21 de Julio: Santa Práxedes, Virgen Romana


Santa Práxedes

Poco se sabe sobre Santa Práxedes, y no todas las cuentas están de acuerdo. Según la Leyenda Dorada, Santa Práxedes era la hermana de Santa Pudenciana; sus hermanos fueron San Donato y San Timoteo. Durante uno de los períodos de persecución, enterraron los cuerpos de los cristianos y distribuyeron bienes a los pobres. El breve relato de De Voragine dice que murieron en 165 «, durante el reinado de los emperadores Marco y Antonino II.


Día celebración: 21 de Julio.
Lugar de origen: Roma. Italia.
Fecha de nacimiento: ?
Fecha de su muerte:  21 de julio 164.
Santo Patrono de: Copatrona del reino de Mallorca y del municipio mallorquín de Petra.


Contenido

– Introducción
– El Senador Pudens y su mansión
– Tránsito de Santa Pudenciana
– Iglesia en casa de Pudens
– Celo Apostólico
– Muerte de Santa Práxedes
– Culto a su memoria
– Oración a Santa Práxedes


Introducción

Las únicas preocupaciones que parecen llenar la existencia de la mujer pagana de todos los tiempos, son la frivolidad y la sensualidad. Obsérvase más acentuada esta tendencia, en los períodos y épocas de mayor decadencia; no se atiende entonces más que a las exigencias del tocador, de los vestidos, del peinado, etc., y cuídase únicamente de procurar toda clase de placeres, sin reparar en su licitud o ilicitud.

Y aun mientras los cristianos de los primeros siglos son ferozmente martirizados en los potros, o devorados por las fieras en el circo, y mientras los bárbaros del norte, ministros de las divinas venganzas sobre el Imperio perseguidor y corrompido, preparan en las fronteras sus devastadoras invasiones, la mujer romana sueña solamente en el regalo del cuerpo rodéase de cósmetas, mujeres que la sirven y cuidan en el adorno de sus vestidos y tocados, cinífloras, que dan a su cabello colorido de distintos matices, y calamistas, que se lo rizan en las más caprichosas y variadas formas.

En el transcurso de los tiempos y a través de la vicisitudes, varían los nombres, pero las costumbres perduran, ello no obstante, en el seno de la corrupción y perversidad social, y a pesar de los obstáculos que a la virtud se oponen, abundan las almas fieles, vírgenes puras que forman «la porción más preciada del rebaño de Cristo; gozo y prez de la SantaMadre Iglesia, que en ellas ve florecer con creces su fecundidad gloriosa» —según expresión de San Cipriano.

Entre la innúmera pléyade de valientes mujeres, cuyos nombres constan en nuestros Martirologios, ocupan lugar preeminente Santa Práxedes y su hermana Santa Pudenciana, pertenecientes ambas a linajuda familia de la Roma antigua y célebres en los fastos de la Iglesia Católica.

En el transcurso de los tiempos y a través de la vicisitudes, varían los nombres, pero las costumbres perduran, ello no obstante, en el seno de la corrupción y perversidad social, y a pesar de los obstáculos que a la virtud se oponen, abundan las almas fieles, vírgenes puras que forman «la porción más preciada del rebaño de C risto; gozo y prez de la Santa Madre Iglesia, que en ellas ve florecer con creces su fecundidad gloriosa» —según expresión de San Cipriano.

Entre la innúmera pléyade de valientes mujeres, cuyos nombres constan en nuestros Martirologios, ocupan lugar preeminente Santa Práxedes y su hermana Santa Pudenciana, pertenecientes ambas a linajuda familia de la Roma antigua y célebres en los fastos de la Iglesia Católica.

El Senador Pudens y su mansión

Cuando en el año 42 de nuestra era llegó San Pedro a Roma, encaminóse al Esquilino, para hospedarse en el palacio de un tal Pudens o Pudencio. Quién sea este personaje, es cosa que no se puede precisar con certeza, probablemente es el mencionado por San Pablo en su segunda epístola a Timoteo, cuando dice «Eubulo y Pudens, con Lino y Claudia, te saludan». Alguien ha creído ver en él a un nobilísimo senador de la célebre familia de los «Cornelios», o al centurión Cornelio bautizado por San Pedro en Palestina, si bien esta última hipótesis parece quedar definitivamente desechada por parte de críticos e historiadores.

El ambiente aristocrático en que San Pedro halló tan generosa hospitalidad al llegar a Roma, prueba que la doctrina por él predicada no era patrimonio exclusivo de los judíos de condición humilde, ocultos en modestas tiendas de las tortuosas calles del Transtévere, sino que también hacía prosélitos entre las clases ricas y pudientes. En aquella época los potentados patricios solían fabricarse en sus mansiones cuanto los demás ciudadanos debían comprar.

A juzgar por las ruinas que se conservan de edificios análogos, podemos deducir lo que fue la casa del senador Pudens. Abarcaba, la finca, considerable extensión de terreno amurallado que habitaba el dueño, plazas, calles y teatros, aparte, levantábanse los establos, las viviendas de los esclavos, almacenes y otros pabellones; los jardines y foros o pórticos en los que el dueño pasaba horas de solaz con sus amigos, estaban profusamente adornados con mármoles y estatuas: es decir, que el conjunto formaba algo así como una ciudad en pequeño dotada de todos los servicios.

Ignórase si el Pudens que el año 42 hospedó al Príncipe de los Apóstoles era padre o bien abuelo de nuestra Santa. Los Bolandistas admiten la existencia de dos Pudens: el abuelo, casado con Priscila, y el padre, casado con Sabinela.

Esta opinión tiene la ventaja de armonizar más fácilmente la llegada de Pedro a la Ciudad Eterna el año 42, con la época cuando del pontificado de San Pío I, posterior en un siglo (140-155), y que es precisamente la que honró Práxedes con sus virtudes y meritorios trabajos. Por el contrario, un crítico moderno, apoyándose en autores más antiguos, admite que Práxedes y su hermana llegaron a edad muy avanzada, y que muy bien pudieran ser hijas del espléndido amigo de San Pedro.

Ésta es la versión que adopta el Martirologio romano el 19 de mayo considera a San Pudencio como a padre de las Santas Práxedes y Pudenciana, y de él añade el texto que «revestido de Jesucristo en el bautismo, conservó inmaculada la túnica de la inocencia hasta el término de sus días».

En cualquiera de ambos casos, no cabe la menor duda de que nos hallamos en presencia de una familia de raigambre cristiana y privilegiada, y, como dice muy atinadamente el autor de Estudio de Roma Cristiana: «Fue familia gloriosa hasta en el nombre, evocador de honestidad, temor de Dios, noble prosapia y renovación. A ella cupo el honor de realizar, por vez primera en la Historia, la transición de las ideas egoístas en que se fundaba el antiguo patriciado a los sentimientos de la verdadera fraternidad que constituye la igualdad cristiana.

En su casa celebraban los cristianos sus asambleas, en las que el esclavo que trabajaba en las canteras sentábase junto al grande y potentado, y ambos, animados de unos mismos sentimientos, recibían los divinos misterios de manos del jefe común, San Pedro, que allí vivía. Este solo hecho es más que suficiente para ennoblecer tan preclara como dichosa familia». Con tales antecedentes, ¿a quién puede extrañar que Pudens, cristiano fervorosísimo, procurase sin descanso infundir en sus hijas aquel amor a la virginidad y sujeción a los preceptos del Señor que las llevaron a la santidad?

Iglesia en casa de Pudens

La historia de Santa Práxedes y su hermana ha sido conservada y transmitida por un sacerdote llamado Pastor, que vivía con la familia de Pudens. A este sacerdote, consejero y sostén de Práxedes y Pudenciana, y contemporáneo y pariente del Papa San Pío I, se le atribuyen tres documentos de gran valor histórico. Va el primero dirigido a Timoteo, y es una de las más bellas páginas de la Historia Eclesiástica de los tiempos apostólicos. El segundo parece ser la respuesta de Timoteo, y el tercero es un apéndice narrativo, debido al mismo Pastor, que alcanza hasta la muerte de Santa Práxedes, a cuyo cadáver dio él mismo honrosa sepultura.

Quizá este escrito no sea rigurosamente auténtico en esta misma forma, y parece muy posible que en el siglo V o VI sufriera ciertos retoques encaminados a edificar al lector; sin embargo, aunque la leyenda se encuen­tra más o menos mezclada -con la historia —caso bastante repetido en los escritos de entonces—, no hay razón para desechar por falsos los interesantes pormenores con que dichos documentos nos brindan. Careciendo de fuentes más antiguas y seguras, nos atendremos a los escritos de Pastor.

«Pudens —dice—, ya viudo, quiso, siguiendo los consejos del bienaventurado obispo Pío, transformar su casa en iglesia, y para realizar el piadoso deseo puso los ojos en este pecador. Erigió, pues, en esta ciudad de Roma, y en el Vicus Patrícii, un título o iglesia, al que dio su nombre». El Martirologio romano hace la siguiente mención el 26 de julio: «En Roma, San Pastor, presbítero, a cuyo nombre existe un título cardenalicio en el monte Viminal en Santa Pudenciana».

En el siglo II, y debido a las persecuciones, los cristianos se veían precisados a reunirse, para rezar y celebrar los misterios, en casas particulares o en la oscuridad de las catacumbas. Dábanse allí con gran fervor a los actos del culto y a las prácticas de devoción, esperando tiempos más propicios que les permitieran congregarse en edificios públicos llamados después basílicas.

Celo Apostólico

Mientras tanto – continúa el presbítero Pastor – voló Pudencio al Señor, dejando a sus hijas el rico patrimonio de la castidad y del conocimiento de la ley divina. Ambas hermanas vendieron entonces sus haciendas y repartieron el importe entre los cristianos, muchos de los cuales vivían, a causa de su fe, en extrema miseria.

Fieles al amor de Cristo, perseveraron las dos vírgenes, unidas en santas vigilias, ayunos y oraciones. Preocupánbales sobremanera el desenvolvimiento de la religión, y en alas de sus deseos, expusieron al Pontífice San Pío I el proyecto que abrigaban de erigir un bautisterio en el título o iglesia parroquial que su difunto padre fundara. El santo Papa acogió favorablemente la iniciativa de las piadosas hermanas, designó él mismo el sitio en que habría de emplazarse la santa piscina, y llevóse a cabo la construcción siguiendo puntualmente sus indicaciones.

Por aquel entonces reunieron ambas siervas de Cristo a cuantos esclavos tenían en Roma y fuera de ella, y al tiempo que daban absoluta libertad a los que eran cristianos, comenzaban la evangelización y catequesis de los demás, muchos de los cuales abrazaron voluntariamente el cristianismo, y obtuvieron la libertad en una solemne ceremonia que el Pontífice ordenó realizar en la iglesia. Llegada la solemnidad de Pascua, fecha tradicional para la celebración, recibieron el bautismo 96 neófitos.

Imperando Antonino Pío, época que coincidió precisamente con la vida de San Pío, papa, el mundo en general y la Iglesia en particular, gozaron de relativa paz y tranquilidad. Este emperador, oriundo de Nimes, a quien se debe la construcción o la conclusión, por lo menos, del puente del Gard, era un pagano «purificado», es decir, había llegado al máximo encumbramiento moral a que un pagano podía aspirar.

Dicen de él que dejó dormir los edictos persecutorios, y aun se le atribuye un rescripto, de dudosa autenticidad, sin embargo, por el que prohibía toda persecución tanto legal como ilegal en contra de los seguidores del Evangelio.

Está probado, no obstante, que cuando el populacho se amotinaba contra los cristianos y pedía su muerte, fácilmente encontraba magistrados complacientes que se prestaban a satisfacer sus sanguinarios deseos, así ocurrió repetidas veces en distintas ciudades del imperio. No está, pues, muy claro el trato que la religión de Cristo recibía en este tiempo, pero es lo cierto que la casa de ambas vírgenes vino a ser lugar de cita para los fieles, los cuales acudían allí día y noche para sus devociones.

Muchos paganos iban asimismo en busca de la fe, y recibían el bautismo con gran contento espiritual, y como quiera que las reuniones públicas estaban prohibidas a los cristianos, no a otra parte iban los Pon­tífices a celebrar los divinos misterios y administrar los sacramentos.

Tránsito de Santa Pudenciana

Habiendo fallecido Santa Pudenciana, fue amortajada por Santa Práxedes, la cual, después de embalsamar el cadáver de su hermana, túvolo oculto en el interior del oratorio durante veintiocho días, hasta que el 14 de las calendas de junio — 19 de mayo—, aprovechando las sombras de la noche, fue trasladado al cementerio de Priscila, sito en la «Vía Salaria», y enterrado junto al de San Pudencio. Este cementerio cristiano, el más antiguo de cuantos existen, fue fundado por el cónsul Glabrión, martirizado en el año 91, cuando aún regía Domiciano los destinos del Imperio, merece especial mención por recordar la primera predicación de San Pedro en Roma.

La ilustre familia Pudens tenía allí sepultura propia, y a ella eran llevados los cuerpos de los mártires, en carromatos de los que solían emplear los huertanos para abastecer la Ciudad Eterna, disimulando la preciosa carga con apariencias de un montón de provisiones.

Después de la muerte de su hermana, siguió Práxedes viviendo en el título, entre inequívocas demostraciones de afecto por parte de los cristianos todos. También el Pontífice Pío la visitaba frecuentemente, paraconsolarla y darle alientos. Entre los que con más asiduidad la trataban y se encomendaban a sus oraciones, estaba San Novato, hombre rico ybondadoso en extremo, y tan caritativo que gastó su hacienda toda en beneficio y provecho de los pobres de Cristo. El Martirologio, en el 20 de junio, le llama «hermano de Práxedes», pero conviene entender esta palabra en el sentido que entonces se le daba de «hermano en Cristo».

He aquí lo que escribe San Pastor: «Un año y veintiocho días después del tránsito de Pudenciana, notóse la ausencia de Novato en las asambleas de los fieles. E l obispo Pío, cuya solicitud cobijaba sin excepción a todos los cristianos, se interesó vivamente por él. Todos nos afligimos mucho al enterarnos de que una enfermedad le retenía en cama, y por esa causa no había acudido a la reunión. La virgen Práxedes dijo entonces al Pontífice: «Si lo permitís, iremos a visitar al enfermo, quizá vuestras oraciones obtengan del Señor su curación».

La asamblea acogió favorablemente esta iniciativa; y aprovechando la oscuridad de la noche, el santo obispo Pío, la virgen Práxedes y yo nos presentamos en casa de Novato. En cuanto nos vio agradeció de corazón al Señor la merced que le hacía con nuestra visita. Permanecimos en aquella morada los dos días siguientes. En este intervalo tuvo a bien legar al título y a la virgen Práxedes cuanto poseía. Cinco días más tarde volaba al señor».

Santa Práxedes solicitó del santo Pontífice un segundo título o iglesia al lado de la antigua, en las termas de Novato, ya desiertas, que ocupaban una sala grande y espaciosa. Accedió San Pío y la dedicó a la bienaventurada virgen Pudenciana. Más tarde dedicó otra en el lugar que hoy ocupa la iglesia de Santa Práxedes, estableciendo además un bautisterio.

Muerte de Santa Práxedes

Sucesor de Antonino Pío, fue en el año 161, Marco Aurelio, emperador filósofo, hombre de rígidos principios, que encuadraba en los que se ha dado en llamar «santo laico». Derramó este emperador tanta sangre cristiana, como Nerón y Domiciano juntos. Probablemente en su gobierno acabó su carrera mortal la virgen Práxedes; así parece indicarlo el Breviario romano, al hablar de la persecución del emperador Marco Antonino, es decir, Marco Aurelio, de la familia de los Antoninos.

Algún tiempo después, desencadenóse contra los cristianos una furiosa tempestad, y muchos de ellos conquistaron la palma del martirio. Santa Prá­xedes, dice el Breviario, se esforzó cuanto pudo en ayudar a los siervos de Dios:

«Socorríalos con sus bienes, prestábales toda clase de servicios, y los consolaba en sus aflicciones. Ocultaba a unos en su casa, exhortaba a otros a guardar inquebrantable la fe , velaba porque nada faltase a los presos y condenados a trabajos forzados», y cuidaba de enterrar los cuerpos de los héroes, que, resistiendo valientemente en los combates por Cristo, habían conquistado la inmarcesible corona de los mártires.

Mas habiendo llegado a conocimiento de Marco Aurelio que los cristianos celebraban reuniones en casa de Práxedes, envió allá soldados con órdenes terminantes de actuar severamente.

Muchos de ellos, entre los que se contaba el sacerdote Semetrio, fueron llevados al suplicio sin formación de causa, y sin mediar el más breve interrogatorio. Práxedes recogió sus restos por la noche y los enterró en el cementerio de Priscila. Pero ya se acercaba el día del propicio descanso para nuestra Santa, la cual, por ser a la sazón de edad muy avanzada, no tenía más ansias niaspiraciones que gozar el eterno galardón «en la paz de Cristo».

«No pudiendo soportar el bárbaro espectáculo de la sangrienta persecución, rogó a Dios, si era su beneplácito, no le permitiese presenciar tal desolación. Oyóla el Señor y llevósela al cielo en recompensa de su piedad».

Nada más nos dice el Breviario respecto d e su muerte. Así rezan sus Actas: «Práxedes, virgen consagrada, voló al Señor el 12 de las calendas de agosto. Yo, Pastor, sacerdote, enterré su cuerpo junto al de su padre, en el cementerio de Priscila, en la V ía Salaria».

Culto a su memoria

Santa Práxedes a quien cupo el honor de levantar un templo a Jesucristo y dar un asilo a su Iglesia, merecía ser honrada después de su muerte de un modo especial. Y así fue, pues dedicóse a su memoria, en la Ciudad Eterna, una basílica, que es uno de los títulos cardenalicios más antiguos. La iglesia actual, confiada a los Benedictinos de Vallumbrosa, consta de tres naves separadas por dieciséis columnas de granito; el altar mayor está decorado con precioso baldaquino, sostenido por cuatro columnas de pórfido. Antiquísimos mosaicos adornan las tribunas y el arco principal.

En la primera tribuna puede admirarse un cuadro de la Santa, obra del pintor Dominico Muratori. Es aún más admirable la esbelta capillita, adornada con mosaicos de gran valor y antigüedad. Guárdase en ella, una columna que el cardenal Juan Colonna trajo de Jerusalén el año 1234, y que, según la tradición, es la de los Azotes de nuestro Divino Redentor. En el centro de la iglesia hay un pozo donde —según piadosamente se cree— la virgen Práxedes iba recogiendo la sangre de los mártires.

Muéstrase también una esponja que le servía para lavar los preciosos restos.El cuerpo de Santa Práxedes, que Su Santidad Pascual I mandó sacar de las catacumbas en el siglo IX, descansa debajo del altar mayor. Ordenó además el mismo Papa que fueran trasladados a dicha iglesia los cuerpos de dos mil mártires, que, el día de la resurrección final, formarán gloriosa comitiva con la que en vida fue humilde sierva de los confesores de la fe.

Habiendo recibido San Carlos Borromeo el título cardenalicio de Santa Práxedes, enriqueció con numerosos beneficios a esta iglesia, tan cara para él por su antigüedad y por la multitud de reliquias en ella guardadas. No satisfecho con restaurarla y embellecerla, el santo cardenal construyó­ se en sus dependencias una habitación para cuando se viese obligado a permanecer en Roma. Una capilla, religiosamente conservada, perpetúa el recuerdo del gran arzobispo de Milán.

En la puerta de bronce de la iglesia de Santa Pudenciana, hay un busto esculpido, considerado como uno de los primeros documentos de Santa Práxedes, que data del siglo V o VI, representa a nuestra Santa sosteniendo cual virgen prudente una lámpara encendida. En la misma iglesia de Santa Pudenciana encuéntrase un famoso mosaico del siglo IX, en el que Nuestro Señor aparece sentado en un trono al pie de la cruz y rodeado de los Apóstoles, detrás del grupo, dos matronas con sendas coronas.

Los célebres arqueólogos Juan Bautista de Rossi y su discípulo Horacio Marucchi, reconocen en las dos mujeres, a Santa Práxedes y a su hermana Santa Pudenciana. Así quiere la Santa Iglesia honrar a estas sus dos preclaras hijas que en tiempos de persecución supieron renunciar al propio bienestar para dedicar todos sus entusiasmos al ejercicio de la caridad. Hermanas en la sangre, en el amor y en la fe, habían de serlo igualmente en la gloria. Por eso su recuerdo las enlaza en la memoria de los fieles y las hace considerar como un ejemplo típico de unión y fraternidad cristianas.

Oración a Santa Práxedes

La confianza en Dios
orad por los que vacilan en la virtud
escuchadnos, oh Dios salvador nuestro,
y que la fiesta de la bienaventurada Santa Práxedes
vuestra virgen, regocijando nuestra alma,
la enriquezca con los sentimientos de tierna
devoción.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

Santa Práxedes| Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.