2 de Agosto: San Alfonso María de Ligorio


San Alfonso María de Ligorio

San Alfonso María de Ligorio nació cerca de la ciudad de Nápoles (Italia) el 27 de septiembre de 1696. Sus padres fueron Don José, Marqués de Ligorio y Capitán de la Armada naval, y Doña Ana Cabalieri.

Nacido en la nobleza napolitana, fue alumno superdotado, atraído por la música, la pintura el dibujo, la arquitectura. Su nombre Alfonso, proviene del alemán y significa «guerrero» o «Listo para la guerra«.  Alfonso era noble por nacimiento, sí: pero mucho mejor, caballero de Cristo, siempre pronto y en la brecha para los combates de Dios.

Fue el primogénito de siete hermanos, cuatro varones y tres niñas. Siendo aún niño fue visitado por San Francisco Jerónimo el cual lo bendijo y anunció: «Este chiquitín vivirá 90 años, será obispo y hará mucho bien».

A los 16 años, caso excepcional obtiene el grado de doctor en ambos derechos, civil y canónico, con notas sobresalientes en todos sus estudios.

San Alfonso María de Ligorio se convierte

Su padre, que deseaba hacer de él un brillante político, lo hizo estudiar varios idiomas modernos, aprender música, artes y detalles de la vida caballeresca. Y en su profesión de abogado iba obteniendo resaltantes triunfos. Pero todo esto no lo dejaba satisfecho, por el gran peligro que en el mundo existe de ofender a Dios. Además, quería casarlo con alguna joven de familia muy distinguida para que formase un hogar de alta clase social.

Ejerciendo la  abogacía no perdió ningún caso en 8 años. Hubo un pleito famoso entre el Doctor Orsini y el gran duque de Toscana. El Dr. Alfonso defendía al de Orsini. Su exposición fue maravillosa, brillante. Sumamente aplaudida. Creía haber obtenido el triunfo para su defendido. Pero apenas terminada su intervención, se le acerca el jefe de la parte contraria, le alarga un papel y le dice: «Todo lo que nos ha dicho con tanta elocuencia cae de su base ante este documento».

Alfonso lo lee, y exclama: «Señores, me he equivocado», y sale de la sala diciendo en su interior: «Mundo traidor, ya te he conocido. En adelante no te serviré ni un minuto más». Este hecho cambió su vida radicalmente.

 

San Alfonso María de Ligorio se aparta del mundo

Hizo un retiro en el convento de los lazaristas y se confirmó en la cuaresma de 1722. Estos dos eventos reavivaron su fervor. Al año siguiente, en dos ocasiones oyó una voz que le decía: «abandona el mundo y entrégate a mi». Hizo voto de celibato y abandonó completamente su profesión. Muy pronto Dios le confirmó cual era su voluntad.

Se fue a la iglesia Nuestra Señora de la Misericordia a pedir ser admitido en el oratorio. Su padre trató de impedirlo, pero al verlo tan decidido le dio permiso de hacerse sacerdote pero con la condición de que se fuese a vivir a su casa. Alfonso aceptó, siguiendo el consejo de su director espiritual que era oratoriano.

Después se dedica a visitar enfermos, y un día en un hospital de incurables, se le aparece Jesús y le dice: «Alfonso, apártate del mundo y dedícate sólo a servirme a mí«. Emocionado le responde: «Señor, ¿qué queréis que yo haga?».

Y se dirige luego a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced y ante el sagrario hace voto de dejar el mundo. Y como señal de compromiso deja su espada ante el altar de la Sma. Virgen.

A sus compañeros les repetía: «Amigos, en el mundo corremos peligro de condenarnos«. Más tarde escribiría: «Las vanidades del mundo están llenas de amargura y desengaños. Lo sé por propia y amarga experiencia«.

Para conservar la pureza de su alma escogió un director espiritual, visitaba frecuentemente a Jesús Sacramentado, rezaba con gran devoción a la Virgen y huía como de la peste de todos los que tuvieran malas conversaciones.

San Alfonso María de Ligorio: Entrega a Cristo

Al fin, a los 30 años de edad logra ser ordenado sacerdote. Desde entonces se dedica trabajar con las gentes de los barrios más pobres de Nápoles y de otras ciudades. Reúne a los niños y a la gente humilde, al aire libre y les enseña catecismo.

Su padre que gozaba oyendo sus discursos de abogado, ahora no quiere ir a escuchar sus sencillos sermones sacerdotales. Pero un día entra por curiosidad a escucharle una de sus pláticas, y sin poderse contener exclama emocionado: «Este hijo mío me ha hecho conocer a Dios«. Y esto lo repetirá después muchas veces.

Se le reunieron otros sacerdotes y con ellos, el 9 de noviembre de 1752, fundó la Congregación del Santísimo Redentor (o Padres Redentoristas). Y a imitación de Jesús se dedicaron a recorrer ciudades, pueblos y campos predicando el evangelio. Su lema era el de Jesús: «Soy enviado para evangelizar a los pobres».

Durante 30 años, con su equipo de misioneros, recorre campos, pueblos, ciudades, provincias, permaneciendo en cada sitio 10 o 15 días predicando, para que no quedara ningún grupo sin ser instruido y atendido espiritualmente.

La gente al ver su gran espíritu de sacrificio, corría a su confesionario a pedirle perdón de sus pecados. Solía decir que el predicador siembra y el confesor recoge la cosecha.

Su obra

Es admirable como a San Alfonso le alcanzaba el tiempo para hacer tantas cosas. Predicaba, confesaba, preparaba misiones y escribía. Hay una explicación: Había hecho votos de no perder ni un minuto de su tiempo. Y aprovechaba este tesoro hasta lo máximo. Al morir deja 111 libros y opúsculos impresos y 2 mil manuscritos. Durante su vida vio 402 ediciones de sus obras.

Sus últimos 35 años fueron de muchas pruebas y sufrimiento. Durante ellos, se dedicó a escribir, aumentando así sus obras ascéticas y teológicas. Su obra Teología Moralis  influyó en la formación del clero hasta hace pocos años, pero quizás las más famosas sean: La Practica de amar a Jesucristo, la Preparación para la muerte, las Glorias de María, que sería su libro más famoso. Para este último, empezó San Alfonso a recoger materiales cuando tenía 38 años de edad, y terminó de escribirlo a los 54 años, en 1750. ¡Su redacción le gastó nada más y nada menos que 6 años!

Su obra ha sido traducida a 70 lenguas, y ya en vida llegó a ver más de 40 traducciones de sus escritos.

 

San Alfonso María de Ligorio Obispo

En 1762 el Papa lo nombró obispo de Santa Agueda. Quedó aterrado y dijo que renunciaba a ese honor.Pero el Papa no le aceptó la renuncia. «Cúmplase la Voluntad de Dios. Este sufrimiento por mis pecados» – exclamó – y aceptó. Tenía 66 años.

Estuvo 13 años de obispo. Visitó cada dos años los pueblos. En cada pueblo de su diócesis hizo predicar misiones, y él predicaba el sermón de la Virgen o el de la despedida.

Vino el hambre y vendió todos sus utensilios, hasta su sombrero y anillo y la mula y el carro del obispo para dar de comer a los hambrientos.

Cuando le aceptaron su renuncia de obispo exclamó: «Bendito sea Dios que me ha quitado una montaña de mis hombros».

Dios lo probó con enfermedades. Fue perdiendo la vista y el oído. «Soy medio sordo y medio ciego – decía – pero si Dios quiere que lo sea más y más, lo acepto con gusto».

Su delicia era pasar las horas junto al Santísimo Sacramento. A veces se acercaba al sagrario, tocaba a la puertecilla y decía: «¿Jesús, me oyes?»

Le encantaba que le leyeran Vidas de Santos. Un hermano tras otro pasaban a leerle por horas y horas. Preguntaba: ¿Ya rezamos el rosario? Perdonadme, pero es que del Rosario depende mi salvación.  «Traedme, a Jesucristo», decía, pidiendo la comunión.

 

Muerte de San Alfonso María de Ligorio

San Alfonso María de Ligorio muere en Pagani, el día 1 de agosto de 1787, a la hora del ángelus. Tenía más de 90 años. Fue beatificado en 1816, canonizado en 1831 y proclamado doctor de la Iglesia en 1871.

Alfonso solía decir que la vida de los santos es Evangelio vivido. Esto se lo podemos aplicar a él mismo. Sus ejemplos inquietan y arrastran. ¡A veces nos asusta enfrentarnos a un hombre como éste, que era capaz de vivir tan radicalmente el Evangelio!

Anécdota: San Alfonso María de Ligorio convierte a un musulmán

Conocido era el mundo Napolitano por ser un verdadero «paraíso de diablos», como le llamase un turista de aquella época, pero pudo muy poco en sus intentos por cambiar la vida de piedad de San Alfonso.  Nos dice él que, gracias a la visita al Santísimo, pudo dejar el mundo. Jesús sacramentado le enseñó la vanidad de las cosas:

«Créeme, todo es locura: festines, comedias, conversaciones…, tales son los bienes del mundo. Cree a quien de ello tiene experiencia y llora su desengaño»

En aquellos días, en la casa de su padre, habían acogido a un criado musulmán. Aunque muchacho aún,  percibía fácilmente este, la forma de vida que imperaba en aquella ciudad y más aún, se sorprendía de ver al joven San Alfonso, brillar con todas sus cualidades sobre ella. Sirvió esto de ejemplo a aquel criado, quien pidió ser bautizado en la fe verdadera. Cuando se le preguntó la razón, él muchacho respondió:

«Una religión que produce una virtud como la de él (San Alfonso) no puede ser sino la verdadera«.

 

 

Fuentes

https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Alfonso_M_Ligorio.htm
http://es.catholic.net/op/articulos/31831/alfonso-mara-de-ligorio-santo.html
https://www.corazones.org/santos/alfonso_ligorio.htm