21 de Agosto: San Mateo, Apóstol y evangelista


San Mateo

San Mateo Apóstol,  también conocido como Leví, fue, según el Nuevo Testamento, uno de los doce apóstoles de Jesús. Según la tradición cristiana, también fue uno de los cuatro evangelistas y, por lo tanto, también se lo conoce como San Mateo el evangelista.

El Nuevo Testamento registra que, como discípulo, siguió a Jesús y fue uno de los testigos de su Ascención a los Cielos. Los padres de la Iglesia posteriores, como San Ireneo y San Clemente de Alejandría, afirman que San Mateo predicó el Evangelio a la comunidad judía de Judea, antes de ir a otros países.


Día celebración: 21 de Septiembre
Lugar de origen: Palestina.
Fecha de nacimiento: Siglo I.
Fecha de su muerte: Año 74.


Contenido

– Breve Biografía
– Oración a San Mateo


Breve Biografía

Dos de los cuatro Evangelistas dan a San Mateo el nombre de Leví, mientras que San Marcos lo llama «hijo de Alfeo». Posiblemente, Leví era su nombre original y se le dio o adoptó él mismo el de Mateo, cuando se convirtió en uno de los seguidores de Jesús.

Pero Alfeo, su padre, no fue el judío del mismo nombre que tuvo como hijo a Santiago el Menor. Se tiene entendido que era galileo por nacimiento y se sabe con certeza que su profesión era la de publicano, o recolector de impuestos para los romanos, un oficio que consideraban infamante los judíos, especialmente los de la secta de los fariseos y, a decir verdad, ninguno que perteneciera al sojuzgado pueblo de Israel, ni aún los galileos, los veían con buenos ojos y nadie perdía la ocasión de despreciar o engañar a un publicano.

Los judíos los aborrecían hasta el extremo de rehusar una alianza matrimonial con alguna familia que contase a un publicano entre sus miembros, los excluían de la comunión en el culto religioso y los mantenían aparte en todos los asuntos de la sociedad civil y del comercio. Pero no hay la menor duda de que Mateo era un judío y, a la vez un publicano.

La historia del llamado a Mateo se relata en su propio Evangelio. Jesús acababa de dejar confundidos a algunos de los escribas al devolver el to a un paralítico y, cuando se alejaba del lugar del milagro, vio al despreciado publicano en su caseta. Jesús se detuvo un instante «y le dijo: ‘Sigúeme’, Y él se levantó y le siguió». En un momento, Mateo dejó todos sus intereses y sus relaciones para convertirse en discípulo del Señor y entregarse a un comercio espiritual.

Es imposible suponer que, antes de aquel llamado, no hubiese conocido al Salvador o su doctrina, sobre todo si tenemos en cuenta que la caseta de cobros de Mateo se hallaba en Cafarnaún, donde Jesús residió durante algún tiempo, predicó y obró muchos milagros; por todo esto, se puede pensar que el publicano estaba ya preparado en cierta manera para recibir la impresión que el llamado le produjo. San Jerónimo dice que una cierta luminosidad y el aire majestuoso en el porte de nuestro divino Redentor le llegaron al alma y le atrajeron con fuerza.

Pero la gran causa de su conversión fue, como observa San Beda, que, «Aquél que le llamó  exteriormente por Su palabra, le impulsó interiormente al mismo tiempo por el poder invisible de Su gracia».

El llamado a San Mateo ocurrió en el segundo año del ministerio público de Jesucristo, y éste le adoptó en seguida en la santa familia de los Apóstoles, los jefes espirituales de su Iglesia. Debe hacerse notar que, mientras los otros evangelistas, cuando describen a los apóstoles por pares colocan a Mateo antes que a Tomás, él mismo se coloca después del apóstol y además agrega a su nombre el epíteto de «el publicano».

Desde el momento del llamado, siguió al Señor hasta el término de su vida terrenal y, sin duda, escribió su Evangelio o breve historia de nuestro bendito Redentor, a pedido de los judíos convertidos, en la lengua aramea que ellos hablaban.

No se sabe que Jesucristo hubiese encargado a alguno de sus discípulos que escribiese su historia o los pormenores de su doctrina, pero es un hecho que, por inspiración especial del Espíritu Santo, cada uno de los cuatro evangelistas emprendió la tarea de escribir uno de los cuatro Evangelios que constituyen la parte más excelente de las sagradas escrituras, puesto que en ellos Cristo nos enseña, no por intermedio de sus profetas, sino directamente, por boca propia, la gran lección de fe y de vida eterna que fue su predicación y el prototipo perfecto de santidad que fue su vida.

Se dice que San Mateo, tras de haber recogido una abundante cosecha de almas en Judea, se fue a predicar la doctrina de Cristo en las naciones de oriente, pero nada cierto se sabe sobre ese período de su existencia. La iglesia le venera también como mártir, no obstante que la fecha, el lugar y las circunstancias de su muerte, se desconocen.

Los padres de la Iglesia quisieron encontrar las figuras simbólicas de los cuatro evangelistas en los cuatro animales mencionados por Ezequiel y en el Apocalipsis de San Juan. Al propio San Juan lo representa el águila que, en las primeras líneas de su Evangelio, se eleva a las alturas para contemplar el panorama de la eterna generación del Verbo.

El toro le corresponde a San Lucas que inicia su Evangelio con la mención del sacrificio del sacerdocio. El león es el símbolo de San Mateo, quien explica la dignidad real de Cristo; sin embargo, San Jerónimo y San Agustín, asignan el león a San Marcos y el hombre a San Mateo, ya que éste comienza su Evangelio con la humana genealogía de Jesucristo.

Oración a San Mateo

Glorioso San Mateo, miembro de la santa familia de los Apóstoles, que con la ayuda de la Misericordia del Altísimo lograste ganar paz en la tierra y gloria el cielo; tu que siendo recaudador de impuestos
no dudaste en abandonar todo y seguiste al Maestro hasta el final de tu vida terrena; que inspirado por el Espíritu Santo después de la Ascensión del Señor a los Cielos proclamaste la Buena Nueva de su Palabra y nos dejaste escrito en los Evangelios:

«según sea tu fe, así serán las cosas que te sucederán»
(Mt. 8, 15)

te pido de corazón intercedas por mí y ruegues a Dios que todo lo puede me ayude en mi negocio…….

(nombrar el negocio que ya se tiene o que se va a emprender),

yo pongo toda mi fe en ti, deposito mis esperanzas e ilusiones y confío en la misericordia del Señor, para que fructifiquen pronto las inversiones que he realizado.

Yo sé que es posible salir de esta mala situación, para ello necesito que aumente la clientela y las ventas para acrecentar los ingresos de dinero y así poder hacer frente a los pagos que se acumulan, solucionar los problemas económicos de mi familia y generar otros empleos para personas que lo precisan.

Te pido ayuda para que pueda obtener:

(decir lo que se quiere conseguir para el negocio)

San Mateo, glorioso Evangelista, en tus manos dejo la buena marcha de mi negocio, devuélveme la alegría de verlo prosperar, yo me esforzaré en todo lo que de mi dependa, y pondré todo mi esfuerzo y entusiasmo para que funcione perfectamente, ofreceré muy buena calidad en mis productos, seré animoso, atento, paciente y cortes con los que vengan a comprar para que se vayan satisfechos y regresen pronto.

San Mateo, dame tus bendiciones, despeja y abre mis caminos laborales al progreso, haz que la suerte me acompañe, aleja de mi negocio las envidias y los problemas, haz que no haya disgustos ni reclamaciones, que toda persona que en él entre se sienta bien atendido y dichoso de su compra,
y sientan la necesidad de volver a mi negocio; haz que prospere y tenga buenos beneficios para salir de la ruina, vivir dignamente y tener tranquilidad y sosiego y para que pueda dar una parte a los más necesitados.

Te lo pido por Jesucristo, nuestro hermano y Señor.

Amén.

Rezar tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

San Mateo | Fuentes
La vida de los Santos por Butler
Oración de Aciprensa.