20 de Agosto: San Bernardo de Claraval (Clairvaux)

San Bernardo de Claraval

San Bernardo de Claraval, abad y doctor es, cronológicamente, el último de los Padres de la Iglesia, pero uno de los que mas impacto ha tenido. Nace en Borgoña, Francia (cerca de Suiza) en el año 1090.  Con sus siete hermanos recibió una excelente formación en la religión, el latín y la literatura.

Fue el gran impulsor y propagador de la Orden Cisterciense y el hombre más importante del siglo XII en Europa. Fundador del Monasterio Cisterciense del Claraval y de muchos otros.

Su nombre Bernardo, proviene de la lengua alemana y etimológicamente quiere decir «Corazón de oro«.

Vida temprana de San Bernardo de Claraval

San Bernardo de ClaravalSan Bernardo de Claraval, nace en el año 1090 en la ciudad francesa de Borgoña, en en el Castillo Fontaines-les-Dijon, siendo sus padres los señores de aquel castillo. Allí, fue educado y criado junto a sus 7 hermanos.

Desde muy temprana edad se dedico a la virtud y a las letras renunciando, a los halagos del mundo, convirtiéndose además en un gran devoto de la Santísima Virgen María.

Fue San Bernardo, un personaje inteligente, simpático, alegre y bonachón. Se caracterizaba por poseer un carisma verdaderamente extraordinario: el de atraer a todos hacia Cristo. A pesar de ello, en un momento dado de su vida, vio enfriado su típico fervor, inclinándose por las cosas mundanas.

Como sus pasiones sexuales lo atacaban violentamente, una noche se revolcó sobre el hielo hasta sufrir profundamente el frío. Sabía que a la carne le gusta el placer y comprendió que si la castigaba así, no vendrían tan fácilmente las tentaciones. Aquel tremendo remedio le trajo liberación y paz.

Bien pronto, ni las fiestas, ni las frívolas amistades por más atractivas que fuesen, podían llenar el inmenso vacío que había quedado en su alma, al punto de sentirse desilusionado por los placeres mundanos.

La visión de San Bernardo de Claraval

Sería durante una noche de navidad, que San Bernardo de Claraval se quedaría dormido mientras se celebraban las ceremonias religiosas en el templo. Durante su sueño, le pareció ver al Niño Jesús en Belén, en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía a su Hijo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás.

Desde este día, San Bernardo ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado. Se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, donde pidió ser admitido. El superior, San Esteban Harding lo aceptó con gran alegría pues hacía 15 años que no llegaban religiosos nuevos.

 

Una familia ganada para Cristo

Habiendo sido admitido en el convento, San Bernardo de Claraval decide volver con su familia a fin de hacerles participes de la noticia, misma que fue – tristemente – recibida con la oposición y rechazo de todos. Los «amigos» le decían que hacer semejante cosa, no era más que el desperdiciar una gran personalidad para ir a sepultarse vivo en un convento.

Por otra parte su familia, no aceptaba de ninguna manera que el santo se incorporase a la vida religiosa. Pero Bernardo les habló tan maravillosamente de las ventajas y cualidades de aquella vida menospreciada de todos, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y a 31 compañeros. Dicen que cuando llamaron a Nirvardo, el hermano menor para anunciarle que se iban de religiosos, el muchacho les respondió: «¡Ajá! ¿Conque ustedes se van a ganarse el cielo, y a mí me dejan aquí en la tierra? Esto no lo puedo aceptar». Y un tiempo después, también él se fue de religioso.

Antes de entrar al monasterio, Bernardo llevó a su finca a todos los que deseaban entrar al convento para  prepararlos por varias semanas, entrenándolos acerca del modo como debían comportarse para ser unos fervorosos religiosos.

San Bernardo de Claraval ingresa al convento

En el año 1112, a la edad de 22 años, entra en el monasterio de Cister.  Mas tarde, habiendo muerto su madre, entra en el monasterio su padre. Su hermana y el cuñado, de mutuo acuerdo decidieron también entrar en la vida religiosa.  Vemos en la historia la gran influencia de las relaciones tanto para bien como para mal.

En la historia de la Iglesia es difícil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracción tan grande para llevar gentes a la vida religiosa, como el que recibió San Bernardo de Claraval. Las muchachas tenían terror de que su novio hablara con el santo. En las universidades, en los pueblos, en los campos, los jóvenes al oírle hablar de las excelencias y ventajas de la vida en un convento, se iban en numerosos grupos a que él los instruyera y los formara como religiosos.

Durante su vida fundó más de 300 conventos para hombres, e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Lo llamaban «el cazador de almas y vocaciones«. Con su apostolado consiguió que 900 monjes hicieran profesión religiosa.

San Bernardo fundador de Claraval

En el convento del Cister demostró tales cualidades de líder y de santo, que a los 25 años (con sólo tres de religioso) fue enviado como superior a fundar un nuevo convento. Escogió un sitio apartado en el bosque donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar algo, y le puso el nombre de Claraval, que significa valle claro, ya que allí el sol ilumina fuerte todo el día.

Supo infundir del tal manera fervor y entusiasmo a sus religiosos de Claraval, que habiendo comenzado con sólo 20 compañeros a los pocos años tenía 130 religiosos; de este convento de Claraval salieron monjes a fundar otros 63 conventos.

 

Su amor a la Virgen Santísima

Los que quieren progresar en su amor a la Madre de Dios, necesariamente tienen que leer los escritos de San Bernardo de Claraval por la claridad y el amor con que habla de Ella. Él fue quien compuso aquellas últimas palabras de la Salve: «Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María«. Y repetía la bella oración que dice: «Acuérdate oh Madre Santa, que jamás se oyó decir, que alguno a Ti haya acudido, sin tu auxilio recibir«. El pueblo vibraba de emoción cuando le oía clamar desde el púlpito con su voz sonora e impresionante.

Sus bellísimos sermones son leídos hoy, después de varios siglos, con verdadera satisfacción y gran provecho.

 

La Lactación de San Bernardo

San Bernardo de Claraval
La lactación de San Bernardo de Claraval: El santo recibe leche del pecho de la Santísima Virgen, regalándole el don de la elocuencia. Wikimedia.

Es el nombre con el que en hagiografía e historiografía del arte se conoce una escena de la vida de este santo y su iconografía, muy vinculada a la Virgo lactans (Virgen de la Leche).

La historia se recoge por primera vez en uno de los exempla del Ci nous dit (1313-1330 obra anónima, de un fraile mendicante): cuando el obispo de Chalon visitó Cîteaux, San Bernardo de Claraval, entonces un joven monje, fue encargado por el abad de predicar. Temiendo defraudarles, se puso a rezar ante una imagen de la Santísima Virgen hasta quedarse dormido. En sueños se le apareció la Virgen, que le otorgó el don de la elocuencia al ponerle en la boca leche de su propio pecho.

Este mismo hecho aparece en el Cancionero de Úbeda (1588). Un milagro similar es reflejado anteriormente en las Cantigas de Santa María: la resurrección de un monje cisterciense tras recibir en la boca leche de la propia Virgen.

San Bernardo de Claraval: Un viajero Incansable

El más profundo deseo de San Bernardo era permanecer en su convento dedicado a la oración y a la meditación. Pero el Sumo Pontífice, los obispos, los pueblos y los gobernantes le pedían continuamente que fuera a ayudarles, y él estaba siempre pronto a prestar su ayuda donde quiera que pudiera ser útil.

Con una salud sumamente débil (porque los primeros años de religioso se dedicó a hacer demasiadas penitencias y se le dañó la digestión) recorrió toda Europa poniendo la paz donde había guerras, deteniendo las herejías, corrigiendo errores, animando desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la santa religión católica. Era el árbitro aceptado por todos. Exclamaba:

A veces no me dejan tiempo durante el día ni siquiera para dedicarme a meditar. Pero estas gentes están tan necesitadas y sienten tanta paz cuando se les habla, que es necesario atenderlas.

Defensor de los derechos del Papa

San Bernardo de Claraval
Bernardo de Claraval predicando la Segunda Cruzada en Vézelay en 1146. Wikimedia.

San Bernardo de Claraval fue un defensor de los derechos políticos y económicos del Papa: su mediación en favor de Inocencio II en el conflicto que le enfrentaba con el antipapa Anacleto II (1130-37) se vio recompensada con importantes privilegios pontificios para la orden cisterciense. Su influencia creció aún más al llegar al papado su discípulo Eugenio III (1145-53), antiguo fraile cisterciense.

Bernardo luchó contra las incipientes tendencias laicistas de su tiempo, haciendo condenar el racionalismo de Abelardo y las propuestas de Arnaldo de Brescia de que la Iglesia volviera a la pobreza primitiva. No dudó de la legitimidad de usar la fuerza en apoyo de la Iglesia, incitando a franceses y alemanes a la segunda Cruzada (1146), o haciendo reconocer a la Orden del Temple como realización del ideal del fraile-soldado (1128). Su teología, en cambio, insistía sobre la Virgen María y sobre la humanidad de Jesucristo con una ternura que le valió el sobrenombre de doctor melifluus.

Muerte de San Bernardo

Después de haber llegado a ser el hombre más famoso de Europa en su tiempo y de haber conseguido varios milagros (como por ej. Hacer hablar a un mudo, el cual confesó muchos pecados que tenía sin perdonar) y después de haber llenado varios países de monasterios con religiosos fervorosos, ante la petición de sus discípulos para que pidiera a Dios la gracia de seguir viviendo otros años más, exclamaba:

«Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca».

Y a Dios le pareció que ya había sufrido y trabajado bastante y que se merecía el descanso eterno y el premio preparado para los discípulos fieles, y se lo llevó a sus eternidad feliz el 20 de agosto del año 1153. Solamente tenía 63 años pero había trabajado como si tuviera más de cien. El sumo pontífice lo declaró Doctor de la Iglesia.

Oración de San Bernardo de Claraval

(Acordaos)

Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, reclamando vuestra asistencia, haya sido desamparado de Vos. Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de las vírgenes; y gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante Vos. Madre de Dios, no desechéis mis súplicas; antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.