21 de Abril: San Conrado de Parzham

Johannes Birmensdorfer, el futuro San Conrado, nació el 22 de diciembre de 1818 en Parzham, un pueblo cerca de Passau en Baviera, Alemania, en una muy piadosa familia de campesinos.
Cuando todavía era un niño, sus hermanos cambiaban el tema de su conversación si era malo cuando él se acercaba: “Aquí viene Johannes, no hablemos de esto por más tiempo”. Siempre mantuvo la cabeza descubierta en su trabajo en el campos, incluso en el calor del verano porque, sintiendo la presencia de la majestad de Dios en todas partes, estaba en oración continua y por esa razón pensó que no debería usar su sombrero.

Johannes era el hijo más joven, por lo que se suponía que debía heredar la granja. Esta era una costumbre común en el área; el hijo más joven continuaba el trabajo del padre y recibia la granja. A la edad de 30 años, Johanneshe dejó su hogar familiar y su herencia y entró en la Orden de los Capuchinos como hermano lego. Fue admitido con el nombre de Conrado.

Después de hacer sus votos, el Hermano Conrado fue asignado como portero del Monasterio de los Capuchinos de Altötting. Se adjuntaba un famoso santuario mariano que atraía a miles de peregrinos. Esto significaba que el portero estaba muy ocupado con poco tiempo para descansar. Trabajaba 18 horas cada día en la puerta.

El hermano Conrado pasó 41 años en su puesto de portero, atendiendo este trabajo con gran tacto y atención. De hecho, era conocido por su paciencia y respeto por los demás, humildad y piedad; siempre estuvo dispuesto a ayudar a los demás. Nadie lo vio de mal humor ni lo escuchó pronunciar una palabra inútil. Se convirtió en un predicador silencioso, que infundía respeto en los visitantes, convertía a los pecadores, consolaba a los afligidos y ayudaba a los pobres.

Una vez le escribió a un amigo:

“Mi vida es amar a Dios, sufrir y maravillarme con éxtasis y oraciones por el amor que Dios tiene por nosotros, pobres criaturas. Su amor nunca termina. No hay nada en mis ocupaciones que me separe de esta unión con Dios. Mi libro es la Cruz. Me basta mirarlo para saber qué debo hacer “.

Fue también devotísimo de la Madre de Dios, con quien sostenía encendidas conversaciones, y a quien encomendaba a todos los que le pedían oraciones. A ella les enviaba siempre a pedir gracias y a ella les enviaba a dar gracias cuando se obtenían milagros. Tuvo Conrado los dones de profecía y conciencias. Fue propagado y colaborador de la obra “Liebesswerk”, para el socorro de los niños abandonados.

43 años estuvo el Hermano Conrado en su portería, como un ángel para los peregrinos, hasta el 18 de abril de 1894, cuando se sintió enfermo y pidió ser relevado en la portería hasta recobrar fuerzas. Pero esa misma tarde ya supo que no volvería allí. Dijo al superior después de Vísperas: “Padre, ya no puedo más”. En la enfermería pasó sus últimos días, agotado, pero sin dejar de sostener y besar su crucifijo y su rosario. El 21 de abril recibió el Viático, y aún en agonía, intentó ir a la portería cuando oyó sonar la campanilla varias veces: no podía pensar que no hubiera nadie para atender a los fieles.

Ese mismo día entró al cielo, apaciblemente, a los 76 años de edad. Sus funerales fueron muy concurridos, lo mismo que su sepultura, alcanzándose numerosos milagros por su intercesión. Fue beatificado el 15 de junio de 1930 y canonizado el 20 de mayo de 1934.

Tres días antes de morir, renunció a su cargo de portero. Él murió el 21 de abril de 1894.

Fuente

http://traditioninaction.org/SOD/j175sd_ConradParzham4-21.shtml
https://www.religionenlibertad.com/san-conrado-parzham-religioso-capuchino–63810.htm
Traducido y adaptado con permiso por Proyecto Emaús.