todo, merezca ser coronado como vos de gloria inmortal, después de haber legítimamente combatido, cual debe combatir en especial todo imitador vuestro. También os ruego me obtengáis del mismo Señor la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
[/tab] [tab] Día Cuarto

¡Oh religiosísimo San Luis Gonzaga! Por la exacta obediencia que tuvisteis de vuestro santo Instituto, y a las órdenes, mandatos e indicaciones de vuestros superiores, os pido me obtengáis del obedientísimo Jesús la gracia de observar la ley santa de Dios y las obligaciones todas de mi estado, para que haciendo la voluntad de Dios acá en este miserable valle de lágrimas, merezca hacerla también eternamente en vuestra compañía ,en el cielo, y además la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.



Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

[/tab] [tab] Día Quinto

¡Oh benditísimo San Luis Gonzaga! Por el gran desprecio que hicisteis de las vanidades del mundo y de todo respeto humano os suplico me alcancéis del Señor el despego de los bienes caducos y perecederos de la tierra, y el menosprecio de los dichos mundanos, a fin de que, pueda caminar con fervor y perseverancia por el sendero de la divina voluntad y gozar de la perfecta libertad de hijo de Dios, juntamente con el favor especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, culto vuestro y salvación de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

[/tab] [tab] Día Sexto

¡Oh dulcísimo abogado mío San Luis Gonzaga! Os suplico me alcancéis de Dios una estrecha unión con El, que es sumo Bien, con quien vos la tuvisteis tan íntima y familiar. Haced, Santo mío, que yo fije todos mis pensamientos en las cosas del cielo, de manera que logre no ser de aquellos que se dejan llevar ciegamente de las cosas terrenas, sino que siga siempre la luz de las verdades eternas, y al mismo tiempo consiga por vuestra intercesión la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

[/tab] [tab] Día Séptimo

¡Oh amantísimo San Luis Gonzaga! A vos recurro lleno de confianza, para que me obtengáis del Señor, dador de todo bien, una perfecta caridad hacia mi prójimo. Y si alcanzasteis una muerte tan feliz y dichosa por asistir a los apestados, ordenad, os ruego, todas mis acciones, de suerte que sea para mí dichoso y feliz aquel último y terrible trance, del cual depende la eternidad, para alabar a Dios en vuestra compañía en el cielo. Alcanzadme asimismo la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias .

[/tab] [tab] Día Octavo

¡Oh devotísimo San Luis Gonzaga! , que merecisteis ser llamado a la insigne y santa Compañía de Jesús por boca de la Virgen Santísima, en premio de la gran devoción que la profesabais: alcanzadme, os suplico, un amor tierno, afectuoso y constante para que ésta mi Madre amabilísima, a fin de que, sirviéndola con el mismo fervor que vos en este mundo, e imitando sus virtudes, merezca algún día ser llamado por sus labios a la compañía eterna de los justos. También os suplico, me obtengáis del Señor la gracia especial que pido en esta novena, si es para gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mí alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

[/tab] [tab] Día Noveno

¡Oh amabilísimo Santo, protector y abogado mío San Luis Gonzaga! Humildemente postrado a vuestras plantas os suplico coronéis todas vuestras gracias en este día, con la mayor de todas, alcanzándome un acto perfecto de amor de Dios, especialmente en el último instante de mi vida, como vos lo tuvisteis, a fin de que asegure la gracia de la perseverancia final, y empiece a practicar en la tierra, lo que deseo y espero hacer eternamente en el cielo, que es amar a mi Dios y Señor con todas las veras de mi espíritu. Finalmente, recabad del Señor por intercesión de su Madre amantísima, la gracia especial que os he venido pidiendo durante esta novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

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Oración Final para todos los días

Oh Luis Santo, adornado de angélicas costumbres: yo, indignísimo devoto vuestro, os encomiendo principalmente la castidad de mi alma y cuerpo, y os pido que, por vuestra pureza angélica, os dignéis encomendarme al Cordero inmaculado, Cristo Jesús, y a su purísima Madre, Virgen de vírgenes, guardándome de todo pecado. No permitáis que yo manche mi alma con la menor impureza; antes bien, cuando me viereis en la tentación o peligro de pecar, alejad de mi corazón todos los pensamientos y afectos inmundos, y despertad en mi la memoria de la eternidad y de Jesús crucificado. Imprimid altamente en mi corazón un profundo sentimiento de temor santo de Dios, y abrasadme en su divino amor, para que así, siendo imitador vuestro en la tierra, merezca gozar de Dios en vuestra compañía. Amén.

 

San Luis Gonzaga | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.

https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-a-san-luis-gonzaga-2-2571